España
Colau acusa al PSOE de gestionar la desigualdad en vez de reducirla
Colau eleva la presión sobre el PSOE y sostiene que Frente Amplio debe ser decisivo para reducir la desigualdad y condicionar al próximo Gobierno.
Imagen: Robo71 / CC0
Resumen
- Colau acusa al PSOE de limitarse a gestionar la desigualdad
- Frente Amplio quiere ser decisivo en un futuro Gobierno progresista
- PSOE y Frente Amplio cooperan en el Senado y compiten por el Congreso
Ada Colau ha elevado el tono contra el PSOE en plena precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre. La candidata de Frente Amplio ha acusado a los socialistas de limitarse a «gestionar la desigualdad» cuando gobiernan en solitario y ha defendido que la presencia de su coalición en un futuro Ejecutivo es necesaria para reducirla de forma efectiva.
El mensaje, lanzado este domingo en un acto en Móstoles, resume buena parte de la estrategia con la que Frente Amplio quiere disputar el espacio progresista: identificar a PP y Vox como adversarios políticos, pero marcar al mismo tiempo una distancia clara con Pedro Sánchez. Colau sostiene que el PSOE puede aprobar medidas sociales, pero evita enfrentarse suficientemente a quienes, a su juicio, concentran riqueza y poder económico.
Colau eleva la presión sobre Sánchez a cinco semanas del 29N
La candidata de Frente Amplio participó en el acto junto a Emilio Delgado, cabeza de lista por Madrid y miembro de Más Madrid, y Toni Valero, dirigente de IU y número tres de la candidatura madrileña. El mitin llega a cinco semanas de las elecciones y en la recta final para registrar las candidaturas.
Colau planteó una división política muy nítida. A PP y Vox les atribuyó un proyecto que, según su análisis, conduce a aumentar la desigualdad. Al PSOE le reservó una crítica diferente: no lo coloca en el mismo campo político, pero considera que no cuestiona suficientemente las causas estructurales de esa desigualdad.
Ahí está el matiz importante. Frente Amplio no pretende romper todos los puentes con los socialistas —de hecho, ambas fuerzas han alcanzado acuerdos electorales—, pero sí convencer al votante progresista de que un PSOE fuerte no basta. La propia Colau viene defendiendo que no habrá un Gobierno progresista únicamente con un buen resultado socialista y que su coalición debe tener suficiente peso parlamentario para condicionar las políticas del próximo Ejecutivo.
La batalla por quién impulsó las medidas sociales
La candidata también ha abierto otro frente incómodo para Pedro Sánchez: la autoría política de algunas de las medidas más reconocibles de la legislatura.
Colau reprochó al presidente del Gobierno que, cuando reivindica los avances de su Ejecutivo, cite medidas como la subida del salario mínimo, la reforma laboral o determinadas actuaciones en vivienda. Su argumento es que esas políticas fueron impulsadas o presionadas desde el espacio situado a la izquierda del PSOE, no una iniciativa espontánea de los socialistas.
No es una discusión menor. En una campaña electoral, adjudicarse una subida salarial, una reforma laboral o una intervención sobre el mercado de la vivienda vale bastante más que una colección de eslóganes. Y en ese terreno PSOE y Frente Amplio compiten por un electorado parcialmente compartido.
Salario mínimo, reforma laboral y vivienda
La vivienda ocupa un lugar especialmente relevante en el discurso de Colau. La exalcaldesa de Barcelona lleva años defendiendo una regulación más intensa del alquiler y medidas contra los grandes propietarios y los fondos de inversión. También ha reprochado al PSOE una política demasiado tímida frente a la especulación inmobiliaria.
Su planteamiento es que las medidas adoptadas durante los gobiernos de coalición se produjeron, en buena medida, porque la izquierda situada fuera del PSOE y las movilizaciones sociales empujaron a los socialistas. Vivienda, salarios y coste de la vida aparecen así como los tres grandes terrenos sobre los que Frente Amplio quiere construir su identidad electoral.
No se trata solo de reclamar lo hecho. Colau intenta fijar una idea más ambiciosa: gobernar con el PSOE debe servir, según ella, para obligarlo a ir más lejos de lo que haría por sí mismo.
