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¿Puede Sánchez ganar el 29-N? Las encuestas ponen cifra a su remontada

Pedro Sánchez conserva opciones de ganar el 29-N, aunque los sondeos privados sitúan a PP y Vox con una ventaja que hace muy difícil la remontada.

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Sánchez con Feijoo en 2020

Imagen: Ministerio de la Presidencia. Gobierno de España / Attribution.

Resumen

  • Sánchez aún puede ganar el 29-N, pero necesita una remontada amplia
  • Las 6.000 simulaciones dejan al PSOE por detrás en casi todos los escenarios
  • El CIS dibuja una carrera mucho más favorable para los socialistas

Pedro Sánchez puede ganar las elecciones del 29-N, pero, con la fotografía demoscópica disponible, no es el desenlace más probable. El presidente del Gobierno conserva margen para remontar durante la campaña, aunque los sondeos privados sitúan al PP por delante y una batería de 6.000 simulaciones de SocioMétrica calcula que el PSOE solo igualaría o superaría al PP en escaños en el 8,5% de los escenarios.

Hay, además, una diferencia fundamental entre ganar las elecciones y poder gobernar. Sánchez podría acabar por delante de Alberto Núñez Feijóo y, aun así, encontrarse sin una mayoría parlamentaria viable. La misma simulación solo encuentra un 0,1% de escenarios en los que PP, Vox y UPN no alcanzan juntos la mayoría absoluta. Ahí está el verdadero muro que tendría que derribar la izquierda: no solo adelantar al PP, sino impedir que el bloque de derechas llegue a los 176 diputados.

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¿Qué posibilidades tiene Sánchez de ganar las elecciones?

La respuesta corta es incómoda para el PSOE: posibilidades tiene, pero parte claramente por detrás según la mayoría de las encuestas privadas. SocioMétrica calcula un 8,5% de opciones de que los socialistas igualen o superen al PP en escaños y apenas un 5,4% de que lo hagan también en porcentaje de voto.

No significa que Sánchez tenga un 91,5% de probabilidades de perder las elecciones en cualquier circunstancia imaginable. Ese porcentaje pertenece a un modelo estadístico concreto, construido a partir de miles de escenarios y del error histórico de las estimaciones demoscópicas. Es una medida de cómo está la carrera en este momento, no una escritura notarial de lo que sucederá el 29 de noviembre.

La diferencia importa. Una campaña electoral puede mover voto, concentrarlo, despertar abstencionistas o provocar trasvases inesperados. Sánchez ya ha llegado otras veces a una cita electoral en condiciones incómodas y ha conseguido resistir mejor de lo anticipado. Esta vez, sin embargo, la pendiente aparece bastante más pronunciada: el PSOE no necesita una pequeña corrección, sino un movimiento electoral de varios puntos acompañado por una mejora de sus aliados.

Las 6.000 simulaciones explican por qué la remontada es tan difícil

El modelo de SocioMétrica sitúa a PP y Vox alrededor del 51,3% del voto conjunto, frente al 33,6% que sumarían PSOE y Sumar. La brecha no afecta únicamente a quién queda primero. Al trasladarse a escaños, multiplica el problema porque la derecha aparece con margen suficiente para rebasar la mayoría absoluta.

Según esa estimación, el PSOE y las candidaturas situadas a su izquierda pasarían de los 152 diputados obtenidos en 2023 a unos 117 escaños. Son 35 menos. Para Sánchez, remontar desde ahí exige recuperar voto socialista, contener el crecimiento de PP y Vox y evitar que la fragmentación a su izquierda desperdicie sufragios decisivos en provincias donde el último diputado se gana por muy poco.

La simulación llega todavía más lejos. En alrededor del 19% de los escenarios, PP, Vox y UPN alcanzarían conjuntamente los 210 diputados. Es decir, tres quintos del Congreso. No es el resultado central del modelo, pero da una medida de hasta qué punto algunas combinaciones posibles se alejan de una mayoría progresista.

Sánchez puede ganar y aun así quedarse sin Gobierno

Esta es probablemente la distinción más importante para entender el 29-N. En unas elecciones generales españolas ser el partido más votado no garantiza La Moncloa. El Gobierno nace de una investidura en el Congreso, de modo que lo decisivo no es solo quién ocupa la primera posición, sino qué mayoría puede reunir después.

Sánchez podría recortar terreno durante la campaña, superar al PP por poco e incluso convertirse de nuevo en la fuerza más votada. Pero si PP y Vox suman 176 escaños o más, la victoria socialista tendría un valor político evidente y escaso recorrido parlamentario. Feijóo y Abascal dispondrían, en principio, de los números necesarios para articular una alternativa.

Por eso la remontada del PSOE necesita dos movimientos a la vez. El primero es evidente: Sánchez debe recuperar votos frente al PP y movilizar a electores que en este momento dudan o se inclinan por la abstención. El segundo es más complejo: la izquierda en su conjunto tiene que conservar suficientes diputados para evitar que el avance socialista se produzca mientras sus socios pierden representación.

