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Economía

Southwest estudia sumar el Boeing 787 para dar el salto al largo radio

Southwest estudia una flota de Boeing 787 para entrar en el largo radio, abrir rutas intercontinentales y dejar atrás su modelo centrado en el 737.

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Interior del Boeing 787

Por Jetstar Airways (jetstar.com), CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Southwest estudia el Boeing 787 para entrar en el largo radio
  • La aerolínea mantiene todos sus aviones actuales dentro de la familia 737
  • Europa aparece entre los mercados posibles, pero aún no hay rutas confirmadas

Southwest Airlines estudia incorporar el Boeing 787 Dreamliner como su primer avión de fuselaje ancho para entrar en el mercado de los vuelos internacionales de largo radio, un movimiento que rompería uno de los rasgos más reconocibles de la compañía estadounidense: durante décadas, su operación se ha construido alrededor de distintas versiones del Boeing 737.

La decisión, eso sí, no está tomada. La compañía analiza varias alternativas y el eventual programa tendría que recibir el visto bueno de su consejo de administración. Pero el 787 ha ganado peso dentro de las conversaciones internas y Southwest incluso ha estudiado cómo conseguir unidades mediante compañías de leasing o en el mercado de segunda mano, una vía que permitiría esquivar parcialmente la larga cola de pedidos de Boeing.

Detrás del debate hay algo bastante mayor que la elección de un avión. Southwest está planteándose hasta dónde quiere dejar atrás su modelo de aerolínea doméstica, sencilla y casi monástica que convirtió al Boeing 737 en el centro de toda su flota. Un Dreamliner significaría cruzar océanos, competir directamente con Delta, United y American y asumir una estructura operativa mucho más compleja.

El Boeing 787 podría convertirse en el primer avión grande de Southwest

Southwest ha operado históricamente una flota extremadamente homogénea. A 30 de junio de 2026 tenía 803 aviones, todos ellos Boeing 737, repartidos entre los 737-700, 737-800 y 737 MAX 8. Esa uniformidad reduce costes: pilotos, mecánicos, repuestos, procedimientos y planificación giran alrededor de una misma familia de aeronaves.

Meter un Boeing 787 en esa maquinaria no consiste simplemente en pintar un Dreamliner con los colores rojo, amarillo y azul de Southwest. Harían falta programas específicos de formación para tripulaciones y técnicos, nuevas capacidades de mantenimiento, cambios regulatorios y negociaciones laborales. También aparecerían necesidades inéditas para la compañía, desde la gestión de vuelos de diez o doce horas hasta la logística propia de un avión con mucha más capacidad de pasajeros y carga.

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Las conversaciones conocidas apuntan incluso a una posible flota de decenas de Boeing 787, aunque no existe todavía un pedido ni se conoce qué variante del Dreamliner podría interesar a Southwest. Tampoco hay contratos de arrendamiento confirmados.

Un proyecto pensado a varios años, no para el próximo verano

El calendario que se ha manejado internamente ronda los tres años. Es una referencia, no una fecha de estreno. La disponibilidad de aviones puede decidir buena parte del ritmo porque Boeing tiene comprometida una parte considerable de la producción del 787 durante los próximos años.

De ahí que Southwest haya analizado el leasing y el mercado secundario. Comprar aviones nuevos directamente al fabricante podría obligarla a esperar demasiado; alquilar Dreamliner existentes abriría la puerta a iniciar antes las operaciones y reducir el tiempo necesario para poner en marcha la nueva etapa.

Para Boeing, un contrato semejante tendría además una lectura especialmente jugosa. Southwest no es un cliente cualquiera: su historia está íntimamente ligada al 737 y sigue manteniendo numerosos MAX encargados para los próximos años. Que también eligiera el 787 Dreamliner consolidaría esa relación justo cuando Airbus intenta colarse por una puerta que durante décadas prácticamente no existió.

Europa aparece en el mapa, aunque Southwest aún no ha anunciado rutas

La gran incógnita es dónde volaría. Y aquí conviene separar los hechos de las quinielas: Southwest no ha anunciado ciudades ni rutas de largo radio. Su consejero delegado, Bob Jordan, sí ha explicado que una red relativamente pequeña podría cubrir gran parte de los destinos que demandan sus clientes.

La referencia manejada públicamente es de entre ocho y 12 destinos de larga distancia, lejos de intentar copiar desde el primer día las gigantescas redes internacionales de United, Delta o American. Sería una entrada medida, concentrada en mercados capaces de generar suficiente tráfico y conexiones desde la extensa red doméstica de Southwest.

Europa encaja de manera natural en esa hipótesis por distancia, demanda turística y conectividad desde algunos de los principales aeropuertos de la compañía. Londres, París, Roma, Madrid, Barcelona, Dublín o Lisboa estarían dentro del alcance operativo de un 787, pero cualquier lista concreta debe considerarse por ahora una proyección del mercado, no el plan oficial de Southwest.

Baltimore, Nashville y Denver aparecen entre los centros mejor situados

El origen de esos futuros vuelos es casi tan importante como el destino. Southwest mueve un volumen enorme de pasajeros en aeropuertos como Denver, Las Vegas, Baltimore, Nashville, Phoenix y Orlando, donde podría alimentar vuelos internacionales mediante conexiones domésticas.

