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Lula logra su cuarto mandato en Brasil tras vencer a Flávio Bolsonaro
Lula se impone a Flávio Bolsonaro y consigue un histórico cuarto mandato en Brasil, mientras crecen las críticas por una prórroga electoral tardía.
Foto: Josemar Gonçalves / Câmara dos Deputados / Wikimedia Commons, CC BY 3.0.
Resumen
- Lula logra su cuarto mandato tras derrotar a Flávio Bolsonaro
- La votación se prorrogó dos horas cuando numerosos colegios habían cerrado
- La polémica puede originar recursos, pero la victoria sigue siendo válida
Luiz Inácio Lula da Silva ha ganado las elecciones presidenciales de Brasil celebradas este domingo, 25 de octubre de 2026. El actual presidente, de 80 años, ha conseguido la reelección tras derrotar en segunda vuelta al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. El Tribunal Superior Electoral (TSE) ha confirmado la victoria del dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), que gobernará el país por cuarta vez.
El resultado supone una remontada histórica para Lula, que había quedado por detrás de su adversario en la primera vuelta del 4 de octubre. Con más del 99 % del escrutinio completado, el mandatario obtenía aproximadamente el 51,75 % de los votos válidos, frente al 48,25 % de Bolsonaro. La diferencia rondaba los 4,3 millones de sufragios. La proyección de Datafolha había anticipado su victoria antes de que la autoridad electoral confirmara que su ventaja era irreversible.
Sin embargo, la noche electoral brasileña ha estado lejos de desarrollarse con normalidad. Una decisión judicial de última hora para ampliar dos horas el horario de votación ha provocado confusión en numerosos colegios electorales, algunos de los cuales ya habían cerrado sus puertas cuando llegó la orden. La situación amenaza con abrir una batalla jurídica sobre las condiciones en las que se celebró la segunda vuelta, aunque por el momento no existe ninguna resolución que invalide los resultados.
La victoria permitirá a Lula permanecer en el Palacio de Planalto hasta finales de 2030. Su nuevo mandato comenzará el 5 de enero de 2027, en un Brasil profundamente dividido y con un Congreso donde los partidos conservadores dispondrán de una considerable capacidad para condicionar las decisiones del Ejecutivo.
Lula consigue una remontada histórica frente al hijo de Bolsonaro
La segunda vuelta presidencial ha terminado con un desenlace que parecía improbable después de la primera votación. El pasado 4 de octubre, Flávio Bolsonaro encabezó los resultados con el 47,03 % de los votos válidos, mientras que Lula obtuvo el 45,16 %. Más de 2,2 millones de papeletas separaron entonces a los dos candidatos.
El senador conservador partía con ventaja y las últimas encuestas apuntaban a una competición extremadamente ajustada. De hecho, un sondeo de Datafolha publicado antes de la segunda vuelta situaba a Bolsonaro ligeramente por delante, aunque dentro del margen de error.
Lula consiguió revertir esa situación durante las últimas semanas de campaña. Reforzó su presencia entre los votantes jóvenes, insistió en la defensa de los programas sociales y convirtió la protección de las instituciones democráticas en uno de los argumentos centrales de su candidatura.
También apeló a la soberanía brasileña frente a la influencia de Estados Unidos, especialmente por la estrecha relación política entre el movimiento bolsonarista y el presidente estadounidense, Donald Trump.
La participación electoral resultó decisiva. Los analistas habían advertido de que la abstención podía perjudicar especialmente al dirigente progresista, cuyo electorado incluye numerosos sectores populares que dependen del transporte público para desplazarse hasta los centros de votación.
Con su victoria, Lula se convierte en el primer candidato que consigue ganar una segunda vuelta presidencial en Brasil después de haber terminado segundo en la primera desde la recuperación de las elecciones presidenciales directas en 1989.
El resultado confirma también la extraordinaria longevidad política del antiguo sindicalista, que llegó por primera vez a la presidencia en 2003, fue reelegido en 2006 y regresó al poder en 2023 después de vencer a Jair Bolsonaro en las elecciones de 2022.
