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Cuba mantiene el horario de verano hasta 2027 por la crisis eléctrica

Cuba conservará el horario de verano hasta noviembre de 2027 para ahorrar electricidad, contener la demanda y aprovechar más la generación solar.

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Cuba mantiene el horario de verano

Resumen

  • Cuba mantendrá el horario de verano hasta el 7 de noviembre de 2027
  • El Gobierno calcula un ahorro de 126 MW en la franja de máxima demanda
  • Escuelas y centros de trabajo retrasarán 30 minutos su entrada en invierno

Cuba mantendrá de forma ininterrumpida el horario de verano hasta el 7 de noviembre de 2027 para intentar reducir el impacto de la grave crisis energética que atraviesa la isla. La decisión implica que este otoño no se atrasarán los relojes y que el país continuará durante el invierno en UTC-4, una hora por delante del horario estándar cubano.

El Gobierno calcula que conservar una hora más de luz solar durante la tarde permitirá evitar un incremento de los apagones equivalente a unos 126 megavatios (MW) en la franja de máxima demanda. No resolverá la crisis eléctrica, ni mucho menos, pero en un sistema que encadena cortes de más de 20 horas y sucesivos colapsos nacionales, cualquier margen cuenta.

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Cuba no cambiará la hora este otoño

La decisión fue comunicada el sábado 24 de octubre por los ministerios cubanos de Energía y Minas y de Trabajo y Seguridad Social. En condiciones normales, Cuba habría regresado al horario estándar durante este otoño, pasando de UTC-4 a UTC-5.

Eso no ocurrirá. Los relojes permanecerán adelantados durante todo el invierno de 2026-2027 y continuarán así hasta el 7 de noviembre de 2027, fecha en la que está previsto recuperar el horario normal.

El cambio tiene una finalidad estrictamente energética. Mantener la hora adelantada desplaza parte de la actividad diaria hacia las horas con mayor disponibilidad de luz natural y permite aprovechar durante más tiempo la producción de los parques solares antes de que llegue el pico de consumo de la tarde y la noche.

De dónde salen los 126 MW que Cuba espera ahorrar

Según las estimaciones oficiales, 76 MW del ahorro previsto procederán de un menor uso de iluminación artificial durante la tarde. Otros 50 MW corresponderán a generación solar fotovoltaica que todavía estará disponible en esa franja horaria.

La cuenta explica bien la decisión. El problema del sistema eléctrico cubano se agrava especialmente al caer el sol: aumenta la demanda doméstica mientras desaparece progresivamente la producción fotovoltaica. Una hora adicional de coincidencia entre luz solar, generación renovable y actividad económica permite rebajar algo esa presión.

Algo, no todo. Los 126 MW son una fracción del enorme déficit que Cuba ha llegado a registrar durante los últimos meses.

Escuelas y centros de trabajo entrarán media hora más tarde

Mantener el horario de verano durante los meses de invierno tiene una consecuencia evidente: amanecerá más tarde según la hora oficial. Para reducir ese impacto, las autoridades han decidido retrasar 30 minutos la entrada a escuelas y centros de trabajo.

La modificación se aplicará entre el 1 de noviembre de 2026 y el 14 de marzo de 2027, precisamente el periodo durante el que normalmente habría estado vigente el horario estándar. Las instituciones con actividad continua también podrán adaptar sus turnos de entrada y salida según sus necesidades.

El ajuste laboral deberá realizarse sin reducir los salarios de los trabajadores. El Gobierno intenta así compensar una de las principales incomodidades de la medida: ganar luz por la tarde significa perderla a primera hora de la mañana.

Una crisis eléctrica que ya supera el simple cambio de hora

La prolongación del horario de verano llega en uno de los momentos más delicados para el Sistema Electroenergético Nacional. Cuba atraviesa una crisis eléctrica profunda marcada por la escasez de combustible, las averías y el envejecimiento de las centrales termoeléctricas.

