España
Rufián carga contra Sánchez por vivienda y le recuerda sus ocho años
Rufián carga contra Sánchez por la vivienda, le reprocha ocho años de Gobierno y convierte el alquiler en un eje central de la campaña electoral.
Imagen: Núria / Flickr / CC BY-SA 2.0
Resumen
- Rufián reprocha a Sánchez ocho años sin resolver la crisis de vivienda
- El precio de la vivienda sigue tensionado y gana peso en la campaña
- ERC y Podemos usan el alquiler para disputar al PSOE el voto de izquierdas
Gabriel Rufián ha situado la crisis de la vivienda en el centro de su ofensiva contra Pedro Sánchez en plena precampaña para las elecciones generales del 29 de noviembre. El dirigente de ERC reprochó al presidente que el PSOE haya elevado ahora el tono sobre uno de los principales problemas sociales del país pese a llevar años al frente del Gobierno. «Monstruo, gobiernas desde hace seis años», lanzó durante un acto junto a Irene Montero en Barcelona.
El ataque tenía un destinatario adicional: la reciente aparición de Sánchez en La Revuelta, el programa de David Broncano. «Quedas muy guapo con Broncano, pero has podido hacer muchas cosas», añadió Rufián. La frase resume la estrategia con la que ERC y Podemos quieren disputar al PSOE el voto de izquierdas: convertir la vivienda no solo en un problema económico, sino en una cuenta pendiente de los años de Gobierno socialista.
Hay, eso sí, una corrección necesaria. Rufián habló de seis años, pero Sánchez llegó a La Moncloa en junio de 2018. En octubre de 2026 lleva más de ocho años como presidente, no seis.
Rufián convierte la vivienda en su principal reproche a Sánchez
El choque se produjo en Nou Barris, Barcelona, durante el primer gran acto conjunto de Gabriel Rufián e Irene Montero dentro de la nueva alianza electoral de ERC y Podemos. No fue una crítica aislada. Ambos dirigentes utilizaron buena parte de sus intervenciones para acusar al PSOE de haber reaccionado demasiado tarde ante el encarecimiento de la vivienda.
Rufián reclamó una política más agresiva sobre los pisos turísticos y defendió aumentar las inspecciones. Durante su intervención aseguró que un 95% de estos alojamientos serían ilegales, una afirmación realizada por el candidato que no debe confundirse con un dato oficial de alcance estatal.
La vivienda se ha convertido, de hecho, en un terreno especialmente incómodo para cualquier Gobierno. Los últimos datos conocidos muestran que el precio de compraventa aumentó un 12,2% interanual en el segundo trimestre de 2026. La vivienda usada, mucho más representativa de las operaciones que se realizan en España, subió un 12,9%.
Son cifras difíciles de encajar en un discurso triunfalista. Tener empleo ya no garantiza necesariamente poder independizarse y, para numerosos hogares, comprar una vivienda sigue alejándose incluso cuando mejoran sus ingresos. Ahí encuentra Rufián una veta política bastante evidente.
El dardo a Broncano llega después de que Sánchez defendiera su gestión
La referencia a David Broncano tampoco fue casual. Pedro Sánchez había acudido el 22 de octubre a La Revuelta, donde dedicó una parte importante de la entrevista precisamente a hablar de vivienda y acceso a alquileres asequibles.
El presidente defendió que la solución pasa por combinar más construcción de vivienda asequible y regulación pública. También sostuvo que el Gobierno ha intentado avanzar en medidas que posteriormente no han conseguido suficiente respaldo parlamentario y responsabilizó a varias comunidades autónomas de no aplicar plenamente los instrumentos previstos en la legislación estatal.
Sánchez insistió, además, en que construir por sí solo no garantiza una reducción de precios. Su tesis es que una parte sustancial de la nueva oferta debe ser protegida o asequible y que el Estado necesita instrumentos para intervenir donde el mercado expulsa a una parte de la población.
Rufián apunta precisamente contra esa defensa. Su argumento es mucho más sencillo —y electoralmente más fácil de colocar—: si la vivienda sigue siendo uno de los grandes problemas después de tantos años, el Gobierno no puede presentarse como recién llegado al asunto.
