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Piden 12 años por una agresión sexual en una sesión BDSM en Sabadell

La Fiscalía pide 12 años de prisión por una presunta agresión sexual durante prácticas BDSM en Sabadell. La palabra de seguridad centra el juicio.

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agresión sexual durante BDSM

Resumen

  • Fiscalía pide 12 años de cárcel por una presunta agresión sexual en Sabadell
  • La mujer afirma que él ignoró la palabra pactada para detener la sesión BDSM
  • El acusado niega la agresión y su defensa solicita la absolución

La Fiscalía solicita 12 años de prisión para un hombre acusado de agredir sexualmente a una mujer durante un encuentro de prácticas BDSM en Sabadell (Barcelona). Los hechos se remontan a la madrugada del 2 de octubre de 2022, cuando ambos mantenían relaciones sexuales en el domicilio de ella. Según la acusación, el procesado empleó una violencia desproporcionada e ignoró las reiteradas peticiones de la mujer para que se detuviera.

El juicio se ha celebrado este miércoles, 4 de noviembre de 2026, en la Sección Séptima de la Audiencia de Barcelona. La víctima sostiene que había aceptado determinadas prácticas de dominación y sumisión, pero nunca la violencia que, según su declaración, sufrió aquella noche. El acusado niega la agresión sexual, asegura que todo fue consentido y solicita su absolución.

Uno de los elementos centrales del procedimiento es una palabra de seguridad que ambos habían pactado para interrumpir las relaciones cuando cualquiera de los dos quisiera detenerlas. La mujer afirma que la pronunció varias veces sin que el hombre respetara su decisión.

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La palabra de seguridad que, según la víctima, fue ignorada

La relación entre ambos comenzó en 2021. Mantenían una amistad y habían tenido encuentros sexuales esporádicos de mutuo acuerdo. Con el tiempo incorporaron algunas prácticas de dominación y sumisión, para las que establecieron límites.

La palabra elegida fue «voladura». Su significado era inequívoco: cualquiera de los dos podía utilizarla para detener inmediatamente lo que estuvieran haciendo.

Según el escrito de la Fiscalía, la mujer había pronunciado esa palabra en encuentros anteriores y el acusado había respetado su petición. Sin embargo, la situación habría cambiado radicalmente durante la madrugada del 2 de octubre de 2022.

En su declaración ante el tribunal, la denunciante explicó que había consentido prácticas suaves de dominación, pero no actos de sadomasoquismo. Aseguró que el hombre comenzó a utilizar una fuerza que consideró anormal y que, lejos de detenerse cuando ella expresó su negativa, incrementó la violencia.

La mujer relató que recibió golpes e insultos, que fue acorralada y que el acusado llegó a estrangularla, arrojarla al suelo y pisarle la cabeza. También declaró que el hombre mantuvo relaciones sexuales con penetración sin utilizar preservativo.

«Creí que iba a matarme», afirmó ante el tribunal.

La acusación sostiene que el procesado no solo desatendió las peticiones de detenerse, sino que reaccionó con una violencia creciente cuando la mujer intentaba poner fin al encuentro.

Los gritos de auxilio que alertaron a una vecina

La declaración de la víctima también ha permitido reconstruir lo ocurrido inmediatamente después del episodio denunciado.

Según su testimonio, llegó a pedir ayuda a los vecinos mientras el acusado la amenazaba de muerte si gritaba. Una vecina escuchó las llamadas de auxilio y avisó a la policía.

Uno de los agentes de la Policía Local de Sabadell que acudieron al domicilio declaró durante el juicio que el investigado sostuvo entonces que la mujer no había pronunciado la palabra pactada para detener las relaciones.

Sin embargo, según explicó el policía, el hombre no supo identificar cuál era esa palabra de seguridad cuando los agentes se lo preguntaron.

La mujer sufrió lesiones en distintas partes del cuerpo. Su existencia fue confirmada durante la vista por los profesionales médicos que la atendieron después de los hechos.

Las amenazas posteriores a la denuncia

La denunciante también aseguró que, tras el episodio, recibió amenazas de personas del entorno del acusado.

Según declaró, algunas se produjeron por teléfono y otras mediante visitas a su domicilio. Sostuvo que llegaron a amenazarla con matarla a ella y a sus animales si presentaba una denuncia.

La situación, siempre según su testimonio, la llevó a cambiar de vivienda y de número de teléfono.

Estas amenazas forman parte de lo relatado por la mujer durante el juicio, aunque la información conocida del procedimiento no permite determinar si han dado lugar a actuaciones penales independientes.

