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Naturaleza

Las aves «pirómanas» de Australia que pueden propagar fuego al cazar

Las rapaces de Australia aprovechan las llamas para cazar. Varios testimonios describen aves que trasladan ramas ardiendo a zonas sin quemar.

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Un halcon australiano

Foto: Andreas Trepte, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Algunas rapaces australianas aprovechan los incendios para cazar
  • Testigos afirman que ciertas aves trasladan ramas encendidas
  • La propagación intencionada del fuego todavía no está demostrada

En las sabanas del norte de Australia, algunas aves rapaces han desarrollado una relación con el fuego que desafía nuestra idea habitual de los incendios forestales. No se limitan a escapar de las llamas. Las aprovechan para encontrar alimento y, según numerosos testimonios recogidos por investigadores, algunas incluso transportan ramas encendidas hasta zonas sin quemar, donde podrían provocar nuevos focos.

Este comportamiento, atribuido principalmente a tres especies de rapaces australianas, fue documentado en una investigación publicada en 2017 en la revista científica Journal of Ethnobiology. El trabajo reunió observaciones de habitantes indígenas, bomberos, ganaderos y otros testigos que describieron cómo determinadas aves parecían extender deliberadamente el fuego para facilitar la caza. La interpretación de esa conducta sigue siendo objeto de debate científico.

Lo llamativo es que el fuego, uno de los fenómenos más destructivos para los ecosistemas, también puede convertirse en una oportunidad para determinadas especies. Mientras numerosos animales pierden sus refugios o mueren durante los incendios, otros aprovechan la huida de las presas, la desaparición de la vegetación o la madera recién quemada para alimentarse y reproducirse.

La naturaleza no responde de una sola manera ante las llamas. Y las llamadas aves pirómanas son, probablemente, uno de los ejemplos más sorprendentes.

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Las aves que convierten los incendios en una oportunidad para cazar

Cuando un incendio avanza por una zona de sabana, miles de pequeños animales intentan escapar. Insectos, lagartijas, roedores y otras criaturas abandonan sus escondites empujados por el calor y el humo.

Para algunas aves rapaces, esa huida supone una oportunidad de alimentación extraordinaria. En condiciones normales, muchas de sus presas permanecen ocultas entre la hierba y la vegetación. El incendio elimina esa protección y las obliga a desplazarse por terrenos abiertos.

Las rapaces pueden concentrarse cerca del frente de fuego y capturar animales que tratan de escapar. No necesitan entrar en las llamas: les basta con vigilar los márgenes del incendio y aprovechar el movimiento de sus presas.

Este comportamiento, conocido como alimentación asociada al fuego, se ha observado en diferentes regiones del planeta. Las aves carroñeras también pueden beneficiarse de los restos de animales muertos, mientras que otras especies encuentran alimento entre las cenizas.

Las tres rapaces australianas relacionadas con la propagación del fuego

La investigación desarrollada en Australia entre 2011 y 2017 identificó tres especies especialmente relevantes.

El milano negro (Milvus migrans) es una rapaz de distribución muy amplia, presente también en España. Su dieta variada y su capacidad para aprovechar recursos alimenticios disponibles explican parte de su éxito en ambientes diferentes.

El milano silbador (Haliastur sphenurus), característico de Australia y otras regiones próximas, también frecuenta áreas abiertas donde puede localizar pequeños animales desplazados por los incendios.

La tercera especie es el halcón pardo (Falco berigora), otra rapaz australiana que caza pequeños vertebrados e insectos.

Las tres han sido mencionadas en testimonios sobre el transporte de materiales ardientes. La investigación recogió relatos de aves que utilizaban el pico o las garras para desplazar pequeñas ramas encendidas.

Cómo pueden extender las llamas transportando ramas encendidas

El mecanismo descrito por los testigos es relativamente sencillo. Un ave se aproxima a un incendio activo, recoge una pequeña rama encendida o humeante y vuela hasta una zona donde todavía existe vegetación seca.

Al dejar caer la rama, esta puede prender la hierba y originar un nuevo foco. Los animales que permanecían escondidos en esa zona se ven obligados a escapar, proporcionando nuevas oportunidades de caza.

Algunos testimonios hablan de intentos repetidos e incluso de varias aves implicadas en la propagación de las llamas. Pero no está demostrado que todas esas acciones sean intencionadas ni que constituyan una conducta habitual de las especies investigadas.

La cuestión es importante porque existen explicaciones alternativas. Una rapaz podría recoger accidentalmente una rama mientras intenta capturar una presa y soltarla después en otro lugar.

Los investigadores consideran que la repetición de determinadas conductas descritas por los testigos merece estudiarse, especialmente cuando el transporte de ramas parece coincidir con la búsqueda de nuevas presas.

Un conocimiento que los pueblos indígenas conservaban desde hace generaciones

La investigación también puso de relieve un aspecto relevante: para numerosas comunidades aborígenes del norte de Australia, estas aves no eran ningún misterio reciente.

Los relatos tradicionales ya describían rapaces capaces de transportar el fuego y extenderlo por el territorio. Ese conocimiento formaba parte de una relación prolongada con el paisaje y con las prácticas de gestión de los incendios.

