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Cultura

Morante regresa a Las Ventas un año después de cortarse la coleta

Morante de la Puebla regresó a Las Ventas un año después de su despedida. No cortó orejas, pero dejó naturales de peso y una ovación ante Rosito.

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Morante regresa a Las Ventas

Por Manuel Durán Blázquez - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Morante volvió a Las Ventas un año después de cortarse la coleta
  • Su primer toro fue silenciado y el cuarto le dejó una ovación
  • Rosito permitió los mejores naturales de una tarde sin orejas

Morante de la Puebla regresó este 12 de octubre a Las Ventas exactamente un año después de aquella despedida que parecía definitiva y Madrid, caprichosa como pocas plazas, no repitió el guion. El sevillano terminó su tarde con silencio ante su primer toro y ovación con saludos tras aviso en el segundo, sin cortar orejas, aunque dejó en el cuarto los momentos de mayor calado de su actuación. La plaza había colgado el «No hay billetes».

Lo sustancial llegó con Rosito, de Núñez del Cuvillo, un toro de 552 kilos que había sido protestado por parte del público por su escasa presencia. Morante consiguió darle la vuelta al ambiente y construyó una faena casi entera con la mano izquierda, muy ceñida por momentos, sobria y con riesgo. Brindó el toro a Carlos Sainz y acabó escuchando una ovación después de que el acero rebajara las posibilidades de premio. Un año antes, en el mismo ruedo y en la misma fecha, había cortado dos orejas, abierto la Puerta Grande y se había quitado la coleta. La tauromaquia tiene estas ironías: aquel punto final ha terminado pareciéndose bastante a un punto y seguido.

Un regreso que empezó cuesta arriba con Siciliano

La expectación estaba servida mucho antes del paseíllo. Las entradas para la Corrida de la Hispanidad se habían agotado semanas atrás y Morante volvía a Madrid como principal foco de un cartel completado por Héctor Gutiérrez y Aarón Palacio, este último para confirmar su alternativa. Se lidiaron tres toros de Garcigrande y tres de Núñez del Cuvillo.

Al torero de La Puebla del Río le correspondió en primer lugar Siciliano, número 62, de Garcigrande, negro y con 561 kilos. Era el segundo toro de la corrida. El animal se mostró incómodo desde los primeros tercios y llegó a la muleta con poco recorrido, parado y sin ofrecer el tipo de embestida que permite construir una faena con continuidad.

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Morante lo vio pronto. Hubo tanteos, búsqueda de alguna posibilidad y también un gesto que decía bastante más que una larga explicación técnica. No encontró toro. Abrevió, lo mató con eficacia y recibió silencio.

No había sucedido nada parecido al regreso soñado que rodeaba la tarde. Pero todavía quedaba el cuarto.

Rosito cambió el tono de la tarde

Rosito, número 69 de Núñez del Cuvillo, castaño y de 552 kilos, salió al ruedo entre protestas por su presentación. El runrún no era precisamente el mejor escenario para una obra de paciencia. Morante respondió primero con el capote y dejó dos lances especialmente celebrados, suficientes para que la plaza empezara a mirar hacia otro sitio.

Antes de comenzar la faena de muleta se dirigió a Carlos Sainz, sentado en el tendido, y le brindó el toro. El gesto tenía su pequeña historia: esa misma mañana ambos habían protagonizado un encuentro en Madrid e intercambiado un traje de luces y un mono de competición. Dos uniformes bastante distintos para dos oficios donde conviene no perder la concentración.

Después vino lo importante.

Morante se fue a la mano izquierda porque por el otro pitón había poco material aprovechable. Se ajustó, dejó llegar al toro y fue componiendo una faena prácticamente al natural. Rosito no ofrecía una embestida limpia ni uniforme; hubo desorden y brusquedad. El mérito estuvo en sacar expresión de ahí, en quedarse colocado y construir muletazos donde el animal no los entregaba hechos. La plaza se dividió, como tantas veces ocurre alrededor del sevillano, pero la faena creció.

No fue una obra pulcra de principio a fin, ni pretendió serlo. Hubo quietud, exposición y varios naturales de peso, con el torero muy metido entre los pitones. La espada, sin embargo, dejó un metisaca y después una media estocada caída. Sonó un aviso y el premio quedó finalmente en una ovación con saludos.

