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La banda que asaltó a Romillo secuestró antes a un francés en Madrid

La Policía relaciona a la misma banda con el secuestro de un francés en Madrid antes del asalto a Álvaro Romillo, financiador de Alvise Pérez.

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La banda que asaltó a Romillo

Resumen

  • La banda secuestró a un francés en Madrid antes del asalto a Romillo
  • Lo golpearon, lo maniataron y trataron de acceder a sus cuentas bancarias
  • Las huellas del apartamento ayudaron a identificar a miembros del grupo

La organización criminal vinculada al violento asalto sufrido por Álvaro Romillo, el empresario que entregó 100.000 euros en efectivo a Alvise Pérez, habría secuestrado pocos días antes a un ciudadano francés al que atrajo hasta un apartamento turístico de Madrid mediante una falsa cita. La víctima fue golpeada, maniatada y amenazada con una pistola mientras los agresores intentaban acceder a sus cuentas bancarias.

El episodio ocurrió en Villa de Vallecas en agosto de 2025 y se convirtió en una de las primeras pistas relevantes para identificar a miembros del grupo. La Policía Nacional acabó vinculando a varios investigados con una célula del Tren de Aragua dedicada a seleccionar víctimas con capacidad económica, retenerlas durante horas y forzarlas a entregar dinero, joyas, tarjetas o criptomonedas. Seis personas fueron detenidas meses después y tres ingresaron en prisión.

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Una cita por Internet acabó en un apartamento de Vallecas

El ciudadano francés había viajado a Madrid después de mantener durante varias semanas conversaciones con una mujer a través de un portal de citas. Antes de tomar el avión recibió una dirección donde supuestamente iban a encontrarse. Era un apartamento situado en Villa de Vallecas.

Cuando llegó, fue recibido por una mujer joven que, según relató posteriormente a los agentes, no coincidía con la persona de las fotografías con la que había estado hablando. Ella le pidió que entrara y esperase dentro.

La situación cambió prácticamente de inmediato.

Tres hombres aparecieron en la vivienda. Dos entraron desde fuera y otro salió del cuarto de baño. Según la declaración de la víctima, comenzaron a golpearle en la cabeza y después le inmovilizaron muñecas y tobillos con bridas y cinta adhesiva.

Los atacantes llevaban una pistola y varias armas blancas. Le quitaron 270 euros en efectivo, un iPhone 11 y varias tarjetas bancarias. El objetivo, sin embargo, no parecía limitarse a lo que llevaba encima.

La pistola como método para conseguir las claves

Los agresores querían acceder al teléfono y a las cuentas de la víctima. Para obligarle a facilitar el código del móvil, le mostraron la munición de la pistola y manipularon el arma delante de él, según recoge la investigación.

Una vez desbloqueado el dispositivo intentaron realizar transferencias bancarias, aunque esas operaciones no llegaron a completarse.

Ese patrón resulta especialmente relevante porque reaparecería posteriormente en otros asaltos atribuidos al mismo entramado: víctimas previamente seleccionadas, violencia extrema, teléfonos desbloqueados bajo amenazas y presión para conseguir transferencias o movimientos de activos digitales.

La Policía sostiene que esta célula disponía de armas de fuego, inhibidores de frecuencia y matrículas falsificadas, además de material para ocultar su identidad. Son elementos que apuntan a una actividad organizada y no a una sucesión de robos improvisados.

Horas retenido y una falsa segunda víctima

La retención se prolongó durante buena parte de la tarde. Hacia las nueve de la noche, los asaltantes encerraron al francés en el cuarto de baño.

Poco después introdujeron allí a otro hombre que aparentemente también había sido capturado. Algo no encajaba. La primera víctima observó que al recién llegado no lo habían inmovilizado con bridas, sino únicamente con cinta adhesiva, y comenzó a sospechar que podía formar parte del grupo.

La sospecha resultó fundada según las pesquisas posteriores.

Alrededor de las diez de la noche, los otros integrantes abandonaron el apartamento. El supuesto segundo secuestrado consiguió liberarse con facilidad y soltó también al francés. Después, ambos salieron del piso y se marcharon en direcciones diferentes.

El hombre entró en un establecimiento cercano y llamó a un amigo. Esa noche acabó alojándose en un hotel. La Policía conoció el caso al día siguiente, después de que la recepcionista del establecimiento fuese alertada de lo ocurrido y avisara a los agentes.

