Síguenos

Mundo

Carlos III condena la trata de esclavos en Antigua sin pedir perdón

Carlos III condena la trata de esclavos ante la Commonwealth, pero no ofrece disculpas ni indemnizaciones mientras el Caribe exige reparaciones.

Publicado

el

la trata de esclavos

Imagen: Plymouth Chapter of the Society for Effecting the Abolition of the Slave Trade / Biblioteca del Congreso de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público.

Resumen

  • Carlos III califica la trata de esclavos de «capítulo vergonzoso»
  • El monarca expresa pesar, pero no presenta una disculpa oficial
  • El Caribe exige reparaciones y Londres rechaza indemnizaciones

El rey Carlos III del Reino Unido ha calificado este martes, 3 de noviembre de 2026, el comercio transatlántico de esclavos como un «capítulo vergonzoso de la historia» que le provoca horror y un profundo pesar personal. El monarca ha pronunciado estas palabras durante la inauguración de la cumbre de la Commonwealth en Antigua y Barbuda, en pleno debate sobre las reparaciones que reclaman varios países del Caribe por los abusos cometidos durante el colonialismo británico.

Su intervención supone un nuevo reconocimiento público de las atrocidades de la esclavitud, pero mantiene una diferencia fundamental entre expresar arrepentimiento y asumir responsabilidades: Carlos III no ha pedido perdón oficialmente ni ha anunciado compensaciones económicas. El discurso llega después de que el primer ministro británico, Andy Burnham, se mostrara dispuesto a estudiar una disculpa formal del Reino Unido, aunque descartando el pago de indemnizaciones.

Ante los representantes de los 56 países que integran la Mancomunidad de Naciones, el soberano ha reconocido que la trata de personas esclavizadas sigue proyectando su sombra sobre las antiguas colonias. También ha defendido la necesidad de aprender de la historia y construir nuevas relaciones de cooperación entre los Estados miembros.

La intervención se ha producido en Saint John’s, capital de Antigua y Barbuda, durante la vigesimoctava reunión de jefes de Gobierno de la Commonwealth. La cumbre, que se celebra del 1 al 4 de noviembre, tiene entre sus prioridades el desarrollo económico, el comercio y la resistencia frente al cambio climático. Sin embargo, las reclamaciones relacionadas con la esclavitud han adquirido un protagonismo político difícil de ignorar.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Carlos III expresa su horror por la esclavitud, pero evita disculparse

El monarca británico ha recurrido a algunas de sus palabras más contundentes sobre el pasado esclavista del Reino Unido. Ha descrito la trata transatlántica como un episodio vergonzoso que le llena el corazón de horror y le provoca el más profundo pesar personal.

Carlos III ha insistido en que las consecuencias de la esclavitud siguen presentes en las sociedades caribeñas y en otros países de la Commonwealth. Según ha explicado, comprender mejor los abusos del pasado ha reforzado su compromiso con la búsqueda de fórmulas de cooperación que permitan afrontar sus efectos actuales.

El rey ha sostenido que las generaciones presentes no pueden modificar las decisiones de quienes las precedieron, aunque sí tienen la posibilidad de aprender de la historia. También ha reivindicado que la historia demuestra cómo el valor y la determinación pueden contribuir a superar injusticias que parecían imposibles de erradicar.

En ese contexto, ha recordado el papel desempeñado por la Marina Real británica en la lucha contra el tráfico internacional de esclavos. Una referencia históricamente cierta, aunque necesariamente incompleta si se considera que el propio Reino Unido había sido durante generaciones una de las principales potencias involucradas en aquel comercio.

Su propuesta para afrontar las consecuencias del pasado pasa por mejorar el acceso a la educación, impulsar el empleo, facilitar los intercambios comerciales y financiar medidas contra el cambio climático. Son iniciativas vinculadas al desarrollo de los países afectados, pero no equivalen a una reparación formal por la esclavitud.

Reino Unido estudia una disculpa, pero rechaza pagar reparaciones

Las declaraciones de Carlos III coinciden con un cambio significativo en el discurso del Gobierno británico.

El primer ministro, Andy Burnham, ha abierto la posibilidad de que el Reino Unido formule una disculpa oficial por su participación en el comercio transatlántico de personas esclavizadas. También ha ofrecido establecer conversaciones estructuradas con los países y comunidades afectados.

La disposición a negociar supone un avance respecto a las posiciones mantenidas anteriormente por Londres. Sin embargo, Burnham ha señalado que su Gobierno no considera adecuadas las reparaciones económicas como respuesta a los crímenes históricos.

La diferencia no es menor. Una disculpa institucional implica reconocer públicamente una responsabilidad histórica, mientras que las reparaciones pueden traducirse en compromisos económicos, restituciones patrimoniales o programas de desarrollo destinados a compensar daños persistentes.

El Ejecutivo británico ha planteado también una revisión de los mecanismos internacionales de deuda para favorecer a los países más vulnerables. Burnham pretende aprovechar la presidencia británica del G20 en 2027 para promover cambios en este ámbito.

Durante la cumbre se ha anunciado igualmente una inversión de 40 millones de libras en infraestructuras esenciales del Caribe durante los próximos tres años. La medida forma parte de la cooperación internacional británica y no constituye una indemnización por la esclavitud.

El Gobierno de Londres y los representantes caribeños coinciden en la conveniencia de mantener el diálogo. La discrepancia aparece cuando llega el momento de determinar qué responsabilidades concretas debería asumir el Estado británico y qué medidas podrían considerarse suficientes.

