Cultura
El vinilo crece un 27,7% en España y confirma el auge de lo analógico
El vinilo vuelve a crecer con fuerza en España y acompaña el regreso de cámaras, carretes, manualidades y teléfonos básicos en plena era digital.
Resumen
- El vinilo factura un 27,7% más en España durante el primer semestre
- Las cámaras de carrete y las manualidades también recuperan terreno
- Lo analógico convive con el streaming, los móviles y la inteligencia artificial
El vinilo vuelve a girar con fuerza. La facturación de estos discos aumentó un 27,7 % en España durante el primer semestre de 2026, hasta alcanzar los 15,3 millones de euros, mientras cámaras de carrete, máquinas de coser, cerámica o teléfonos básicos recuperan terreno en un mercado dominado —al menos sobre el papel— por las pantallas y la inteligencia artificial.
No estamos ante una repentina rebelión contra la tecnología. El movimiento es bastante más interesante. Consumidores muy acostumbrados al streaming, TikTok, Instagram y los algoritmos están recuperando objetos que se pueden tocar, guardar, reparar o coleccionar. Un disco que ocupa una estantería. Una fotografía que sale mal y no se puede borrar. Una pieza de cerámica con una pequeña imperfección. Ese tipo de cosas que el mundo digital llevaba años intentando ahorrarnos y que, curiosamente, empiezan a tener valor precisamente por eso.
El vinilo se queda con el 73 % del mercado físico
La música ofrece el dato más rotundo. El mercado español de música grabada facturó 181,4 millones de euros entre enero y junio de 2026, un 11,6 % más que en el mismo periodo de 2025. El formato físico avanzó todavía más deprisa: un 20,3 %, hasta 20,9 millones.
Y dentro de ese pequeño universo de discos que todavía necesitan una estantería, el vinilo manda con claridad. Sus 15,3 millones de euros representan aproximadamente el 73 % de toda la facturación física de la música en España. El CD, lejos de desaparecer por completo, también creció, aunque mucho menos: un 4,3 %.
Hay una paradoja agradable. Nunca fue tan sencillo escuchar prácticamente cualquier canción publicada en las últimas décadas y, sin embargo, una parte del público está dispuesta a pagar bastante más por tener doce canciones encerradas en dos caras de plástico negro.
La explicación no parece estar únicamente en la nostalgia. La industria discográfica mira cada vez más al llamado “superfan”, el seguidor que no se conforma con escuchar una canción y busca una relación más física con el artista: ediciones especiales, portadas, colores, objetos coleccionables. El disco deja entonces de ser simplemente un soporte para reproducir música. Se convierte en pertenencia.
El streaming sigue siendo el verdadero gigante
Conviene no exagerar la revolución. España no está abandonando Spotify para desempolvar un tocadiscos familiar. El mercado digital generó 160,5 millones de euros durante el primer semestre, un 88,5 % de todos los ingresos de la música grabada. Solo las suscripciones de streaming aportaron 121 millones, un 15,1 % más que un año antes y aproximadamente dos tercios de la facturación total del sector.
Lo analógico, por tanto, no está derrotando a lo digital. Está creciendo dentro de él, casi como su reverso. Escuchamos música inmediatamente y compramos algunos discos lentamente. Tenemos miles de fotografías en el teléfono y elegimos imprimir veinte. La comodidad sigue ganando; el objeto físico adquiere otro papel.
Y la inteligencia artificial añade una capa nueva a esa relación. Canciones, fotografías y vídeos pueden producirse ahora con una facilidad difícil de imaginar hace pocos años. Cuanto más abundante se vuelve el contenido digital, más atractivo puede resultar aquello que tiene peso, textura, límites y pequeñas imperfecciones.
Máquinas de coser y cerámica: también vuelve lo hecho a mano
El fenómeno sale de las tiendas de discos. En el mercado de segunda mano, las búsquedas relacionadas con máquinas de coser, carretes y cerámica se encuentran entre las más destacadas vinculadas a pasatiempos tradicionales. Andalucía, Madrid y la Comunitat Valenciana concentran buena parte de la oferta de artículos relacionados con estas actividades, por delante de Cataluña y Canarias.
Hay cifras especialmente llamativas. Las búsquedas de máquinas de coser han registrado un aumento del 212 % en los dos últimos años. Una categoría que parecía condenada a los altillos y a las casas de los abuelos vuelve a interesar a consumidores mucho más jóvenes.
No todo es romanticismo de mercadillo. Las manualidades requieren tiempo, atención y cierta tolerancia al error, justo tres cosas que escasean en una economía digital construida alrededor de la velocidad. Coser una prenda, revelar un carrete o modelar barro tiene algo casi subversivo en 2026: no aparece terminado después de pulsar un botón.
La tendencia se observa también fuera de España. Entre los consumidores jóvenes de varios grandes mercados europeos crece el interés por los llamados pasatiempos analógicos, la tecnología vintage y las actividades que permiten pasar un rato lejos de las pantallas, especialmente entre miembros de la generación Z.
