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Economía

España cae al puesto 30 mundial en pensiones y al 50 en sostenibilidad

España ocupa el puesto 30 de 55 sistemas de pensiones: mantiene buenas prestaciones, pero su sostenibilidad cae hasta el puesto 50 mundial en 2026.

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el ranking de pensiones

Resumen

  • España ocupa el puesto 30 entre 55 sistemas de pensiones
  • Es séptima en adecuación, pero cae al puesto 50 en sostenibilidad
  • Países Bajos vuelve a liderar el ranking mundial de pensiones

España vuelve a asomarse al espejo internacional de las pensiones y la imagen tiene dos mitades difíciles de reconciliar. El sistema español ocupa el puesto 30 entre 55 países en el Índice Global de Pensiones de 2026, con una puntuación de 63,3 sobre 100, medio punto menos que el año anterior.

El dato realmente delicado aparece al separar la clasificación por capítulos. España es séptima del mundo en adecuación, es decir, en la capacidad del sistema para proporcionar ingresos suficientes durante la jubilación, pero cae hasta el puesto 50 en sostenibilidad. Dicho de otra forma: obtiene muy buena nota por lo que ofrece al pensionista y una de las peores cuando se analiza hasta qué punto podrá mantenerlo a largo plazo.

La puntuación global deja al sistema español con una calificación C+. No significa que las pensiones estén a punto de quebrar ni anticipa por sí sola recortes concretos. El índice compara decenas de indicadores económicos, demográficos, regulatorios y financieros para medir hasta qué punto cada modelo combina prestaciones suficientes, sostenibilidad y confianza institucional.

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España paga buenas pensiones, pero su sostenibilidad se deteriora

La aparente contradicción se entiende mejor al separar las tres grandes dimensiones del estudio. La adecuación pesa un 40% de la puntuación final, la sostenibilidad un 35% y la integridad del sistema el 25% restante. No se evalúa únicamente cuánto cobra un jubilado, sino el edificio completo que sostiene esa prestación.

España consigue 83 puntos en adecuación, una nota A que la coloca entre los sistemas mejor valorados del mundo en este apartado. Influyen la protección de las personas mayores con menos recursos y unas tasas de sustitución relativamente elevadas, es decir, la relación entre la pensión recibida y los ingresos que una persona tenía antes de jubilarse.

Ahí el sistema español sale bien en la fotografía. El problema aparece al mirar detrás del decorado: en sostenibilidad obtiene apenas 33 puntos y una calificación E, frente a los 34,2 del ejercicio anterior. La caída deja a España en la posición 50 de los 55 sistemas estudiados.

El gasto en pensiones pesa cada vez más

El retroceso desde los 63,8 puntos de 2025 hasta los 63,3 de 2026 está relacionado, entre otros factores, con el creciente peso del gasto en pensiones sobre el PIB y con la evolución del crecimiento económico real considerado en el análisis.

Es la vieja aritmética demográfica, que suele ser bastante menos flexible que los discursos políticos. España tiene una de las mayores esperanzas de vida del mundo, pocos nacimientos y afronta la jubilación progresiva de la generación del baby boom. Al mismo tiempo, el modelo descansa fundamentalmente sobre un sistema público de reparto: los ingresos y cotizaciones actuales financian las prestaciones actuales.

Mientras haya suficientes trabajadores, empleo y salarios capaces de alimentar las cotizaciones, el mecanismo gira. Cuando durante décadas aumenta la proporción de jubilados respecto a la población activa, hacen falta más ingresos para financiar las pensiones: cotizaciones, impuestos, transferencias presupuestarias o una combinación de varias vías.

El ranking no establece una fecha de caducidad para el sistema español. Sí refleja que mantener prestaciones elevadas durante jubilaciones cada vez más largas resulta más exigente si no crecen al mismo tiempo la ocupación, la productividad, la población cotizante o las fuentes complementarias de ahorro.

España queda lejos de Países Bajos pese a sus buenas prestaciones

La distancia con los sistemas que encabezan la clasificación sigue siendo considerable. Países Bajos vuelve a ocupar el primer puesto mundial, con unos 85,5 puntos, seguido por Dinamarca, con 84,1, e Islandia, con 84. Los tres consiguen combinar prestaciones elevadas con estructuras financieras mucho más resistentes a largo plazo.

Singapur, Israel y Australia completan el grupo de sistemas que alcanza la calificación A. Australia entra por primera vez en esa categoría en la edición de 2026, reflejo de una clasificación donde no basta con pagar bien: también importa de dónde sale el dinero y cómo se acumula para el futuro.

La diferencia respecto a España no consiste sencillamente en ofrecer pensiones públicas más pequeñas. Los países mejor colocados suelen combinar diferentes pilares: protección pública, planes de empleo y ahorro acumulado durante buena parte de la vida laboral. El riesgo queda repartido y no descansa casi por completo sobre una única fuente.

