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Ciencia

La reserva de agua a 660 kilómetros bajo la Tierra no es un océano

Una reserva de agua oculta a cientos de kilómetros bajo la Tierra podría equivaler a varios océanos, aunque todavía se desconoce su volumen real.

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El agua a 660 kilómetros bajo la Tierra

Resumen

  • El manto terrestre contiene agua atrapada en minerales a gran profundidad
  • No existe un océano líquido: la reserva está integrada en las rocas
  • Un estudio de 2026 estima una capacidad de hasta 2,9 océanos

A cientos de kilómetros bajo nuestros pies, en una región del manto terrestre situada entre los 410 y los 660 kilómetros de profundidad, los científicos han encontrado pruebas de la existencia de enormes cantidades de agua atrapada en minerales. Su capacidad de almacenamiento podría equivaler a la de varios océanos de la superficie. Sin embargo, no se trata de un mar subterráneo ni de una gigantesca cavidad llena de agua líquida, sino de una reserva incorporada a la estructura de las rocas.

La existencia de esta agua en el interior de la Tierra está respaldada por investigaciones realizadas durante más de una década. Los primeros resultados decisivos se publicaron en 2014 y estudios posteriores han reforzado sus conclusiones. La afirmación de que existen tres veces más agua que en todos los océanos juntos, aunque científicamente plausible como estimación de capacidad, todavía no puede darse por demostrada.

La diferencia es importante. Los investigadores saben que determinados minerales pueden almacenar grandes cantidades de hidrógeno y oxígeno en su estructura cristalina, pero desconocen cuánto de ese espacio está realmente ocupado. Una investigación publicada en septiembre de 2026 ha vuelto a examinar esta cuestión y apunta a que la cantidad potencial de agua depende tanto de la composición de las rocas como de su estabilidad en las profundidades terrestres.

El hallazgo abre una perspectiva interesante sobre el planeta. Durante mucho tiempo, el estudio del agua terrestre se centró principalmente en mares, glaciares, ríos y acuíferos. Sin embargo, una parte del ciclo del agua se desarrolla a profundidades donde las presiones y temperaturas transforman por completo el comportamiento de los materiales.

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La pista apareció dentro de un diamante

Uno de los descubrimientos fundamentales se produjo en 2014, cuando un equipo internacional encabezado por el geoquímico Graham Pearson, de la Universidad de Alberta, identificó un pequeño fragmento de ringwoodita en el interior de un diamante procedente de Juína, en Brasil.

La ringwoodita es una forma de olivino que se genera bajo presiones extraordinarias, propias de las profundidades del manto. Su importancia radica en que puede incorporar agua a su estructura mineral sin necesidad de albergarla en forma líquida.

El fragmento analizado tenía apenas unas decenas de micrómetros. Pese a su tamaño, permitió detectar una proporción considerable de agua y proporcionó una de las primeras pruebas directas de la presencia de minerales hidratados en determinadas regiones del manto terrestre.

Aquel mismo año, otra investigación dirigida por Brandon Schmandt y Steven Jacobsen combinó experimentos de laboratorio, modelos geofísicos y datos sísmicos obtenidos en Norteamérica. Sus resultados identificaron señales compatibles con la formación de pequeñas cantidades de material fundido cerca de los 660 kilómetros de profundidad, un fenómeno que podría producirse cuando ciertos minerales liberan el agua que contienen.

Las pruebas continuaron acumulándose. En septiembre de 2022, investigadores analizaron un diamante procedente de la mina de Karowe, en Botsuana, y encontraron inclusiones minerales que apuntaban a condiciones ricas en agua cerca del límite entre la zona de transición y el manto inferior.

El diamante conservaba materiales formados bajo presiones próximas a los 23,5 gigapascales y temperaturas estimadas de unos 1.650 grados. Unas condiciones difíciles de reproducir y todavía más de observar directamente.

Un depósito de agua que no se parece a un océano

La expresión «océano subterráneo» puede resultar llamativa, pero necesita una aclaración. A esas profundidades no se ha encontrado una masa continua de agua por la que pueda circular una corriente marina.

El agua está incorporada químicamente a los minerales, principalmente mediante grupos hidroxilo y átomos de hidrógeno integrados en sus estructuras cristalinas. La ringwoodita y la wadsleyita, dos minerales que aparecen en la zona de transición del manto, tienen una capacidad de almacenamiento especialmente elevada.

La wadsleyita predomina aproximadamente entre los 410 y los 520 kilómetros, mientras que la ringwoodita se encuentra a mayores profundidades, hasta unos 660 kilómetros. Ambas son estructuras que adopta el olivino al aumentar la presión.

En determinadas condiciones experimentales pueden incorporar porcentajes de agua de alrededor del 1 % al 3 % de su peso, dependiendo del mineral y de factores como la temperatura.

Puede parecer una proporción pequeña. No lo es cuando se considera el volumen de una capa que se extiende por buena parte del interior del planeta. Incluso una concentración relativamente baja, distribuida en una cantidad tan inmensa de roca, representa un volumen de agua considerable.

Eso explica por qué los científicos hablan de reservas comparables a varios océanos sin haber encontrado ninguno en sentido literal.

Cuánta agua puede almacenar realmente el manto terrestre

La cifra de tres océanos procede de estimaciones sobre la capacidad de almacenamiento de los minerales presentes en la zona de transición. No corresponde a una medición directa de toda el agua existente bajo la superficie.

