Economía
Superstruct pierde 115 millones bajo KKR pese a crecer en festivales
Superstruct cerró 2025 con pérdidas de 115,5 millones pese a elevar ingresos, mientras crecían costes, deuda y deterioros bajo el control de KKR.

Superstruct pierde 115 millones bajo KKR pese a crecer en festivales
Resumen
- Superstruct perdió 115,5 millones de euros durante 2025
- La facturación creció, pero también los costes, la deuda y los deterioros
- FIB, Sónar y Monegros forman parte del enorme catálogo del grupo
Superstruct Entertainment, el gigante europeo que controla algunos de los festivales más conocidos de España, cerró 2025 con unas pérdidas netas de 115,5 millones de euros. El resultado empeora los 90,6 millones perdidos un año antes y llega en el primer ejercicio completo del grupo bajo el control de KKR, el fondo estadounidense que entró en la compañía a finales de 2024.
El dato llama la atención por el tamaño de Superstruct, pero todavía más por lo que ocurre al otro lado de la cuenta de resultados. El negocio no se hundió: la compañía facturó alrededor de 825,1 millones de euros, un 4,4% más, y reunió a unos 6,6 millones de asistentes. El problema está más abajo, entre unos costes que crecieron con fuerza, mayores gastos de estructura, deterioros contables y una deuda que también engordó. Un recinto lleno, visto desde la pista, puede parecer una mina de oro. Desde una hoja de Excel la música suena bastante distinta.
De FIB y Sónar a Monegros: un gigante que apenas se ve
Superstruct no es una marca especialmente conocida por el público porque su nombre suele permanecer detrás del cartel. Pero su huella está por todas partes. En España se mueve alrededor de festivales como FIB, Sónar, Arenal Sound, Monegros, Resurrection Fest o Viña Rock, dentro de una cartera internacional que supera los 80 eventos. Sónar, de hecho, fue adquirido por Superstruct en 2018.
Ese tamaño explica por qué unas pérdidas superiores a los 100 millones no pueden leerse como el tropiezo aislado de un festival al que le llovió durante tres días. Superstruct funciona como una gran plataforma de entretenimiento en directo, con sociedades, adquisiciones y estructuras empresariales repartidas por varios países. Su modelo consiste precisamente en ganar escala: comprar o integrar festivales consolidados, compartir recursos y construir un catálogo capaz de generar ingresos mucho más allá de la venta de entradas.
La facturación de 2025 refleja esa diversificación. Los ingresos por entradas bajaron ligeramente, hasta unos 403,2 millones de euros, mientras crecieron otras áreas, como patrocinio, viajes, barras y merchandising. Es una señal interesante: el espectador no solo compra una pulsera. Compra cerveza, alojamiento, transporte, camiseta, experiencia. Todo ese pequeño ecosistema alrededor del escenario pesa cada vez más.
Facturar más no impidió que aumentaran las pérdidas
Ahí aparece la aparente contradicción de las cuentas. Superstruct consiguió ingresar más dinero, pero producir ese negocio también resultó más caro. Los costes directos alcanzaron 619,7 millones de euros, alrededor de un 6,7% más, y absorbieron aproximadamente tres cuartas partes de la facturación.
El margen bruto quedó así en unos 205 millones. Una cantidad considerable, hasta que entran por la puerta el resto de gastos. Los costes administrativos ascendieron a cerca de 269,3 millones de euros, frente a 175,6 millones en 2024. Es un salto de alrededor del 53% que ayuda a entender por qué llenar recintos no fue suficiente para llenar la última línea de la cuenta de resultados.
Las cuentas registran además deterioros sobre determinados activos y negocios adquiridos. Son ajustes contables importantes porque reflejan que parte de lo pagado por ciertas inversiones tiene, según las estimaciones de la propia compañía, una capacidad de generar beneficios menor de la que se esperaba inicialmente.
La deuda de Superstruct también creció durante 2025
El balance añade otro ingrediente. Superstruct incorporó aproximadamente 109 millones de euros de deuda adicional durante el ejercicio, hasta situar sus préstamos en torno a 392,5 millones al terminar 2025. El aumento de financiación está relacionado con la estrategia de inversión y adquisiciones del grupo.
Eso no significa automáticamente que Superstruct tenga un problema inmediato de solvencia. La compañía continúa operando dentro de los compromisos financieros pactados con sus acreedores. Sí significa, en cambio, que la evolución del negocio debe observarse también desde la generación de caja y no únicamente contando asistentes.
El efectivo procedente de las operaciones antes de impuestos pasó de unos 199 millones en 2024 a 22,8 millones en 2025; una vez abonados los impuestos, la cifra quedó en torno a dos millones. La caja al cierre del ejercicio se situó cerca de 120,7 millones, unos 48 millones menos que el año anterior.
KKR compró un negocio enorme, pero también muy exigente
El cambio de propietario coloca estos números bajo una lupa especial. Providence Equity Partners, anterior principal inversor de Superstruct, vendió su participación en 2024 a un consorcio encabezado por KKR y otros inversores. La operación valoró el grupo en torno a 1.300 millones de euros según las cifras publicadas entonces.
Para KKR, 2025 fue por tanto el primer año natural completo controlando una maquinaria que parecía encajar de libro con el capital privado: marcas reconocidas, público recurrente, posibilidad de crecer mediante adquisiciones y un sector europeo del directo que llevaba años mostrando una notable capacidad para subir precios y atraer público.
