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Kansas puede elegir senador demócrata tras 94 años: Trump, en apuros
Adam Hamilton lidera los sondeos en Kansas frente al republicano Roger Marshall. La economía y el desgaste de Trump abren una disputa histórica
Foto: Aviper2k7 / Wikimedia Commons (obra propia, licencia CC BY-SA 3.0).
Resumen
- Kansas podría elegir a su primer senador demócrata en 94 años
- Adam Hamilton aventaja a Roger Marshall en las últimas encuestas
- El desgaste de Trump y el coste de la vida ponen en riesgo el escaño
Kansas, uno de los bastiones históricos del Partido Republicano en Estados Unidos, podría protagonizar este martes, 3 de noviembre de 2026, un cambio político sin precedentes en 94 años. El demócrata Adam Hamilton llega a las elecciones de medio mandato con ventaja en las últimas encuestas frente al senador republicano Roger Marshall, una situación que amenaza con poner fin a una hegemonía conservadora que se mantiene desde 1932 en las elecciones al Senado federal.
El desencanto con Donald Trump, el encarecimiento de la vida y el malestar de parte del electorado rural han convertido una contienda que parecía favorable a los republicanos en una de las más disputadas del país. Hamilton, un pastor metodista de 62 años y antiguo republicano, ha conseguido atraer a votantes independientes y moderados que podrían resultar decisivos para arrebatar el escaño a Marshall, de 66 años.
La magnitud del posible vuelco se entiende mejor con un dato: Trump ganó Kansas en las presidenciales de 2024 por más de 16 puntos porcentuales. Apenas dos años después, su partido afronta la posibilidad real de perder uno de sus escaños en el Senado por primera vez en casi un siglo.
No significa que Kansas se haya convertido en un estado demócrata. Ni mucho menos. Pero las encuestas muestran un cambio significativo en las preferencias electorales de parte de sus ciudadanos, especialmente entre quienes consideran que las políticas económicas de Washington no están mejorando sus condiciones de vida.
Las encuestas sitúan a Adam Hamilton por delante del republicano Marshall
La última encuesta, realizada entre el 26 y el 28 de octubre, concede a Adam Hamilton el 49 % de los apoyos, frente al 45 % del senador republicano Roger Marshall. El candidato libertario David Graham obtiene un 3 %, mientras que otro 3 % de los electores permanece indeciso.
El sondeo, elaborado con una muestra de 800 posibles votantes y un intervalo de precisión de aproximadamente 3,5 puntos porcentuales, confirma que la carrera electoral permanece abierta, aunque con una tendencia favorable al aspirante demócrata.
El promedio de las últimas encuestas, actualizado con estudios realizados hasta el 1 de noviembre, también coloca a Hamilton por delante, con el 50,1 % de intención de voto frente al 46 % de Marshall.
La evolución de los datos resulta especialmente significativa. En septiembre, Hamilton registraba un 45 % de apoyos frente al 43 % de su adversario. En octubre, ambos candidatos mejoraron sus cifras, pero la ventaja demócrata pasó de dos a cuatro puntos en los estudios comparables.
Eso sí, los sondeos no garantizan una victoria. La participación en las zonas rurales, tradicionalmente republicanas, y la movilización de los indecisos pueden modificar el resultado.
El voto independiente puede decidir las elecciones en Kansas
Uno de los datos más relevantes de la última encuesta es el comportamiento de los votantes independientes.
Entre este grupo, Hamilton alcanza el 59 % de intención de voto, mientras que Marshall obtiene únicamente el 25 %. La diferencia refleja la capacidad del demócrata para captar apoyos fuera de las bases tradicionales de su partido.
Kansas cuenta con un importante electorado conservador que, sin embargo, no siempre vota de manera automática a los candidatos republicanos. La existencia de votantes moderados, especialmente en los suburbios de Kansas City, explica parte de las dificultades actuales de Marshall.
El aspirante demócrata ha construido su campaña precisamente sobre esa posibilidad: convencer a ciudadanos que no se identifican con el Partido Demócrata, pero tampoco comparten determinadas decisiones del presidente estadounidense.
El desgaste de Trump llega a uno de sus bastiones republicanos
La situación política de Kansas refleja un problema más amplio para la Administración Trump: el descontento económico entre sectores que contribuyeron a sus victorias electorales.
Según la última encuesta, el 51 % de los posibles votantes de Kansas desaprueba la gestión presidencial, frente al 45 % que la respalda. Un dato especialmente delicado para un dirigente que ganó el estado con holgura en sus tres campañas presidenciales.
La economía ocupa el primer lugar entre las preocupaciones de los ciudadanos, mencionada por el 44 % de los encuestados. Le siguen la atención sanitaria, con un 15 %, y las amenazas a la democracia, con un 13 %.
El aumento de los precios afecta de manera particular a las comunidades agrícolas, fundamentales para comprender el comportamiento electoral de Kansas.
Los agricultores afrontan mayores costes de producción, especialmente por el encarecimiento del combustible y los fertilizantes. A estas dificultades se suman las consecuencias de las políticas arancelarias de Trump y las tensiones comerciales internacionales.
La guerra con Irán también ha incrementado el malestar económico y político. El conflicto se ha convertido en otro motivo de preocupación para sectores del electorado que esperaban una reducción de los costes y una política exterior menos intervencionista.
