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BAE acuerda vender su astillero australiano a firma ligada a Hong Kong

BAE Systems acuerda vender el astillero de Williamstown a una firma australiana con capital de Hong Kong. La operación inquieta por su valor militar.

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el astillero de Williamstown

Resumen

  • BAE acuerda vender el astillero de Williamstown a una firma australiana
  • La compradora tiene participación de un grupo inversor de Hong Kong
  • Victoria exige mantener los usos navales e industriales del recinto

Australia afronta una nueva polémica sobre el control extranjero de sus infraestructuras estratégicas. La multinacional británica BAE Systems ha acordado la venta del histórico astillero militar de Williamstown, situado cerca de Melbourne, a EMKC3, una empresa inmobiliaria australiana participada por un grupo inversor con sede en Hong Kong. La instalación construyó las fragatas ANZAC de las armadas australiana y neozelandesa y participó en la finalización de dos grandes buques de guerra diseñados y fabricados parcialmente en España.

La operación, todavía pendiente de completarse, ha provocado inquietud entre especialistas en defensa y representantes políticos australianos. El motivo va más allá de la nacionalidad de los inversores: Williamstown es el último astillero del estado de Victoria con capacidad para construir y mantener grandes buques militares, y su posible transformación inmobiliaria amenaza con eliminar una infraestructura industrial difícil de recuperar.

BAE Systems ha confirmado que el proceso de venta está en marcha, mientras que EMKC3 reconoce que existe un contrato de compraventa. Sin embargo, no se ha comunicado oficialmente el precio ni se han aclarado todos los trámites regulatorios pendientes.

La cuestión resulta especialmente delicada en un momento en el que Australia está reforzando su capacidad naval ante el aumento de las tensiones estratégicas en el Indo-Pacífico. El país impulsa nuevos programas de fragatas y submarinos, pero podría perder uno de sus emplazamientos históricos para la construcción de grandes unidades de guerra.

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Un astillero militar de 17 hectáreas cerca de Melbourne

El complejo de Williamstown ocupa aproximadamente 16,8 hectáreas junto a la entrada del puerto de Melbourne, el principal puerto de contenedores de Australia. Su ubicación, próxima a importantes rutas marítimas e instalaciones industriales, ha contribuido durante generaciones a su importancia económica y militar.

La actividad naval en esta zona se remonta a mediados del siglo XIX. El emplazamiento llegó a albergar instalaciones de la Marina de Victoria antes de la federación australiana de 1901, mientras que la construcción de buques en el complejo actual comenzó en 1913.

Durante décadas, Williamstown fue uno de los principales centros de producción de barcos militares del país. Entre sus proyectos más relevantes destaca la construcción de las diez fragatas de la clase ANZAC, destinadas a las armadas de Australia y Nueva Zelanda.

También participó en el programa de destructores de defensa aérea de la clase Hobart, mediante la fabricación de bloques estructurales.

Su actividad industrial terminó en 2016 y las instalaciones quedaron inactivas en 2017, después de perder nuevos contratos de construcción naval. El cierre supuso también la desaparición de numerosos puestos de trabajo especializados.

BAE Systems puso el recinto en el mercado en 2024, cuando su valoración estimada alcanzaba los 200 millones de dólares australianos. La prensa especializada sostiene que el precio pactado con el comprador podría ser considerablemente inferior, aunque la cifra definitiva no ha sido confirmada.

Quién compra el astillero y cuál es su relación con China

La empresa que pretende adquirir Williamstown es EMKC3, una compañía australiana dedicada a la gestión de fondos inmobiliarios y al desarrollo de proyectos urbanísticos.

Entre sus propietarios figura EMKC Group, un grupo inversor con sede en Hong Kong, junto con 26CUBED. La información disponible no permite determinar qué porcentaje del capital controla cada socio ni confirmar si los inversores de Hong Kong poseen una participación mayoritaria.