El acusado asegura que las prácticas fueron consentidas

El hombre ofreció ante la Audiencia de Barcelona una versión muy distinta de lo sucedido.

Negó haber introducido a la mujer en las prácticas BDSM y aseguró que, en realidad, ese tipo de relaciones no le gustan. Según su declaración, fue ella quien quiso llevarlas a cabo y quien solicitó que aumentara la intensidad del encuentro.

«Ella me pedía más», sostuvo.

El procesado reconoció haberle dado algunos golpes leves y haberle pisado la cabeza, pero insistió en que lo hizo porque ella se lo había pedido.

También negó que la mujer utilizara la palabra de seguridad para detener las prácticas.

Su defensa sostiene que existió consentimiento durante el encuentro y, por ese motivo, reclama la absolución.

El hombre admitió que ambos habían consumido drogas, aunque afirmó que conservó en todo momento la capacidad de controlar su comportamiento y la fuerza que empleaba.

En cuanto a los gritos, aseguró que los interpretó como parte de las prácticas sexuales y no como una petición real de auxilio. Añadió que, cuando percibió que la mujer estaba sufriendo, interrumpió el encuentro.

También manifestó que permaneció en el domicilio cuando ella le anunció que acudiría la policía porque no consideraba haber cometido ningún delito.

El tribunal deberá valorar estas declaraciones junto con los testimonios policiales, los informes médicos y el resto de las pruebas practicadas.

La Fiscalía reclama prisión, indemnización y alejamiento

El Ministerio Fiscal atribuye al acusado un delito de agresión sexual con penetración y un delito leve de lesiones.

Por estos hechos solicita una pena de 12 años de cárcel, además de una multa de 1.350 euros.

También reclama que el acusado abone a la mujer una indemnización de 12.218 euros por las lesiones y los daños morales que, según la acusación, sufrió como consecuencia de lo ocurrido.

La petición incluye asimismo diez años de libertad vigilada y medidas de prohibición de comunicación y aproximación a la denunciante.

La acusación particular, ejercida por la propia mujer, mantiene las mismas pretensiones que la Fiscalía.

Por su parte, la defensa solicita que el acusado sea absuelto al considerar que las relaciones sexuales fueron voluntarias.

De momento, se trata de peticiones de condena, no de penas impuestas mediante sentencia. El hombre mantiene su presunción de inocencia mientras no exista una resolución judicial condenatoria.

El consentimiento y los límites de las prácticas BDSM

El procedimiento plantea una cuestión jurídica fundamental: la diferencia entre participar voluntariamente en una práctica sexual y aceptar cualquier comportamiento que pueda producirse durante ella.

El BDSM agrupa distintas prácticas relacionadas con la inmovilización, la dominación, la sumisión y el sadomasoquismo. Su característica esencial, cuando se desarrollan de forma consentida, es la existencia de límites aceptados por quienes participan.

La utilización de palabras de seguridad permite expresar de manera explícita que una persona quiere interrumpir una actividad. Sin embargo, el consentimiento no depende exclusivamente de pronunciar una expresión previamente acordada.

Una negativa expresada de otra manera también puede evidenciar que una persona no desea continuar.

El consentimiento para mantener relaciones sexuales tampoco supone una autorización indefinida. Haber aceptado determinadas prácticas en ocasiones anteriores no implica aceptar otras más intensas ni renunciar al derecho a detenerlas.

En este caso, la mujer sostiene que manifestó repetidamente su voluntad de parar. El acusado afirma exactamente lo contrario.

La cuestión no consiste en determinar si las prácticas BDSM son, por sí mismas, delictivas, sino en establecer qué conductas fueron consentidas y cuáles no, así como la eventual responsabilidad penal derivada de los hechos que resulten probados.

Una causa pendiente de sentencia en Barcelona

El juicio celebrado en la Audiencia de Barcelona deja dos relatos enfrentados sobre lo sucedido aquella madrugada de octubre de 2022.

La Fiscalía sostiene que el acusado sobrepasó los límites pactados, ignoró las negativas de la mujer y ejerció una violencia que constituye una agresión sexual con penetración. La defensa considera que las prácticas fueron consentidas y que no existió delito.

Entre los elementos que deberá examinar el tribunal destacan la palabra de seguridad, las declaraciones de ambos implicados, la intervención policial y las lesiones acreditadas por los médicos.

La resolución judicial tendrá que determinar si los hechos descritos por la acusación han quedado suficientemente probados y si constituyen los delitos imputados.

Hasta entonces, los 12 años de prisión representan la condena solicitada por las acusaciones, no una decisión definitiva de la Justicia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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