Las dificultades económicas no implican necesariamente que estos votantes hayan abandonado sus posiciones conservadoras. Algunos siguen identificándose con el Partido Republicano, pero cuestionan las decisiones del Gobierno o la actuación de sus representantes.
Y ahí aparece el problema para Marshall: la fidelidad a Trump ya no garantiza automáticamente el respaldo de todos los republicanos.
Trump se implica personalmente para evitar una derrota histórica
La importancia de Kansas para los republicanos ha llevado al propio Donald Trump a intervenir directamente en la campaña.
El presidente acudió el domingo 1 de noviembre a Salina para participar en un mitin de apoyo a Roger Marshall. Era su segunda visita electoral al estado en menos de dos semanas, una movilización poco habitual para un territorio que durante décadas ha ofrecido resultados previsiblemente favorables a los republicanos en las elecciones al Senado.
Durante sus intervenciones, Trump pidió el voto para Marshall y atacó a Hamilton, al que presentó como un representante de la izquierda progresista.
La estrategia busca reforzar la participación del electorado conservador y evitar que los republicanos descontentos se abstengan o terminen respaldando al candidato demócrata.
Marshall, médico especializado en obstetricia y ginecología, llegó al Senado en 2021 después de ocupar un escaño en la Cámara de Representantes durante dos legislaturas. Su trayectoria política está estrechamente vinculada al conservadurismo estadounidense y al respaldo a las políticas de Trump.
Hamilton representa un perfil diferente.
El aspirante demócrata dirige una importante congregación metodista en Leawood, en el área metropolitana de Kansas City. Su pasado republicano y su trayectoria religiosa le permiten conectar con sectores conservadores que habitualmente muestran desconfianza hacia los candidatos demócratas.
También ha intentado diferenciarse de las posiciones más progresistas de su partido.
En materia económica, Hamilton cuestiona los aranceles presidenciales y defiende medidas para reducir el coste de la vivienda. En sanidad, propone revertir los recortes de financiación sanitaria aprobados durante la Administración Trump.
Marshall, por su parte, respalda la estrategia económica del presidente, las rebajas fiscales republicanas y una orientación más conservadora de la política sanitaria.
Las diferencias políticas existen, desde luego. Pero la capacidad de Hamilton para presentarse como una alternativa moderada constituye una de sus principales ventajas electorales en un estado tradicionalmente conservador.
Kansas no elige un senador demócrata desde 1932
La última victoria demócrata en unas elecciones al Senado de Estados Unidos por Kansas se produjo en 1932, cuando George McGill consiguió imponerse en una contienda con tres candidatos.
McGill perdió su intento de reelección seis años después. Desde entonces, todos los ganadores de las elecciones al Senado federal por Kansas han sido republicanos.
Aquella victoria de 1932 se produjo durante la Gran Depresión, en un contexto de grave crisis económica y profunda transformación del panorama político estadounidense.
La comparación histórica resulta llamativa, aunque las circunstancias actuales son diferentes.
Kansas conserva una importante tradición republicana, pero ha demostrado que su electorado puede respaldar a candidatos demócratas en determinadas circunstancias.
La gobernadora Laura Kelly, del Partido Demócrata, ganó las elecciones estatales de 2018 y consiguió la reelección en 2022.
Ese mismo año, los ciudadanos rechazaron, con aproximadamente el 59 % de los votos, una propuesta de reforma constitucional que habría facilitado nuevas restricciones al aborto.
Ambos antecedentes muestran que el conservadurismo de Kansas no constituye un bloque electoral completamente uniforme. Muchos ciudadanos mantienen posiciones republicanas en cuestiones económicas o fiscales, pero se distancian de los sectores más conservadores en determinados asuntos sociales.
Para Hamilton, esa combinación representa una oportunidad. Para Marshall, un riesgo electoral que hace apenas unos meses parecía mucho más limitado.
Kansas se convierte en una prueba decisiva para el poder de Trump
La elección de este martes tendrá consecuencias que van más allá de las fronteras de Kansas.
Los republicanos afrontan unos comicios de medio mandato en los que está en juego el control del Congreso estadounidense durante los dos últimos años de la segunda presidencia de Donald Trump.
Una victoria demócrata en Kansas supondría arrebatar un escaño a los republicanos en un territorio históricamente seguro, complicando sus posibilidades de conservar la mayoría en el Senado. No determinaría por sí sola el control de la Cámara Alta, pero tendría un considerable valor político.
También demostraría que el descontento con las políticas económicas de la Casa Blanca puede trasladarse a las urnas incluso en estados donde Trump obtuvo victorias contundentes.
El resultado dependerá, en buena medida, de si Hamilton consigue mantener la ventaja que le conceden los sondeos y de la capacidad de Marshall para movilizar al electorado conservador durante la jornada electoral.
La incógnita sigue abierta. Kansas no ha elegido un senador demócrata desde hace 94 años y romper esa tradición continúa siendo una empresa difícil.
Lo significativo es que, por primera vez en décadas, el Partido Republicano llega a las urnas con posibilidades reales de perder un escaño que parecía prácticamente asegurado. Y que Trump haya tenido que implicarse personalmente en la campaña de Kansas ya da una idea de hasta qué punto se ha complicado el panorama.
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