La fragmentación a la izquierda puede decidir varios escaños

El sistema electoral español convierte esa segunda condición en algo especialmente delicado. Los 350 diputados se reparten entre 52 circunscripciones, con provincias pequeñas y medianas donde unas diferencias relativamente modestas de votos pueden decidir el último escaño.

La fragmentación perjudica sobre todo a las candidaturas con apoyos repartidos pero insuficientes para entrar en el reparto. Según las simulaciones, el espacio situado a la izquierda del PSOE sufriría una parte importante de ese castigo. El voto puede seguir existiendo en términos nacionales y, sin embargo, desaparecer del Congreso en determinadas provincias. Es uno de esos mecanismos electorales poco intuitivos hasta que llega la noche del recuento y empiezan a bailar diputados por unos miles de papeletas.

Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y otras grandes circunscripciones tienen un peso notable, pero también importan provincias medianas donde el último diputado puede cambiar de bloque. Para el PSOE no basta con crecer: tiene que crecer en los territorios adecuados, mientras sus aliados evitan quedarse por debajo de los umbrales efectivos que permiten obtener representación.

El CIS sostiene que Sánchez sí podría ganar con claridad

La gran excepción a este panorama es el Centro de Investigaciones Sociológicas. Su barómetro de octubre coloca al PSOE en torno al 34% de estimación de voto y al PP en el 22,2%, con Vox alrededor del 17%. Es una fotografía radicalmente distinta: en lugar de una remontada improbable, dibuja una victoria socialista holgada en porcentaje.

La diferencia con las encuestas privadas no es menor ni puede despacharse como un simple margen estadístico. Estamos ante dos mapas electorales casi opuestos. En la mayoría de estudios privados, Feijóo parte por delante y el bloque PP-Vox supera con comodidad la mayoría absoluta; en el CIS, Sánchez encabeza la carrera con una distancia muy amplia.

Las metodologías explican parte de esas divergencias: ponderación de datos, recuerdo de voto, tratamiento de indecisos, composición de las muestras y modelos de estimación. Ninguna encuesta introduce una papeleta en la urna. Pero cuando prácticamente todas las casas privadas se alejan del CIS en la misma dirección, la discrepancia se convierte en un dato político en sí mismo.

Qué tendría que ocurrir para que Sánchez remontara

La posibilidad existe porque todavía queda campaña y porque el electorado español ha demostrado una considerable volatilidad durante la última década. Para ganar, Sánchez necesitaría ante todo recuperar antiguos votantes socialistas, mejorar entre los indecisos y elevar la movilización de un electorado progresista que llegue al 29-N tentado por la abstención.

También tendría que reducir la distancia con el PP en las grandes circunscripciones. No basta con sumar décimas de manera uniforme por toda España. Una remontada electoral eficaz necesita convertir cada incremento de voto en diputados, especialmente en aquellas provincias donde uno o dos escaños están realmente en disputa.

Y queda Vox. El crecimiento del partido de Santiago Abascal hace que un trasvase desde el PP no ayude necesariamente a Sánchez. Feijóo puede perder votos hacia su derecha y, paradójicamente, conservar intactas las posibilidades de una mayoría de bloque. Para el PSOE, por tanto, no basta con debilitar al PP: necesita que también retroceda la suma de PP y Vox.

El voto útil puede alterar el tablero durante la campaña

Una campaña polarizada podría favorecer la concentración del voto. A la izquierda, el PSOE tratará de presentarse como la candidatura con capacidad real para frenar una mayoría de PP y Vox; a la derecha, el PP puede apelar a quienes prefieran un Gobierno de Feijóo con menor dependencia de Vox. Ambos movimientos pueden comprimir a los partidos situados alrededor.

Ese voto útil es especialmente relevante cuando la distancia entre bloques parece amplia. Cuanto más se instala la sensación de que el resultado está decidido, más puede cambiar el comportamiento de ciertos electores: unos se movilizan para evitarlo, otros se relajan y algunos concentran su papeleta en la opción que consideran más eficaz. Las encuestas miden intención de voto; la campaña modifica incentivos.

El 29-N todavía puede cambiar, pero Sánchez necesita mucho más que resistir

Así que sí: Pedro Sánchez puede ganar el 29-N. No hay ningún dato que permita afirmar seriamente que el resultado esté cerrado varias semanas antes de las urnas. Pero la respuesta completa es bastante menos cómoda para el PSOE. Con las estimaciones privadas disponibles, una victoria socialista exige una remontada considerable y, sobre todo, un cambio suficiente en el conjunto de los bloques.

Las 6.000 simulaciones ponen cifras a esa dificultad. El PSOE iguala o supera al PP en escaños en el 8,5% de los escenarios, mientras la derecha se queda sin mayoría absoluta únicamente en el 0,1%. Son probabilidades calculadas dentro de un modelo, no destinos inevitables, pero muestran con crudeza la distancia que tendría que recorrer Sánchez.

La incógnita del 29-N, por tanto, no se limita a si el PSOE puede terminar primero. La verdadera batalla está en saber si una eventual remontada socialista puede ser lo bastante grande para cambiar la mayoría del Congreso. Ganar es posible. Ganar y gobernar, con la fotografía actual, es bastante más difícil.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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