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JD Vance lidera los sondeos republicanos de 2028 sin el aval de Trump
JD Vance encabeza las encuestas republicanas para 2028, aunque Trump evita respaldarlo. Las legislativas y el avance de Rubio complican sus planes.
Foto: Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) (Dominio público).
Resumen
- JD Vance lidera los sondeos republicanos para las presidenciales de 2028
- Trump aún no le ha dado su apoyo y Marco Rubio recorta distancias
- Las legislativas del 3 de noviembre marcarán la sucesión republicana
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, encabeza las encuestas para convertirse en el candidato republicano a la Casa Blanca en 2028, pero su futuro político continúa condicionado por dos factores decisivos: las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre y el respaldo de Donald Trump, que todavía no ha querido pronunciarse a su favor.
A sus 42 años, Vance parte con una ventaja considerable sobre sus posibles rivales, especialmente el secretario de Estado, Marco Rubio. Sin embargo, liderar las encuestas no garantiza la nominación republicana. El vicepresidente aún no ha confirmado su candidatura y Trump mantiene abierta la cuestión de quién debería sucederle, pese a que la Constitución estadounidense le impide presentarse a un tercer mandato.
La incertidumbre se hizo especialmente visible el pasado 20 de octubre, cuando Trump evitó comprometer su apoyo a Vance durante una comparecencia en el Despacho Oval. El presidente elogió sus capacidades, pero dejó claro que ambos no habían hablado de las elecciones presidenciales de 2028 y que consideraba prematuro abordar el asunto.
La escena llegó apenas un día después de que Vance expresara públicamente su confianza en obtener el respaldo presidencial. Una diferencia de expectativas que refleja hasta qué punto la sucesión de Trump sigue dependiendo de las decisiones del propio mandatario.
Con las elecciones de mitad de mandato a una semana de celebrarse, los republicanos afrontan una votación que podría alterar el equilibrio de fuerzas en Washington y condicionar el futuro de quienes aspiran a dirigir el partido.
Trump evita respaldar a JD Vance pese a su ventaja en las encuestas
Vance ha comenzado a hablar con mayor claridad sobre sus posibilidades presidenciales, aunque insiste en que todavía no ha tomado una decisión definitiva.
Durante una entrevista concedida el 19 de octubre al periodista Mark Halperin, en la plataforma 2Way, el vicepresidente aseguró que confiaba en recibir el apoyo de Trump si finalmente decidía presentarse.
«Creo que si me presento, el presidente me respaldará», afirmó. También reconoció que no había mantenido ninguna conversación con él sobre una posible candidatura.
La respuesta de Trump llegó al día siguiente. Preguntado por esas declaraciones en presencia de Vance, el mandatario destacó que su vicepresidente era una persona «muy talentosa», pero evitó confirmar que fuera su candidato preferido para 2028.
Trump insistió en que ambos debían concentrarse primero en las elecciones legislativas. Su mensaje fue inequívoco: todavía no es el momento de elegir sucesor.
La prudencia pública del presidente contrasta con algunas informaciones sobre sus preferencias privadas. En agosto, The Washington Post publicó que Trump había transmitido a varios donantes republicanos su deseo de que Vance llegara a la Presidencia.
Sin embargo, aquellas palabras no se tradujeron en un respaldo formal. Trump también ha elogiado repetidamente a Marco Rubio e incluso ha planteado la posibilidad de que ambos políticos compartan una futura candidatura presidencial.
El presidente conserva así una considerable capacidad para influir en la competición republicana sin comprometerse todavía con ninguno de sus protagonistas.
Las elecciones legislativas del 3 de noviembre marcarán su futuro
El primer obstáculo inmediato para Vance no está en 2028, sino en las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026.
Los republicanos intentarán conservar sus mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado, mientras los demócratas buscan recuperar el control del Congreso y limitar el margen de actuación de Trump durante los dos últimos años de su presidencia.
Las encuestas apuntan a un escenario complicado para el partido gobernante. Un sondeo de Reuters/Ipsos realizado hasta el 26 de octubre sitúa la aprobación de Trump en el 32%, mientras los demócratas aventajan a los republicanos por un 47% frente al 36% entre los votantes registrados en una pregunta sobre las preferencias para las legislativas.
La Cámara de Representantes aparece especialmente expuesta a un cambio de mayoría. El Senado presenta un panorama más incierto, aunque una pérdida republicana en cualquiera de las dos cámaras dificultaría la agenda presidencial.
Para Vance, los resultados tendrán también una lectura personal. El vicepresidente participa activamente en la campaña de los candidatos republicanos y busca demostrar que puede movilizar a los votantes conservadores más allá de la figura de Trump.
Una derrota importante del partido podría abrir un debate sobre la continuidad del actual proyecto político. No significaría necesariamente el final de sus aspiraciones, pero ofrecería argumentos a quienes consideran que los republicanos necesitan renovar su liderazgo.
Joel Goldstein, especialista en la vicepresidencia estadounidense, considera que no existen precedentes claros de una candidatura presidencial frustrada exclusivamente por un resultado adverso en las elecciones de mitad de mandato.
El investigador prevé que Vance aclare sus intenciones después de noviembre. La decisión sobre presentarse sigue pendiente, aunque su posición institucional y su protagonismo dentro del partido lo convierten en uno de los aspirantes más evidentes.
Marco Rubio recorta distancias y amenaza su favoritismo
La principal alternativa republicana a Vance es, por el momento, Marco Rubio, secretario de Estado y una de las figuras con mayor visibilidad internacional del Gobierno de Trump.
Según el promedio nacional de RealClearPolling, Vance reúne el 39,1% de las preferencias republicanas, frente al 23,8% de Rubio. La distancia es de 15,3 puntos porcentuales, suficiente para considerar al vicepresidente favorito, pero no para dar la competición por resuelta.
Los sondeos estatales muestran una situación más disputada.
Un empate en Nuevo Hampshire que cambia las expectativas
Una encuesta del Saint Anselm College, publicada el 22 de octubre y realizada entre el 19 y el 20 de ese mes, sitúa a Vance y Rubio empatados con el 38% de apoyo entre los posibles votantes de las primarias republicanas en Nuevo Hampshire.
El dato resulta especialmente significativo porque este estado ocupa tradicionalmente una posición relevante en el arranque de las primarias presidenciales estadounidenses.
La misma investigación refleja que otros posibles candidatos, como Ron DeSantis, quedan a considerable distancia de los dos favoritos.
Aunque faltan aproximadamente dos años para las elecciones presidenciales, el empate confirma que Rubio dispone de espacio para disputar el liderazgo a Vance.
Conviene interpretar estas cifras con prudencia. Las encuestas realizadas antes de que existan candidaturas oficiales reflejan, entre otros factores, el conocimiento público de los políticos y las preferencias iniciales de los electores. No anticipan necesariamente el resultado de unas primarias.
Rubio cuenta con experiencia legislativa, conocimiento de la política exterior y contactos entre los sectores más tradicionales del Partido Republicano. Vance, por su parte, dispone de una relación directa con las bases del movimiento MAGA y de la proyección que le proporciona la vicepresidencia.
Son dos perfiles diferentes para una misma herencia política. Y Trump, al menos públicamente, todavía no ha decidido cuál prefiere.
Vance intenta construir un perfil propio dentro del trumpismo
El vicepresidente llegó a Washington como senador por Ohio tras ganar las elecciones de 2022. Dos años después fue elegido compañero de candidatura de Trump y se convirtió en una de las caras más reconocibles de su nueva Administración.
Su trayectoria refleja la transformación experimentada por el Partido Republicano durante la última década. Vance pasó de criticar abiertamente a Trump a convertirse en uno de sus principales aliados y defensores.
Actualmente representa una corriente conservadora muy vinculada al nacionalismo económico, la oposición a la inmigración irregular y el rechazo de parte de las intervenciones militares estadounidenses en el extranjero.
Precisamente la política exterior constituye uno de los terrenos en los que ha tratado de diferenciarse.
Vance ha expresado reservas sobre la guerra contra Irán y las consecuencias de una intervención prolongada, una posición que conecta con los sectores republicanos contrarios a implicar a Estados Unidos en nuevos conflictos internacionales.
También evitó respaldar la reelección del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pese al apoyo expresado por Trump. El vicepresidente explicó que prefería concentrarse en las elecciones estadounidenses y no intervenir en la política interna de Israel.
Su estilo político, en cambio, mantiene elementos claramente identificables con el actual presidente.
Durante una campaña en Ohio, Vance defendió un controvertido anuncio electoral del republicano Vivek Ramaswamy contra su rival demócrata, Amy Acton. La publicidad había provocado críticas incluso dentro del propio partido por utilizar un conflicto familiar de la candidata.
Lejos de distanciarse, Vance reprochó a sus compañeros republicanos sus protestas.
Esta actitud confirma una de sus apuestas: mantener el estilo combativo de Trump sin limitarse a reproducir todas sus posiciones políticas.
El desafío será comprobar si esa combinación resulta suficiente para conservar el apoyo del electorado trumpista y, al mismo tiempo, atraer a votantes menos identificados con el presidente.
El apoyo de Trump puede decidir las primarias de 2028
La importancia del respaldo presidencial responde a una realidad difícil de discutir: Trump ha transformado profundamente el Partido Republicano y mantiene una influencia extraordinaria sobre sus votantes y dirigentes.
Para cualquier aspirante a la Casa Blanca, obtener su apoyo supondría una ventaja política considerable. En el caso de Vance, que ha construido buena parte de su proyección nacional como vicepresidente, ese aval podría resultar especialmente relevante.
Goldstein sostiene que el respaldo explícito de Trump facilitaría la conexión de Vance con las bases del movimiento MAGA. Sin embargo, también considera probable que Trump retrase su decisión para conservar el protagonismo político durante el tramo final de su mandato.
Existe, además, una circunstancia constitucional que condiciona toda esta competición. La Vigesimosegunda Enmienda establece que ninguna persona puede ser elegida presidente de Estados Unidos más de dos veces.
Trump, vencedor en 2016 y 2024, no puede optar legalmente a un tercer mandato bajo las reglas constitucionales actuales, aunque haya vuelto a insinuar públicamente esa posibilidad.
La sucesión, por tanto, no es una cuestión meramente hipotética. Los republicanos tendrán que escoger a otro candidato en 2028, con independencia de las preferencias personales del presidente.
Para Vance, la espera también entraña riesgos. Cuanto más tiempo transcurra sin un respaldo formal, mayor será el margen de maniobra de Rubio y de otros políticos interesados en competir por la nominación republicana.
La carrera por suceder a Trump empezará a definirse en noviembre
Las elecciones legislativas del 3 de noviembre serán el primer gran punto de referencia para evaluar el futuro político de JD Vance.
Si los republicanos consiguen conservar el control del Congreso, el vicepresidente podrá reivindicar su participación en la campaña y reforzar su posición como posible continuador del proyecto de Trump.
Si el partido pierde terreno de manera significativa, la discusión sobre el rumbo republicano podría intensificarse y favorecer la aparición de nuevas alternativas.
En cualquiera de los dos escenarios, Vance seguirá partiendo con una ventaja importante, aunque tendrá que transformar su popularidad actual en una candidatura capaz de ganar unas primarias y competir después en unas elecciones presidenciales.
La principal incógnita continúa siendo Trump. El presidente ha demostrado que prefiere conservar abiertas sus opciones antes que señalar públicamente a un heredero político.
Vance tiene el cargo, una base electoral favorable y el liderazgo en las encuestas nacionales. Rubio ya demuestra capacidad para disputarle terreno. Y el Partido Republicano se aproxima a unas legislativas cuyos resultados podrían modificar los cálculos de ambos.
Por ahora, el vicepresidente es el favorito republicano para 2028, pero todavía no es candidato oficial ni cuenta con el respaldo explícito de Trump. En un partido tan condicionado por su presidente, esa diferencia importa. Mucho.
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