Las huellas del apartamento acercaron a la Policía a la banda

El piso utilizado para el secuestro era un alquiler vacacional. Cuando la Policía lo inspeccionó, los sospechosos ya se habían marchado, pero quedaron rastros.

Los agentes localizaron bridas y obtuvieron hasta once huellas. Parte de ellas pudieron relacionarse posteriormente con dos ciudadanos venezolanos, una pista que resultaría relevante cuando la investigación conectó aquel episodio con otros robos violentos.

La importancia del apartamento de Vallecas no estuvo tanto en el dinero robado como en lo que dejó detrás. Las huellas permitieron empezar a poner nombres al grupo y comparar esos indicios con los obtenidos en asaltos posteriores.

La investigación policial acabó concluyendo que varios de los sospechosos estaban relacionados con una estructura del Tren de Aragua, organización criminal originaria de Venezuela sobre la que las fuerzas de seguridad españolas mantienen distintas investigaciones.

El mismo patrón reapareció en otros objetivos

La Policía atribuyó a la célula varios asaltos en los que las víctimas eran sometidas a una violencia considerable. En algunos casos fueron amordazadas y atadas durante horas mientras los delincuentes trataban de conseguir acceso a cuentas bancarias o criptomonedas.

Los investigadores consideran que las víctimas no eran escogidas al azar. El grupo estudiaba previamente su capacidad económica, sus movimientos y sus rutinas. Con algunos extranjeros, el método pasaba por atraerlos a apartamentos turísticos mediante encuentros aparentemente normales.

En uno de los episodios investigados, un ciudadano letón recibió un disparo en la cara cuando intentó escapar. A uno de los integrantes se le atribuyó por ello un presunto delito de homicidio en grado de tentativa.

Después llegó el asalto a Álvaro Romillo

Pocos días después del episodio sufrido por el francés, el grupo habría participado en el asalto a Álvaro Romillo, conocido como CryptoSpain y responsable de Madeira Invest Club.

Romillo denunció que varios hombres armados entraron en una vivienda y le obligaron a realizar una transferencia de 1,2 millones de euros en criptomonedas. La investigación policial sobre la célula sitúa además en aquel golpe un botín formado por relojes y joyas de enorme valor y unos 200.000 euros en efectivo.

La operación contra el grupo terminó con seis detenidos por su presunta participación en delitos de pertenencia a organización criminal, robo con violencia, detención ilegal, estafa y delitos contra la salud pública. Tres de ellos ingresaron en prisión. Durante los registros se intervinieron, entre otros objetos, un inhibidor de frecuencia, matrículas duplicadas, relojes, joyas, teléfonos móviles, dinero y distintas sustancias estupefacientes.

El caso de Romillo tiene, por otra parte, una dimensión judicial completamente distinta. El empresario reconoció haber entregado 100.000 euros en efectivo a Alvise Pérez antes de las elecciones europeas de 2024. El Tribunal Supremo investiga si ese dinero estuvo relacionado con una posible financiación irregular de la campaña de Se Acabó La Fiesta. Alvise ha reconocido la recepción del dinero, pero sostiene que no se utilizó para financiar su campaña electoral.

Romillo también está procesado en la Audiencia Nacional por la presunta estafa vinculada a Madeira Invest Club, con más de 3.000 inversores afectados y un perjuicio investigado superior a 185 millones de euros. Es una causa independiente de los robos de los que él mismo fue víctima.

Un primer secuestro que dejó el rastro de los siguientes

El caso del ciudadano francés ayuda a reconstruir cómo funcionaba la organización antes del asalto que colocó a la banda bajo una atención policial mucho mayor. Había captación previa, selección de objetivos y apartamentos preparados, además de amenazas con armas y una obsesión muy concreta: conseguir acceso inmediato al dinero de las víctimas.

En Vallecas el botín material fue relativamente reducido. Lo decisivo fueron las huellas, las bridas y el método utilizado. Aquellos indicios terminarían encajando con otros episodios violentos atribuidos al mismo entramado.

La investigación dibuja así una sucesión de golpes que iban bastante más allá del clásico robo en una vivienda. Los delincuentes buscaban controlar físicamente a la víctima para controlar después sus cuentas, su teléfono o sus criptomonedas. Y, cuando fallaba la transferencia, quedaban las armas.

En el caso del francés, por fortuna, aquello terminó después de varias horas. Pero dejó una pista que la banda no pudo llevarse consigo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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