Los investigadores recogieron testimonios en el Territorio del Norte y referencias procedentes de Australia Occidental y Queensland.

La participación de habitantes indígenas resultó fundamental para identificar una conducta que había recibido escasa atención en la investigación ornitológica convencional.

Existe, por tanto, una diferencia entre la fecha del estudio científico y la antigüedad de las observaciones. El fenómeno no fue descubierto en 2017: lo que hizo aquella investigación fue reunir y examinar conocimientos y testimonios anteriores.

Qué está demostrado y qué falta por confirmar

La presencia de rapaces cazando alrededor de los incendios está ampliamente documentada. También existen testimonios directos sobre aves que trasladan ramas encendidas.

La principal discusión científica se centra en determinar hasta qué punto ese transporte es deliberado y si las aves comprenden la relación entre desplazar una brasa, extender el fuego y conseguir alimento.

El investigador Bob Gosford, uno de los autores del estudio, reconoció posteriormente que no disponía de pruebas que permitieran atribuir grandes incendios forestales a estas aves.

Tampoco debe confundirse este comportamiento con la capacidad de producir fuego. Las aves no generan llamas por sí mismas: los relatos describen el aprovechamiento de materiales que ya están ardiendo.

Los escarabajos que detectan incendios para reproducirse

Las rapaces australianas no son los únicos animales que encuentran ventajas en los terrenos incendiados.

Algunos escarabajos del género Melanophila presentan una adaptación extraordinaria: disponen de receptores sensibles a la radiación infrarroja que les ayudan a detectar el calor relacionado con los incendios.

Estos insectos, conocidos como escarabajos pirófilos, buscan árboles recientemente quemados para reproducirse. Las hembras depositan sus huevos bajo la corteza y las larvas se desarrollan en la madera afectada por el fuego.

La ventaja es considerable. Los árboles recién muertos ofrecen un sustrato adecuado para las larvas, que pueden aprovecharlo antes de que lleguen otros organismos competidores.

La sensibilidad de estos escarabajos al calor y su capacidad para detectar señales asociadas a los incendios han sido estudiadas durante décadas. No provocan las llamas, pero dependen de los ambientes quemados para completar una parte esencial de su ciclo vital.

También existen aves que aprovechan los terrenos recién incendiados porque la desaparición de la vegetación facilita la localización de semillas, insectos y pequeños vertebrados.

El efecto no es uniforme. Un incendio puede favorecer temporalmente la alimentación de determinadas especies y, al mismo tiempo, destruir los lugares de reproducción de muchas otras.

El riesgo que estas aves pueden representar para los cortafuegos

La posibilidad de que algunas rapaces transporten ramas ardiendo tiene implicaciones para la gestión de incendios en las sabanas australianas.

Los cortafuegos funcionan mediante la eliminación o reducción de combustible vegetal para dificultar el avance de las llamas. Si una brasa alcanza el otro lado y encuentra hierba seca, el fuego puede continuar propagándose.

Aunque el transporte de material ardiente también puede producirse por acción del viento, los testimonios sobre rapaces sugieren otro mecanismo de propagación que convendría tener en cuenta al estudiar determinados incendios.

Los autores de la investigación de 2017 señalaron que algunos profesionales encargados de gestionar quemas controladas en Australia ya consideraban el posible papel de estas aves.

El interés científico no consiste en convertirlas en responsables generales de los incendios, sino en comprender mejor todos los factores que pueden influir en su propagación.

Esta distinción resulta especialmente importante en un país donde el fuego forma parte de la dinámica de numerosos ecosistemas y donde las comunidades indígenas han desarrollado prácticas tradicionales de gestión mediante quemas de baja intensidad.

El fuego destruye hábitats, pero también modifica las oportunidades de supervivencia

La relación entre los animales y los incendios es bastante más compleja que una simple división entre víctimas y beneficiarios.

Un estudio publicado en 2026 sobre la presencia de aves durante dos quemas prescritas en Suecia examinó cómo distintas especies reaccionan a estos episodios. La investigación se suma a los trabajos que documentan la atracción de determinadas aves por los incendios y sus consecuencias inmediatas, especialmente en relación con la alimentación.

En las zonas quemadas, la desaparición de la cubierta vegetal puede facilitar la captura de presas, mientras que la recuperación posterior de las plantas vuelve a transformar los recursos disponibles.

Pero esas oportunidades individuales no compensan necesariamente los efectos negativos de un incendio sobre la biodiversidad. La intensidad de las llamas, la extensión afectada, la estación del año y la frecuencia con la que arde un territorio determinan buena parte de sus consecuencias ecológicas.

Las llamadas aves pirómanas ilustran una conducta especialmente singular: la posibilidad de que ciertos animales no solo aprovechen un incendio, sino que también contribuyan a extenderlo.

A casi una década de la publicación de la investigación australiana, la cuestión sigue teniendo interés científico. Los testimonios acumulados justifican investigar esa conducta, pero todavía es necesario profundizar en su frecuencia, intencionalidad y consecuencias.

Lo que sí está claro es que, para algunos animales, el paso del fuego no significa únicamente destrucción. También puede abrir nuevas posibilidades de alimentación y reproducción, aunque el precio ecológico del incendio sea muy elevado.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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