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Economía

Rafa Nadal, sobre vivienda y viajes: «Antes se ahorraba para una casa»

Rafa Nadal analiza el cambio de hábitos entre vivienda, ahorro y viajes mientras sus inversiones se orientan al turismo, la educación y el deporte.

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Rafa Nadal

Imagen: Barcex / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Rafa Nadal cree que el ahorro ha pasado de la casa y el coche a los viajes
  • El extenista vincula ese cambio con un mayor peso de las experiencias
  • Sus palabras llegan mientras invierte en hoteles, educación y deporte

Rafa Nadal ha puesto palabras a un cambio que lleva tiempo flotando en la conversación sobre dinero, vivienda y nuevas generaciones. El extenista sostiene que antes era habitual ahorrar pensando en comprar una casa o un coche, mientras que una parte creciente del gasto se dirige hacia los viajes, las experiencias y el conocimiento de otros lugares. La reflexión procede de una entrevista concedida a CNBC y ha vuelto a cobrar fuerza este 21 de octubre al calor del debate sobre el acceso a la vivienda en España.

Conviene precisar el alcance de sus palabras. Nadal no atribuyó directamente la crisis inmobiliaria a los viajes, ni afirmó que los jóvenes hayan sustituido voluntariamente la compra de una vivienda por unas vacaciones. Habló de hábitos de consumo y de un cambio de mentalidad que, desde su perspectiva, favorece las experiencias frente a determinados bienes materiales. El matiz importa porque, mientras esa frase vuelve a circular, comprar una casa en España se ha encarecido con una velocidad que difícilmente puede reducirse a una cuestión de prioridades personales.

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Lo que dijo realmente Rafa Nadal sobre ahorrar y viajar

La idea de Nadal parte de una comparación sencilla. Durante buena parte de las generaciones anteriores, explica, ahorrar estaba muy ligado a objetivos materiales concretos: el coche, la vivienda, una propiedad. Ahora observa un mayor interés por gastar dinero en experiencias, conocer países y viajar.

No presentó esa transformación como algo necesariamente bueno o malo. Tampoco hizo un sermón sobre el ahorro —tentación bastante frecuente cuando alguien con una gran fortuna habla de las cuentas domésticas ajenas—. Su argumento estaba relacionado, en realidad, con otro asunto: por qué considera atractivo invertir en el sector hotelero.

La entrevista se produjo mientras Nadal explicaba su nueva etapa empresarial tras abandonar el tenis profesional. El mallorquín señaló que sus principales inversiones se concentran en hostelería, educación y deporte, tres ámbitos ligados de una manera bastante directa a su propia trayectoria.

La frase adquiere otro significado con la vivienda disparada

El problema es que una frase puede salir de una entrevista empresarial y aterrizar, meses después, en una España bastante distinta. Eso es exactamente lo que ha ocurrido.

El precio de la vivienda aumentó un 12,2% interanual en el segundo trimestre de 2026. La segunda mano, precisamente el mercado al que acceden muchos compradores particulares, subió todavía más, un 12,9%, mientras que la vivienda nueva avanzó un 7,4%. Solo entre abril y junio, el índice general creció otro 3,4%.

Ese contexto convierte el ahorro para comprar casa en una carrera peculiar: la meta también corre. Una persona puede guardar dinero todos los meses y comprobar, pasado un año, que el inmueble que perseguía se ha encarecido más deprisa que su capacidad para reunir la entrada.

Ahí aparece la parte que una lectura rápida de las palabras de Nadal puede perder. Viajar más y poder comprar menos vivienda no son necesariamente fenómenos opuestos. Pueden convivir. Incluso pueden alimentarse de un mismo cambio social: cuando determinados proyectos a largo plazo parecen alejarse, parte del consumo se desplaza hacia objetivos que sí parecen alcanzables.

Los españoles gastan más en viajar, pero la fotografía es más compleja

Hay datos que respaldan una parte de la percepción de Nadal. Los residentes en España realizaron 46,9 millones de viajes durante el segundo trimestre de 2026, un 1,1% más que un año antes. El desembolso total asociado a esos desplazamientos alcanzó los 15.729,5 millones de euros, con un incremento interanual del 3,5%. El gasto medio diario se situó en 97 euros.

Sí, se gasta una cantidad importante en viajar. Pero de ahí no puede deducirse que quien compra un billete de avión haya renunciado a una hipoteca para pagarlo. Son magnitudes económicas muy distintas.

