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Muere un perro en Gijón al quedar atrapado por la correa del ascensor

Un perro murió en Gijón tras quedar su correa atrapada en la puerta de un ascensor. El accidente expone un riesgo doméstico poco conocido y grave.

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perro al quedar atrapado en un ascensor

Resumen

  • Un perro murió en Gijón tras quedar atrapado por la correa en un ascensor
  • El dueño quedó fuera mientras el animal estaba dentro de la cabina
  • Los bomberos recuperaron el cuerpo y el caso alerta de un riesgo doméstico

Un perro ha muerto en Gijón después de quedar atrapado por la correa en la puerta de un ascensor. El animal entró en la cabina mientras su dueño permanecía fuera y el elevador comenzó a moverse, una combinación de apenas unos segundos que terminó de la peor manera. Los bomberos tuvieron que acceder posteriormente al ascensor para recuperar el cadáver.

El accidente ocurrió en una vivienda de la ciudad y ha vuelto a poner el foco sobre un riesgo doméstico poco visible: las correas de los perros pueden quedar aprisionadas entre las puertas de un ascensor aunque estas parezcan haberse cerrado con normalidad. En este caso, la correa quedó enganchada durante el cierre y el animal fue arrastrado cuando el elevador se puso en marcha.

El perro entró en el ascensor y su dueño quedó fuera

La secuencia fue especialmente rápida. El perro se encontraba en el portal junto a su propietario cuando entró en el ascensor todavía sujeto por la correa. El dueño quedó al otro lado de la puerta y, al cerrarse esta, la correa permaneció atrapada.

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El mecanismo del ascensor continuó entonces su funcionamiento. El elevador comenzó a desplazarse mientras el animal permanecía unido a una correa retenida fuera de la cabina. El resultado fue mortal.

Los Bomberos de Gijón tuvieron que desplazarse hasta el inmueble y acceder al interior del ascensor para recuperar el cuerpo del perro. La intervención ya no pudo ser un rescate con vida: cuando los efectivos llegaron hasta el animal, había fallecido.

No se han divulgado públicamente detalles que permitan atribuir el accidente a una avería concreta del ascensor. Lo que sí consta es el elemento decisivo de la secuencia: la correa quedó atrapada en la puerta mientras perro y propietario estaban separados.

Por qué una correa puede convertirse en una trampa

Un ascensor parece un espacio cotidiano, casi banal. Puerta, botón, unos segundos de espera. Con un perro sujeto por una correa, sin embargo, aparece una circunstancia que cambia por completo la escena: una tira estrecha puede quedar a un lado de la puerta mientras el animal está al otro.

Las puertas automáticas están concebidas para detectar determinados obstáculos y proteger a los pasajeros, pero eso no significa que cualquier elemento fino vaya a impedir necesariamente el movimiento del sistema. Una correa puede pasar inadvertida para determinados dispositivos de detección, especialmente si queda colocada en una zona desfavorable durante el cierre.

Ahí está el peligro. Persona y mascota parecen encontrarse a escasos centímetros, pero cuando el ascensor arranca esos centímetros se convierten de golpe en dos espacios físicamente separados.

La distancia con el perro importa más de lo que parece

En un portal concurrido basta un pequeño tirón, un vecino que entra, una puerta que comienza a cerrarse o un perro que se adelanta. Las correas extensibles añaden otra dificultad: permiten que entre dueño y animal exista una distancia considerable precisamente cuando convendría mantenerlos prácticamente juntos.

La precaución más sencilla es también la menos sofisticada: acortar la correa antes de acercarse al ascensor y procurar que persona y animal crucen la puerta como una sola unidad, sin permitir que uno quede dentro mientras el otro permanece fuera.

En perros pequeños, llevarlos en brazos durante la entrada y la salida puede eliminar buena parte del riesgo. Con animales de mayor tamaño, mantenerlos junto a la persona y alejados de la puerta una vez dentro reduce la posibilidad de que la correa quede entre las hojas o el marco.

Un accidente que ocurre en apenas unos segundos

Lo inquietante de este tipo de episodios es su velocidad. No hace falta una maniobra especialmente extraña. El perro avanza, la persona se retrasa un instante, la puerta se cierra y el ascensor arranca. El margen para reaccionar puede ser mínimo.

Por eso conviene evitar que el animal sea quien marque el ritmo al entrar o salir. Las puertas del ascensor no son una frontera que deba cruzarse con la correa estirada entre ambos lados. El perro debe permanecer controlado, cerca del propietario y, una vez dentro, apartado del acceso.

También resulta prudente extremar la atención con las correas extensibles. Son cómodas en espacios abiertos, pero dentro de portales, garajes o ascensores pueden generar metros de separación que complican una situación cotidiana.

Qué hacer si la puerta atrapa la correa

Si la puerta comienza a cerrarse con el animal y la persona en lados distintos, la prioridad es evitar que la correa siga conectando ambos espacios. Cuando sea posible hacerlo de inmediato y sin ponerse en peligro, liberar el enganche o soltar la correa puede evitar que el desplazamiento del ascensor transmita toda la tensión al collar o al arnés.

No debe intentarse forzar físicamente una puerta ni acceder al hueco del ascensor. Ante una emergencia, el elevador debe detenerse mediante los controles disponibles y corresponde avisar a los servicios de emergencia o al mantenimiento del edificio.

La escena puede parecer exageradamente improbable hasta que ocurre. Y precisamente por eso estos accidentes resultan tan crueles: no nacen de una situación excepcional, sino de un gesto cotidiano que sale mal en segundos.

La tragedia de Gijón deja una advertencia muy concreta

La muerte del perro en Gijón no necesita adornos para resultar estremecedora. Un animal entró en un ascensor, su dueño quedó fuera, la correa quedó enganchada y el elevador se puso en marcha. Después tuvieron que intervenir los bomberos para recuperar el cuerpo. Esa es la secuencia conocida.

Y deja una enseñanza sencilla, de esas que parecen obvias hasta que dejan de serlo: perro, correa y propietario deben permanecer en el mismo lado de la puerta. Pocos segundos separaron en Gijón una rutina doméstica de un accidente fatal.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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