Pero los festivales tienen una peculiaridad que desmonta cualquier visión demasiado limpia del negocio. Mover millones de personas cuesta muchísimo dinero. Artistas, producción, seguridad, electricidad, alquileres, personal y logística compiten por una entrada cuyo precio no puede subir eternamente sin expulsar público. A determinada escala, vender más deja de ser sinónimo automático de ganar más.
El negocio festivalero crece, pero sus márgenes están bajo presión
Las cuentas de Superstruct llegan después de varios años en los que España ha vivido una proliferación extraordinaria de festivales. Para el público, la consecuencia es visible cada verano: carteles que se pisan, grandes nombres actuando a pocos cientos de kilómetros de distancia y ciudades medianas convertidas durante unos días en pequeños aeropuertos musicales.
Para los promotores, esa abundancia tiene otra cara. Los artistas de mayor tamaño cuestan más, la producción se ha encarecido y existe una pelea feroz por fechas, patrocinadores y consumidores. Cuando varias compañías intentan contratar al mismo cabeza de cartel, la aritmética tiene poca poesía: el caché sube.
Superstruct muestra bien esa tensión. Sus ingresos por asistente aumentaron en 2025, aproximadamente de 119,7 a 125 euros por persona, pero la recaudación media procedente de entradas bajó ligeramente. El crecimiento llegó sobre todo del gasto complementario. Barra, patrocinio, viajes y merchandising hicieron parte del trabajo que la propia taquilla ya no estaba haciendo.
El deterioro de activos deja otra señal en las cuentas
Uno de los elementos menos visibles para el público son los llamados deterioros de valor. Superstruct contabilizó alrededor de 53,8 millones de euros en 2025 por este concepto. Simplificando mucho: cuando una empresa compra otra por encima del valor de sus activos físicos, buena parte de esa diferencia queda registrada como fondo de comercio. Si las expectativas posteriores empeoran, ese valor debe revisarse.
No supone que 53,8 millones hayan salido de la caja durante el año. Sí indica que las previsiones sobre el rendimiento futuro de determinados negocios son inferiores a las que justificaron previamente su valoración. En una compañía construida mediante adquisiciones, no es un detalle menor.
El conflicto alrededor de KKR añadió presión a varios festivales
El primer año completo de KKR coincidió también con una controversia pública considerable alrededor de algunos festivales de Superstruct por las inversiones del fondo y su relación con Israel. Hubo campañas de boicot y cancelaciones de artistas, especialmente visibles alrededor de Sónar y de algunos eventos británicos.
Conviene separar aquí hechos y causalidades. Las cuentas muestran un fuerte deterioro económico, pero no permiten atribuir los 115,5 millones de pérdidas al boicot. Los propios números señalan factores empresariales mucho más amplios: subida de costes, expansión de los gastos generales, deterioros de activos, financiación y una menor conversión del negocio en efectivo.
Sónar ha insistido, además, en que mantiene autonomía artística y de gestión, y sostiene que sus beneficios se reinvierten en futuras ediciones. El festival explica que Providence vendió en octubre de 2024 su participación a un consorcio integrado por KKR y más inversores y que el evento no intervino en aquella operación.
El asunto, sin embargo, ha introducido una dimensión poco habitual en la economía de los festivales. Para buena parte del público, el propietario último de un evento era hasta hace poco una cuestión casi invisible. La llegada de grandes fondos de inversión al sector ha colocado esa propiedad bajo los focos. De pronto, detrás del escenario también hay política, reputación y balances.
Un imperio de festivales que necesita convertir público en beneficio
Superstruct sigue siendo una potencia del entretenimiento en directo. 825 millones de ingresos y 6,6 millones de asistentes no describen precisamente una compañía sin negocio. Pero sus cuentas de 2025 sí revelan algo más incómodo: tener festivales conocidos, crecer en facturación y llenar recintos no garantiza una rentabilidad cómoda.
Los 115,5 millones de pérdidas netas, el aumento del endeudamiento, los deterioros y la caída de la caja generada por las operaciones convierten 2025 en un ejercicio especialmente exigente para el grupo. El problema no parece estar en que el público haya dejado de escuchar música. Está en cuánto cuesta organizarla, comprar negocios, sostener una estructura gigantesca y conseguir que, después de apagar el último foco, quede dinero en la cuenta.
Ahí está la paradoja. FIB, Sónar, Monegros y compañía pueden seguir congregando multitudes mientras su propietario pierde dinero. Desde el escenario, decenas de miles de personas saltando parecen una demostración de fuerza incontestable. Desde el balance, en cambio, 2025 deja una cuestión bastante menos festiva: cuánto vale realmente crecer en el negocio europeo de la música en directo.

EconomíaAceitunas Karina debe cinco nóminas y 30 empleados preparan demanda
EspañaLos bots irrumpen en la campaña del 29-N y ponen las redes bajo lupa
TecnologíaChatGPT estrena con GPT-6 una interfaz visual con gráficos y botones
EspañaVito Quiles liga su posible entrada en TVE a contactos de PP y Vox
EspañaEl Supremo y el Gobierno chocan por la amnistía y el voto del 29-N
CulturaMasterChef Celebrity Legends expulsa a Bibiana y elimina la repesca
MundoTiroteo en Colorado State deja a un hombre armado herido en el campus
TecnologíaAnthropic prepara una IPO de 2 billones pese a perder 8.000 millones
DeportesVinicius empuja a un empleado de LaLiga tras su roja ante Villarreal
EconomíaMercadona despide a un gerente tras 22 años por 29 peajes personales
TecnologíaAtari revive el mítico 800XL con HDMI, cartuchos y 25 juegos clásicos
MundoSix Flags cierra nueve montañas rusas tras una muerte en Georgia, EEUU