Del éxtasis de 2025 a una tarde sin orejas

Para entender por qué esta corrida arrastraba semejante expectación hay que retroceder exactamente 365 días.

El 12 de octubre de 2025, Morante toreó también en Las Ventas y cuajó al cuarto toro de Garcigrande. Cortó las dos orejas, abrió la Puerta Grande y, después de la vuelta al ruedo, protagonizó una escena que sorprendió incluso a quienes llevan media vida viendo despedidas taurinas: se quitó el añadido, es decir, se cortó la coleta en el sentido taurino, en pleno ruedo.

Parecía una retirada. Y fue presentada como tal.

Aquella tarde había tenido incluso un episodio de riesgo. El toro lo derribó de forma aparatosa antes de que Morante levantara la faena que acabaría valiéndole las dos orejas. Después llegó la imagen de la coleta, el paseo a hombros y una Puerta Grande que convertía el adiós en una escena casi demasiado redonda para ser cierta.

Solo que no era el final.

Morante volvió en Sevilla y volvió ganando

Seis meses después, el 5 de abril de 2026, Domingo de Resurrección, Morante reapareció en la Real Maestranza de Sevilla. La vuelta confirmó que aquella despedida madrileña no había sido definitiva. Compartió cartel con Roca Rey y David de Miranda y cortó dos orejas al cuarto toro, en una corrida de Garcigrande celebrada también con el cartel de «No hay billetes».

La temporada volvía a ponerse en marcha alrededor de él, pero apenas dos semanas después llegó el episodio más serio del año.

El 20 de abril, durante la Feria de Abril de Sevilla, Morante sufrió una cornada calificada de muy grave por los médicos. Fue herido por el cuarto toro en La Maestranza y necesitó una intervención de más de dos horas. La cornada afectó a la zona glútea y anal, con lesión muscular y perforación rectal; pasó la noche siguiente ingresado en la UCI antes de continuar una recuperación que obligó, otra vez, a mirar su temporada con interrogantes.

Cuatro días después pudo abandonar el hospital para seguir recuperándose en casa. El percance había sido serio, no una de esas cornadas que el lenguaje taurino disfraza con un par de adjetivos y una fecha de reaparición.

Las Ventas agotó las entradas para verle otra vez

Por eso el regreso a Madrid tenía algo más que el atractivo de una corrida de fiesta nacional. Era la vuelta al escenario exacto donde había representado su retirada, después de una temporada en la que primero reapareció, luego triunfó y después sufrió uno de los percances más graves de su carrera reciente.

La respuesta en taquilla fue inequívoca. Las entradas disponibles para el 12 de octubre se agotaron en pocos minutos casi un mes antes de la corrida. En los tendidos, lleno de «No hay billetes». Aarón Palacio confirmó la alternativa con Veraniego, de Garcigrande, mientras Héctor Gutiérrez completaba una terna construida alrededor del retorno de Morante.

La corrida, además, cerraba la temporada taurina de Las Ventas. Los toros de Morante fueron Siciliano, de Garcigrande, y Rosito, de Núñez del Cuvillo. Dos animales muy distintos y dos respuestas también distintas: silencio con uno, ovación con el otro. No hubo orejas ni Puerta Grande. Tampoco una reedición artificial de lo ocurrido un año atrás.

Un año después, la coleta ya cuenta otra historia

La imagen fuerte de este 12 de octubre no será tan rotunda como la de 2025. No hubo un Morante a hombros mostrando la coleta recién cortada ni una plaza asistiendo incrédula a una retirada. Hubo algo más terrenal: un primer toro sin posibilidades, una segunda faena de notable exposición y una ovación.

Y, sin embargo, la historia tiene su simetría. Morante regresó al mismo ruedo, el mismo día y ante otra plaza llena. Lo que hace doce meses parecía una despedida irrevocable se ha convertido, con el tiempo, en una de esas escenas que solo pueden comprenderse a posteriori. Se fue, volvió en Sevilla, cortó dos orejas, sufrió una cornada muy grave, reconstruyó su temporada y terminó pisando otra vez la arena de Las Ventas.

Esta vez Madrid no le dio trofeos. Sí le concedió algo menos fotogénico y bastante más preciso: una ovación tras una faena seria a Rosito. Doce meses después de cortarse la coleta, Morante estaba exactamente donde parecía imposible imaginarlo aquel día: otra vez delante de un toro en Las Ventas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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