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Tecnología

Aragón impulsa 82 centros de datos entre protestas por agua y energía

Aragón concentra 82 centros y edificios de datos en distintas fases, con inversiones de AWS, Microsoft y otros grupos tecnológicos en marcha.

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82 centros de datos

Resumen

  • Aragón concentra 82 centros o edificios de datos en distintas fases
  • Las expansiones de AWS suman unas 755 hectáreas de superficie
  • Vecinos y ayuntamientos cuestionan su impacto en agua, energía y suelo

Aragón avanza hacia una transformación territorial de enorme escala con la implantación de 82 grandes centros o edificios de datos incluidos en distintos proyectos tecnológicos. Amazon Web Services, Microsoft, Blackstone, Azora y otros promotores han elegido la comunidad para desplegar infraestructuras vinculadas a la nube y la inteligencia artificial, pero el crecimiento está acompañado de una contestación cada vez mayor por el consumo eléctrico, el agua, el suelo y la capacidad real de los municipios para intervenir en las decisiones.

La cifra necesita una precisión: no hay 82 centros terminados ni todos se encuentran en la misma fase administrativa. Algunos funcionan, otros disponen de aprobaciones parciales o iniciales y una parte continúa en tramitación ambiental y urbanística. Lo que sí permite ver el conjunto es la escala que ha alcanzado una industria que hace apenas unos años tenía una presencia mucho menor en Aragón. Amazon es, de momento, el ejemplo más claro.

La expansión llega atraída por una combinación difícil de ignorar: disponibilidad de suelo, abundante generación renovable, posición entre Madrid y Barcelona y una Administración autonómica decidida a convertir Aragón en uno de los grandes nodos digitales europeos. Pero una nave llena de servidores no vive del aire. Necesita electricidad constante, redes de alta capacidad y refrigeración, además de agua en determinados sistemas y grandes infraestructuras auxiliares.

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Aragón se convierte en uno de los grandes polos de datos

La llegada de los gigantes tecnológicos empezó a tomar forma con Amazon Web Services (AWS). La compañía puso en marcha en 2022 su región de infraestructura en Aragón, apoyada inicialmente en instalaciones de Huesca, Villanueva de Gállego y El Burgo de Ebro. Desde entonces, el proyecto ha crecido mediante sucesivas ampliaciones.

Microsoft prepara, por su parte, tres campus en La Muela, Villamayor de Gállego y Zaragoza, mientras que otros grandes proyectos se reparten por Calatorao, La Puebla de Alfindén y distintas localidades del corredor del Ebro. Blackstone, Azora, ACS y Samca forman parte de una cartera que ha convertido la comunidad en un objetivo de fondos y multinacionales especializados en infraestructuras digitales.

El volumen de inversión anunciado se cuenta en decenas de miles de millones de euros. Para el Gobierno aragonés supone una oportunidad para atraer industria tecnológica, empleo especializado y actividad empresarial. Para los municipios afectados, el balance es bastante menos sencillo. Hay suelo, impuestos, carreteras, redes eléctricas, agua y planeamiento urbano de por medio. No es precisamente instalar unos cuantos servidores en un polígono.

Amazon marca la escala de la transformación

AWS permite hacerse una idea de las dimensiones. Su segunda gran expansión en Aragón añadió aproximadamente 296 hectáreas a su presencia inicial. El siguiente plan de consolidación anunciado por la compañía contempla otros campus cuya superficie conjunta se cifra en 459 hectáreas y prevé 30 edificios de centros de datos, diez subestaciones eléctricas y doce construcciones auxiliares.

Solo esas dos fases de crecimiento suman unas 755 hectáreas, una superficie equivalente aproximadamente a 1.057 campos de fútbol si se utiliza como referencia un terreno reglamentario de alrededor de 7.140 metros cuadrados.

Conviene insistir en el matiz: no hablamos de dos edificios de 296 y 459 hectáreas. Son dos grandes planes territoriales de expansión, repartidos entre diferentes emplazamientos, instalaciones y servicios auxiliares. La última operación prevé nuevos campus en Huesca, San Mateo de Gállego y el área de La Puebla de Híjar y Azaila. El desarrollo se realizará por fases y dependerá, entre otros factores, de la disponibilidad de capacidad eléctrica.