El Caribe exige algo más que palabras de arrepentimiento

La Comunidad del Caribe, conocida como CARICOM, lleva más de una década impulsando una campaña internacional para reclamar justicia por la esclavitud y sus consecuencias.

La organización considera que las potencias coloniales europeas obtuvieron importantes beneficios económicos mediante la explotación de millones de africanos trasladados por la fuerza a América. También sostiene que aquella estructura económica y social dejó desigualdades que continúan afectando al desarrollo de numerosos países.

El presidente de CARICOM y primer ministro de Santa Lucía, Philip J. Pierre, expresó el pasado 31 de octubre una posición especialmente clara ante las propuestas británicas.

Pierre reconoció como un avance la disposición de Burnham a estudiar una disculpa oficial y abrir conversaciones. Sin embargo, rechazó que el Reino Unido pretenda excluir de antemano cualquier compensación económica.

Para CARICOM, reconocer una injusticia histórica sin abordar sus consecuencias materiales resulta insuficiente. La organización defiende que la responsabilidad de los Estados y las instituciones no desaparece automáticamente con el paso de las generaciones.

Qué reparaciones reclaman las antiguas colonias británicas

CARICOM dispone de un plan de diez puntos para la justicia reparadora, revisado y aprobado nuevamente en julio de 2026. La propuesta va bastante más allá de reclamar una cantidad de dinero.

Entre sus objetivos figuran una disculpa oficial, inversiones en sanidad y educación, la recuperación del patrimonio cultural, programas de rehabilitación psicológica, iniciativas de desarrollo tecnológico y medidas relacionadas con la deuda pública.

El documento también incorpora demandas de compensación económica y de reconocimiento de los daños causados a las poblaciones indígenas durante la colonización.

La organización caribeña sostiene que las reparaciones deben contribuir a corregir las consecuencias económicas y sociales de siglos de explotación. Su posición es que la ayuda al desarrollo, aunque resulte beneficiosa, no debe sustituir el reconocimiento de una deuda histórica.

Esta distinción explica buena parte del desacuerdo con Londres. El Gobierno británico ofrece cooperación y conversaciones, mientras que los países reclamantes quieren que esas negociaciones permitan discutir todas las modalidades de reparación.

El pasado esclavista británico y las indemnizaciones de 1833

El debate tiene un precedente histórico especialmente significativo.

Durante los siglos XVII, XVIII y comienzos del XIX, comerciantes y empresas británicas participaron de forma destacada en el tráfico transatlántico de personas esclavizadas. Según las estimaciones de la base de datos histórica sobre la trata transatlántica, Gran Bretaña transportó a unos 3,2 millones de africanos a través del Atlántico.

Muchas de aquellas personas fueron obligadas a trabajar en plantaciones de azúcar y otros cultivos de las colonias caribeñas, sometidas a un sistema que las privaba de libertad y las consideraba legalmente propiedad de sus dueños.

El Parlamento británico prohibió el comercio de esclavos en 1807. La abolición de la esclavitud en buena parte de sus colonias llegó mediante una ley aprobada en 1833, aunque el sistema transitorio de aprendizaje obligatorio retrasó la emancipación efectiva de numerosos antiguos esclavos hasta 1838.

Lo más controvertido fue el mecanismo de compensación establecido durante aquel proceso.

El Estado británico destinó 20 millones de libras de la época a indemnizar a los propietarios de esclavos por la pérdida de lo que entonces se reconocía legalmente como su propiedad.

Las personas que habían sufrido la esclavitud no recibieron una compensación equivalente por los años de explotación, la privación de libertad o los abusos padecidos.

El contraste continúa formando parte de las reclamaciones actuales de CARICOM. Sus representantes recuerdan que el Estado británico reconoció derechos económicos a quienes habían poseído seres humanos, pero no indemnizó a quienes habían sido sometidos a ese sistema.

En 2024, durante la cumbre de la Commonwealth celebrada en Samoa, los países miembros ya acordaron impulsar conversaciones sinceras y respetuosas sobre el pasado esclavista y sus consecuencias. Dos años después, el debate ha avanzado en el terreno diplomático, aunque sigue sin desembocar en un acuerdo sobre reparaciones.

La distancia entre reconocer la esclavitud y reparar sus daños

Las palabras de Carlos III representan un reconocimiento explícito de la gravedad histórica del comercio de esclavos. El monarca ha condenado aquella injusticia y ha expresado su pesar ante dirigentes de países que todavía reclaman responsabilidades al Reino Unido.

Pero una declaración de pesar no constituye una disculpa oficial, del mismo modo que los proyectos de cooperación internacional no pueden presentarse automáticamente como compensaciones por daños históricos.

La posición de la Corona y la del Gobierno británico muestran, por ahora, límites similares. Carlos III reconoce el horror de la esclavitud sin formular una petición institucional de perdón. Burnham acepta discutir esa disculpa, pero rechaza las indemnizaciones económicas.

Para los países del Caribe que impulsan las reclamaciones, el reconocimiento moral es importante, aunque no resuelve por sí solo una discusión sobre responsabilidades históricas y consecuencias presentes.

La Commonwealth afronta así una cuestión que va mucho más allá de las palabras pronunciadas en Antigua y Barbuda: si el reconocimiento de los abusos coloniales terminará convirtiéndose en compromisos concretos o permanecerá en el terreno de las declaraciones institucionales.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído