Economía
España tiene 2,5 millones de trabajadores pobres: la parcialidad pesa
España contabiliza 2,5 millones de trabajadores en situación de pobreza. La parcialidad involuntaria y el coste de la vivienda lastran sus ingresos.
Resumen
- 2,5 millones de personas con empleo viven bajo el umbral de pobreza
- Las jornadas parciales elevan el riesgo de tener ingresos insuficientes
- El coste de la vivienda empuja a otros 770.000 trabajadores a la pobreza
Tener trabajo ya no garantiza escapar de la pobreza en España. Alrededor de 2,5 millones de personas ocupadas viven por debajo del umbral de la pobreza, pese a contar con un empleo. Representan el 11,6 % de los trabajadores, según los datos de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES). La principal explicación apunta a la falta de horas de trabajo remuneradas, especialmente cuando la jornada parcial no es una elección del empleado.
El problema se agrava cuando entra en juego la vivienda. Un estudio de Oxfam Intermón calcula que otras 770.000 personas con empleo caen por debajo del umbral de pobreza después de afrontar sus gastos residenciales. Con esta metodología, que utiliza datos de 2024, la tasa de pobreza laboral alcanza el 15,5 % y afecta a cerca de tres millones de trabajadores. Son estimaciones diferentes, pero describen una misma realidad: cobrar una nómina no siempre permite cubrir las necesidades de un hogar.
La contradicción resulta especialmente significativa en un mercado laboral que sigue creando puestos de trabajo. España alcanzó los 22,85 millones de ocupados en el tercer trimestre de 2026, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Sin embargo, el aumento del empleo no se ha traducido en una reducción equivalente de la pobreza entre quienes trabajan. Hay más personas ocupadas, sí. Pero una parte considerable continúa sin ingresos suficientes para vivir con estabilidad.
La jornada parcial no deseada, uno de los grandes problemas
La insuficiencia de horas trabajadas aparece como uno de los factores principales de la pobreza laboral. En España, aproximadamente tres millones de personas trabajan a tiempo parcial, alrededor del 12,9 % de la población ocupada. Más del 70 % son mujeres, según los cálculos de Comisiones Obreras (CCOO).
No todos esos contratos son involuntarios. Hay trabajadores que eligen una jornada reducida por estudios, responsabilidades familiares u otras circunstancias. El problema surge cuando alguien necesita trabajar más horas para llegar a fin de mes, pero su empresa únicamente le ofrece un contrato parcial.
Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales de Randstad, identifica precisamente la escasez de horas remuneradas a lo largo del año como uno de los principales obstáculos para abandonar la pobreza. No basta con analizar cuánto se paga por hora; también importa cuántas horas se trabajan efectivamente.
Desde CCOO, Cristina Torre, adjunta a la Secretaría de Acción Sindical y Transiciones Estratégicas, señala otro problema: la ausencia de límites generales que impidan a una empresa mantener a la mayor parte de su plantilla con contratos parciales. El sindicato también advierte de situaciones en las que se trabajan más horas de las declaradas, una práctica irregular que reduce la remuneración efectiva y perjudica las cotizaciones.
Los datos reflejan esa desigualdad. Según Oxfam Intermón, el 20,62 % de los trabajadores a tiempo parcial está en situación de pobreza, frente al 10,38 % de quienes tienen una jornada completa.
La diferencia es prácticamente del doble. Y ayuda a explicar por qué disponer de un contrato no siempre significa contar con independencia económica.
Cuánto hay que ganar para no estar bajo el umbral de pobreza
El Instituto Nacional de Estadística (INE) establece el riesgo de pobreza tomando como referencia el 60 % de la mediana de los ingresos disponibles equivalentes de la población.
Con los últimos datos de la Encuesta de Condiciones de Vida, correspondientes a 2025 y basados en ingresos de 2024, el umbral se sitúa en aproximadamente 12.220 euros netos anuales para una persona que vive sola, equivalentes a unos 1.018 euros mensuales. Para un hogar formado por dos adultos y dos menores de 14 años, la referencia asciende a 25.663 euros netos anuales.
Estas cantidades no representan un salario mínimo legal ni un presupuesto que garantice cubrir todos los gastos. Son referencias estadísticas que permiten identificar a las personas cuyos ingresos familiares se sitúan por debajo de un determinado nivel.