El caos electoral por una prórroga de dos horas en las urnas
La principal controversia de la jornada comenzó cuando la campaña de Lula denunció problemas relacionados con el transporte público en distintas ciudades brasileñas.
Sus representantes sostuvieron que varias administraciones municipales no estaban garantizando la circulación de autobuses en las condiciones exigidas para facilitar el desplazamiento gratuito de los electores.
Entre las localidades señaladas figuraban São Paulo y Salvador, donde se registraron dificultades para acceder a los servicios de transporte y largas esperas en determinadas terminales.
La campaña del presidente consideraba que estas circunstancias podían impedir el ejercicio del derecho al voto, particularmente en barrios populares y zonas con una importante presencia de electores progresistas.
Por su parte, Flávio Bolsonaro también solicitó ampliar la votación en municipios afectados por las fuertes lluvias, especialmente en los estados de Rio Grande do Sul y Minas Gerais.
Las peticiones trasladaron la disputa al terreno judicial cuando apenas quedaban unas horas para el cierre de los colegios.
La decisión del Supremo llegó cuando algunos colegios ya habían cerrado
El presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques, cuya designación para el Supremo se produjo durante el Gobierno de Jair Bolsonaro, recibió críticas por la demora en resolver las reclamaciones.
La campaña de Lula acudió entonces al Supremo Tribunal Federal (STF), donde el magistrado Cristiano Zanin acordó prolongar la votación de las 17.00 a las 19.00 horas, según el horario de Brasilia.
El problema fue el momento elegido.
La decisión se comunicó cuando numerosos centros electorales estaban terminando sus operaciones o ya habían cerrado. En algunos casos, las urnas electrónicas habían sido desconectadas y el procedimiento de recuento estaba en marcha.
La situación provocó una aplicación desigual de la medida. Mientras algunos colegios permanecieron abiertos durante las dos horas adicionales, otros no pudieron reanudar la recepción de votos.
Ante las dificultades, Zanin aclaró posteriormente que la ampliación solo debía aplicarse a las mesas que continuaban abiertas a las 17.00 horas. Las que ya habían concluido oficialmente la votación permanecerían cerradas.
El Tribunal Superior Electoral trasladó esta instrucción a las autoridades regionales y mantuvo suspendida temporalmente la totalización de resultados hasta las 19.00 horas.
La intervención judicial, planteada inicialmente para proteger el derecho al voto, terminó generando un problema distinto: ciudadanos que podían seguir votando en determinadas localidades mientras otros centros ya habían concluido definitivamente sus operaciones.
La victoria de Lula puede acabar en los tribunales
La controversia ha abierto un debate sobre la igualdad de condiciones entre los electores brasileños y las posibles consecuencias jurídicas de la ampliación del horario.
El jurista Fernando Neisser, especialista en derecho electoral, ha advertido de que la aplicación desigual de la prórroga puede ofrecer argumentos para cuestionar la regularidad del proceso.
La cuestión es delicada: la legislación electoral debe garantizar que todos los ciudadanos tengan oportunidades equivalentes para ejercer su derecho al voto, con independencia del colegio que les corresponda.
Si una decisión judicial permite votar durante dos horas adicionales en determinadas mesas, pero no en otras que ya estaban cerradas, pueden surgir reclamaciones sobre el distinto tratamiento recibido por los electores.
Eso no significa, sin embargo, que las elecciones vayan a ser anuladas.
Magistrados del Supremo y del Tribunal Superior Electoral han reconocido errores en la gestión de la prórroga, pero algunos consideran que no existen motivos suficientes para repetir la segunda vuelta. También señalan las dificultades constitucionales que supondría trasladar la elección presidencial a otra fecha.
Para que una impugnación prosperase sería necesario acreditar fundamentos jurídicos suficientes. La existencia de incidencias o decisiones administrativas discutibles no provoca automáticamente la invalidación de millones de votos.
En sectores del bolsonarismo también han comenzado a circular propuestas para exigir responsabilidades políticas al magistrado Cristiano Zanin, incluida la posibilidad de promover un procedimiento de destitución en el Senado.