Ocho años de Gobierno frente al argumento de la falta de mayoría
Ahí está uno de los puntos centrales de la discusión. El PSOE reivindica medidas aprobadas durante los últimos años y recuerda las limitaciones de un Ejecutivo que ha necesitado acuerdos parlamentarios cambiantes. ERC y Podemos contestan que la falta de mayoría no puede explicar por sí sola ocho años de resultados insuficientes.
No es una discusión puramente retórica. El Gobierno aprobó en octubre nuevas medidas sobre alquileres, vivienda asequible, contratos temporales, vivienda vacía y acceso a la primera vivienda. Entre otras actuaciones, se plantea una línea de financiación de hasta 10.000 millones de euros para facilitar la compra de primera residencia y se han introducido mecanismos para limitar determinadas subidas del alquiler.
Parte de ese paquete, sin embargo, depende de su convalidación parlamentaria. Y esa es precisamente la debilidad que Sánchez utiliza para defenderse: el Gobierno puede proponer medidas, pero necesita votos para mantenerlas.
ERC y Podemos buscan una izquierda que condicione al PSOE
La vivienda sirve también para entender algo más amplio que el enfrentamiento personal entre Rufián y Sánchez. ERC y Podemos están intentando construir una oferta electoral que se presente como una izquierda autónoma del PSOE, capaz de apoyarlo cuando corresponda y de presionarlo cuando considere insuficientes sus políticas.
Rufián reivindicó durante el acto el papel que ERC, Podemos, Bildu, Compromís y BNG han desempeñado en anteriores legislaturas. Su mensaje fue explícito: no pretende necesariamente sustituir al PSOE en el Gobierno, sino obligarlo a adoptar políticas más próximas a las reclamaciones de esas formaciones.
Irene Montero llevó esa tesis un paso más allá. Defendió topes sobre determinados alquileres y pisos temporales y volvió a colocar las políticas redistributivas en el centro de su discurso. La alianza quiere diferenciarse tanto de la derecha como de las fuerzas que, a su juicio, han terminado demasiado integradas en la estrategia socialista.
La precampaña empieza así con una batalla peculiar: buena parte de la izquierda comparte el diagnóstico sobre la emergencia de vivienda, pero compite ferozmente por decidir quién tiene la culpa de que las soluciones no hayan llegado antes.
La vivienda amenaza con dominar la campaña del 29N
El problema para Sánchez es que la crítica de Rufián encuentra un contexto difícil de esquivar. Un aumento anual del 12,2% en el precio de la vivienda significa que el acceso a una casa continúa deteriorándose a un ritmo muy superior al que pueden asumir muchos salarios. Y eso convierte cualquier promesa electoral en algo que el votante puede comparar fácilmente con su alquiler, su hipoteca o el precio de los pisos de su barrio.
El PSOE tratará de defender que ha construido un marco regulatorio que antes no existía, que algunas medidas requieren cooperación autonómica y que una parte de sus iniciativas ha sido bloqueada en el Congreso. Sus adversarios por la izquierda responderán que ocho años permiten exigir resultados, no únicamente legislación e intenciones.
La frase de Rufián funciona precisamente porque comprime toda esa discusión en unos segundos. El «monstruo» introduce la provocación habitual del dirigente republicano; lo relevante viene después. Sánchez no puede presentarse ante las elecciones del 29 de noviembre como un candidato que acaba de descubrir el problema de la vivienda.
El coste político de una crisis que sigue sin resolverse
La vivienda ha dejado de ser un asunto sectorial para convertirse en una cuestión que condiciona emancipación, natalidad, movilidad laboral, ahorro y desigualdad. También empieza a ordenar el discurso electoral de casi todos los partidos.
Rufián intenta aprovechar esa realidad para cuestionar la credibilidad del PSOE justo donde más incómodo resulta el balance: no tanto en las normas aprobadas, sino en lo que un ciudadano encuentra cuando sale a buscar un piso.
Sánchez tiene medidas con las que defender su gestión y puede alegar bloqueos institucionales y parlamentarios. Pero también carga con el dato político más difícil de maquillar: gobierna desde 2018 y los precios continúan tensionados. Esa será, previsiblemente, una de las facturas que la izquierda alternativa intentará ponerle encima de la mesa durante toda la campaña.
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