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España

Un vecino de Gijón reúne 26.353 bolígrafos y solo tiene uno repetido

Juan Carlos Fernández Peñín colecciona 26.353 bolígrafos publicitarios en Gijón. Los ordena en 20 categorías y asegura que solo uno está repetido.

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colecciona 26.353 bolígrafos

Resumen

  • Un vecino de Gijón ha catalogado 26.353 bolígrafos publicitarios
  • Asegura que solo tiene uno repetido y miles pendientes de clasificar
  • Organiza las piezas en 20 categorías y consigue casi todas gratis

Juan Carlos Fernández Peñín, un vecino de Gijón de 61 años, ha conseguido reunir una colección de 26.353 bolígrafos publicitarios de diferentes empresas, marcas y países. Lo verdaderamente sorprendente no es solo la cantidad: asegura que, entre todos los ejemplares catalogados, únicamente ha encontrado uno repetido. Una hazaña de paciencia y organización que ha convertido su garaje en un peculiar archivo de la publicidad.

Y la cifra todavía puede crecer considerablemente. El coleccionista asturiano calcula que tiene entre 5.000 y 6.000 bolígrafos pendientes de clasificar, por lo que su colección podría superar las 31.000 piezas cuando termine de revisar todo el material acumulado.

Fernández Peñín trabaja como gruista y dedica buena parte de su tiempo libre a una afición que comenzó casi por casualidad hace aproximadamente 25 años. No colecciona bolígrafos de lujo ni busca ejemplares especialmente caros. Su interés está en los modelos publicitarios que las empresas reparten para promocionar sus productos y servicios.

La mayoría los ha conseguido gratuitamente. De hecho, asegura que apenas ha comprado cuatro o cinco durante todos estos años. Su colección, lejos de responder a una inversión económica, se ha convertido en una actividad personal que combina recuerdos, intercambios y muchas horas de clasificación.

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Todo empezó con un bolígrafo que le regalaron en una cafetería

El origen de esta singular colección está en un objeto que cualquiera podría haber terminado tirando a la basura.

Según explica el propio Fernández Peñín en su blog, todo comenzó cuando un camarero le regaló un bolígrafo publicitario de una cafetería llamada Café Mom-vaz. Tiempo después volvió a encontrarlo entre sus pertenencias y aquel pequeño objeto le recordó perfectamente el momento en el que lo había recibido.

Fue entonces cuando decidió conservar otros bolígrafos asociados a lugares que visitaba o personas que conocía. Lo que había empezado como un recuerdo acabó convirtiéndose en una afición mucho más ambiciosa.

Al principio reunió unas pocas decenas. Después llegaron los primeros centenares y, cuando quiso darse cuenta, ya tenía alrededor de un millar de ejemplares. La colección siguió aumentando hasta que el espacio disponible en casa dejó de ser suficiente.

El garaje terminó convirtiéndose en su centro de operaciones. Allí guarda, revisa y organiza miles de piezas que proceden de negocios, establecimientos comerciales, instituciones y empresas de numerosos sectores.

No es especialmente aficionado a los bares ni a salir de noche. Prefiere dedicar sus ratos libres, especialmente durante el invierno, a ordenar su colección. Una ocupación tranquila que exige bastante más trabajo del que parece.

Cómo consigue tener más de 26.000 bolígrafos sin repetirlos

La principal dificultad de una colección de estas dimensiones no es conseguir nuevos ejemplares, sino evitar los duplicados.

Fernández Peñín reconoce que uno se le pasó por alto, pero sostiene que el resto de sus 26.353 bolígrafos catalogados son diferentes. La cifra corresponde a su propio inventario, no a una comprobación independiente de cada pieza.

Para mantener semejante control utiliza un sistema de registro informático que le permite identificar cada bolígrafo por sus características. No basta con acumular cajas: necesita saber qué tiene, dónde está guardado y cómo distinguirlo de los demás.

Un archivo de Excel con 20 categorías diferentes

Su colección está organizada en 20 categorías temáticas, determinadas principalmente por la actividad de las empresas o entidades anunciadas.

Entre ellas aparecen establecimientos de alimentación, bancos, comercios, instituciones públicas, empresas de telefonía y medios de comunicación. La clasificación permite separar miles de objetos que, a simple vista, podrían parecer prácticamente iguales.

Cada bolígrafo se incorpora a una hoja de Excel en la que registra información como la marca, las inscripciones publicitarias, los colores, el material, la forma y su ubicación dentro de la colección.

El sistema le permite localizar ejemplares concretos sin tener que revisar miles de objetos manualmente. Un trabajo meticuloso que explica cómo ha conseguido mantener el inventario durante tantos años.

Los bolígrafos también tienen su propio archivo fotográfico

El trabajo no termina cuando consigue una pieza nueva. Primero comprueba si escribe y examina sus características. Después la incorpora al inventario y la clasifica.

Cuando reúne suficientes ejemplares de una categoría, los fotografía para documentarlos. Buena parte de ese material aparece en Bolígrafos de Juan Carlos, el blog personal en el que comparte su colección y explica cómo identifica y organiza los diferentes modelos.

La página funciona como un catálogo de publicidad comercial que permite observar algo curioso: muchos bolígrafos conservan nombres de establecimientos, logotipos y campañas publicitarias de otras épocas.

Una pieza aparentemente insignificante puede convertirse, con el paso de los años, en el recuerdo de un negocio desaparecido o de una marca que ha cambiado de identidad. El valor de estos objetos no siempre está relacionado con su precio.

De Fitur a las ferias asturianas: así consigue nuevas piezas

Las ferias comerciales constituyen uno de los principales lugares de búsqueda para Fernández Peñín.

Acude habitualmente a la Feria Internacional de Muestras de Asturias y también visita Fitur, en Madrid, donde puede conseguir entre 150 y 200 bolígrafos publicitarios en una sola jornada.

Son encuentros especialmente interesantes para su afición porque reúnen empresas de numerosas actividades y procedencias. Muchas distribuyen material promocional entre los visitantes.

Los intercambios representan otra parte fundamental de su colección. El gijonés mantiene contacto con aficionados de diferentes provincias españolas y de otros países. Algunos están conectados mediante un grupo de WhatsApp dedicado al coleccionismo de bolígrafos publicitarios.

En su propio blog agradece las aportaciones de otros coleccionistas, familiares, amigos y establecimientos que guardan ejemplares para él. Entre sus colaboradores aparecen incluso varias farmacias de Gijón.

La colaboración entre aficionados permite conseguir modelos difíciles de encontrar sin necesidad de comprarlos. También explica por qué la colección sigue creciendo después de tantos años.

Bolígrafos con linterna, encendedor y hasta uno espacial

Entre los miles de ejemplares que conserva hay modelos bastante alejados del clásico bolígrafo de plástico que se entrega en una oficina.

Su colección incluye piezas que incorporan linternas, encendedores, cintas métricas e incluso pequeños cúteres. Objetos que combinan la escritura con otras funciones y que fueron diseñados para llamar la atención de posibles clientes.

También posee un bolígrafo concebido para utilizarse en el espacio, uno de los modelos más peculiares de su repertorio.

Hay sitio para artículos de mayor precio, como un Waterman valorado en unos 80 euros. Sin embargo, el coste económico no determina sus preferencias.

Pese a disponer de miles de diseños y mecanismos distintos, Fernández Peñín reconoce su predilección por los bolígrafos BIC, conocidos por su sencillez y fiabilidad.

El contraste resulta llamativo: entre piezas sofisticadas, modelos multifunción y objetos poco habituales, uno de sus favoritos sigue siendo un bolígrafo cotidiano.

Una colección que todavía tiene miles de páginas por escribir

Los 26.353 bolígrafos registrados no representan necesariamente el tamaño definitivo de la colección. Los miles de ejemplares pendientes de inventariar podrían elevar considerablemente la cifra, aunque todavía habrá que comprobar cuántos son realmente diferentes.

Fernández Peñín tampoco está solo en esta afición. España cuenta con otros coleccionistas de bolígrafos publicitarios que han reunido decenas de miles de piezas. El caso del gijonés destaca especialmente por su sistema de catalogación y el reducido número de duplicados que declara.

No parece que tenga intención de detenerse. Sigue visitando ferias, intercambiando ejemplares y dedicando horas a revisar nuevos modelos. Para él, el interés de la colección no reside tanto en cuánto pueden valer los bolígrafos como en lo que representa cada uno: un lugar visitado, una persona que se acordó de su afición o una pequeña historia que merece conservar.

Y quizá ahí esté lo más interesante de sus 26.353 bolígrafos. En una época en la que buena parte de la publicidad desaparece de nuestras pantallas en cuestión de segundos, este asturiano lleva un cuarto de siglo guardando anuncios que todavía se pueden sostener entre los dedos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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