El dilema tampoco suele ser tan limpio como “casa o vacaciones”. Una escapada puede costar unos cientos de euros; acceder a una vivienda obliga normalmente a reunir decenas de miles de euros, acreditar ingresos suficientes y afrontar durante años una cuota hipotecaria. Convertir ambas decisiones en vasos comunicantes resulta tentador, porque produce una explicación rápida. La economía doméstica rara vez es tan elegante.

Por eso las palabras del ganador de 22 Grand Slam funcionan mejor como una observación cultural que como diagnóstico de la crisis inmobiliaria.

De Roland Garros a los hoteles: por qué Nadal mira hacia los viajes

La reflexión cobra más sentido cuando se coloca dentro de los negocios del extenista. Nadal desarrolla junto a Meliá Hotels International la marca ZEL Hotels, concebida alrededor del estilo de vida mediterráneo y de una forma de viajar que intenta vender algo más que una habitación: gastronomía, actividad física, descanso y experiencias vinculadas al destino.

Durante la entrevista, el mallorquín explicó que su interés por la hotelería también nace de algo bastante prosaico: ha pasado una parte enorme de su vida en hoteles. Décadas recorriendo el circuito profesional permiten conocer bien la diferencia entre dormir en un establecimiento y sentirse cómodo en él.

ZEL nació de la colaboración entre Nadal y Gabriel Escarrer, presidente de Meliá. El propio extenista ha contado que algunas de las primeras ideas del proyecto aparecieron durante una comida en su academia de Manacor, apuntando sobre una servilleta aquello que ambos valoraban cuando se alojaban fuera de casa.

Su nueva cartera va bastante más allá del turismo

Los hoteles son solo una parte. Tras retirarse del circuito profesional en noviembre de 2024, Nadal ha continuado desarrollando la Rafa Nadal Academy, proyectos educativos y deportivos y diferentes inversiones empresariales.

Su academia de Manacor ha iniciado además una expansión internacional mediante una estructura destinada a desarrollar centros fuera de Mallorca. El proyecto ya tiene presencia, bajo distintas fórmulas, en varios países. Nadal mantiene así una relación bastante reconocible con sus negocios: deporte, formación y turismo. No se ha lanzado precisamente a fabricar microchips.

Ese contexto explica mejor su comentario. Cuando Nadal dice que las personas valoran más viajar y vivir experiencias, está describiendo también el mercado en el que ha decidido invertir.

Una frase que toca un nervio generacional

La enorme repercusión de sus palabras no nace únicamente de que las pronuncie Rafa Nadal. Hay una fibra social detrás.

Durante décadas, el itinerario económico de buena parte de la clase media española parecía bastante definido: trabajar, ahorrar, comprar vivienda, quizá adquirir un coche y construir patrimonio poco a poco. Ese esquema no ha desaparecido, pero para muchos hogares se ha vuelto más difícil de reproducir mientras el precio residencial mantiene subidas de dos dígitos.

Al mismo tiempo, la cultura del consumo ha cambiado. Los vuelos baratos, las redes sociales, el teletrabajo, la internacionalización de los estudios y una industria turística gigantesca han convertido el viaje en algo mucho más cotidiano que hace treinta o cuarenta años. Aquello que para algunas familias podía ser un acontecimiento excepcional se ha integrado en el calendario anual de millones de personas.

Nadal detecta esa transformación. El problema aparece únicamente cuando se pretende explicar una cosa con la otra.

Comprar menos vivienda no demuestra por sí solo que una generación haya decidido gastarse la entrada en aeropuertos, restaurantes y fines de semana en Lisboa. Del mismo modo, el aumento del gasto turístico no demuestra que los españoles hayan dejado de aspirar a tener una casa. Correlación y causa son animales distintos, aunque en las redes sociales suelan acabar metidos en la misma jaula.

Una observación sencilla sobre un problema nada sencillo

Rafa Nadal ha acertado al señalar que las prioridades de consumo han cambiado. Las experiencias tienen un peso económico y cultural mayor, viajar ocupa más espacio en la vida de muchas familias y el turismo se ha convertido en uno de los sectores hacia los que él mismo dirige sus inversiones empresariales.

Pero sus palabras adquieren otra dimensión cuando se cruzan con el mercado inmobiliario español. Mientras el gasto en viajes creció un 3,5% interanual durante el segundo trimestre, el precio de la vivienda avanzó un 12,2%. Son dos velocidades muy distintas.

La famosa comparación entre la casa de antes y el viaje de ahora tiene, por tanto, algo de verdad y algo de fotografía incompleta. Los hábitos han cambiado, sí. También lo ha hecho radicalmente el precio de entrada al mercado residencial. Y entre comprarse un piso o reservar cuatro noches fuera hay algo más que una elección generacional: hay números. Bastantes ceros, de hecho.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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