Baltimore resulta especialmente interesante por su posición en la costa este y por el peso que Southwest tiene allí. Nashville ofrece otra combinación atractiva: una gran operación doméstica de la aerolínea y una oferta internacional de largo radio todavía limitada. Denver y Orlando, por su parte, tienen mucha más competencia internacional, pero también mercados suficientemente grandes para sostener operaciones intercontinentales.

Hay aeropuertos muy importantes para Southwest que presentan obstáculos. Dallas Love Field, por ejemplo, es fundamental en la historia y la red de la compañía, pero su configuración y sus restricciones lo convierten en un candidato mucho menos evidente para una futura operación de largo radio.

Airbus también quiere romper el monopolio histórico de Boeing

El 787 parte con ventaja en las conversaciones conocidas, pero Airbus no está fuera de la partida. El fabricante europeo ha presentado a Southwest diferentes alternativas, entre ellas el A330neo para operaciones de largo radio y el A321XLR, un avión de pasillo único capaz de cubrir rutas mucho más largas que los modelos convencionales de esa categoría.

Las dos opciones representan filosofías distintas. El Airbus A330neo permitiría transportar muchos pasajeros y carga en rutas intercontinentales clásicas. El A321XLR ofrecería menos capacidad, pero permitiría probar mercados más pequeños con menor riesgo financiero. Entrar en Airbus supondría, de paso, terminar con una relación casi exclusiva con Boeing que ha marcado la identidad de Southwest.

El sindicato de pilotos ha reconocido que la empresa ha hablado tanto de un avión grande como de un aparato de pasillo único y largo alcance. Dicho de otro modo: la discusión no parece limitarse a elegir entre dos fabricantes; Southwest está decidiendo también qué clase de red internacional quiere construir.

Southwest está dejando de parecerse a la Southwest de siempre

El debate del Boeing 787 llega mientras la compañía cambia piezas que parecían intocables. Southwest ha introducido asientos asignados, opciones con más espacio para las piernas y planes para abrir sus primeras salas VIP. El viejo modelo de bajo coste sencillo, casi espartano, está adquiriendo capas.

Este 15 de octubre, además, la aerolínea anunció una nueva transformación de su programa Rapid Rewards para 2027. Las categorías A-List y A-List Preferred pasarán a denominarse Silver y Gold y se añadirá un nivel Platinum; también se ampliarán las posibilidades de acumular y utilizar puntos mediante acuerdos internacionales con Icelandair, China Airlines y Etihad Airways.

No son movimientos aislados. Una compañía que pretende retener al pasajero que viaja por trabajo, paga por más comodidad o acumula puntos necesita ofrecerle algo más que un vuelo doméstico entre dos ciudades estadounidenses. El largo radio entra ahí: si un cliente fiel quiere viajar a Europa o Asia y Southwest no puede llevarlo, ese pasajero termina inevitablemente en manos de un competidor.

El Boeing 787 permitiría reducir esa fuga y, al mismo tiempo, elevar el valor del programa de fidelización y de las tarjetas de crédito asociadas a la compañía. Es una lógica bastante menos romántica que aquello de conquistar nuevos continentes, pero bastante más cercana a cómo funciona el negocio aéreo.

El Dreamliner cambiaría mucho más que las rutas de Southwest

Un Boeing 787 coloca a una aerolínea en otra categoría operacional. Es un avión diseñado para rutas de largo recorrido, con gran autonomía y una estructura que utiliza ampliamente materiales compuestos para reducir peso y mejorar la eficiencia frente a generaciones anteriores de grandes aviones.

Para Southwest supondría también decidir cómo quiere competir dentro de la cabina. El mercado intercontinental estadounidense está muy condicionado por los ingresos de business y pasajeros premium, especialmente en los grandes corredores entre Estados Unidos y Europa. Vender únicamente muchos asientos baratos no siempre basta para rentabilizar un avión de fuselaje ancho.

Precisamente por eso, los cambios recientes de Southwest en asientos, salas VIP, tarjetas y fidelización encajan como piezas del mismo puzle. La eventual llegada del 787 tendría mucho más sentido en la Southwest que se está construyendo en 2026 que en aquella compañía que hacía de la simplicidad su principal bandera.

Una decisión capaz de cambiar medio siglo de historia

Nada garantiza todavía que aparezca un Boeing 787 con los colores de Southwest en una pista rumbo a Europa. No existe un pedido anunciado, no hay rutas confirmadas y la propia compañía mantiene abierta la evaluación de su futura flota.

Pero la discusión ha avanzado lo suficiente para revelar algo bastante más importante: Southwest contempla seriamente dejar de ser una aerolínea esencialmente doméstica y de corto y medio radio. El Dreamliner es, por ahora, el símbolo más visible de esa transformación.

Si finalmente entra en la flota, no será simplemente otro modelo de avión. Será la ruptura de una fórmula que Southwest ha protegido durante décadas y la entrada de uno de los mayores operadores estadounidenses en un terreno donde hasta ahora prefería mirar desde la terminal: los grandes vuelos internacionales de largo radio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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