La composición del hogar importa. Un sueldo puede resultar suficiente para una persona que vive sola y ser insuficiente para mantener a varios miembros de una familia.
En 2026, el salario mínimo interprofesional (SMI) es de 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas, equivalentes a 17.094 euros brutos anuales para una jornada completa.
Una persona contratada por media jornada y remunerada proporcionalmente con el SMI percibiría unos 8.547 euros brutos anuales. Es una cantidad inferior incluso al umbral individual de pobreza, aunque para determinar la situación real habría que tener en cuenta los ingresos netos del conjunto del hogar.
Conviene distinguir ambas magnitudes: el SMI se expresa en términos brutos, mientras que la medición de la pobreza utiliza ingresos disponibles. Compararlos directamente, sin considerar impuestos, cotizaciones y otros ingresos familiares, puede llevar a conclusiones equivocadas.
El incremento del salario mínimo de los últimos años ha mejorado las remuneraciones más bajas, pero no resuelve por sí solo la insuficiencia de ingresos cuando se trabaja pocas horas o una familia depende de una única nómina.
La vivienda empuja a otros 770.000 trabajadores a la pobreza
El alquiler y los gastos residenciales constituyen otro de los factores que explican por qué trabajar no siempre permite mantener unas condiciones de vida adecuadas. El coste de la vivienda puede absorber una parte considerable de los ingresos familiares, incluso cuando existe una ocupación estable.
Oxfam Intermón calcula que, con datos de 2024, el 11,48 % de las personas ocupadas se encontraba en situación de pobreza laboral antes de pagar la vivienda. Después de descontar esos gastos, el porcentaje aumentaba hasta el 15,49 %.
En cifras absolutas, el estudio identifica aproximadamente 2,2 millones de trabajadores pobres antes de afrontar los costes residenciales y otros 770.000 que pasan a estar por debajo del umbral tras pagarlos. El total se aproxima así a los tres millones.
Esta estimación no debe sumarse a los 2,5 millones contabilizados por EAPN-ES, puesto que los estudios utilizan bases temporales y metodologías diferentes.
El impacto más severo se produce entre quienes viven de alquiler a precio de mercado.
En este colectivo, la pobreza laboral pasa del 19,35 % antes de abonar la vivienda al 34,08 % después de pagarla. Dicho de otra manera, aproximadamente uno de cada tres trabajadores que alquila una vivienda a precio de mercado queda por debajo del umbral tras afrontar ese gasto.
El contraste con los propietarios es notable. La tasa se sitúa en el 10,22 % entre quienes pagan una hipoteca y en el 7,95 % entre quienes tienen su vivienda completamente pagada, una vez considerados los gastos residenciales.
Las diferencias muestran hasta qué punto el acceso a la vivienda condiciona la capacidad económica de las familias, incluso cuando sus miembros tienen empleo.
El problema tampoco se limita a los salarios más bajos. Un trabajador puede superar el umbral estadístico de pobreza y encontrarse, aun así, con dificultades para asumir el alquiler, la alimentación, los suministros o los gastos de sus hijos.
Autónomos, mujeres y sectores esenciales, los más expuestos
La pobreza laboral no afecta por igual a todas las personas ocupadas. El tipo de contrato, la actividad económica, la nacionalidad y las responsabilidades familiares influyen considerablemente en el riesgo.
Oxfam Intermón identifica algunos de los porcentajes más elevados en actividades esenciales para el funcionamiento cotidiano del país.
El empleo doméstico y de cuidados registra una tasa de pobreza laboral del 27,48 %, seguido de la agricultura y la pesca, con un 26,24 %, y la hostelería, con un 21,17 %.
Son sectores donde coinciden con frecuencia salarios bajos, jornadas reducidas o discontinuas y una menor capacidad individual de negociación de las condiciones laborales.
También existe una diferencia importante por nacionalidad. La pobreza laboral alcanza el 31,42 % entre los trabajadores de países ajenos a la Unión Europea, frente al 8,71 % de quienes tienen nacionalidad española.
Esta brecha se relaciona con la distribución desigual del empleo, las condiciones de contratación y las dificultades de acceso a determinados puestos de trabajo.
