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Muere Óscar Tobía, fundador de Bodegas Tobía y renovador de Rioja

Muere Óscar Tobía, fundador de Bodegas Tobía y figura clave de la Rioja moderna, reconocido por sus blancos de guarda y su espíritu innovador.

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Oscar Tobia

Imagen: Bodegas Tobía.

Resumen

  • Óscar Tobía, fundador de Bodegas Tobía, ha fallecido en La Rioja
  • Fue pionero en rosados fermentados en barrica y defendió los blancos de guarda
  • Su bodega, fundada en 1994, llevó sus vinos a más de 30 países

El mundo del vino de Rioja despide a Óscar Tobía, fundador de Bodegas Tobía y uno de los productores que durante las últimas tres décadas empujaron a la denominación hacia terrenos menos previsibles. El bodeguero, natural de San Asensio, ha fallecido después de dedicar buena parte de su vida a un proyecto iniciado en 1994 que terminó llevando sus vinos a más de 30 países.

Su nombre quedó especialmente ligado a la innovación en Rioja, una tierra donde cambiar las cosas nunca ha consistido simplemente en vestir una botella con una etiqueta moderna. Tobía experimentó con fermentaciones en barrica, defendió las largas crianzas y reivindicó el potencial de los blancos de guarda cuando gran parte del prestigio internacional de la denominación seguía descansando, casi por inercia histórica, sobre sus tintos.

En 1996 elaboró Alma Tobía, un rosado fermentado en barrica que se convirtió en uno de los hitos de su trayectoria. Fue una elaboración poco habitual para su tiempo y acabó definiendo bastante bien su manera de trabajar: respeto por el origen, sí, pero sin convertir la tradición en una pieza de museo que nadie se atreve a tocar.

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De San Asensio a construir una bodega con nombre propio

La historia de Óscar Tobía comenzó entre viñas. Creció en San Asensio, dentro de una familia vinculada durante generaciones a la viticultura y a la elaboración de vino. Uvas, depósitos, vendimias y ese calendario rural que se organiza alrededor de la tierra formaron parte del paisaje cotidiano antes de convertirse en profesión.

Se formó como ingeniero agrónomo y amplió sus conocimientos en Viticultura y Enología. En 1994 fundó Bodegas Tobía, un proyecto que recogía la tradición familiar pero pretendía ir más lejos mediante técnica, experimentación y una lectura menos reverencial de algunas costumbres asentadas en Rioja.

Dos años después llegó una de las decisiones que mejor explican su carrera: Alma Tobía 1996. Fermentar un rosado en barrica estaba lejos de ser una receta comercial evidente a mediados de los noventa. Precisamente ahí residía parte de su carácter. Para Tobía, la tradición funcionaba como punto de partida, no como una frontera.

Alma Tobía y una manera distinta de interpretar Rioja

Aquel rosado fermentado en barrica terminó convirtiéndose en uno de los signos de identidad de la casa. Después llegaron blancos fermentados en barrica, reservas, grandes reservas y distintas líneas con las que la firma fue definiendo una personalidad propia dentro de una denominación con siglos de historia y códigos muy reconocibles.

Tobía, Óscar Tobía y Alma Tobía se consolidaron como las marcas principales del proyecto. No se trataba simplemente de producir vinos diferentes por afán de novedad. Detrás había una intención concreta: utilizar el conocimiento enológico y la tecnología para obtener elaboraciones capaces de evolucionar durante años sin perder su vínculo con el viñedo riojano.

La bodega incorporó nuevos sistemas de elaboración y fue desarrollando técnicas que buscaban un mayor control del proceso. La modernización convivía con una idea bastante clásica: la calidad empieza en la uva. La maquinaria podía ayudar, pero difícilmente arreglar lo que la viña no hubiera dado.

El proyecto fue ganando dimensión fuera de España hasta alcanzar más de 30 mercados internacionales. Esa expansión obtuvo reconocimiento institucional en 2002, cuando la Cámara de Comercio de La Rioja distinguió a la firma por su internacionalización. Una pequeña bodega nacida en San Asensio había comenzado a hablar con acento riojano bastante lejos del Ebro.

La apuesta de Óscar Tobía por los blancos de guarda

Uno de los rasgos más reconocibles de la última etapa profesional de Tobía fue su defensa de los grandes blancos de Rioja. El bodeguero sostenía que la denominación tenía materia prima y conocimiento suficientes para competir en una categoría de enorme prestigio: la de los vinos blancos capaces de envejecer durante años y ganar complejidad con el tiempo.

