Ciencia
Artemis II alteró la ionosfera y pudo afectar a la precisión del GPS
Artemis II alteró la ionosfera durante el viaje lunar. Las perturbaciones podrían introducir errores de varios metros en la navegación por GPS.
Foto: NASA / John Kraus (Kennedy Space Center), dominio público.
Resumen
- El lanzamiento de Artemis II provocó fuertes cambios en la ionosfera
- Las perturbaciones superaron hasta diez veces las detectadas con Starship
- Los efectos podrían causar errores de GPS de varios metros en ciertos casos
La misión Artemis II de la NASA, que llevó a cuatro astronautas alrededor de la Luna en abril de 2026, provocó alteraciones extraordinarias en la parte superior de la atmósfera terrestre. Un estudio científico revela que el lanzamiento y las posteriores maniobras del cohete modificaron la ionosfera con una intensidad capaz de generar errores temporales de varios metros en los sistemas GPS, una circunstancia especialmente delicada para drones y vehículos autónomos.
La investigación, realizada por científicos de la Universidad Nacional Cheng Kung de Taiwán, detectó perturbaciones atmosféricas superiores a las registradas en anteriores lanzamientos espaciales. Algunas alcanzaron una intensidad hasta diez veces mayor que las observadas durante pruebas del Starship de SpaceX, pese a que este último dispone de una potencia de despegue considerablemente superior.
El hallazgo introduce una cuestión relevante para el futuro de la exploración espacial: los grandes cohetes no solo transportan personas y materiales fuera de la Tierra. También pueden modificar, aunque sea brevemente, una región atmosférica de la que depende buena parte de la navegación moderna.
Conviene precisar el alcance del descubrimiento. Los investigadores han documentado las perturbaciones de la ionosfera y advierten de sus posibles consecuencias sobre el posicionamiento. No han demostrado que Artemis II provocara un fallo generalizado del GPS, accidentes de tráfico o incidentes con drones. El trabajo, difundido inicialmente como prepublicación científica en julio, ha cobrado nueva actualidad este noviembre.
El lanzamiento de Artemis II dejó una alteración excepcional en la atmósfera
El cohete Space Launch System (SLS) despegó el 1 de abril de 2026 desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, con la cápsula Orion y cuatro astronautas a bordo: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen.
La misión completó un viaje de aproximadamente nueve días alrededor de la Luna y regresó a la Tierra el 10 de abril. Fue el primer vuelo tripulado hacia las proximidades lunares desde el programa Apolo, más de medio siglo atrás.
Pero mientras la atención internacional seguía el recorrido de la nave, los instrumentos científicos instalados en Norteamérica registraron un fenómeno poco habitual.
Los investigadores analizaron información procedente de estaciones terrestres de GPS de alta precisión, utilizadas habitualmente para medir desplazamientos mínimos de la corteza terrestre. Estos equipos permiten detectar cambios diminutos en el tiempo que tardan las señales de los satélites en llegar hasta la superficie.
A partir de esas mediciones reconstruyeron las variaciones en la concentración de electrones libres de la ionosfera, una región de la atmósfera que comienza aproximadamente a 50 kilómetros de altitud.
Los resultados revelaron grandes perturbaciones asociadas al vuelo del cohete y a posteriores encendidos de motores. Las alteraciones más extensas abarcaron unos 50 grados de longitud sobre Norteamérica, con efectos detectables a miles de kilómetros.
Tres perturbaciones durante el viaje hacia la Luna
La investigación identifica tres episodios principales, y no todos coincidieron con el momento del despegue.
El primero apareció durante el ascenso del SLS, cuando su paso generó ondas atmosféricas que se propagaron por las capas superiores de la atmósfera.
El segundo tuvo lugar aproximadamente dos horas después, coincidiendo con una maniobra de propulsión orbital. Fue especialmente intenso y produjo alteraciones de gran extensión.
El tercero se registró unas 25 horas después del lanzamiento, durante otra maniobra vinculada al viaje lunar. Sus efectos fueron similares, aunque menos pronunciados.
Las operaciones realizadas cerca de los 185 kilómetros de altitud resultaron particularmente importantes. A esa altura, las emisiones de los motores interactuaron directamente con la región ionizada de la atmósfera.
El fenómeno se conoce en ocasiones como un agujero ionosférico. No significa que el cohete haya perforado físicamente la atmósfera ni que haya dejado una abertura permanente. Se trata de una reducción temporal de la densidad de electrones, acompañada de otras perturbaciones que modifican las condiciones de propagación de las ondas de radio.
Por qué estas alteraciones pueden afectar a la precisión del GPS
Para comprender el problema hay que recordar cómo funciona la navegación por satélite.
Un receptor GPS calcula su posición utilizando las señales de varios satélites situados a unos 20.200 kilómetros sobre la Tierra. El sistema determina las distancias mediante mediciones extremadamente precisas del tiempo que tarda cada señal en llegar.
El inconveniente aparece cuando esas señales atraviesan regiones atmosféricas cuyas propiedades cambian de manera repentina.
La ionosfera contiene partículas eléctricamente cargadas que influyen en la propagación de las ondas de radio. Si su concentración varía, también puede hacerlo el tiempo de recorrido de la señal. El receptor puede interpretar esa diferencia como una distancia incorrecta.
