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Bélgica: De Wever acude al rey por la crisis del presupuesto de 2027

Bart De Wever acude al rey Felipe tras el fracaso de las negociaciones del presupuesto belga de 2027. La dimisión de su Gobierno está sobre la mesa.

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De Wever

Imagen: DHSgov / Wikimedia Commons (dominio público).

Resumen

  • La coalición belga fracasa al negociar el presupuesto federal de 2027
  • De Wever acude al rey Felipe ante la posibilidad de dimitir
  • El ajuste de 10.000 millones divide al Gobierno entre impuestos y recortes

El Gobierno de Bélgica se encuentra al borde de una crisis política de consecuencias imprevisibles tras fracasar las negociaciones sobre los presupuestos federales de 2027. El primer ministro, Bart De Wever, ha decidido acudir este lunes, 2 de noviembre, al rey Felipe, con la posibilidad de presentar la dimisión de su Ejecutivo. La reunión estaba prevista para las 9.30 horas, después de una nueva noche de conversaciones sin acuerdo entre los cinco partidos que integran la coalición gubernamental.

La situación es especialmente delicada porque De Wever necesita pactar un ajuste de 10.000 millones de euros hasta 2029 para corregir el deterioro de las cuentas públicas. Las diferencias sobre los recortes del gasto, la financiación sanitaria y las subidas de impuestos han terminado bloqueando cualquier compromiso. El primer ministro había establecido el martes 3 de noviembre, al mediodía, como plazo decisivo para alcanzar un acuerdo. Su visita al monarca puede precipitar una dimisión o abrir una última oportunidad de negociación.

La eventual renuncia de De Wever todavía no equivale a la caída definitiva del Gobierno. El rey puede aceptar la dimisión, dejarla pendiente de una decisión posterior o favorecer nuevas conversaciones entre los socios de la mayoría. Esa distinción resulta fundamental: Bélgica afronta una crisis de Gobierno, pero ni la convocatoria de elecciones anticipadas ni la salida definitiva del primer ministro están confirmadas.

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Por qué ha fracasado el acuerdo presupuestario en Bélgica

El último intento de negociación comenzó el domingo por la noche, alrededor de las 21.00 horas, y terminó pasada la una de la madrugada del lunes sin resultados. De Wever había mantenido previamente reuniones individuales con sus principales ministros y presentó una nueva propuesta para intentar desbloquear las conversaciones. No fue suficiente.

El principal obstáculo es la distribución del esfuerzo económico. Los socios gubernamentales coinciden en que Bélgica necesita reducir su déficit, pero discrepan sobre quién debe asumir el coste y hasta dónde pueden llegar los ajustes.

El viceprimer ministro David Clarinval, del Movimiento Reformador (MR), responsabilizó del fracaso a los socialistas flamencos de Vooruit, a quienes reprocha insistir en más impuestos y menos recortes. Según Clarinval, las propuestas contemplaban más de 3.000 millones de euros en nuevos ingresos fiscales, una cifra que otros participantes en las negociaciones cuestionan.

Las diferencias no se limitan a los impuestos. La evolución del gasto sanitario también se ha convertido en un punto conflictivo, especialmente para los partidos que rechazan limitar demasiado los recursos destinados a la atención médica.

Cinco partidos con prioridades económicas enfrentadas

La coalición de Gobierno, conocida como Arizona, está formada por cinco partidos de diferentes tradiciones políticas y comunidades lingüísticas.

La Nueva Alianza Flamenca (N-VA), liderada por De Wever, y los liberales francófonos del MR defienden una mayor disciplina del gasto público y muestran una fuerte resistencia a incrementar la presión fiscal. En el otro extremo del debate, los socialistas flamencos de Vooruit reclaman una contribución superior de los ciudadanos con mayor capacidad económica.

Los centristas francófonos de Les Engagés también han defendido que las rentas y patrimonios más elevados participen más en el ajuste. Los democristianos flamencos de CD&V completan una mayoría cuya diversidad política, útil para formar Gobierno, complica ahora la aprobación del presupuesto.

No se trata únicamente de decidir cuánto dinero debe ahorrar el Estado. El desacuerdo afecta al modelo de política económica que cada partido considera aceptable. Y ninguno parece dispuesto, por ahora, a asumir ante sus electores el coste de una concesión importante.

Una deuda pública superior al 110 % del PIB

La crisis presupuestaria llega en un momento especialmente complicado para las finanzas belgas. La deuda pública supera el 110 % del producto interior bruto (PIB), mientras que el déficit se sitúa en torno al 5 % de la producción económica anual.

Son cifras que mantienen a Bélgica entre los países más endeudados de la eurozona. Las referencias fiscales europeas establecen un déficit del 3 % del PIB y una deuda del 60 %, aunque su aplicación contempla trayectorias de ajuste y circunstancias específicas para cada Estado.

El problema se agrava con el aumento de los costes de financiación. Cuando sube el interés exigido por los inversores para comprar deuda pública, el Estado debe destinar más recursos a pagar sus préstamos.

De Wever ha advertido del riesgo de entrar en una espiral de intereses y endeudamiento: necesitar más financiación para atender obligaciones anteriores, con menos margen para sanidad, servicios públicos u otras prioridades presupuestarias.

Los 10.000 millones de euros que busca el Ejecutivo forman parte de un esfuerzo presupuestario previsto hasta 2029. No constituyen un recorte único que deba aplicarse íntegramente durante 2027. Esta diferencia resulta importante para entender tanto la negociación como las consecuencias económicas del bloqueo.

Qué puede decidir el rey Felipe sobre De Wever

La intervención del monarca introduce una nueva dimensión institucional en una crisis que hasta ahora se había desarrollado dentro del Gobierno.

Si Bart De Wever presenta formalmente la dimisión de su Ejecutivo, el rey Felipe no está obligado a aceptarla inmediatamente. Puede dejar la decisión en suspenso mientras se exploran nuevas posibilidades de acuerdo, una salida que permitiría a los partidos continuar negociando.

También podría aceptar la renuncia. En ese supuesto, el Gobierno pasaría a ejercer funciones limitadas de gestión ordinaria mientras se busca una solución política.

La caída de un Ejecutivo tampoco obliga automáticamente a celebrar elecciones. Antes puede explorarse la formación de otra mayoría parlamentaria. Si esa posibilidad fracasa y se cumplen los requisitos institucionales correspondientes, podrían convocarse comicios anticipados.

La visita al Palacio Real tiene, además, una evidente dimensión política. Al trasladar el bloqueo al jefe del Estado, De Wever aumenta la presión sobre sus socios y deja claro que considera agotada su capacidad para alcanzar un compromiso en las condiciones actuales.

Es una jugada arriesgada. La decisión final no depende únicamente de su voluntad y una negociación reabierta tampoco garantiza que los partidos modifiquen sus posiciones.

El plazo del 3 de noviembre amenaza el presupuesto de 2027

El primer ministro había fijado el martes 3 de noviembre, al mediodía, como fecha límite para cerrar el acuerdo. Después de meses de conversaciones y varios intentos fallidos, ese plazo se ha convertido en una prueba para la supervivencia de la coalición.

Si los socios no consiguen aprobar un presupuesto ordinario a tiempo, Bélgica podría recurrir nuevamente al mecanismo de los doceavos provisionales.

Este procedimiento permite financiar temporalmente la actividad del Estado tomando como referencia el último presupuesto aprobado. Como regla general, se autoriza cada mes una fracción equivalente a una doceava parte de las partidas anteriores, con las condiciones y excepciones que establezca la normativa aplicable.

No supone paralizar automáticamente los hospitales, dejar de pagar las pensiones o suspender de inmediato los servicios públicos. Sin embargo, limita la capacidad gubernamental para desarrollar nuevas políticas y deja sin resolver los principales problemas fiscales.

De Wever había rechazado expresamente volver a gobernar mediante presupuestos provisionales. Tener que recurrir de nuevo a este sistema supondría un serio revés para el Ejecutivo, que llegó al poder con la promesa de sanear las cuentas públicas.

Un nuevo bloqueo para un Gobierno nacido en 2025

Bart De Wever asumió el cargo de primer ministro el 3 de febrero de 2025, después de unas largas negociaciones para formar una coalición federal. Su llegada representó un cambio importante en la política belga, con un dirigente nacionalista flamenco al frente de un Ejecutivo formado por partidos de diferentes sensibilidades.

La cuestión presupuestaria ya había provocado tensiones importantes durante su primer año de mandato. En noviembre de 2025, el rey Felipe tuvo que intervenir políticamente mediante un llamamiento a los socios gubernamentales para que superaran sus diferencias y establecieran una trayectoria fiscal clara.

Aquella crisis terminó con un acuerdo. La actual vuelve a mostrar las dificultades de una coalición que necesita conciliar políticas económicas difíciles de compatibilizar.

Esta vez, el conflicto se produce cuando la deuda y los intereses siguen presionando las cuentas públicas. Para Bélgica, mantener una mayoría parlamentaria estable no es únicamente una cuestión de supervivencia partidista: también condiciona su capacidad para cumplir los compromisos fiscales europeos y conservar la confianza de los mercados.

La continuidad del Gobierno depende del acuerdo presupuestario

El futuro inmediato del Gobierno dependerá de dos decisiones: la respuesta del rey Felipe a la eventual dimisión y la disposición de los cinco socios a modificar sus exigencias sobre impuestos y gasto público.

El desacuerdo presupuestario ya es un hecho. La dimisión definitiva de De Wever, la formación de otra mayoría o unas elecciones anticipadas son escenarios posibles, pero todavía no decisiones consumadas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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