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Economía

ACS, Ferrovial e Indra: los accidentes amenazan contratos exteriores

La seguridad del AVE español está bajo examen tras Adamuz y Urda, mientras ACS, Ferrovial e Indra afrontan riesgos para sus contratos internacionales.

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contratos de ACS, Ferrovial e Indra

Resumen

  • Adamuz y Urda ponen bajo presión el prestigio del ferrocarril español
  • ACS, Ferrovial e Indra afrontan riesgos en futuras licitaciones
  • No hay contratos internacionales cancelados por estos accidentes

Los accidentes ferroviarios de Adamuz (Córdoba) y Urda (Toledo) han abierto un frente económico que trasciende las fronteras españolas. La sucesión de dos tragedias en la alta velocidad durante 2026 amenaza con deteriorar la reputación internacional del sector ferroviario español y complicar la competencia por contratos multimillonarios en el extranjero. Empresas como ACS, Ferrovial e Indra, con importantes negocios internacionales vinculados a las infraestructuras y la tecnología ferroviaria, se encuentran entre las compañías expuestas a ese riesgo.

La preocupación no responde, por el momento, a cancelaciones confirmadas de contratos, sino a algo menos inmediato y potencialmente más duradero: la pérdida de confianza en la seguridad y fiabilidad del modelo ferroviario español. Las adjudicaciones internacionales dependen de criterios técnicos, experiencia acreditada, solvencia y capacidad para gestionar riesgos. Los accidentes pueden influir en esa evaluación, aunque su impacto dependerá de las causas que finalmente determinen las investigaciones.

El problema ha adquirido una nueva dimensión tras el accidente de Urda, ocurrido el 28 de octubre de 2026, que dejó 69 fallecidos y más de 200 heridos de diversa consideración. Apenas nueve meses antes, el 18 de enero, el siniestro de Adamuz había causado otras 46 muertes. Dos tragedias de semejante magnitud en un mismo corredor ferroviario han golpeado uno de los principales argumentos comerciales de España en el exterior: su experiencia en la construcción, explotación y modernización de líneas de alta velocidad.

La Comisión Europea también ha expresado su inquietud. Este miércoles, 4 de noviembre, el comisario europeo de Transporte y Turismo, Apostolos Tzitzikostas, ha calificado de muy preocupante la sucesión de accidentes y ha reclamado acelerar el despliegue del sistema europeo de gestión del tráfico ferroviario, ERTMS. Bruselas pide esperar a las investigaciones para establecer las causas, pero su reacción evidencia que la situación ha dejado de ser exclusivamente una cuestión nacional.

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La reputación internacional del AVE español queda bajo presión

Durante más de tres décadas, España ha convertido su red de alta velocidad en una referencia para la exportación de ingeniería, construcción, señalización y servicios ferroviarios. La experiencia acumulada desde la inauguración del AVE Madrid-Sevilla en 1992 permitió que empresas españolas participaran en proyectos de gran complejidad dentro y fuera de Europa.

Uno de los ejemplos más representativos es el AVE entre La Meca y Medina, en Arabia Saudí, un corredor de aproximadamente 450 kilómetros desarrollado con una destacada participación empresarial española. Su construcción y explotación en condiciones climáticas exigentes se convirtió en una demostración internacional de capacidad técnica.

Ese prestigio constituye un activo comercial. En las grandes licitaciones públicas, los promotores no se limitan a comparar presupuestos: estudian el historial de ejecución, las certificaciones, los procedimientos de seguridad y la experiencia operativa de los participantes.

Los accidentes de Adamuz y Urda pueden introducir nuevas exigencias en esos procesos. Un competidor podría cuestionar la capacidad de un consorcio español para garantizar determinados estándares, especialmente cuando concurran empresas que hayan participado en infraestructuras o sistemas sometidos a investigación.

No significa que todos los proyectos españoles estén comprometidos. La responsabilidad de un accidente no puede extenderse automáticamente a todo un sector, y mucho menos a empresas sin relación acreditada con sus causas. Sin embargo, la reputación compartida de la alta velocidad española sí puede verse afectada.

Existe un precedente relevante. Tras el accidente ferroviario de Angrois, ocurrido en Santiago de Compostela en 2013, las autoridades españolas insistieron en diferenciar el tramo siniestrado de la red de alta velocidad. La distinción tenía importancia para determinadas licitaciones internacionales, como el proyecto brasileño de tren de alta velocidad, que contemplaba exigencias relacionadas con los antecedentes de seguridad.

Aquel proyecto terminó sin ejecutarse por un conjunto de circunstancias. El episodio demostró, no obstante, que los accidentes ferroviarios pueden tener consecuencias comerciales más allá del lugar donde se producen.

ACS y Ferrovial, expuestas al riesgo de nuevas adjudicaciones

El grupo ACS, presidido por Florentino Pérez, desarrolla buena parte de su actividad internacional a través de compañías como Dragados, FlatironDragados y Hochtief. Su cartera incluye proyectos de transporte, ingeniería civil y construcción de infraestructuras complejas.

