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La FP superior roza el 26% y crece diez veces más que la universidad

La FP superior acelera en España: reúne casi al 26% del alumnado, crece diez veces más que la universidad y atrae a más adultos y perfiles STEM.

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La FP superior crece

Resumen

  • La FP superior ya reúne casi al 26% del alumnado de educación superior
  • Su alumnado crece diez veces más rápido que el de los grados universitarios
  • La universidad mantiene ventaja media en empleo e ingresos

La Formación Profesional de grado superior ha dejado de ser el camino secundario al que durante décadas se miraba por encima del hombro. En España, su alumnado ha crecido durante la última década a un ritmo anual acumulado del 6,7%, frente al apenas 0,7% de los grados universitarios. Dicho de otra manera: la FP superior avanza aproximadamente diez veces más rápido que la universidad.

El salto ya tiene tamaño suficiente para modificar el mapa de la educación superior. En el curso 2024-2025 había 633.477 estudiantes matriculados en ciclos formativos de grado superior, frente a alrededor de 1,4 millones en grados universitarios. Los alumnos de FP representan así el 25,7% del conjunto, prácticamente uno de cada cuatro estudiantes de educación superior.

No significa que la universidad esté perdiendo su papel ni que una vía haya pasado a ser automáticamente mejor que la otra. Los graduados universitarios siguen obteniendo, de media, mejores resultados de empleo y remuneración. Pero el viejo reparto de papeles empieza a crujir: la FP superior crece con mucha más fuerza, atrae a perfiles más diversos y ocupa una parte cada vez mayor de la formación posterior a la enseñanza secundaria.

La FP superior crece un 6,7% anual frente al 0,7% universitario

La diferencia de velocidad es probablemente el dato que mejor retrata el cambio. Durante la última década, el número de alumnos de ciclos formativos de grado superior ha registrado un crecimiento anual acumulativo del 6,7%. En los grados universitarios, el incremento se ha limitado al 0,7%.

La distancia no es precisamente pequeña. Mientras la universidad continúa siendo la opción mayoritaria, la FP ha ido ensanchando su espacio año tras año, impulsada por una oferta más ligada a ocupaciones concretas y competencias profesionales, una duración menor y una percepción social bastante distinta de la que existía hace dos o tres décadas.

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El ciclo superior dura habitualmente dos años, mientras que un grado universitario suele prolongarse durante cuatro. El tiempo se ha convertido en una variable importante para quienes quieren incorporarse antes al mercado laboral o completar posteriormente su formación con otros estudios.

También pesa el coste. La FP pública tiene generalmente un desembolso mucho menor que cursar una carrera universitaria y, especialmente frente a las universidades privadas, la diferencia económica puede ser considerable. Para muchas familias, duración, precio y posibilidades laborales han entrado de lleno en la decisión sobre qué estudiar.

Más estudiantes adultos y más enseñanza a distancia

La FP superior tampoco está creciendo con exactamente el mismo tipo de alumno que llena las facultades. Casi un tercio de sus estudiantes tiene más de 25 años, mientras que en los grados universitarios ese grupo representa aproximadamente una quinta parte.

Ese detalle importa. Los ciclos superiores funcionan cada vez más como puerta de entrada a una profesión, pero también como una vía de recualificación profesional: trabajadores que regresan al sistema educativo, personas que buscan otra especialización o estudiantes que prefieren adquirir competencias técnicas antes de incorporarse al mercado laboral.

También es mayor el peso de la enseñanza a distancia. El 26,3% de los alumnos de ciclos superiores estudia en esta modalidad, frente al 15,8% de quienes cursan un grado universitario. Una diferencia que encaja con ese alumnado algo más adulto, en muchos casos obligado a combinar estudios, empleo y vida familiar. El aula, en definitiva, ya no siempre tiene cuatro paredes.

La enseñanza privada ocupa igualmente más terreno en la FP superior. El 37,7% del alumnado estudia en instituciones privadas, frente al 23,2% en los grados universitarios. Los estudiantes extranjeros siguen siendo minoritarios en ambos sistemas, aunque su presencia también es algo superior entre los ciclos superiores.

La universidad mantiene una presencia femenina mucho mayor

La composición por sexo presenta otra diferencia relevante. Las mujeres representan el 57,2% del alumnado universitario, pero se quedan en el 49,7% en los ciclos superiores de FP.

El desequilibrio se vuelve mucho más visible cuando se observan las áreas científicas y tecnológicas. Más de un tercio de los estudiantes de FP superior, el 33,5%, cursa titulaciones vinculadas al ámbito STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—, frente al 24,2% de los universitarios.

Sin embargo, ese mayor peso tecnológico de la FP no ha eliminado una vieja brecha. Solo el 18,3% de los estudiantes STEM en ciclos superiores son mujeres. En los grados universitarios alcanzan el 34,3%. La formación cambia deprisa; algunos estereotipos, bastante menos.