Electricidad y agua, las dos grandes preguntas

El tamaño físico impresiona, pero el verdadero cuello de botella está en otro sitio: la electricidad. Los centros de datos funcionan las 24 horas y requieren un suministro estable para alimentar procesadores, sistemas de almacenamiento, redes y refrigeración.

Algunos de los proyectos planteados en Aragón manejan consumos potenciales muy elevados en comparación con la demanda eléctrica actual de la comunidad. El desarrollo del sector obliga así a valorar conjuntamente la demanda energética, la disponibilidad de red y el ritmo al que se autorizan estas infraestructuras. No basta con producir electricidad renovable: hay que transportarla hasta donde se consume y garantizar potencia disponible a todas horas.

El debate tampoco afecta únicamente a los centros de datos. Reservar grandes cantidades de capacidad de conexión puede condicionar la llegada de otras industrias electrointensivas, nuevas fábricas o proyectos empresariales que compitan por los mismos puntos de acceso a la red.

El consumo de agua cambia según la tecnología utilizada

Con el agua sucede algo parecido: hablar de un consumo único para todos los centros de datos resulta engañoso. Depende, sobre todo, del sistema de refrigeración utilizado para mantener fríos los servidores.

Las estimaciones para el conjunto del sector aragonés oscilan entre 4,3 y 14,1 hectómetros cúbicos anuales, dependiendo del tipo de refrigeración y del desarrollo efectivo de los proyectos. La diferencia es enorme. Un sistema evaporativo puede requerir mucha más agua que una instalación basada en refrigeración seca y circuitos cerrados.

La documentación administrativa muestra ese contraste. La expansión de AWS evaluada en uno de sus planes prevé alrededor de 755.700 metros cúbicos anuales mediante refrigeración evaporativa, mientras que el proyecto Rhodes de Calatorao, diseñado con refrigeración seca en circuito cerrado, maneja una previsión de apenas 4.782 metros cúbicos. Meter todos los centros de datos en el mismo saco tampoco ayuda a entender el problema.

Los PIGA aceleran proyectos y abren el conflicto municipal

Una parte importante de estas inversiones se tramita mediante los Planes de Interés General de Aragón (PIGA). La figura permite al Ejecutivo autonómico asumir una posición decisiva en la ordenación territorial de proyectos considerados estratégicos y agilizar procedimientos que normalmente tendrían una mayor intervención municipal.

Ahí aparece uno de los principales focos de fricción. Varios ayuntamientos y colectivos ciudadanos sostienen que unas infraestructuras capaces de transformar cientos de hectáreas de sus términos municipales deberían conceder más margen de decisión a las administraciones locales.

El conflicto también ha llegado a los impuestos. Villanueva de Gállego abrió una batalla judicial relacionada con la expansión de Amazon y con los ingresos municipales vinculados a las obras. En La Puebla de Alfindén se han formulado alegaciones por las consecuencias urbanísticas, económicas y sobre los servicios públicos del proyecto planteado en el municipio.

La discusión de fondo es bastante terrenal para una industria que suele venderse bajo la palabra «nube»: quién paga las infraestructuras, quién recauda los impuestos y quién asume las consecuencias territoriales.

El debate que Aragón ya no puede aplazar

La contestación social ha dejado de ser testimonial. Miles de personas se manifestaron en Zaragoza contra el proyecto de Microsoft junto a Puerto Venecia y diferentes plataformas han presentado centenares de alegaciones. Colectivos de Huesca, Zaragoza, Calatorao, Villamayor de Gállego o La Puebla de Alfindén reclaman más información y una evaluación conjunta del crecimiento del sector.

No todas las objeciones implican un rechazo a la digitalización. Una parte de las protestas se dirige precisamente contra la velocidad y fragmentación administrativa con la que se están acumulando proyectos cuya huella energética, territorial y económica puede ser duradera.

Aragón tiene argumentos sólidos para querer aprovechar esta inversión: energía renovable, suelo disponible, posición geográfica y la posibilidad de atraer actividad tecnológica de gran valor. También tiene razones para medir bien cada paso. Un centro de datos no es simplemente una fábrica moderna y silenciosa. Consume recursos, reserva capacidad eléctrica y modifica el territorio durante décadas.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en llegar a ser uno de los mayores polos digitales de Europa. Consiste en demostrar que esa carrera deja beneficios verificables para Aragón y sus municipios, y que la factura —eléctrica, hídrica, fiscal y territorial— no termina siendo mucho más visible que esa famosa nube que, al final, ocupa bastante suelo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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