Del socio necesario al competidor electoral
Esa posición genera una paradoja bastante reconocible en la política española reciente. Frente Amplio presenta al PSOE como posible socio de Gobierno y rival electoral al mismo tiempo.
Necesita que los socialistas mantengan opciones de formar mayoría para impedir un Ejecutivo de PP y Vox, pero también necesita restarles votos suficientes para tener capacidad de negociación después de las elecciones. Cuanto mayor sea su representación, sostiene la coalición, mayor será su influencia sobre un eventual Gobierno progresista.
Colau trata así de evitar dos riesgos. El primero es aparecer como una fuerza subordinada al PSOE. El segundo, mucho más delicado, es que una pelea abierta dentro de la izquierda termine facilitando una mayoría de derechas.
Cooperar en el Senado y competir en el Congreso
La contradicción se ve con especial claridad en la arquitectura electoral del 29N. PSOE y Frente Amplio han alcanzado un acuerdo para concurrir conjuntamente al Senado, una fórmula con la que buscan reducir las posibilidades de que PP y Vox obtengan una mayoría en la Cámara Alta. El pacto contempla candidaturas unitarias en 44 circunscripciones, con aproximadamente un 30% de los puestos para Frente Amplio y un 70% para el PSOE.
En el Congreso, en cambio, ambas fuerzas competirán. Frente Amplio ha descartado que exista un acuerdo general con el PSOE para retirar candidaturas en provincias pequeñas, aunque sí se han producido movimientos territoriales concretos.
La fotografía electoral es, por tanto, peculiar pero no precisamente inédita: aliados para una Cámara, competidores para la otra y potenciales socios después de las urnas.
Para Frente Amplio, esa estrategia tiene otra dificultad añadida. La coalición no consiguió incorporar a Podemos a una candidatura estatal única, de modo que parte del electorado situado a la izquierda del PSOE encontrará distintas papeletas en buena parte del país. Colau ha tratado de pasar página de esas negociaciones y concentrar el discurso en presentar a Frente Amplio como una alternativa con capacidad real de entrar en el Gobierno.
Frente Amplio reivindica el voto útil a la izquierda
El acto de Móstoles también sirvió para disputar una expresión especialmente sensible en unas elecciones: el «voto útil».
Toni Valero defendió que esa utilidad no debe medirse simplemente por qué partido tiene más posibilidades de obtener representación, sino por las políticas que puede conseguir después. Desde esa premisa presentó a Frente Amplio como una candidatura capaz de actuar como llave de un futuro Gobierno y endurecer las políticas sobre vivienda y grandes patrimonios.
Emilio Delgado llevó el discurso hacia el enfrentamiento con PP y Vox y aseguró que en las elecciones está en juego el modelo democrático y económico del país. Colau, por su parte, pidió no dar por definitivas las encuestas que anticipan una victoria de la derecha y apeló a mantener movilizado al electorado progresista.
La candidata también reivindicó el papel de las movilizaciones sociales, desde el 15M y el feminismo hasta las protestas por la vivienda. Su tesis es que los avances sociales no dependen únicamente de los gobiernos o de las mayorías parlamentarias, sino también de la presión organizada fuera de las instituciones.
El 29N se juega también dentro del bloque progresista
La intervención de Móstoles deja bastante definida la posición con la que Ada Colau quiere afrontar la campaña. Frente Amplio presentará a PP y Vox como el adversario principal, pero no está dispuesto a regalar al PSOE el conjunto del legado social de los últimos años ni a asumir un papel secundario dentro del bloque progresista.
La acusación de «gestionar la desigualdad» condensa esa estrategia. Colau no sostiene que el PSOE y la derecha sean equivalentes; sostiene algo distinto y electoralmente más útil para su espacio: que los socialistas necesitan una fuerza relevante a su izquierda para adoptar medidas que, solos, no impulsarían.
A falta de cinco semanas para las urnas, la pelea no consiste únicamente en saber qué bloque obtiene más diputados. También se decide qué equilibrio de fuerzas habrá dentro de cada bloque. Y Frente Amplio quiere llegar al 29N convenciendo a sus votantes de que, si vuelve a haber una mayoría progresista, su tamaño determinará hasta dónde está dispuesto a llegar el próximo Gobierno.
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