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Tres hermanos abandonados de bebés se reúnen tras 50 años en Irlanda
David McBride, Helen Ward y John Dowling fueron abandonados en Irlanda durante los años 60. El ADN los reunió y buscan a un posible cuarto hermano.
Resumen
- David, Helen y John fueron abandonados de bebés en Irlanda en los años 60
- Las pruebas de ADN confirmaron que los tres son hermanos biológicos
- Buscan a un posible cuarto hermano abandonado en Newry en 1963
David McBride y Helen Ward fueron abandonados cuando eran recién nacidos, en distintos lugares de Irlanda, durante la década de 1960. Crecieron en familias adoptivas, separados por una frontera y sin saber que compartían los mismos padres. Más de 50 años después, unas pruebas de ADN revelaron que eran hermanos biológicos. Lo que ninguno esperaba era descubrir que existía un tercer hermano, también abandonado de bebé.
La investigación familiar permitió localizar a John Dowling, nacido entre ambos y encontrado en circunstancias extraordinariamente parecidas. Los tres habían sido dejados en bolsas, en lugares donde otras personas pudieran encontrarlos. Su parentesco quedó confirmado mediante análisis genéticos, aunque las razones exactas de aquellos abandonos siguen sin conocerse por completo.
La historia comenzó a esclarecerse en 2019, cuando David y Helen descubrieron su relación familiar. Su reencuentro se emitió en 2020 en el programa británico Long Lost Family. Después apareció John. En julio de 2025, un documental de la televisión pública irlandesa, The Phone Box Babies, profundizó en sus orígenes y en la relación que habían mantenido sus padres.
El caso también permite comprender una realidad incómoda de la Irlanda de mediados del siglo XX: la presión sobre las madres solteras, las diferencias religiosas y el peso de unas convenciones sociales que podían convertir un embarazo fuera del matrimonio en un secreto familiar durante décadas.
Tres bebés abandonados en distintos lugares de Irlanda
David McBride nació en 1962 y fue encontrado dentro de una bolsa en el asiento delantero de un coche estacionado en Dunmurry, a las afueras de Belfast, en Irlanda del Norte. Fue adoptado y creció en una familia que, según ha explicado, siempre lo trató con cariño.
Sabía que era adoptado, pero desconocía buena parte de las circunstancias de su nacimiento. A los 15 años, cuando solicitó su certificado de nacimiento para ingresar en el Ejército, descubrió que el documento apenas contenía información. No figuraban los nombres de sus padres biológicos y tampoco estaban claros otros datos fundamentales sobre su origen.
Su padre adoptivo le explicó entonces cómo lo habían encontrado. Ambos comenzaron a consultar periódicos antiguos en una biblioteca para reconstruir lo ocurrido. Las noticias de la época confirmaban que el pequeño había aparecido bien alimentado y cuidado, pero no ofrecían pistas suficientes para identificar a su familia.
Seis años después del abandono de David, en 1968, otro hallazgo llamó la atención en Dundalk, una localidad de la República de Irlanda próxima a la frontera norirlandesa.
Un camionero encontró a una recién nacida dentro de una bolsa de cuadros colocada en una cabina telefónica. Era Helen Ward. Junto a ella había un biberón todavía caliente y ropa de recambio. La niña estaba abrigada y había recibido cuidados antes de ser abandonada.
Helen también fue adoptada. Cuando se convirtió en madre, decidió investigar sus orígenes. Localizó a personas relacionadas con su hallazgo, incluido el hombre que la había encontrado, y recurrió a los medios de comunicación para intentar obtener información.
Lo que todavía ignoraba era que su historia estaba conectada con la de David.
Una prueba de ADN permitió descubrir el parentesco
Durante años, los dos siguieron caminos distintos en busca de sus padres biológicos. Las investigaciones documentales ofrecían pocos resultados: los registros eran incompletos y ninguno disponía de información suficiente para identificar con seguridad a su familia de origen.
La situación cambió con las pruebas de ADN utilizadas para localizar familiares. Helen recibió un kit de análisis genético como regalo y David también decidió someterse a una prueba.
En 2019 supieron que eran hermanos de padre y madre. El descubrimiento resultó especialmente significativo porque ambos habían sido abandonados de bebés y habían crecido sin conocer la existencia del otro.
Su encuentro personal se produjo gracias al programa televisivo Long Lost Family, que emitió su historia en 2020. La coincidencia genética resolvía una de sus grandes incógnitas, pero abría otra: quiénes eran sus padres y por qué habían dejado a dos hijos en circunstancias tan similares.