La FP gana terreno tecnológico, pero el tipo de estudios sigue mandando

Aquí aparece uno de los matices más importantes: enfrentar FP y universidad como si fueran dos bloques uniformes sirve para simplificar la conversación, pero explica bastante poco del mercado laboral real.

Los resultados dependen enormemente del ámbito de estudios elegido. No ofrece las mismas perspectivas cursar informática, mantenimiento industrial o fabricación mecánica que una formación perteneciente a sectores con menor demanda; tampoco todos los grados universitarios presentan la misma inserción laboral.

La comparación, por tanto, no admite el sencillo «FP buena, universidad mala» ni su versión inversa, tan cómoda como falsa. Algunas familias profesionales conectadas con industria, tecnología o mantenimiento pueden ofrecer una transición laboral especialmente rápida, mientras determinados grados universitarios presentan recorridos más largos. En otras profesiones ocurre justo al contrario y el título universitario resulta directamente imprescindible.

Ese es quizá el cambio cultural más profundo: la decisión depende cada vez más de qué se estudia que de la etiqueta genérica del título. La vieja jerarquía automática que colocaba cualquier carrera universitaria por encima de cualquier ciclo profesional resulta cada vez más difícil de sostener con los datos delante.

Los universitarios conservan ventaja en empleo y salarios

El crecimiento de la FP superior tampoco significa que haya adelantado a la universidad en todos los indicadores laborales. De momento, no.

Entre los titulados universitarios, la tasa de empleo alcanza el 85,3%, con una tasa de paro del 5,6%. En los titulados de FP superior, el empleo se sitúa en el 81,9% y el paro en el 7,9%. En ambos casos, España continúa teniendo margen de mejora en la incorporación de los jóvenes titulados al mercado laboral.

La misma diferencia aparece cuando se sigue a quienes terminaron sus estudios y se observa su situación laboral cuatro años después. Los universitarios presentan una tasa de alta en la Seguridad Social 7,7 puntos superior a la de los titulados de ciclos superiores y una proporción de empleo a jornada completa 5,5 puntos mayor.

La distancia más considerable aparece en los ingresos. La base media anual de cotización de quienes terminaron una FP superior es un 30,3% inferior a la de los graduados universitarios. Conviene no confundir este indicador con un salario neto, pero permite comparar la posición económica de ambos colectivos.

Hay, sin embargo, una excepción llamativa. Entre quienes trabajan, el porcentaje de contratos indefinidos es mayor entre los técnicos superiores: 81,6% frente al 73,9% de los universitarios. Una pequeña bofetada estadística a la vieja idea de que una carrera garantiza por sí sola una trayectoria laboral más estable.

Dos años frente a cuatro: una diferencia que pesa cada vez más

El auge de la FP se entiende mejor cuando se observa desde la perspectiva de quien tiene 18, 20 o 30 años y debe decidir cuánto tiempo puede dedicar a estudiar antes de empezar a trabajar.

Un ciclo superior permite obtener una cualificación normalmente en dos cursos académicos y mantiene abierta la posibilidad de continuar después hacia la universidad. El grado exige habitualmente cuatro años y sigue proporcionando una formación académica más amplia, indispensable en numerosas profesiones y con una ventaja media clara en ingresos a medio plazo.

Son modelos distintos, no escalones obligatorios de una misma escalera. Y ese matiz empieza a calar. La elección entre FP superior y universidad depende cada vez más de la profesión buscada, la duración de los estudios, el coste, la especialización y las expectativas personales de cada estudiante.

Durante mucho tiempo la conversación educativa española estuvo dominada por una especie de automatismo social: buenas notas, universidad; notas discretas, FP. Una simplificación bastante injusta para ambas vías. El crecimiento de los ciclos superiores sugiere que esa frontera se está borrando y que empleabilidad, especialización, duración y coste entran cada vez con más fuerza en la decisión.

La educación superior española ya tiene dos grandes caminos

Con 633.477 matriculados, la FP superior ha adquirido una dimensión que impide seguir tratándola como el hermano pequeño de la universidad. Todavía existe una diferencia considerable de volumen —los grados superan ampliamente el millón de estudiantes—, pero la tendencia de la última década señala una transformación bastante nítida.

La universidad conserva mejores cifras generales de empleo e ingresos y continúa siendo insustituible para una enorme cantidad de profesiones. La FP, entretanto, crece diez veces más rápido, concentra una proporción elevada de estudiantes en áreas STEM, atrae a más mayores de 25 años y se adapta con especial rapidez a la formación a distancia.

España no está sustituyendo la universidad por la Formación Profesional. Está dejando atrás, poco a poco, la idea de que existe un único camino prestigioso hacia la educación superior. Y ese cambio, bastante más silencioso que cualquier reforma educativa, ya se ve con claridad en las matrículas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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