Esta distinción es importante: no está acreditado que el Gobierno chino vaya a controlar directamente el astillero, ni que la compraventa suponga una transferencia de tecnología militar a China.

La preocupación expresada en Australia tiene que ver con los posibles riesgos asociados a la participación extranjera en una infraestructura considerada estratégica. Hong Kong forma parte de China y está sometido a una legislación de seguridad nacional que ha incrementado las facultades de las autoridades sobre empresas y organizaciones.

Felicity Richardson, responsable de desarrollo de EMKC3, confirmó en octubre que la compañía era la compradora contractual del recinto y que mantenía conversaciones con distintas partes interesadas sobre sus futuros usos.

La operación tampoco ha concluido públicamente su recorrido administrativo. La participación de capital extranjero ha abierto interrogantes sobre una posible intervención del organismo australiano encargado de examinar las inversiones internacionales, aunque distintas informaciones apuntan a que podría no pasar por ese procedimiento.

El proyecto inmobiliario choca con una ley que protege el astillero

Uno de los aspectos más controvertidos de la compraventa es el destino que EMKC3 pretende dar a los terrenos.

La empresa ha planteado una transformación del antiguo recinto industrial que incluiría espacios públicos junto al mar, zonas verdes, comercios, posibles viviendas y actividades industriales ligeras.

El proyecto pretende recuperar económicamente unos terrenos que llevan casi una década sin actividad de construcción naval. Sin embargo, existe un obstáculo legal considerable.

La legislación del estado de Victoria fue modificada en 2005 para establecer que Williamstown debe continuar dedicado a actividades industriales, de ingeniería naval y usos auxiliares compatibles.

Esto significa que una reconversión residencial o comercial de gran alcance no puede ejecutarse libremente por el mero hecho de cambiar la propiedad de los terrenos.

El Parlamento de Victoria tiene capacidad para intervenir

La normativa obliga a que cualquier plan estratégico para el recinto respete su finalidad industrial y naval. Su aprobación o modificación requiere, además, la intervención de ambas cámaras del Parlamento de Victoria.

La complejidad aumenta porque en el complejo confluyen competencias urbanísticas estatales y cuestiones de titularidad de terrenos vinculadas al Gobierno federal australiano.

Por ahora, la existencia de un contrato de compraventa no significa que el proyecto urbanístico esté autorizado ni que hayan desaparecido las restricciones sobre el uso de las instalaciones.

La conexión española: los buques Canberra y Adelaide de Navantia

El astillero australiano también ocupa un lugar importante en la historia reciente de la industria naval española.

Williamstown participó en la construcción final de los buques anfibios HMAS Canberra y HMAS Adelaide, dos de las unidades más grandes de la Marina Real Australiana.

Ambos pertenecen a la clase Canberra, basada en el diseño del buque de proyección estratégica español Juan Carlos I.

El programa fue desarrollado conjuntamente por la empresa española Navantia y BAE Systems Australia. Los cascos se construyeron en los astilleros de Ferrol, en Galicia, antes de ser transportados por mar hasta Australia mediante buques especializados en cargas pesadas.

Una vez en Williamstown, los trabajadores australianos se encargaron de integrar las superestructuras y completar la instalación de diversos sistemas de combate, comunicaciones y navegación.

El HMAS Canberra entró en servicio en noviembre de 2014 y el HMAS Adelaide lo hizo en diciembre de 2015.

Estos buques, de más de 230 metros de eslora, permiten transportar tropas, vehículos y helicópteros, ejecutar operaciones anfibias y participar en misiones humanitarias.

La colaboración demuestra la capacidad industrial que llegó a concentrar Williamstown: el recinto podía recibir enormes estructuras navales fabricadas en otro continente, completar sistemas militares complejos y preparar los barcos para su entrega.

El posible abandono definitivo de estas capacidades preocupa a quienes consideran que Australia debería conservar sus instalaciones estratégicas, incluso cuando permanecen temporalmente inactivas.

