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Sánchez convierte la remontada de Lula en su argumento para el 29N

Tras la victoria de Lula en Brasil, Sánchez augura una remontada progresista el 29N. Las encuestas españolas ofrecen perspectivas muy diferentes.

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Lula con Sánchez

Foto: Pool Moncloa / Fernando Calvo. Ministerio de la Presidencia. Gobierno de España (26/04/2023). Wikimedia Commons, licencia de atribución.

Resumen

  • Lula derrota a Flávio Bolsonaro en Brasil con el 51,79 % de los votos
  • Sánchez cree que esa remontada puede repetirse en España el 29N
  • Las encuestas y los sistemas electorales impiden una comparación directa

La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil ha irrumpido en la campaña de las elecciones generales españolas del 29 de noviembre. Pedro Sánchez cree que el resultado brasileño puede anticipar una remontada del PSOE y ha convertido el triunfo del dirigente progresista en un mensaje dirigido a sus propios votantes. La influencia puede ser política y electoral, especialmente sobre la movilización de la izquierda, aunque no hay pruebas de que el resultado de Brasil vaya a modificar por sí solo el voto en España.

El presidente del Gobierno no ha tardado en establecer el paralelismo. Este lunes, 26 de octubre, ha felicitado públicamente a Lula y ha lanzado una predicción: «Lo que ha pasado en Brasil, pasará en España. La remontada del progresismo global acaba de comenzar». La declaración llega después de que el mandatario brasileño derrotara a Flávio Bolsonaro por el 51,79 % frente al 48,21 %, pese a haber quedado por detrás de su rival en la primera vuelta. A 34 días de las elecciones españolas, Sánchez encuentra en ese resultado un argumento político. Otra cosa es que consiga trasladarlo a las urnas.

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La remontada de Lula que Sánchez quiere trasladar a España

El resultado brasileño tiene un componente político que explica el entusiasmo socialista. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro consiguió el 47,03 % de los votos, mientras Lula se quedó en el 45,16 %. La ventaja del candidato conservador parecía colocar al presidente en una situación complicada.

Tres semanas después, el escenario había cambiado. Lula consiguió ampliar sus apoyos y remontó hasta imponerse en la segunda vuelta del 25 de octubre. El resultado representa un hecho excepcional en la historia electoral brasileña reciente: es la primera vez, desde el regreso de la democracia, que un candidato que termina segundo en la primera ronda logra ganar la presidencia.

La victoria permitirá al líder del Partido de los Trabajadores afrontar su cuarto mandato presidencial, un hecho extraordinario en la trayectoria de un político que cumple 81 años este 27 de octubre.

Para Sánchez, lo interesante no es únicamente que haya ganado un dirigente ideológicamente próximo. Es la demostración de que una campaña puede alterar una tendencia electoral aparentemente consolidada.

En España, esa interpretación tiene una utilidad evidente para el PSOE: combatir la percepción de que las elecciones están decididas y convencer a su electorado de que todavía existe margen para una remontada.

El PSOE convierte Brasil en un argumento electoral para el 29N

La reacción de Sánchez no ha sido una felicitación diplomática convencional. Al vincular directamente la victoria de Lula con las generales españolas, el presidente ha incorporado el resultado brasileño a su discurso de campaña.

El propio PSOE ha reforzado ese mensaje en las redes sociales: «Con la fuerza de la gente, Brasil ha querido seguir avanzando. El 29N, el progreso en España seguirá ese camino».

La estrategia apunta a una cuestión fundamental: la movilización del electorado progresista. Para los socialistas, resulta más útil presentar las elecciones como una disputa abierta que asumir las expectativas de victoria que buena parte de los sondeos privados atribuyen al Partido Popular.

También aparece una comparación ideológica. Lula derrotó a Flávio Bolsonaro, heredero político de Jair Bolsonaro, y Sánchez pretende situar las elecciones españolas dentro de una confrontación más amplia entre proyectos progresistas y conservadores.

Esta lectura permite al PSOE reforzar su discurso frente al PP de Alberto Núñez Feijóo y Vox, encabezado por Santiago Abascal. Sin embargo, establecer afinidades ideológicas entre partidos de distintos países no significa que sus electorados reaccionen igual.

La movilización puede pesar más que el efecto internacional

La consecuencia más probable de la victoria brasileña es que proporcione un estímulo político a la izquierda española, no que produzca un desplazamiento automático de votos.

Una victoria inesperada puede modificar las expectativas de los simpatizantes, reforzar la confianza de quienes participan en una campaña y facilitar mensajes dirigidos a los indecisos. Son mecanismos posibles de influencia, aunque todavía no existe evidencia electoral que permita medirlos en España.

El caso brasileño ofrece un ejemplo concreto. Durante la segunda vuelta, Lula intensificó su campaña y buscó ampliar sus apoyos entre los votantes de otras candidaturas. La concentración del voto resultó fundamental en una competición extremadamente ajustada, aunque no sería riguroso atribuir toda la remontada a un único factor.

Para el PSOE, la enseñanza aprovechable es sencilla: movilizar a quienes podrían abstenerse y disputar el voto de quienes todavía no han tomado una decisión.