No era una declaración para quedar bien en una presentación. Su bodega trabajó con crianzas prolongadas y desarrolló vinos concebidos precisamente desde esa idea de paciencia, entre ellos Óscar Tobía Gran Reserva Blanco 2016. La apuesta implicaba dedicar años a una botella antes de colocarla en el mercado, algo bastante menos vistoso que lanzar novedades cada temporada, pero mucho más coherente con la filosofía de la casa.

Para Tobía, el tiempo formaba parte de la elaboración. Algunos de sus blancos permanecían largos periodos entre barrica y botella antes de salir a la venta. Esperar también era hacer vino. Puede sonar elemental, aunque en una industria sometida, como cualquier otra, a campañas comerciales y resultados trimestrales, esa paciencia tiene algo de pequeña insurrección.

Una Rioja que podía cambiar sin dejar de ser Rioja

Esa idea explica bastante bien su posición dentro del sector. Tobía nunca necesitó plantear una batalla grandilocuente entre tradición e innovación. Su trabajo sugería más bien que ambas podían convivir. Rioja podía seguir elaborando grandes tintos y, al mismo tiempo, explorar rosados con crianza, nuevas expresiones de variedades blancas y vinos pensados para permanecer muchos años en botella.

Visto desde el presente puede parecer evidente. No lo era tanto cuando comenzó. El vino, como tantos mundos con una historia enorme a la espalda, acostumbra a recibir las novedades con una mezcla bastante humana de curiosidad y ceja levantada. Luego algunas extravagancias dejan de parecerlo y terminan integradas en el paisaje.

Cuzcurrita de Río Tirón, la segunda etapa del proyecto

El crecimiento acabó haciendo pequeñas las instalaciones iniciales. En 2010, Bodegas Tobía trasladó su actividad a Cuzcurrita de Río Tirón, en Rioja Alta, donde puso en marcha una bodega de mayor tamaño preparada para acompañar tanto el aumento de la producción como la expansión comercial.

La empresa mantuvo allí su combinación de tecnología, tradición y vocación exportadora. El proyecto seguía siendo familiar, pero había adquirido una dimensión muy diferente a la de aquel comienzo de 1994. La filosofía, sin embargo, permanecía reconocible: vinos con personalidad propia y una interpretación de Rioja que no se conformaba con repetir fórmulas.

El reconocimiento tampoco quedó limitado al mercado. A lo largo de los años, vinos de la casa fueron escogidos en distintas ocasiones dentro de las selecciones institucionales de la DOCa Rioja, una muestra de la posición que la bodega alcanzó dentro de la denominación después de décadas de trabajo.

Más de tres décadas dejando huella en el vino riojano

La muerte de Óscar Tobía deja al sector sin uno de los nombres asociados a la modernización reciente de Rioja. Pertenecía a una generación de profesionales que no consideró necesario elegir entre respetar la historia y cambiar algunas cosas. Su trayectoria, precisamente, se movió durante años entre esos dos extremos.

El apellido Tobía seguirá visible en las botellas y en una bodega consolidada en Cuzcurrita de Río Tirón. Pero su legado probablemente se entienda mejor a través de una forma concreta de concebir el oficio: curiosidad, paciencia y experimentación, incluso cuando lo cómodo habría sido continuar haciendo exactamente aquello que ya funcionaba.

Su trayectoria deja también una fotografía de la transformación del vino español durante las últimas décadas. De una elaboración mucho más vinculada al mercado nacional se pasó a una industria internacionalizada, técnicamente avanzada y con consumidores dispuestos a mirar más allá de las categorías tradicionales. Tobía recorrió buena parte de ese camino desde Rioja Alta.

Un legado que seguirá abriéndose botella a botella

El vino tiene una extraña forma de conservar la memoria. Una persona desaparece, pero quedan botellas elaboradas años atrás que todavía esperan en bodegas particulares, restaurantes o almacenes. Cuando llegue el sacacorchos, dentro seguirá una parte de aquel trabajo, detenida durante años en vidrio, corcho y paciencia.

Con Óscar Tobía sucede algo parecido. Quedan más de tres décadas de vinos, una bodega nacida en San Asensio y consolidada en Cuzcurrita, una intensa vocación internacional, aquel rosado fermentado en barrica que rompió inercias y una defensa constante del potencial de los blancos riojanos de larga guarda.

No es poca herencia. En una región donde el tiempo decide casi tanto como la uva, la obra de Óscar Tobía seguirá haciendo justamente aquello que él buscaba en muchos de sus mejores vinos: evolucionar despacio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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