El debate sobre seguridad nacional divide a Australia

La venta ha generado críticas entre especialistas que cuestionan la conveniencia de desprenderse de un recinto con posibilidades de volver a utilizarse para la construcción y reparación de buques militares.

Michael Shoebridge, director de Strategic Analysis Australia, ha criticado la posibilidad de transformar en viviendas una instalación que considera especialmente adecuada para recuperar capacidad industrial naval.

El experto sostiene que existe una contradicción entre el discurso gubernamental sobre la necesidad de reforzar la construcción militar y la posible pérdida de un emplazamiento que podría contribuir a ese objetivo. Una contradicción que gana importancia cuando la propia Australia reconoce la necesidad de ampliar su industria de defensa.

El senador James Paterson, portavoz de Defensa de la oposición australiana, también ha reclamado que el Gobierno examine las implicaciones de la venta para el interés nacional.

Sus críticas no equivalen a una decisión oficial de bloquear la operación. Tampoco existe información pública que demuestre que el futuro comprador pretenda utilizar las instalaciones con fines militares o de inteligencia.

El debate está relacionado con otro asunto especialmente sensible en Australia: el puerto de Darwin.

En 2015, una empresa china obtuvo una concesión de 99 años para explotar sus instalaciones portuarias, una operación que posteriormente generó fuertes críticas por sus posibles implicaciones estratégicas.

El Gobierno australiano ha planteado recuperar el control de ese puerto, mientras que la compañía concesionaria ha defendido sus derechos contractuales.

Williamstown presenta circunstancias diferentes, pero ambos casos reflejan una preocupación recurrente en Canberra: cómo compatibilizar la inversión privada extranjera con el mantenimiento del control sobre infraestructuras consideradas fundamentales para la seguridad nacional.

La controversia llega durante una transformación importante de las fuerzas navales australianas.

Canberra participa en la alianza de seguridad AUKUS, junto con Estados Unidos y Reino Unido, cuyo principal proyecto es facilitar que Australia incorpore submarinos de propulsión nuclear y desarrolle las capacidades industriales necesarias para mantenerlos.

Paralelamente, el país está renovando su flota de superficie mediante nuevos programas de fragatas.

Estos compromisos exigen inversiones multimillonarias, trabajadores especializados y una infraestructura industrial capaz de sostener durante décadas la construcción, reparación y modernización de buques.

No obstante, conservar Williamstown tampoco resolvería automáticamente estas necesidades. Su prolongada inactividad implica que recuperar la producción naval requeriría inversiones importantes, modernización de instalaciones y reconstrucción de capacidades laborales.

La discusión gira precisamente alrededor de ese coste: si resulta más conveniente preservar el terreno para una eventual reactivación industrial o permitir que una empresa privada le dé nuevos usos.

La ubicación marítima y el espacio disponible constituyen sus principales activos estratégicos. Una vez transformado en un complejo residencial o comercial, recuperar esas características para fabricar barcos militares sería extraordinariamente complicado.

El futuro de Williamstown dependerá de la venta y de Victoria

El destino del antiguo astillero sigue abierto. BAE Systems dispone de un comprador contractual y EMKC3 ha expresado su intención de impulsar un proyecto de transformación urbana, pero las limitaciones legales y las posibles exigencias regulatorias condicionan la operación.

La propiedad extranjera parcial del comprador añade una dimensión política al debate, aunque no demuestra por sí misma una amenaza para la seguridad australiana.

El verdadero alcance de la decisión dependerá de quién controle finalmente los terrenos, qué actividades sean autorizadas y si se preserva su capacidad naval.

Australia tendrá que decidir qué valor concede a una instalación que lleva años cerrada, pero que conserva una ubicación difícilmente sustituible. Williamstown ya no construye fragatas. La cuestión es si el país quiere mantener la posibilidad de volver a hacerlo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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