Eso exige algo más que celebrar resultados extranjeros. Una victoria en São Paulo puede levantar el ánimo de los militantes españoles, pero no resuelve las preocupaciones de un votante en Madrid, Valencia o Sevilla. El entusiasmo político no sustituye a las propuestas ni garantiza una mayoría parlamentaria.

Qué dicen las encuestas españolas antes de las elecciones

El panorama demoscópico del 29N es bastante menos uniforme de lo que sugieren los mensajes de campaña.

La mayoría de las encuestas privadas publicadas durante octubre sitúan al Partido Popular por delante del PSOE, aunque con diferencias considerables entre unas estimaciones y otras.

El sondeo de IMOP Insights publicado por El Confidencial el 23 de octubre atribuye al PP un 28,5 % de intención de voto, frente al 27,1 % de los socialistas. Vox alcanza el 20 %, un porcentaje que refleja su peso potencial en la configuración de futuras mayorías parlamentarias.

La encuesta de Sigma Dos difundida por El Mundo el 19 de octubre dibuja una distancia mayor: 31,5 % para el PP, 25,3 % para el PSOE y 19,5 % para Vox.

El Centro de Investigaciones Sociológicas presenta una fotografía muy distinta. Su barómetro del 14 de octubre coloca al PSOE en cabeza con el 34 % de estimación de voto, frente al 22,2 % del PP y el 17,1 % de Vox.

No son diferencias pequeñas. Reflejan la importancia de los métodos empleados por cada instituto y aconsejan prudencia antes de dar por cerrado el resultado.

Tampoco pueden interpretarse las cifras como una medición del impacto de Lula. Los trabajos de campo citados son anteriores a su victoria del 25 de octubre.

Para determinar si se produce algún cambio significativo sería necesario observar encuestas posteriores a las elecciones brasileñas y comprobar si existe una evolución consistente, aunque incluso entonces resultaría difícil demostrar que la causa es el resultado de Brasil.

Hay otra dificultad para Sánchez. Ganar en votos no garantiza gobernar en España. Las posibilidades de alcanzar una mayoría parlamentaria dependen del reparto de escaños, de los resultados de los demás partidos y de los eventuales pactos posteriores.

Por qué una victoria en Brasil no se puede copiar en España

La comparación entre las dos elecciones tiene límites institucionales importantes.

Brasil elige a su presidente mediante un sistema de dos vueltas. Si ningún candidato consigue más del 50 % de los votos válidos en la primera, los dos aspirantes más votados vuelven a enfrentarse.

Esa segunda votación permite concentrar apoyos procedentes de candidatos eliminados y cambia la naturaleza de la competición. Los electores deben decidir entre dos opciones presidenciales.

España funciona de otra manera. El 29 de noviembre se elegirán el Congreso de los Diputados y el Senado, no directamente al presidente del Gobierno.

Los 350 escaños del Congreso se distribuyen mediante un sistema proporcional por circunscripciones provinciales, con las particularidades correspondientes a Ceuta y Melilla. Para alcanzar la mayoría absoluta se necesitan 176 diputados.

Esto significa que la distribución territorial del voto y los acuerdos parlamentarios importan tanto como las diferencias porcentuales entre partidos.

Las estrategias tampoco son idénticas. Mientras Lula tuvo que concentrar apoyos en una segunda vuelta frente a un único adversario, Sánchez afronta unas generales en las que compiten PP, Vox y varias candidaturas situadas a la izquierda del PSOE, además de las formaciones nacionalistas y regionalistas.

La fragmentación del voto progresista representa una dificultad que no desaparece con una mayor movilización. Dependiendo de la circunscripción, la distribución de apoyos entre candidaturas puede resultar determinante para conseguir o perder un diputado.

Hay, por último, una diferencia de participación: en Brasil el voto es obligatorio para buena parte del electorado, mientras que en España es voluntario. Los incentivos para acudir a las urnas no son los mismos.

El 29N se decidirá por la política española, no por Brasil

El triunfo de Lula puede ayudar a Sánchez a presentar la campaña como una competición abierta, pero las elecciones españolas tendrán sus propios asuntos decisivos.

La vivienda, el coste de la vida, los salarios y los servicios públicos forman parte de los debates que condicionan el voto, junto con la valoración de la gestión gubernamental. El CIS de octubre identifica precisamente la vivienda como la principal preocupación nacional, mencionada entre los tres mayores problemas por el 55,7 % de los entrevistados.

También influirá la capacidad de Feijóo para atraer apoyos más allá del electorado tradicional del PP, el crecimiento de Vox y la respuesta de las distintas fuerzas de izquierda. Los posibles pactos posteriores constituyen otro elemento importante de la competición.

Queda poco más de un mes para comprobarlo. La campaña electoral oficial comenzará el 13 de noviembre y terminará el día 27, antes de la votación del domingo 29.

Hasta entonces, el precedente brasileño puede convertirse en una referencia habitual del discurso socialista. La comparación interesa especialmente a Sánchez porque presenta una derrota que parecía probable y terminó transformándose en victoria.

La cuestión decisiva será si consigue convertir ese optimismo en apoyos efectivos. El resultado de Lula demuestra que las tendencias electorales pueden cambiar, no que necesariamente vayan a hacerlo.

Brasil ha proporcionado a Sánchez un argumento para creer en la remontada. Los votos que necesitará para conseguirla tendrá que encontrarlos en España.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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