Los océanos terrestres contienen aproximadamente 1.330 millones de kilómetros cúbicos de agua. Una reserva equivalente a tres veces esa cantidad supondría un volumen extraordinario, pero los investigadores todavía no pueden determinar con precisión cuánto contiene el manto.

Las estimaciones tampoco son uniformes. Los estudios sísmicos, las mediciones de conductividad eléctrica y los análisis de minerales ofrecen resultados diferentes, en parte porque la presencia de agua cambia de una región a otra.

Qué aporta la investigación de septiembre de 2026

Un estudio publicado el 25 de septiembre de 2026 en la revista científica Geophysical Research Letters ha introducido nuevos cálculos sobre la capacidad de hidratación de la zona de transición.

Mediante modelos geodinámicos, los investigadores estudiaron cómo interactúan el contenido de agua, la composición mineral y la estabilidad de las rocas a grandes profundidades.

Los resultados sitúan el potencial teórico de almacenamiento entre 1,9 y 2,9 veces la masa de agua de los océanos, según los supuestos utilizados en los modelos.

La investigación introduce un matiz: el manto no puede almacenar necesariamente toda el agua que sus minerales serían capaces de incorporar en condiciones ideales. El aumento de la hidratación modifica la densidad y la viscosidad de los materiales, lo que puede favorecer movimientos internos y pérdidas de agua.

Tampoco existe una distribución homogénea. Algunas regiones podrían presentar concentraciones elevadas de agua, mientras que otras serían considerablemente más secas.

Por eso, aunque los nuevos cálculos respaldan la posibilidad de una reserva profunda enorme, no demuestran que existan exactamente tres océanos escondidos en el interior terrestre.

Cómo llega el agua a más de 600 kilómetros de profundidad

El mecanismo principal está relacionado con la tectónica de placas.

En determinadas regiones del planeta, una placa oceánica se introduce bajo otra y comienza a hundirse hacia el manto. Este proceso, conocido como subducción, arrastra rocas que han incorporado agua durante su permanencia cerca de la superficie y en el fondo marino.

Al aumentar la presión y la temperatura, los minerales experimentan transformaciones. Parte del agua se libera, pero otra puede permanecer incorporada a nuevas estructuras minerales capaces de soportar condiciones mucho más extremas.

La wadsleyita y la ringwoodita desempeñan un papel importante en ese almacenamiento de agua.

Los estudios publicados en 2026 han profundizado precisamente en el intercambio de agua entre diferentes minerales cuando las placas descienden hacia la zona de transición. Algunos resultados indican que esa región puede actuar como una barrera que dificulta el transporte de grandes cantidades de agua hacia el manto inferior.

No significa que el agua quede atrapada para siempre. Parte puede continuar descendiendo, mientras que otra fracción regresa hacia capas menos profundas mediante los movimientos internos del manto.

Este intercambio se desarrolla durante millones de años y forma parte del denominado ciclo profundo del agua, mucho menos visible que la evaporación, las precipitaciones y la circulación de los océanos.

Qué relación tiene esta reserva con volcanes y terremotos

El agua almacenada en el manto no permanece necesariamente al margen de la actividad geológica.

Su presencia puede modificar la temperatura a la que comienzan a fundirse determinadas rocas, favorecer la formación de magma y alterar la resistencia de los materiales sometidos a grandes presiones.

En algunas regiones, el ascenso de materiales hidratados puede contribuir a la actividad volcánica. Una investigación publicada en 2025 encontró relaciones estadísticas entre determinadas zonas del manto potencialmente ricas en agua y áreas de vulcanismo continental.

El resultado no significa que todos los volcanes estén alimentados directamente por esta reserva profunda. Los procesos que originan una erupción son mucho más complejos y dependen de distintos factores geológicos.

También se investiga la relación entre el agua y los terremotos profundos. Algunos modelos proponen que las transformaciones minerales y los procesos de deshidratación pueden influir en la deformación de las placas que descienden hacia el interior terrestre.

Los experimentos publicados en julio de 2026 han aportado nuevos datos sobre estos mecanismos, aunque siguen existiendo debates sobre cuáles son los responsables principales de los terremotos que se producen a varios cientos de kilómetros de profundidad.

La importancia del agua profunda no reside únicamente en su volumen. Su presencia modifica el comportamiento de las rocas y, con ello, algunos de los procesos que determinan la evolución del planeta.

El mapa del agua escondida en la Tierra sigue incompleto

La existencia de minerales capaces de almacenar grandes cantidades de agua en el manto está demostrada. También hay evidencias directas de regiones hidratadas y observaciones geofísicas compatibles con una reserva profunda de enormes dimensiones.

Lo que todavía falta es conocer su distribución global y su cantidad real. Los diamantes que llegan a la superficie ofrecen muestras excepcionales, pero representan puntos muy concretos de una estructura que ocupa prácticamente todo el planeta.

Las investigaciones más recientes apuntan a un interior terrestre mucho menos uniforme de lo que podría sugerir la idea de un único océano escondido. Hay zonas que almacenan más agua, otras que contienen menos y procesos que permiten intercambiarla con las capas superiores.

La imagen de un mar gigantesco bajo la corteza, por tanto, no se corresponde con lo que han encontrado los geólogos. La realidad es distinta y tiene consecuencias científicas mucho más amplias: una parte fundamental del agua terrestre podría permanecer almacenada en las rocas del manto, interviniendo durante millones de años en la dinámica interna del planeta.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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