Países Bajos resulta especialmente significativo porque aparece entre los mejores tanto en adecuación como en sostenibilidad. Logra así algo que España todavía tiene pendiente: equilibrar buenas prestaciones presentes con financiación futura.

El ahorro complementario sigue siendo un punto débil

El sistema español no termina en la Seguridad Social. Existen planes individuales y planes de pensiones de empleo, pero su cobertura continúa siendo relativamente reducida en comparación con los modelos donde el ahorro complementario está mucho más extendido entre los trabajadores.

España aprobó cambios destinados a impulsar la previsión social empresarial, especialmente mediante los planes y fondos de pensiones de empleo. Su impacto, sin embargo, necesita años para hacerse visible. Un trabajador que comienza a aportar a los 40 o 45 años no acumula de repente tres décadas de patrimonio. El calendario financiero también tiene sus manías.

Entre las fórmulas que ganan peso internacionalmente aparece la adhesión automática a determinados planes de empleo. El trabajador entra por defecto, aunque pueda abandonar posteriormente el mecanismo, lo que aumenta de forma considerable la participación frente a los sistemas en los que es necesario solicitar activamente la incorporación.

Otra tendencia consiste en mantener una mayor participación laboral a edades avanzadas conforme aumenta la esperanza de vida y favorecer que parte del ahorro acumulado durante décadas se transforme en rentas periódicas durante la jubilación, en lugar de retirarse íntegramente de una sola vez.

No se trata necesariamente de sustituir la pensión pública por una cuenta privada. La tendencia de los sistemas más sólidos apunta hacia varias fuentes de ingresos durante la jubilación. Si una pata se debilita, las demás reducen el impacto.

España obtiene 74,3 puntos en integridad del sistema

La tercera dimensión del ranking ofrece una fotografía bastante menos preocupante. España consigue 74,3 puntos en integridad, una calificación B que la sitúa en el puesto 38 de esta categoría.

Este apartado analiza aspectos como la regulación, la gobernanza, la protección de los participantes y la información proporcionada a los ciudadanos. España conserva una posición razonablemente sólida, aunque permanece lejos de los sistemas que encabezan la clasificación en seguridad institucional y gobernanza.

Finlandia obtiene la mayor puntuación mundial en integridad, por delante de Noruega y Singapur. Es una dimensión menos visible que la cantidad ingresada cada mes por un jubilado, pero decisiva: un sistema necesita recursos y también instituciones capaces de administrarlos con reglas fiables.

El índice mundial de 2026 comprende 55 sistemas de pensiones que representan aproximadamente dos tercios de la población mundial. República Dominicana, Kenia y Catar se incorporan en esta edición, ampliando una comparación que en 2025 abarcaba 52 sistemas.

Del puesto 28 al 30, pero el problema está en otro número

España se encontraba aproximadamente en la posición 28 en 2025 y pasa al puesto 30 mientras su nota general retrocede medio punto. Convertir esos dos lugares de diferencia en una catástrofe sería, con todo, quedarse con la parte más vistosa y menos importante del informe.

Las posiciones pueden variar por unas décimas, por cambios metodológicos o por la entrada de nuevos países. Lo verdaderamente significativo es la persistencia de la misma fractura: España está entre los mejores sistemas por adecuación y entre los peores por sostenibilidad.

Ese contraste tiene una traducción política evidente. Revalorizar las pensiones, proteger el poder adquisitivo y ofrecer una red suficiente a quienes tienen rentas bajas son objetivos sociales de primer orden. Financiar esas prestaciones durante décadas pertenece a una contabilidad menos agradecida, sobre todo con una población cada vez más envejecida.

El envejecimiento ocupa precisamente un lugar central en el debate internacional. Los modelos de jubilación tendrán que adaptarse a vidas laborales más largas y menos lineales, con trabajadores que pueden combinar durante determinados periodos empleo parcial, pensión y otras fuentes de ingresos.

Una pensión generosa también debe poder pagarse mañana

El puesto 30 no convierte a España en uno de los peores países para jubilarse. De hecho, la séptima posición mundial en adecuación apunta en la dirección contraria: las prestaciones ofrecen una protección comparativamente elevada y el sistema cumple bien una de sus funciones esenciales.

La advertencia está en otra parte. Un modelo puede proporcionar buenas pensiones y, al mismo tiempo, acumular dificultades para sostenerlas durante décadas. España aparece en 2026 como uno de los ejemplos más claros de esa brecha entre generosidad y sostenibilidad.

Con 63,3 puntos sobre 100, el puesto 30 de la clasificación general, la séptima plaza en adecuación y el puesto 50 en sostenibilidad, el diagnóstico resulta bastante nítido. La pensión presente obtiene una buena nota; la capacidad de financiarla a largo plazo continúa siendo el examen que España tiene pendiente.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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