En Estados Unidos, FlatironDragados participa en actuaciones ferroviarias como el proyecto Long Bridge North, en Washington, destinado a ampliar la capacidad del corredor utilizado por servicios de pasajeros y mercancías. También interviene en el desarrollo de nuevas infraestructuras ferroviarias en Virginia.

Se trata de proyectos adjudicados en mercados con sus propios organismos supervisores, requisitos técnicos y mecanismos de control.

Para ACS, el posible perjuicio de la crisis ferroviaria española se sitúa principalmente en el terreno de las futuras oportunidades comerciales. No consta que los accidentes de Adamuz y Urda hayan provocado la cancelación de esos contratos estadounidenses ni que ACS tenga una responsabilidad acreditada en los siniestros.

La situación de Ferrovial presenta particularidades distintas. La multinacional española cuenta con una dilatada experiencia en construcción ferroviaria y participa en uno de los mayores proyectos europeos de alta velocidad, el HS2 británico.

Su alianza con BAM Nuttall tiene encargados trabajos de infraestructura de vía entre Londres y las West Midlands, que abarcan actividades de diseño, construcción, logística, pruebas y puesta en servicio. La magnitud del proyecto convierte al Reino Unido en una referencia importante dentro de su actividad ferroviaria internacional.

Ferrovial también figura entre las empresas vinculadas a las obras de Adamuz

La posición de Ferrovial merece una consideración adicional porque participó en los trabajos de renovación ferroviaria del tramo Guadalmez-Córdoba, donde se produjo el accidente de Adamuz.

En abril de 2022, Adif adjudicó por 52,49 millones de euros una actuación en ese tramo a una unión temporal de empresas integrada por Ferrovial Construcción, Agrupación Guinovart, Azvi y Contratas y Ventas.

La investigación del siniestro ha examinado las actuaciones desarrolladas sobre la infraestructura, incluidos los trabajos de renovación, sus controles y los procesos de supervisión.

Pero conviene distinguir los hechos. Haber participado en una obra investigada no demuestra una ejecución defectuosa ni establece responsabilidad en el accidente. Las conclusiones deberán sustentarse en las pruebas técnicas y, cuando corresponda, en las resoluciones judiciales.

Desde el punto de vista empresarial, esa diferencia es esencial. Un contrato adjudicado, una participación en una obra y una eventual responsabilidad técnica o legal son realidades distintas.

Indra, entre la tecnología ferroviaria española y los contratos internacionales

El caso de Indra resulta especialmente significativo por su especialización tecnológica y por su relación con los sistemas de gestión del tráfico ferroviario.

En septiembre de 2026, la compañía anunció un nuevo contrato con Adif de 32,7 millones de euros, con una duración de cuatro años, para mantener y dar soporte a equipos y sistemas instalados en los centros de regulación de circulación de la red de alta velocidad.

El acuerdo comprende instalaciones de Madrid, entre ellas Atocha, Delicias y Villaverde, además de centros situados en Antequera, Albacete y Zaragoza.

Entre las tecnologías incluidas figura DaVinci, la plataforma desarrollada conjuntamente por Indra y Adif para integrar información ferroviaria, facilitar la supervisión de la red y ayudar a gestionar la circulación de trenes.

Esta relación adquiere relevancia tras el accidente de Urda, cuya investigación examina la cadena de fallos técnicos y decisiones operativas que precedieron a la colisión entre un AVE de Renfe y un tren de Iryo.

La avería inicial afectó al sistema de protección ferroviaria LZB, utilizado en la línea Madrid-Sevilla. Posteriormente, las actuaciones del centro de control y las instrucciones transmitidas a los maquinistas pasaron a ocupar un lugar central en las pesquisas.

La existencia del contrato de mantenimiento de Indra no permite atribuirle responsabilidad sobre esos hechos. Tampoco debe confundirse el funcionamiento de la plataforma de gestión centralizada con el del sistema LZB o con las decisiones de los controladores.

La compañía, entretanto, mantiene una importante presencia internacional en este sector. Su tecnología ferroviaria se utiliza en países como Lituania, Estonia y Arabia Saudí.

De hecho, en febrero de 2026, después del accidente de Adamuz, Indra anunció una ampliación de su participación en el proyecto de alta velocidad La Meca-Medina que incorporaba más de 130 millones de euros a su cartera de pedidos durante al menos cinco años.

Es un dato particularmente relevante: demuestra que el primer accidente no paralizó automáticamente la contratación internacional de tecnología ferroviaria española.

Cómo pueden afectar los accidentes a los contratos internacionales

El principal riesgo para las empresas españolas no es necesariamente la rescisión de contratos vigentes. Es la posibilidad de que las futuras licitaciones incorporen un escrutinio más exigente de su historial técnico y de seguridad.

