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Abascal no subiría a un AVE y compara a Feijóo con Fraga en Palomares

Abascal afirma que no subiría a un AVE y equipara el mensaje de Feijóo al baño de Fraga en Palomares. Ambos plantean revisar la red ferroviaria.

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Abascal foto oficial 2026

Por Gage Skidmore, CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Abascal afirma que no subiría a un AVE por sus dudas sobre la seguridad
  • Compara a Feijóo con el baño de Fraga en Palomares en 1966
  • PP y Vox piden revisar la red, pero discrepan sobre cómo dar confianza

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha asegurado este miércoles 4 de noviembre que no se subiría a un AVE en las actuales circunstancias, ante las dudas que mantiene sobre la seguridad de la red ferroviaria española. Su respuesta ha incluido una crítica directa al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, al que ha comparado con Manuel Fraga y su célebre baño en Palomares tras el accidente nuclear de 1966.

«Si el señor Feijóo quiere bañarse en Palomares, como hizo el señor Fraga en su momento, pues bueno, él sabrá», ha declarado Abascal en una entrevista en Onda Cero. El dirigente de Vox ha respondido así a Feijóo, que el martes defendió que volvería a viajar en alta velocidad «por responsabilidad», pese a la crisis ferroviaria desencadenada por los accidentes de Adamuz y Urda.

La discrepancia entre ambos dirigentes va más allá de una decisión personal sobre cómo desplazarse. Mientras Feijóo considera que los responsables políticos deben evitar transmitir la impresión de que toda la alta velocidad española es insegura, Abascal sostiene que no dispone de información suficiente para garantizar a los ciudadanos que pueden utilizarla con tranquilidad.

El líder de Vox ha defendido que su posición responde a la prudencia. A su juicio, sería irresponsable pedir confianza en un sistema ferroviario cuyo estado real, asegura, todavía debe esclarecerse. Una postura que introduce una nueva diferencia entre PP y Vox en plena discusión sobre la gestión de las infraestructuras y las responsabilidades políticas por los recientes accidentes.

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Abascal rechaza transmitir confianza en la seguridad del AVE

Durante la entrevista, Abascal ha explicado que no dispone de todos los datos sobre el estado de la red ferroviaria y que, por ese motivo, no considera apropiado comprometerse a viajar en alta velocidad.

El dirigente de Vox ha insistido en que no puede trasladar a los españoles un mensaje de confianza que, en su opinión, el sistema ferroviario no merece en las actuales circunstancias. Sí se ha comprometido a impulsar las medidas necesarias para mejorar su funcionamiento si se produce un cambio de Gobierno.

Su posición contrasta con la expresada por Feijóo apenas un día antes. El presidente del PP sostuvo en La Sexta que volvería a subir a un AVE si necesitara utilizarlo, precisamente porque considera que un dirigente político no debe presentar toda la red de alta velocidad como insegura.

La diferencia es significativa. Feijóo combina sus críticas al Gobierno y sus exigencias de mejoras en seguridad con un mensaje de confianza en el transporte ferroviario. Abascal, en cambio, rechaza ofrecer esa tranquilidad sin disponer antes de una evaluación completa de las infraestructuras.

Conviene distinguir, en cualquier caso, entre ambas declaraciones políticas y una evaluación técnica. La decisión personal de viajar o no en tren no permite determinar por sí sola el nivel de seguridad de los distintos corredores ferroviarios.

Por qué Abascal ha comparado a Feijóo con Manuel Fraga

La referencia a Palomares recupera uno de los episodios más conocidos de la historia política española durante el franquismo.

El 17 de enero de 1966, un bombardero estadounidense B-52 que transportaba cuatro bombas termonucleares colisionó con un avión cisterna durante una maniobra de reabastecimiento sobre la costa de Almería.

El accidente provocó la caída de las armas en la zona de Palomares. Dos de ellas liberaron material radiactivo al romperse sus cargas explosivas convencionales, sin llegar a producir una detonación nuclear.

La contaminación radiactiva generó preocupación entre los habitantes de la comarca y puso a las autoridades españolas y estadounidenses ante un grave problema de seguridad y de imagen pública.

El baño de Fraga para tranquilizar a la población

En marzo de 1966, Manuel Fraga, entonces ministro de Información y Turismo de la dictadura franquista, se bañó en la playa de Quitapellejos, en Palomares, junto al embajador estadounidense Angier Biddle Duke.