Las familias con hijos afrontan una vulnerabilidad añadida. Según Oxfam Intermón, la pobreza laboral afecta al 39,5 % de los hogares con dos adultos y tres o más menores, mientras que en los hogares monoparentales ronda el 29 %.
Uno de cada cinco autónomos vive bajo el umbral de pobreza
Tener un negocio propio tampoco garantiza ingresos suficientes. El estudio de Oxfam Intermón sitúa la pobreza laboral entre los autónomos en el 21,69 %, más del doble del 10,26 % registrado entre las personas asalariadas.
El trabajo por cuenta propia presenta circunstancias particulares: ingresos variables, periodos de escasa facturación y gastos necesarios para mantener la actividad, junto con una protección económica diferente a la del empleo asalariado.
No todos los autónomos se encuentran en una situación precaria, naturalmente. Pero las cifras cuestionan la idea de que emprender o trabajar por cuenta propia implique necesariamente una mayor seguridad económica.
Comunidad Valenciana y Andalucía concentran las tasas más altas
Las diferencias territoriales también resultan relevantes. El informe de EAPN-ES sitúa a la Comunidad Valenciana, con un 17,5 %, y Andalucía, con un 17,4 %, entre los territorios con mayor incidencia de la pobreza laboral.
En el extremo contrario aparece Navarra, donde la tasa es del 5,3 %. La distancia entre comunidades es considerable y refleja desigualdades en la estructura productiva, los tipos de empleo y las condiciones económicas de los hogares.
Oxfam Intermón, con su propia metodología, coloca a Andalucía a la cabeza, con un 17,65 %, seguida de la Comunidad Valenciana, con un 16,95 %, y Extremadura, con un 16,54 %.
El mapa cambia cuando se incorpora el coste de la vivienda. Madrid registra uno de los incrementos más pronunciados: su tasa de pobreza laboral pasa del 7,29 % al 12,73 % después de descontar los gastos residenciales.
En Cataluña aumenta del 7,90 % al 12,86 %, mientras que en Murcia pasa del 15,37 % al 20,23 %.
Estas diferencias permiten entender por qué dos personas con ingresos similares pueden tener capacidades económicas muy distintas dependiendo del lugar donde residan y del coste de mantener su vivienda.
España crea empleo, pero la pobreza laboral apenas retrocede
El problema tiene un componente estructural que no desaparece automáticamente cuando mejora la economía.
Según EAPN-ES, la pobreza entre quienes trabajan se mantiene en niveles elevados pese a la recuperación posterior a la crisis financiera y a la pandemia. Las mejoras del mercado laboral han permitido reducir algunos indicadores de precariedad, pero no han conseguido eliminar la insuficiencia de ingresos de millones de personas ocupadas.
Oxfam Intermón ofrece un dato especialmente revelador: entre 2022 y 2024, la tasa de pobreza laboral descendió del 11,64 % al 11,48 %, apenas 0,16 puntos porcentuales, mientras el producto interior bruto español creció más de un 6 % durante ese periodo.
La creación de puestos de trabajo es una buena noticia económica, pero no describe por sí sola las condiciones de vida de quienes los desempeñan.
La reducción de la temporalidad y las sucesivas subidas del salario mínimo han contribuido a mejorar determinados aspectos del empleo. EAPN-ES destaca que la pobreza severa entre la población ocupada ha descendido hasta el 4 %, su nivel más bajo en la serie que analiza.
Aun así, la organización considera necesario avanzar en empleos estables, jornadas suficientes y salarios adecuados, acompañados de políticas de protección social adaptadas a las necesidades de los hogares.
La vivienda también exige una respuesta propia. De poco sirve mejorar los ingresos laborales si una parte creciente de esas mejoras termina absorbida por el alquiler.
España tiene más trabajadores que nunca, pero todavía cuenta con millones de personas que no consiguen superar el umbral de pobreza pese a trabajar. La diferencia entre crear empleo y crear bienestar sigue siendo demasiado grande.
Porque el verdadero indicador de éxito del mercado laboral no debería limitarse a cuántas personas tienen trabajo. También importa, y mucho, cuántas pueden vivir dignamente de él.
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