Cultura
Los K-dramas, en riesgo de colapso: cae la producción en Corea del Sur
Doce asociaciones alertan del riesgo de colapso de los K-dramas, pese a su éxito global, y piden inversión pública tras la caída de producción.
Resumen
- Los K-dramas pierden casi un 30 % de producción pese a su éxito mundial
- Doce asociaciones alertan del riesgo de colapso de la industria
- El sector reclama un fondo de un billón de wones y más inversión pública
La industria de los K-dramas atraviesa una grave crisis que amenaza el futuro de uno de los productos culturales más exitosos de Corea del Sur. Pese a su extraordinaria popularidad internacional, la producción de series surcoreanas ha caído cerca de un 30 % en apenas dos años, mientras los costes de rodaje siguen aumentando y las cadenas de televisión reducen sus inversiones.
Este miércoles, 4 de noviembre de 2026, doce asociaciones que representan a productoras, guionistas, actores, directores, cadenas y profesionales técnicos han advertido del riesgo de colapso de la industria audiovisual surcoreana. Las organizaciones reclaman al Gobierno un plan extraordinario de financiación para evitar que el descenso de producciones termine debilitando una industria que ha conseguido conquistar a millones de espectadores en todo el mundo.
La advertencia llega en un momento especialmente paradójico. Las series coreanas continúan ocupando un lugar destacado en las plataformas de streaming y han convertido a Corea del Sur en una potencia cultural internacional. Sin embargo, detrás de ese éxito, las empresas que producen los contenidos encuentran cada vez más dificultades para financiar nuevos proyectos, mantener sus plantillas y conservar los beneficios de sus propias creaciones.
El problema no es que el público haya dejado de interesarse por las historias surcoreanas. La dificultad está en producirlas y hacer que resulten rentables, especialmente para las compañías que no cuentan con el respaldo económico de las grandes plataformas internacionales.
La producción de K-dramas cae un 30 % en apenas dos años
Las cifras muestran hasta qué punto se ha deteriorado la situación. Según los datos recopilados por la Asociación Surcoreana de Productoras de Dramas, Corea del Sur produjo 141 series en 2022, una cifra que se redujo aproximadamente un 30 % en 2024.
El descenso resulta todavía más pronunciado cuando se examina la evolución de las cadenas tradicionales. KBS, MBC y SBS, las tres grandes televisiones surcoreanas en abierto, pasaron de emitir 91 producciones dramáticas en 2012 a solamente 32 en 2023.
Algunas cadenas incluso han eliminado determinadas franjas de ficción de lunes a viernes, una decisión que refleja las dificultades para sostener los modelos tradicionales de producción televisiva.
La reducción no afecta únicamente a la cantidad de series disponibles. Cada proyecto cancelado o que nunca llega a ponerse en marcha supone menos oportunidades laborales para actores, guionistas, realizadores, técnicos de iluminación y otros profesionales.
Las asociaciones advierten de que esta pérdida de actividad puede provocar un deterioro progresivo del sector: cuando los profesionales abandonan la industria por falta de trabajo, recuperar posteriormente su experiencia resulta mucho más complicado. El riesgo es que la capacidad de producción siga debilitándose incluso cuando las condiciones económicas mejoren.
Por qué los K-dramas son cada vez más caros de producir
Uno de los principales problemas identificados por las asociaciones es el encarecimiento de los costes de producción.
La expansión de plataformas internacionales como Netflix ha contribuido a elevar los estándares técnicos y las inversiones destinadas a determinadas series. También ha intensificado la competencia por contratar a actores reconocidos, directores y otros profesionales especialmente demandados.
El resultado es un mercado en el que algunas producciones disponen de presupuestos elevados, mientras numerosas empresas encuentran dificultades para financiar proyectos de tamaño medio.
La presión económica coincide con otro cambio importante: las televisiones tradicionales han perdido capacidad para sostener su programación mediante los ingresos publicitarios.
Con menos ingresos por publicidad y presupuestos cada vez mayores, producir ficción se ha convertido en una actividad especialmente arriesgada para las cadenas. Reducir el número de proyectos es una respuesta empresarial comprensible, pero también alimenta el deterioro de la industria.
Los indicadores económicos reflejan esa presión. La Agencia Surcoreana de Contenidos Creativos (KOCCA) estimó que la facturación audiovisual descendió un 1,3 % en 2025, hasta los 24,66 billones de wones. También documentó una caída del 4,4 % en los ingresos de las productoras independientes durante 2024.
El problema de los derechos y los beneficios de las plataformas
La industria también señala las dificultades para conservar la propiedad intelectual de las series.
En determinadas fórmulas de financiación, las plataformas que aportan el capital obtienen derechos de explotación que limitan la participación posterior de las productoras en los ingresos derivados de sus obras.
Esto significa que una ficción puede convertirse en un éxito internacional sin que la empresa que participó en su creación disfrute necesariamente de todos los beneficios que cabría esperar de semejante popularidad.
El problema no consiste exclusivamente en cuánto dinero entra en la industria, sino en cómo se distribuyen los ingresos y qué capacidad conservan las productoras nacionales para financiar sus siguientes proyectos.
Las asociaciones reclaman un modelo más equilibrado, capaz de sostener tanto las grandes superproducciones como las series de presupuesto intermedio. La posibilidad de mantener los derechos de explotación y recibir ingresos posteriores resulta especialmente importante para las empresas independientes.
Corea del Sur recibe una petición de inversión de 744 millones de dólares
Ante esta situación, las doce organizaciones han solicitado al Gobierno surcoreano que estudie la creación de un mecanismo de financiación a medio y largo plazo valorado en un billón de wones, equivalente aproximadamente a 744 millones de dólares.