El gesto pretendía transmitir tranquilidad y demostrar públicamente que la zona no representaba un peligro para los visitantes. Las imágenes terminaron convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la comunicación política del franquismo.

Sin embargo, aquel baño no demostraba científicamente la ausencia de contaminación radiactiva. El accidente había dispersado material peligroso y sus consecuencias ambientales dieron lugar a actuaciones de vigilancia y descontaminación durante décadas.

Al recuperar este episodio, Abascal acusa implícitamente a Feijóo de intentar transmitir seguridad mediante un gesto público, sin contar, a su juicio, con garantías suficientes sobre la situación real de las infraestructuras.

La comparación tiene también una evidente carga política: Fraga fue una figura central del franquismo y posteriormente fundador de Alianza Popular, antecedente del actual Partido Popular.

Vox reclama una auditoría completa de la red ferroviaria

Más allá de su enfrentamiento con Feijóo, Abascal ha planteado las primeras medidas que considera necesarias para afrontar la crisis del ferrocarril español.

Su principal propuesta consiste en realizar una auditoría completa de las infraestructuras ferroviarias que permita conocer su estado, identificar posibles deficiencias y determinar las inversiones necesarias para corregirlas.

El dirigente de Vox ha insistido en que es imprescindible revisar las vías y los sistemas de seguridad para esclarecer las causas de los graves accidentes registrados en Adamuz (Córdoba) y Urda (Toledo).

También ha denunciado la presencia de personas que, según sus acusaciones, carecen de la formación adecuada para desempeñar determinados puestos técnicos.

En ese contexto, ha dirigido sus críticas contra la gestión de los últimos años y ha mencionado al actual ministro de Transportes, Óscar Puente, así como a su predecesor, José Luis Ábalos, y a Koldo García, antiguo asesor ministerial. Sus declaraciones cuestionan la gestión y los nombramientos, pero no constituyen por sí mismas una prueba sobre las causas de los accidentes.

Abascal considera que el deterioro de la confianza en el transporte ferroviario exige actuaciones concretas antes de que los responsables políticos puedan asegurar que el sistema ofrece todas las garantías necesarias.

Feijóo también propone revisar la red, pero defiende seguir viajando

Pese al enfrentamiento verbal, los líderes de PP y Vox coinciden en una cuestión importante: la necesidad de revisar las infraestructuras ferroviarias españolas.

Feijóo anunció el martes 3 de noviembre que, si llega a la Presidencia del Gobierno, impulsará una auditoría exprés de la red ferroviaria para determinar qué actuaciones deben acometerse de manera prioritaria.

El presidente del PP se mostró dispuesto a adoptar medidas de seguridad que incluyan limitaciones de velocidad o interrupciones de servicios cuando los informes técnicos lo consideren necesario.

También defendió que la conservación y el mantenimiento deben tener prioridad sobre nuevas actuaciones de expansión ferroviaria.

La discrepancia entre ambos dirigentes no reside, por tanto, en la conveniencia de investigar el estado de las vías, sino en el mensaje que consideran responsable trasladar a los viajeros mientras se evalúan las deficiencias del sistema.

Feijóo sostiene que hay que corregir los problemas sin alimentar una desconfianza generalizada. Abascal considera que pedir tranquilidad antes de conocer todos los datos supone asumir un riesgo que no está dispuesto a respaldar.

La seguridad ferroviaria abre otra diferencia entre PP y Vox

Las declaraciones de Abascal llegan en un momento especialmente delicado para el transporte ferroviario español, marcado por las investigaciones sobre los accidentes de Adamuz y Urda y por el debate acerca del mantenimiento, la inversión y los mecanismos de supervisión.

El enfrentamiento con Feijóo revela dos maneras distintas de abordar esa crisis desde la oposición. Ambos reclaman explicaciones al Gobierno y una revisión de las infraestructuras, pero discrepan sobre cómo deben comportarse públicamente los dirigentes políticos ante la incertidumbre.

La referencia a Fraga convierte esa diferencia en un choque especialmente llamativo. Palomares vuelve así al debate político, sesenta años después, esta vez como argumento para cuestionar la confianza que Feijóo pretende transmitir a los usuarios del AVE.

Entretanto, la cuestión fundamental para los viajeros continúa siendo la misma: conocer con precisión qué falló en los accidentes, qué deficiencias existen en la red y qué medidas verificables se están adoptando para garantizar la seguridad ferroviaria.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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