Por ahora, se trata de planteamientos políticos y eventuales iniciativas judiciales, no de una anulación acordada ni de una resolución que altere la victoria proclamada por la autoridad electoral.
Flávio Bolsonaro fracasa en su intento de recuperar el poder
La derrota de Flávio Bolsonaro supone un revés para la estrategia de la derecha brasileña de regresar a la presidencia cuatro años después de la salida de Jair Bolsonaro.
El candidato del Partido Liberal había asumido el liderazgo electoral del movimiento de su padre, condenado a 27 años de prisión por su participación en una conspiración golpista relacionada con las elecciones de 2022.
Durante la campaña, Flávio defendió una agenda conservadora centrada en la seguridad, la economía y la confrontación con determinados sectores del poder judicial.
Su candidatura también contaba con afinidades políticas con Donald Trump, cuyo Gobierno ha mantenido importantes discrepancias con Lula sobre comercio internacional, seguridad y relaciones diplomáticas.
Pese a la derrota, el resultado demuestra que el bolsonarismo conserva una base electoral muy amplia. Cerca de la mitad de los votos válidos de la segunda vuelta fueron a parar a su candidato.
La distancia entre ambos bloques vuelve a poner de manifiesto la polarización de la sociedad brasileña. Lula ha ganado las elecciones, pero no ha conseguido reducir de forma decisiva el apoyo político a sus adversarios.
Un cuarto mandato condicionado por un Congreso conservador
El próximo Gobierno de Lula afrontará un panorama parlamentario especialmente complejo.
Las elecciones legislativas han reforzado a las formaciones conservadoras y a los aliados del Partido Liberal. Los resultados parlamentarios sitúan al bloque de derechas con una posición dominante tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.
Esta correlación de fuerzas puede dificultar la aprobación de reformas económicas, fiscales y sociales, además de condicionar los nombramientos institucionales y las negociaciones presupuestarias.
La deuda pública, los elevados tipos de interés y el coste de la vida figuran entre los principales desafíos económicos del presidente reelegido. El Gobierno brasileño prevé un crecimiento moderado para 2027, mientras persiste el debate sobre cómo equilibrar el gasto social y la estabilidad de las cuentas públicas.
Lula ha defendido durante la campaña la ampliación de determinadas ayudas, las políticas de empleo y las medidas de apoyo a las familias con menos recursos. También ha impulsado propuestas para mejorar el transporte público y reforzar la protección social.
La dificultad estará en sacar adelante estas iniciativas con una oposición capaz de bloquear proyectos importantes o imponer modificaciones sustanciales.
En política exterior, la continuidad del dirigente progresista mantiene a Brasil como uno de los principales contrapesos regionales a la expansión de los gobiernos latinoamericanos alineados con Washington.
Su relación con Trump seguirá siendo uno de los asuntos centrales de la agenda diplomática, especialmente en cuestiones comerciales y en la defensa de la autonomía brasileña.
Brasil inicia una nueva etapa entre la victoria y la disputa electoral
Lula ha conseguido algo que ningún otro político brasileño había logrado: ser elegido presidente en cuatro ocasiones. Su triunfo adquiere todavía más relevancia por haberse producido después de perder la primera vuelta y enfrentarse a una derecha movilizada.
Pero el resultado electoral no ha eliminado las tensiones políticas e institucionales que atraviesan Brasil.
Las incidencias registradas durante la votación, las posibles impugnaciones y la fortaleza parlamentaria del bloque conservador anticipan un comienzo de mandato complicado.
El presidente llega reforzado por una victoria que parecía difícil apenas unas semanas antes, aunque tendrá que gobernar con una oposición poderosa y una sociedad dividida.
La incógnita inmediata es cómo se resolverán las controversias jurídicas relacionadas con el cierre desigual de los colegios electorales. La más importante, a medio plazo, será si Lula logra transformar su cuarta victoria en una mayoría política suficiente para gobernar.
Brasil ha elegido presidente. Conseguir estabilidad institucional y acuerdos parlamentarios será una tarea bastante más difícil.
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