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Owono cierra Instagram tras amenazas por la muerte de Jesús de Miguel
El guardameta del Andorra cierra Instagram por la avalancha de insultos tras el fallecimiento de Jesús de Miguel. Su club niega intencionalidad.
Resumen
- Owono cierra Instagram tras los insultos y amenazas por Jesús de Miguel
- El acoso comenzó antes de que se confirmara la muerte del delantero
- El Andorra niega que el guardameta tuviera intención de hacer daño
Jesús Owono, portero del FC Andorra, ha cerrado su cuenta de Instagram tras recibir una oleada de insultos y mensajes amenazantes por su participación en el choque que acabó con la vida de Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife. El guardameta ecuatoguineano, de 25 años, se ha convertido en blanco de un linchamiento digital que comenzó cuando el futbolista todavía permanecía hospitalizado.
La muerte de De Miguel, confirmada este martes 3 de noviembre de 2026, ha conmocionado al fútbol español. Pero, junto al dolor por una pérdida irreparable, ha surgido una reacción inquietante: la transformación de un accidente deportivo en una condena pública contra Owono, al que algunos aficionados han llegado a llamar «asesino». Una acusación gravísima que no está respaldada por ninguna prueba de intencionalidad.
La tragedia tiene una víctima mortal, una familia destrozada y un club de luto. Eso no admite discusión. Lo que tampoco debería admitirse es que el sufrimiento sirva para justificar amenazas contra otro futbolista, que tendrá que convivir con las consecuencias de una acción cuyo desenlace nadie podía imaginar.
Y hay algo especialmente duro en todo esto: mientras miles de personas juzgan desde la comodidad de una pantalla, Owono también debe afrontar lo ocurrido sobre el terreno de juego. Sin que nadie pueda saber todavía cómo le afectará personalmente una experiencia de semejante gravedad.
Los insultos comenzaron cuando Jesús de Miguel seguía hospitalizado
El episodio se produjo el lunes 2 de noviembre durante el tiempo añadido del encuentro entre el Tenerife y el Andorra, disputado en el estadio Heliodoro Rodríguez López.
Owono abandonó su portería para disputar un balón dividido e impactó violentamente contra Jesús de Miguel. El delantero sufrió una parada cardiorrespiratoria y necesitó asistencia médica urgente sobre el césped. El árbitro expulsó al guardameta con tarjeta roja directa y el encuentro acabó suspendido.
Mientras los servicios sanitarios atendían al futbolista, desde una parte de la grada comenzaron a escucharse gritos de «asesino» dirigidos al portero.
La indignación por la gravedad de la jugada resultaba comprensible. La acusación, no.
Aquellos insultos se trasladaron posteriormente a internet. Las redes sociales de Owono empezaron a recibir mensajes ofensivos y, según las informaciones conocidas este martes, también comentarios amenazantes.
La hostilidad había comenzado antes de que se confirmara el fallecimiento del delantero. La noticia de su muerte agravó una situación que ya resultaba especialmente delicada para el guardameta.
Owono cierra Instagram mientras crece el acoso
Ante la avalancha de mensajes, Jesús Owono decidió cerrar su cuenta de Instagram, la plataforma en la que mantenía presencia pública.
Conviene precisar un detalle: aunque algunas informaciones hablan del cierre de todas sus redes sociales, su cuenta de X llevaba aproximadamente dos años inactiva. La decisión reciente y confirmada afecta a Instagram.
No se han difundido detalles suficientes para determinar el alcance individual de las amenazas ni consta públicamente una denuncia formal por estos hechos.
En cualquier caso, los insultos recibidos, los gritos desde la grada y la retirada de su perfil muestran hasta qué punto la reacción contra el futbolista ha sobrepasado la crítica deportiva.
Cerrar una cuenta puede impedir que continúen llegando mensajes directamente a su propietario. No significa que desaparezcan las acusaciones y publicaciones que circulan sobre él.
Un portero entre lágrimas que quería hablar con la familia
Las informaciones procedentes del entorno del FC Andorra describen a Jesús Owono como una persona profundamente afectada desde los primeros momentos posteriores al choque.
En el vestuario, tras su expulsión, fue visto llorando y rezando. Durante el regreso del equipo permaneció pendiente de la evolución médica de Jesús de Miguel a través de los responsables del club que mantenían contacto con el Tenerife.
El portero tenía intención de ponerse en contacto personalmente con el delantero y su familia. Quería disculparse, transmitirles su preocupación y ofrecer su ayuda antes de realizar cualquier manifestación pública.
Aquella intención se conoció cuando De Miguel todavía permanecía ingresado. El fallecimiento del jugador, anunciado a primera hora del martes, cambió por completo las circunstancias.
Hasta el momento, no se ha confirmado públicamente que ese contacto privado haya llegado a producirse.
El Andorra ha insistido en que no existió voluntad de hacer daño. El club reconoce que la salida del guardameta fue a destiempo y que la acción tuvo consecuencias terribles, pero rechaza que actuara con intención de lesionar a su compañero de profesión.
Tras conocerse la muerte de De Miguel, la entidad trasladó sus condolencias a la familia, a sus compañeros y al CD Tenerife. Gerard Piqué, máximo accionista del club, también expresó públicamente su pesar.