En los grandes concursos ferroviarios internacionales se valoran aspectos como la capacidad financiera del adjudicatario, la experiencia en proyectos similares, el cumplimiento de plazos y los procedimientos de gestión de riesgos.

Los antecedentes de seguridad pueden intervenir en esa valoración, aunque no existe una regla universal por la que un accidente ocurrido en un país excluya automáticamente a todas sus empresas de los concursos internacionales.

Las consecuencias dependen de los pliegos de contratación, del marco regulatorio aplicable y, especialmente, de las responsabilidades que se establezcan.

También existe una dimensión competitiva. Los grupos franceses, alemanes, italianos, japoneses y de otros mercados rivalizan con las compañías españolas en grandes proyectos de construcción, señalización y explotación ferroviaria.

Cuando las propuestas presentan condiciones económicas y técnicas similares, la confianza del cliente puede inclinar una adjudicación.

No hace falta que un accidente figure expresamente como motivo de exclusión para que sus efectos comerciales resulten importantes. Pueden aparecer nuevas solicitudes de auditoría, garantías adicionales o exigencias de documentación sobre mantenimiento y seguridad.

Ahora bien, no se ha acreditado una pérdida generalizada de adjudicaciones internacionales de ACS, Ferrovial e Indra causada por los accidentes de 2026. Presentar esa posibilidad como un perjuicio económico consumado sería anticipar conclusiones.

El Gobierno intenta recuperar la confianza en la alta velocidad

La respuesta institucional ha comenzado a concretarse tras la tragedia de Urda.

El 3 de noviembre, el Gobierno presentó un plan extraordinario para reforzar la seguridad ferroviaria que contempla modificaciones tecnológicas, nuevos procedimientos de control y medidas relacionadas con los recursos humanos.

Una de las principales actuaciones será introducir mecanismos de doble validación en los centros de control. Cuando el sistema automático de protección no esté operativo, determinadas decisiones de circulación deberán contar con la supervisión de un segundo controlador.

El Ministerio de Transportes también ha anunciado nuevas herramientas informáticas, alertas automáticas y tecnologías de supervisión destinadas a facilitar la detección de anomalías y reducir el riesgo de errores operativos.

Entre las actuaciones previstas figura completar el despliegue del ERTMS de nivel 2 en la línea Madrid-Sevilla, junto con una revisión extraordinaria de sus sistemas de seguridad por parte de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria.

Hasta que concluyan estos trabajos, el Ministerio prevé limitar las frecuencias del corredor cuando se restablezca la circulación.

La crisis también ha tenido consecuencias políticas. Óscar Puente anunció su dimisión como ministro de Transportes el 3 de noviembre, después de comparecer ante la Diputación Permanente del Congreso. El 4 de noviembre, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que el vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, asumiría provisionalmente la cartera de Transportes.

El esfuerzo económico necesario tampoco es menor. Este mismo 4 de noviembre, el Comité de Seguimiento del Accidente de Urda constituido por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos ha advertido de que el mantenimiento y la recuperación de la alta velocidad española necesitarán unos 10.000 millones de euros durante la próxima década.

Su portavoz, Iñaki Barrón, expresidente de la antigua Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, considera que el sistema español ha perdido credibilidad y parte de las cualidades que lo convirtieron en una referencia internacional.

La cuestión no se limita a identificar fallos concretos. España necesita demostrar que puede corregirlos, revisar sus protocolos y garantizar que los mecanismos de seguridad funcionan incluso cuando se producen situaciones excepcionales.

La seguridad ferroviaria también determinará el futuro del negocio exterior

ACS, Ferrovial e Indra representan tres actividades distintas de la industria ferroviaria española: construcción de infraestructuras, ingeniería y desarrollo tecnológico. Las tres compiten en mercados internacionales donde la experiencia y la fiabilidad resultan decisivas.

Los accidentes de Adamuz y Urda introducen incertidumbre sobre ese prestigio, pero no justifican atribuir responsabilidades colectivas ni dar por perdidos contratos que siguen vigentes.

El verdadero alcance económico dependerá de las investigaciones, de la respuesta de las autoridades y de los requisitos que establezcan los clientes internacionales en sus próximas adjudicaciones.

España conserva una experiencia ferroviaria considerable, profesionales especializados y empresas con presencia consolidada en algunos de los mercados más exigentes. Nada de eso desaparece por dos accidentes. Tampoco basta para neutralizar sus consecuencias.

La industria tendrá que demostrar con resultados que sus estándares de seguridad siguen siendo competitivos. Y las administraciones deberán acreditar que las deficiencias detectadas se corrigen de forma efectiva.

Para las empresas españolas, el riesgo comercial internacional está abierto. La pérdida de contratos internacionales todavía no es un hecho demostrado. Lo que sí ha cambiado es el contexto en el que tendrán que defender sus próximas ofertas: la seguridad de la alta velocidad española, que durante décadas fue uno de sus grandes argumentos, ha pasado a estar sometida a un examen mucho más exigente.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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