Naturaleza
Un terremoto de 3,6 sacude Pamplona y se siente en toda la comarca
Pamplona y su comarca han sentido un terremoto de magnitud 3,6, superficial y sin daños, precedido pocos minutos antes por otro seísmo menor.
Un terremoto de 3,6 sacude Pamplona y se siente en toda la comarca
Resumen
- Un terremoto de magnitud 3,6 se ha sentido en Pamplona y su comarca
- El seísmo fue superficial y se localizó al noreste de Aranguren
- No constan daños y siete minutos antes hubo otro temblor de 2,7
Un terremoto de magnitud 3,6 ha sacudido este viernes 9 de octubre la Cuenca de Pamplona y se ha sentido con claridad en la capital navarra y varias localidades de su entorno. El Instituto Geográfico Nacional sitúa el movimiento principal a las 10:49:54 horas, con una profundidad de apenas tres kilómetros y su localización al noreste de Aranguren. No constan daños personales ni materiales.
La sacudida no llegó sola. Apenas siete minutos antes, a las 10:42, se había producido otro movimiento de magnitud 2,7 en el entorno del Valle de Egüés. La cercanía temporal de ambos terremotos explica parte del sobresalto vivido en una comarca donde el segundo seísmo se percibió como un golpe seco, acompañado en algunos puntos por un ruido que varios vecinos compararon con una explosión.
El terremoto se sintió con claridad en Pamplona y Sarriguren
La información actualizada del IGN atribuye al seísmo principal una intensidad máxima II-III en la escala macrosísmica europea en Pamplona y Sarriguren, mientras que en Olaiz, en el valle de Olaibar, alcanzó intensidad II. Dicho de una manera menos geológica: suficiente para que muchas personas notasen una vibración, un pequeño balanceo o ese extraño instante en el que parece que un mueble se ha movido sin permiso, pero lejos de los niveles asociados habitualmente a daños importantes.
También llegaron testimonios desde otros municipios de la Cuenca. La sacudida fue advertida en lugares como Burlada, Huarte, Villava, Barañáin, Berriozar, Ansoáin, Mutilva, Noáin y Orkoien, además de distintos barrios de Pamplona. Fue breve, pero lo bastante nítida para convertir una mañana corriente en tema de conversación casi instantáneo.
El carácter superficial del terremoto ayuda a entenderlo. Con el foco localizado a unos tres kilómetros de profundidad según la revisión disponible del IGN, la energía tenía relativamente poca roca que atravesar antes de alcanzar la superficie. Un terremoto moderado y poco profundo puede, por eso, resultar bastante más perceptible de lo que su cifra de magnitud parece sugerir.
El epicentro que primero apareció en Burlada
Las primeras informaciones publicadas situaron el epicentro en Burlada y mencionaron una profundidad de diez kilómetros. La información revisada del Instituto Geográfico Nacional localiza, sin embargo, el evento de magnitud 3,6 al noreste de Aranguren, con una profundidad de tres kilómetros.
No es extraño que ocurra algo así durante los primeros minutos posteriores a un terremoto. Los parámetros iniciales proceden del procesamiento automático de las estaciones sísmicas y pueden afinarse cuando los técnicos incorporan más señales y revisan el cálculo. El mapa se mueve un poco sobre el papel aunque, bajo los pies de los vecinos, el temblor haya sido exactamente el mismo.
Hubo otro terremoto apenas siete minutos antes
El dato más llamativo de la mañana está en la secuencia. A las 10:42:18 horas se registró un terremoto de magnitud 2,7 en el entorno del Valle de Egüés. Exactamente siete minutos y 36 segundos después llegó el movimiento de magnitud 3,6 que terminó sintiéndose de forma mucho más amplia.
Que dos movimientos aparezcan tan próximos en el tiempo no permite por sí solo extraer grandes conclusiones sobre lo que ocurrirá después. Los terremotos se producen cuando la tensión acumulada en las rocas acaba liberándose a lo largo de fracturas de la corteza, y las secuencias sísmicas pueden adoptar formas muy distintas. Un movimiento menor puede preceder a otro mayor, sucederlo o quedar simplemente como un episodio aislado dentro de la actividad normal de una región.
En este caso, el dato verdaderamente firme es el registro instrumental: dos seísmos en pocos minutos, el segundo más intenso y claramente percibido por la población.
Por qué un terremoto de 3,6 puede sentirse tanto
La magnitud mide la energía liberada en el foco del terremoto; la intensidad, en cambio, describe cómo se siente y qué efectos produce en cada lugar. Son conceptos distintos y conviene no mezclarlos.
Un 3,6 es un terremoto de magnitud moderada-baja desde el punto de vista energético y, por regla general, no se asocia a daños relevantes en edificios en condiciones normales. Pero si ocurre cerca de núcleos urbanos y a poca profundidad, puede sentirse perfectamente. Una puerta vibra, las ventanas tintinean, una silla parece desplazarse apenas unos milímetros. Suficiente para levantar cabezas de golpe.
El IGN expresa en este caso la magnitud como mbLg, una escala utilizada en la red sísmica española para determinados terremotos regionales. La popular expresión «grados en la escala de Richter» continúa apareciendo con frecuencia, aunque técnicamente no es la forma más precisa de describir todos los registros sísmicos actuales.
Sin daños personales ni materiales
Hasta la información disponible tras el seísmo, no se han comunicado daños personales ni materiales. Esa es, bastante por encima de cualquier cifra geológica, la noticia importante de la mañana.
El estruendo que algunos ciudadanos dijeron escuchar tampoco implica necesariamente una explosión independiente. Los terremotos muy superficiales pueden generar vibraciones de frecuencia alta capaces de producir sonidos audibles o transmitirlos a través de edificios, ventanas y otros elementos rígidos. Primero llega el ruido, casi pegado al movimiento; durante unos segundos cuesta saber qué ha pasado.
El IGN recoge cómo se ha sentido el seísmo
Después del terremoto, el Instituto Geográfico Nacional ha activado su sistema para recoger las experiencias de quienes lo han percibido. Estos testimonios permiten elaborar los llamados mapas macrosísmicos, que complementan los registros instrumentales y ayudan a determinar cómo varió la intensidad de la sacudida entre unas localidades y otras.
No se trata únicamente de saber quién notó moverse una lámpara. La información sobre el comportamiento de los edificios, objetos, puertas o ventanas permite reconstruir la distribución real del movimiento sobre el territorio y enriquecer el conocimiento sísmico de la zona.
Navarra conoce estos pequeños recordatorios de que la Península Ibérica no es un bloque geológico completamente inmóvil. La actividad suele ser discreta, muchas veces imperceptible, hasta que uno de esos movimientos atraviesa el umbral de nuestra vida cotidiana y hace que un café tiemble sobre la mesa.
Una sacudida breve que recorrió la Cuenca de Pamplona
El episodio de este viernes deja por ahora una fotografía bastante definida: un primer terremoto de 2,7, otro de 3,6 siete minutos después, el segundo localizado por el IGN al noreste de Aranguren y a unos tres kilómetros de profundidad, y una sacudida perceptible en Pamplona y buena parte de su comarca.
No hubo consecuencias graves. Sí sobresalto, mensajes entre vecinos y esa reacción casi universal cuando el suelo —la única cosa que damos por inmóvil sin pensarlo demasiado— decide durante unos segundos recordar que tampoco lo es.
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