Una tarjeta roja no convierte a un futbolista en asesino
Aquí conviene separar cuestiones que están mezclándose con demasiada facilidad. La entrada de Owono fue violenta, tuvo consecuencias devastadoras y recibió una sanción arbitral inmediata. Puede analizarse desde el reglamento, cuestionarse su imprudencia y debatirse si merece consecuencias disciplinarias adicionales.
Todo eso forma parte de una discusión legítima.
Lo que no puede hacerse es utilizar el resultado fatal para afirmar automáticamente que existió intención de matar. Una acción imprudente, una conducta violenta y una agresión deliberada no son conceptos equivalentes.
El resultado de una jugada no demuestra, por sí solo, la intención de quien intervino en ella.
En el caso de Owono, no hay información acreditada que permita atribuirle voluntad de causar la muerte de Jesús de Miguel. El propio Andorra sostiene precisamente lo contrario.
La tarjeta roja sanciona una infracción del reglamento futbolístico. No constituye una sentencia penal ni acredita una intención homicida.
Sin embargo, en las redes sociales esa distinción parece haber desaparecido para algunos usuarios. El razonamiento es tan sencillo como peligroso: ha muerto un futbolista, alguien intervino en el choque y, por tanto, ese alguien debe ser señalado como culpable de todo.
Una especie de justicia instantánea en la que la indignación sustituye a las pruebas y las acusaciones circulan mucho más deprisa que cualquier explicación.
Se puede condenar una entrada peligrosa sin amenazar a quien la protagonizó. Debería ser bastante evidente.
El peso psicológico de una tragedia imposible de olvidar
Hay una dimensión humana que merece atención, aunque resulta imposible conocer desde fuera todo lo que está viviendo Jesús Owono.
Un portero sale de su área para disputar un balón. Segundos después, un compañero de profesión necesita ser reanimado sobre el césped. Horas más tarde, recibe la noticia de que ha fallecido. Una secuencia de acontecimientos terrible para cualquiera de las personas implicadas.
No es difícil comprender la magnitud de semejante experiencia. Tampoco hace falta inventar pensamientos o atribuirle un estado psicológico concreto para reconocer que enfrentarse a una muerte vinculada a una acción propia puede resultar profundamente traumático.
Los sentimientos de culpa, los recuerdos persistentes de lo sucedido o el temor a enfrentarse nuevamente a determinadas situaciones son reacciones posibles después de acontecimientos graves. No significa que Owono esté experimentándolos ni permite establecer ningún diagnóstico psicológico.
Lo que sí se conoce es que estaba muy afectado, que lloró después del partido y que buscaba una forma de acercarse a la familia del delantero.
A esa situación se suma ahora la presión pública.
Recibir insultos de desconocidos ya puede ser difícil de gestionar en circunstancias normales. Recibirlos cuando se acaba de participar involuntariamente, según sostiene su club, en una tragedia de estas dimensiones añade una carga emocional que nadie debería minimizar.
La responsabilidad deportiva y el sufrimiento personal pueden coexistir. Reconocer que una acción fue desafortunada o peligrosa no obliga a negar la humanidad de quien la protagonizó.
Owono tiene 25 años. Su carrera continúa, al menos sobre el papel, pero tendrá que afrontar las consecuencias personales y profesionales de una noche que ha marcado al fútbol español.
Necesitará tiempo y, posiblemente, apoyo de su entorno. Si requiere atención psicológica, será una cuestión que deberán valorar el propio futbolista y los profesionales correspondientes. Su situación emocional no puede convertirse en otro espectáculo público.
El dolor por Jesús de Miguel no justifica otro linchamiento
La prioridad de esta tragedia sigue siendo la familia de Jesús de Miguel, sus seres queridos, sus compañeros y todas las personas que lamentan su muerte.
El delantero del Tenerife tenía 30 años. Su fallecimiento ha provocado una enorme conmoción y numerosas muestras de solidaridad en el fútbol español.
Respetar ese duelo es indispensable. También lo es comprender que defender a Owono frente a las amenazas no supone restar importancia a la muerte de De Miguel.
Son dos cuestiones perfectamente compatibles.
Se puede acompañar a una familia que acaba de perder a uno de los suyos, exigir una revisión rigurosa de lo sucedido y, al mismo tiempo, rechazar que otro deportista sea sometido a un juicio colectivo en internet.
Las redes sociales tienen una extraordinaria capacidad para expresar solidaridad. También para convertir una reacción emocional en una campaña de hostigamiento en cuestión de minutos.
En estos casos, la frontera entre criticar una conducta y perseguir a una persona se cruza cuando aparecen los insultos sistemáticos, las amenazas y las acusaciones que no se sostienen en hechos comprobados.
No corresponde a miles de usuarios anónimos determinar responsabilidades penales, mucho menos dictar condenas personales a golpe de comentario.
La muerte de Jesús de Miguel no necesita que se fabrique un enemigo público. Merece respeto, memoria y todas las explicaciones que puedan establecerse sobre lo sucedido.
Jesús Owono deberá responder por su actuación deportiva ante los órganos competentes, si corresponde. Pero no tiene por qué soportar amenazas ni ser tratado como un criminal sin pruebas.
El dolor no concede derecho a perseguir a nadie. Ni siquiera cuando ese dolor es inmenso.
Y en una tragedia que ya se ha cobrado una vida, lo último que debería buscarse es destruir también la de otro futbolista.
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