Una pequeña desviación temporal basta para introducir errores de posicionamiento de varios metros, dependiendo de las condiciones y de las correcciones disponibles.
No es un fenómeno completamente desconocido. Las tormentas solares también alteran la ionosfera y pueden deteriorar la precisión de los sistemas de navegación. La diferencia es que esos episodios pueden prolongarse durante días, mientras que las perturbaciones producidas por el paso de cohetes suelen ser mucho más breves.
Los receptores modernos disponen de mecanismos para reducir los errores atmosféricos. Algunos utilizan varias frecuencias y sistemas complementarios de corrección, aunque su eficacia depende del equipo y de las características de la perturbación.
El posible peligro para coches autónomos y drones
El aspecto más inquietante del estudio no es que un navegador convencional pueda situar momentáneamente un vehículo unos metros fuera de su posición real. Lo importante es lo que esa desviación podría significar para sistemas que necesitan una precisión mucho mayor.
Charles Lin, profesor de Ciencias de la Tierra en la Universidad Nacional Cheng Kung y uno de los autores de la investigación, ha advertido de que un error de apenas unos metros puede ser relevante para la navegación de un coche autónomo.
En determinadas circunstancias, una diferencia de esa magnitud podría situar la posición calculada del vehículo en otro carril. Si un sistema automatizado dependiera excesivamente de esa información, podría interpretar incorrectamente su trayectoria.
Eso no significa que cualquier alteración del GPS vaya a provocar un accidente. Los vehículos autónomos pueden combinar el posicionamiento por satélite con cámaras, radares, sensores láser y otros sistemas de percepción del entorno.
El riesgo depende de cómo se integren esas tecnologías y de la capacidad del vehículo para detectar información incoherente.
Los drones plantean otra situación delicada. Muchos utilizan navegación satelital para mantener rutas, ejecutar maniobras automáticas o regresar al punto de partida. Una pérdida temporal de precisión podría afectar a determinadas operaciones, especialmente cuando existen obstáculos cercanos o márgenes de seguridad reducidos.
Por ahora, los investigadores no han identificado accidentes ni desviaciones efectivas de vehículos causadas por Artemis II. Tampoco han cuantificado directamente cuántos receptores comerciales pudieron experimentar errores.
La investigación demuestra una perturbación atmosférica excepcional y señala un riesgo tecnológico potencial que requiere estudios adicionales.
Artemis II superó incluso las perturbaciones del Starship de SpaceX
Una de las observaciones más sorprendentes aparece al comparar el lanzamiento lunar de la NASA con los vuelos experimentales del Starship de SpaceX.
El vehículo desarrollado por SpaceX dispone de aproximadamente el doble de empuje al despegue que el SLS. Sin embargo, algunas perturbaciones ionosféricas asociadas a Artemis II fueron hasta diez veces más intensas que las observadas después de determinados ensayos del cohete de Elon Musk.
La comparación revela que la potencia del lanzamiento no determina por sí sola la magnitud de las alteraciones atmosféricas.
La altitud a la que funcionan los motores, su ubicación geográfica, las características de los gases expulsados y las condiciones de la ionosfera pueden influir notablemente en el resultado.
En Artemis II, algunas maniobras posteriores al despegue produjeron alteraciones mayores que las asociadas al ascenso inicial. Esto ocurrió pese a que los motores empleados en esas operaciones desarrollaban un empuje muy inferior.
El dato resulta especialmente interesante porque obliga a estudiar los vuelos espaciales más allá de los primeros minutos de lanzamiento.
Las operaciones orbitales también pueden modificar el entorno terrestre, incluso cuando el cohete ya ha abandonado las capas más densas de la atmósfera.
Más misiones lunares y un nuevo desafío para la navegación
El descubrimiento llega en un momento de creciente interés por los viajes tripulados a la Luna y por el desarrollo de vehículos reutilizables capaces de realizar lanzamientos con mayor frecuencia.
Hasta ahora, las perturbaciones ionosféricas relacionadas con cohetes han sido fenómenos relativamente localizados y pasajeros. Pero una actividad espacial mucho más intensa podría aumentar las ocasiones en las que estas alteraciones coincidan con operaciones que necesiten una navegación extremadamente precisa.
Los investigadores consideran necesario profundizar en la relación entre maniobras espaciales y sistemas de posicionamiento por satélite, especialmente para establecer qué errores pueden producirse realmente, cuánto duran y qué tecnologías resultan más vulnerables.
También será importante distinguir los efectos provocados por los propios gases de escape de las ondas atmosféricas generadas durante el vuelo.
El estudio, presentado como una prepublicación científica y pendiente de la correspondiente revisión independiente, no plantea una amenaza permanente para el GPS ni demuestra que la navegación por satélite se haya vuelto insegura.
Sí aporta una advertencia concreta: determinadas operaciones espaciales pueden alterar temporalmente el medio por el que viajan señales utilizadas a diario en la Tierra.
Artemis II regresó de la Luna con éxito, pero sus efectos sobre la ionosfera han dejado otra línea de investigación abierta. A medida que aumenten los lanzamientos y las maniobras orbitales, conocer y anticipar esas perturbaciones será cada vez más importante para proteger la precisión de la navegación terrestre.
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