John Dowling, el tercer hermano que apareció después
La historia familiar dio otro giro cuando Helen recordó una noticia antigua sobre un bebé encontrado en 1965 dentro de una cabina telefónica de Drogheda, también en la República de Irlanda.
El pequeño había aparecido dentro de una bolsa y acompañado de un biberón. Los detalles guardaban una similitud evidente con los abandonos de David y Helen.
Años más tarde, una mujer residente en Australia vio el programa sobre los dos hermanos y encontró un parecido físico entre David y su propio padre, John Dowling. La sospecha impulsó nuevas comprobaciones genéticas.
Las pruebas confirmaron que John era el tercer hermano biológico. Había nacido en 1965, tres años después de David y tres antes que Helen.
Los tres pudieron finalmente reunirse. Lo que inicialmente había comenzado como una búsqueda individual de sus padres terminó convirtiéndose en el descubrimiento de una familia que ninguno sabía que tenía.
Quiénes eran sus padres y qué pudo provocar los abandonos
Las investigaciones posteriores permitieron identificar a sus progenitores: Marcella Somers, una mujer católica originaria del condado de Kerry, y Billy Watson, un protestante que vivía en Dublín.
Ambos habían mantenido una relación sentimental durante más de cuatro décadas. Watson era 17 años mayor que Somers, estaba casado y tenía 14 hijos de su matrimonio.
La relación comenzó en una Irlanda profundamente condicionada por la religión y las normas sociales. Tener hijos fuera del matrimonio suponía un importante estigma, especialmente para las mujeres. La situación podía resultar aún más complicada cuando los padres pertenecían a confesiones religiosas diferentes.
David y Helen consideran que aquellas circunstancias pudieron influir decisivamente en los abandonos. Sin embargo, no existe una explicación plenamente confirmada de las decisiones que tomaron sus padres.
La historia de Marcella y Billy se conoció con más detalle gracias al documental The Phone Box Babies, emitido por RTÉ en julio de 2025. La investigación permitió contactar con otros familiares y reconstruir aspectos de una relación que había permanecido oculta durante buena parte del siglo XX.
Para entonces, los dos progenitores habían fallecido. Marcella murió en 2017, a los 90 años, antes de que sus tres hijos pudieran conocerla.
Los hermanos han evitado juzgarla públicamente. Consideran que las circunstancias de la época pudieron situarla ante decisiones extremadamente difíciles, aunque eso no elimina las consecuencias que el abandono tuvo para ellos.
La posibilidad de un cuarto hermano todavía desconocido
El descubrimiento de John no terminó necesariamente con las investigaciones familiares.
Los tres hermanos creen que podría existir un cuarto hijo de sus mismos padres, aunque esa posibilidad no está demostrada.
La sospecha procede del caso de otro niño abandonado en una cabina telefónica de Newry, en Irlanda del Norte, en mayo de 1963. Las circunstancias recuerdan a las de los tres hermanos conocidos, pero las coincidencias no permiten establecer un parentesco por sí solas.
En 2024, la familia hizo un llamamiento público para intentar localizarlo. La posibilidad volvió a plantearse con la emisión del documental de 2025.
Hasta la información conocida, no se ha confirmado mediante ADN que ese niño forme parte de la misma familia. La diferencia es importante: el parentesco entre David, Helen y John está acreditado; la existencia de un cuarto hermano sigue siendo una hipótesis.
Una familia recuperada después de medio siglo de silencio
Los tres hermanos han conseguido reconstruir una parte de su pasado que parecía imposible de recuperar. Saben quiénes fueron sus padres, han conocido a otros familiares y han podido establecer una relación entre ellos después de pasar más de cinco décadas separados.
También han descubierto que sus abandonos no fueron episodios aislados. Existía una historia familiar común que permaneció desconocida para ellos durante prácticamente toda su vida adulta.
El caso muestra hasta qué punto las pruebas genéticas pueden transformar la búsqueda de personas adoptadas cuyos documentos de nacimiento contienen información incompleta. Pero también pone de manifiesto sus límites: conocer la identidad de los padres no significa comprender todas sus decisiones.
David, Helen y John han recuperado una relación que les fue negada desde sus primeros días de vida. Las circunstancias precisas de aquellos abandonos quizá nunca puedan aclararse del todo. Al menos, han podido comprobar que sus historias siempre habían estado unidas.
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