Las cámaras de carrete protagonizan uno de los regresos más llamativos
Pocas industrias parecían tan enterradas por el teléfono móvil como la fotografía analógica. El entierro, visto lo visto, quizá fue prematuro. Durante agosto se registró un incremento del 599 % en las ventas de cámaras compactas y desechables en uno de los grandes distribuidores españoles, una subida que ha ampliado la presencia de estos productos en las tiendas físicas.
También cambia la forma de conservar las imágenes. Un 74 % de los españoles asegura que imprime fotografías de manera frecuente o esporádica, mientras la demanda de álbumes aumentó un 53 % entre 2024 y 2025. El archivo infinito del teléfono convive, de nuevo, con fotografías que terminan sobre una mesa o dentro de un álbum.
La gracia del carrete está, precisamente, en todo lo que no permite hacer. No hay veinte intentos de la misma fotografía. No existe una pantalla trasera para comprobar inmediatamente si alguien cerró los ojos. Hay que esperar. Después aparece el grano, una luz ligeramente quemada, un encuadre imperfecto. Durante años fueron defectos que la tecnología intentó eliminar; para parte del público joven son ya parte de la estética.
El regreso tiene incluso respaldo industrial. Fabricantes de película y productos químicos fotográficos han vuelto a elevar producción e invertir ante una demanda de fotografía analógica que se ha recuperado después de años de declive.
El teléfono básico también encuentra un hueco
La misma lógica llega a un objeto bastante menos romántico: el móvil. En España han comenzado a ganar visibilidad los llamados dumbphones, teléfonos básicos diseñados para llamar, enviar mensajes y poco más. Entre quienes se interesan por estos dispositivos aparecen jóvenes que buscan pasar unas horas lejos de las redes sociales y padres que quieren un primer teléfono más sencillo para sus hijos.
No significa que sus compradores estén tirando el smartphone al mar. Con frecuencia, mantienen los dos dispositivos y escogen cuál utilizar según el momento. Es una diferencia importante: el auge analógico no parece plantearse como una renuncia tecnológica, sino como la recuperación de cierto control sobre ella.
La generación que compra una cámara de carrete puede revelar las fotografías, escanearlas y subirlas inmediatamente a Instagram. El vinilo puede descubrirse a través de TikTok. Un tutorial de crochet acumula millones de visualizaciones en una pantalla para enseñar, precisamente, a pasar unas horas sin ella. Lo digital y lo analógico se mezclan mucho más de lo que se enfrentan.
La IA acelera una tendencia que había empezado antes
Sería demasiado fácil explicar todo esto como una reacción directa contra la inteligencia artificial. El renacimiento del vinilo comenzó mucho antes de que los generadores de imágenes, canciones y textos llegaran al público general. La nostalgia y el coleccionismo ya llevaban años empujando el mercado.
La IA sí puede reforzar algunas de las razones que ya estaban detrás del fenómeno. Cuando crear y copiar se vuelve instantáneo, lo escaso cambia de sitio. Ya no es necesariamente la canción, la fotografía o la ilustración. Puede ser el proceso.
Un objeto hecho durante tres horas tiene tres horas dentro. Una fotografía analógica conserva una espera. Un vinilo obliga a levantarse para cambiar de cara. Son inconvenientes, sí. También son parte del producto.
Lo analógico encuentra su sitio en un mundo saturado de pantallas
La vuelta del vinilo, las cámaras de carrete o las labores manuales no anuncia un regreso colectivo a 1995. El streaming continúa creciendo, el móvil permanece en el bolsillo y la inteligencia artificial seguirá extendiéndose por las industrias culturales.
Lo que está apareciendo es una convivencia más extraña y, quizá, más humana. La misma persona escucha cien canciones digitales durante la semana y compra un solo disco el sábado; hace 300 fotografías con el teléfono durante unas vacaciones y reserva un carrete para doce momentos concretos.
Ahí está probablemente el atractivo. Lo digital ofrece abundancia casi infinita. Lo analógico responde con límites. Y después de años persiguiendo dispositivos capaces de hacerlo todo, una parte del mercado parece haber redescubierto el encanto de comprar algo que, deliberadamente, solo sirve para una cosa.
-
EspañaCuatro jóvenes agreden a un conductor del tranvía durante el Pilar
-
TecnologíaMuere Richard ‘Levelord’ Gray, el diseñador detrás de Duke Nukem 3D
-
EconomíaVillajoyosa plantea dos años sin nuevas licencias de pisos turísticos
-
MundoJapón sopesa submarinos de propulsión nuclear con Takaichi al frente
-
MundoVenezuela retoma el diálogo y negocia una reforma electoral clave
-
CienciaRejuvenecen células de sangre de 80 años y las convierten en neuronas
-
EspañaCayetana Álvarez de Toledo gana peso como número dos del PP por Madrid
-
EstiloCabello en la menopausia: cuidados, color y tratamientos adecuados
-
TecnologíaLa PS5 con jailbreak emula Xbox, Switch y PS2 y avanza hacia el PC
-
SaludNavarra registra 305 casos de salmonelosis y alerta por las tortillas
-
CienciaTres galaxias sin materia oscura refuerzan la idea de que sí existe
-
HistoriaLa Casa de Oldemburgo une a todos los monarcas hereditarios europeos