Solo en 2026 se han registrado ocho apagones generales. El último gran colapso nacional, ocurrido en septiembre, obligó a emplear unas 32 horas para volver a interconectar todas las provincias. En los dos últimos años se han contabilizado trece apagones generales, además de numerosas desconexiones parciales.

La situación tocó otro máximo el 16 de octubre, cuando un incendio dejó fuera de servicio una unidad de la central termoeléctrica de Santa Cruz del Norte. Para la franja de mayor consumo se pronosticó entonces una disponibilidad de apenas 740 MW frente a una demanda de 2.900 MW, con una afectación estimada equivalente al 75,5 % del país.

Ese episodio permite poner en perspectiva el ahorro de 126 MW buscado con el horario de verano. Es útil, sí, pero el agujero del sistema puede superar ampliamente los 2.000 MW cuando coinciden averías, falta de combustible y alta demanda.

Termoeléctricas antiguas y falta de combustible

Una parte importante del problema está en las propias centrales. Las termoeléctricas generan aproximadamente el 40 % de la electricidad del país y muchas fueron construidas durante las décadas de 1960 y 1970. Averías, mantenimientos y limitaciones técnicas dejan con frecuencia varias unidades fuera de servicio al mismo tiempo.

A ello se suma el combustible. El Gobierno cubano atribuye una parte esencial del deterioro de la situación al endurecimiento de las medidas estadounidenses y a las dificultades para importar petróleo. Durante 2026, las restricciones al suministro exterior han agravado una situación que ya era frágil por el deterioro de la infraestructura y la falta acumulada de inversión.

Son dos planos que conviven. La presión exterior limita el acceso de Cuba al combustible, mientras que el propio sistema eléctrico arrastra problemas estructurales desde hace décadas. Cuando ambas cosas coinciden, la red dispone de muy poco margen para absorber una avería o un aumento repentino de la demanda.

La expansión de la energía fotovoltaica está aportando capacidad durante las horas centrales del día, pero tampoco elimina el problema. El sol ayuda mientras está ahí. Cuando anochece y sube el consumo doméstico, Cuba vuelve a depender en gran medida de unas centrales térmicas con serias dificultades de funcionamiento.

Apagones de más de 20 horas y efectos en servicios básicos

La crisis ya ha dejado de ser únicamente un problema de electricidad. Los cortes prolongados afectan al abastecimiento de agua, el transporte, las escuelas y los comercios, además de otros servicios esenciales.

En distintas zonas del país se registran interrupciones que superan las 20 horas diarias y, en algunos episodios extremos, los cortes se han prolongado durante varios días. La escasez de combustible también ha reducido drásticamente el transporte público y complica el funcionamiento cotidiano de una economía que depende de la electricidad para buena parte de sus servicios básicos.

El impacto ha llegado incluso al funcionamiento de los centros educativos. Algunos colegios han tenido que reorganizar jornadas y actividades por las restricciones de transporte y los apagones, una realidad que ayuda a entender por qué el Gobierno ha acompañado el mantenimiento del horario de verano con cambios específicos en la entrada a las aulas.

Una hora más de luz no arregla una red al límite

Mantener el horario de verano permite a Cuba arañar 126 MW en una franja crítica y aprovechar mejor la generación solar. En las condiciones actuales, es un ahorro suficientemente relevante como para que el Gobierno haya decidido alterar durante un año el calendario habitual de cambio de hora.

Pero la medida también retrata la magnitud del problema. Cuando modificar los relojes se convierte en una herramienta para contener los apagones, queda poco espacio para interpretaciones complacientes.

Cuba ganará luz natural durante las tardes y reducirá ligeramente la presión sobre el sistema. Seguirá teniendo, sin embargo, centrales envejecidas, combustible insuficiente y una capacidad de generación muy inferior a la demanda en numerosos momentos del día. El reloj puede moverse una hora. La crisis eléctrica, bastante menos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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