El objetivo es recuperar la capacidad de producción mediante la colaboración entre las instituciones públicas, las cadenas de televisión y las plataformas digitales.
Las asociaciones consideran necesario establecer un sistema que permita mantener una producción estable de ficción surcoreana, sin depender exclusivamente de las grandes inversiones destinadas a los proyectos de mayor presupuesto.
La propuesta contempla impulsar las producciones de presupuesto medio y reducido, apoyar a los profesionales emergentes y facilitar que las empresas puedan reinvertir los ingresos obtenidos de sus obras.
La petición llega, además, en un momento de desacuerdo con las prioridades presupuestarias del Ejecutivo surcoreano.
Las asociaciones han criticado que el proyecto de presupuestos para 2027 contemple una reducción de 4.500 millones de wones en las partidas audiovisuales del Ministerio de Cultura. También denuncian otro recorte previsto de 4.400 millones de wones en los fondos destinados a fomentar los contenidos televisivos a través del organismo regulador.
Estas reducciones, consideran las organizaciones, resultan difíciles de justificar cuando la industria reclama precisamente ampliar las herramientas de financiación.
Las entidades también piden que la recuperación de la producción anual de dramas se convierta en un objetivo de la política cultural nacional, con medidas coordinadas entre el Gobierno y la Asamblea Nacional.
Los guionistas, actores y técnicos también sufren la crisis
Las dificultades económicas ya están teniendo consecuencias sobre quienes trabajan en las producciones. Las asociaciones alertan de que la reducción de los rodajes está recortando las oportunidades profesionales y puede empujar a trabajadores especializados a abandonar el sector.
La situación afecta especialmente a quienes todavía intentan consolidar su carrera. Una industria que produce menos series necesita menos intérpretes secundarios, ofrece menos oportunidades a nuevos directores y reduce las posibilidades de que los guionistas debutantes desarrollen sus proyectos.
También sufren los equipos técnicos. Cada producción moviliza a numerosos profesionales de fotografía, sonido, iluminación, vestuario, maquillaje, montaje y otras especialidades, cuyo empleo depende de la continuidad de los proyectos.
La reducción de los rodajes amenaza, por tanto, a una red de empleo especializado que no siempre resulta visible para los espectadores.
Las asociaciones temen que el deterioro termine debilitando uno de los principales activos del audiovisual surcoreano: su capacidad para desarrollar talento y mantener una producción continuada.
La pérdida de oportunidades para los profesionales más jóvenes resulta especialmente preocupante. Cuando disminuye el número de series, también se reducen las posibilidades de que un actor secundario consiga su primer papel protagonista, de que un guionista pueda desarrollar una segunda obra o de que un técnico ascienda a puestos de mayor responsabilidad.
La consecuencia podría ser una industria más concentrada en grandes nombres y producciones costosas, pero con menos espacio para renovar sus profesionales y experimentar con nuevas historias.
El éxito de Netflix y las series coreanas no garantiza su futuro
La crisis contrasta con la extraordinaria expansión internacional de los K-dramas durante los últimos años.
Producciones como La reina de las lágrimas (2024) y Aterrizaje de emergencia en tu corazón (2019) han contribuido a consolidar el interés mundial por la ficción surcoreana.
Estas series forman parte de la denominada ola coreana o Hallyu, un fenómeno cultural que también comprende la música, el cine, la gastronomía y otros sectores creativos.
Su popularidad ha permitido que historias concebidas inicialmente para el mercado surcoreano encuentren audiencias en numerosos países, incluida España.
Pero el reconocimiento internacional no implica necesariamente que todas las empresas nacionales compartan los beneficios de esa expansión.
Las grandes plataformas pueden financiar producciones muy ambiciosas y distribuirlas mundialmente, mientras las cadenas tradicionales y las productoras independientes afrontan dificultades para mantener un volumen estable de proyectos.
Esta diferencia explica buena parte de la aparente contradicción: los K-dramas pueden triunfar entre el público internacional mientras su tejido productivo nacional se debilita.
Conviene distinguir, por tanto, entre la popularidad de las series coreanas y la situación económica de las empresas que las producen. La advertencia de las doce asociaciones se refiere principalmente a la sostenibilidad de esa estructura industrial, no a una desaparición inmediata de las producciones surcoreanas.
El éxito de una serie concreta tampoco permite medir por sí solo la salud de toda una industria. Un mercado puede seguir generando grandes producciones internacionales mientras pierde capacidad para ofrecer trabajo regular, financiar proyectos independientes y desarrollar nuevas generaciones de creadores.
El futuro de los K-dramas depende de recuperar su capacidad de producción
El desafío al que se enfrenta Corea del Sur va más allá de conservar la popularidad internacional de sus grandes éxitos televisivos.
Las asociaciones consideran necesario recuperar un volumen suficiente de producciones para garantizar el empleo, favorecer la aparición de nuevos talentos y permitir que las empresas nacionales mantengan una posición relevante dentro del mercado audiovisual.
Su propuesta combina inversión pública, financiación privada y una distribución más equilibrada de los derechos de explotación. También plantea mejorar las condiciones de producción y construir un sistema que permita reinvertir los beneficios en nuevos proyectos.
El Gobierno deberá decidir hasta qué punto incorpora estas reclamaciones a sus políticas culturales y presupuestarias. De momento, la petición de las asociaciones no equivale a un compromiso de financiación aprobado.
La industria surcoreana conserva una ventaja considerable: sus historias han demostrado que pueden superar las fronteras lingüísticas y competir en el mercado internacional.
Sin embargo, la popularidad por sí sola no garantiza que ese modelo resulte sostenible. La advertencia lanzada el 4 de noviembre plantea una cuestión económica de fondo: Corea del Sur necesita que el éxito mundial de sus series también permita mantener vivas a las empresas y a los profesionales que las hacen posibles.
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