Historia
Cómodo, el emperador romano que rebautizó los 12 meses del calendario
El emperador Cómodo rebautizó los doce meses del calendario con sus nombres y títulos, una maniobra de propaganda que desapareció tras su muerte.
Imagen: Getty Museum / Sin restricciones.
Resumen
- Cómodo rebautizó los doce meses con nombres y títulos ligados a su figura
- La reforma convirtió el calendario romano en propaganda del emperador
- Tras su asesinato en 192, Roma recuperó las denominaciones anteriores
Hubo un emperador romano al que gobernar el mayor imperio de su tiempo se le quedó pequeño: quiso gobernar también el calendario. Cómodo, hijo de Marco Aurelio y emperador entre 177 y 192 d. C. —primero junto a su padre y desde 180 en solitario—, ordenó que los doce meses recibieran nombres tomados de su propio nombre, sus títulos y los atributos con los que había ido construyendo una imagen casi divina.
No fue una ocurrencia inventada siglos después para engordar la leyenda negra de Roma. El historiador Dion Casio dejó escrita la serie completa de doce denominaciones, y otros relatos antiguos también recogen la transformación del calendario. Eso sí: afirmar que Cómodo llamó literalmente “Cómodo” a todos los meses simplifica demasiado la historia. Solo uno llevó ese nombre; los demás fueron bautizados con diferentes títulos y epítetos imperiales.
Cómodo convirtió el calendario en propaganda personal
Para entender semejante despliegue conviene situarse en los últimos años de su reinado. Cómodo había llegado al poder con una ventaja poco común en el turbulento mundo romano: era hijo biológico de Marco Aurelio y había sido preparado para sucederle. Fue proclamado coemperador en 177 y quedó como único gobernante tras la muerte de su padre, en el año 180.
Con el tiempo, su forma de representar el poder se volvió cada vez más personalista. La imagen del príncipe sobrio cedió terreno ante algo bastante más aparatoso. Cómodo se identificó públicamente con Hércules, apareció con la piel de león y la maza asociadas al héroe e incluso participó en espectáculos de gladiadores. El gobernante empezaba a confundirse, deliberadamente, con el personaje.
El calendario encajaba perfectamente en aquella operación política. No se trataba únicamente de vanidad —aunque tampoco parecía faltarle—, sino de envolver la vida cotidiana en la figura del soberano. Cada contrato, ceremonia o documento fechado con aquellos meses podía acabar recordando quién mandaba en Roma.
Los 12 nombres del calendario de Cómodo
La relación conservada por Dion Casio sigue el orden de los meses desde enero: Amazonius, Invictus, Felix, Pius, Lucius, Aelius, Aurelius, Commodus, Augustus, Herculeus, Romanus y Exsuperatorius. Un año entero cubierto por nombres y títulos relacionados con el emperador.
Trasladado al calendario actual, enero habría sido Amazonius; febrero, Invictus; marzo, Felix; abril, Pius; mayo, Lucius; junio, Aelius; julio, Aurelius; agosto, Commodus; septiembre, Augustus; octubre, Herculeus; noviembre, Romanus, y diciembre, Exsuperatorius. La reforma convertía los doce meses del año en una especie de monumento administrativo a Cómodo.
Hay, eso sí, una cautela importante. Los textos antiguos no coinciden siempre en la colocación exacta de algunos nombres. La Historia Augusta ofrece una secuencia parcialmente distinta para los últimos meses, mientras que otras referencias encajan mejor con el orden transmitido por Dion Casio. Dos mil años de copias, manuscritos y cronistas tampoco ayudan a que el papeleo imperial llegue impoluto hasta nosotros.
De Amazonius a Exsuperatorius: un año entero bajo su firma
Algunos nombres resultaban perfectamente reconocibles dentro de la titulatura imperial. Lucius, Aelius, Aurelius y Commodus formaban parte de su identidad oficial; Augustus era el gran título asociado al poder imperial, mientras que Pius y Felix proyectaban virtudes que cualquier gobernante romano estaba encantado de atribuirse.
Otros sonaban bastante más teatrales. Herculeus reflejaba su fascinación por Hércules. Invictus significaba “invicto”, una elección difícil de acusar de modestia, mientras que Exsuperatorius evocaba a alguien que supera o se eleva por encima de los demás. El calendario dejaba de medir únicamente el tiempo para empezar a narrar al emperador.
El origen de Amazonius resulta más extraño. La tradición antigua lo relaciona con Marcia, amante de Cómodo, y con la imagen de las amazonas. Es uno de esos detalles que deben manejarse con prudencia porque algunos relatos sobre el emperador mezclan hechos, hostilidad política y chismorreo cortesano, pero encaja con el clima extraordinariamente personalista de los últimos años de su gobierno.
Roma también terminó convertida en “Commodiana”
Los meses no estaban solos. El intento de insertar al emperador en cada esquina del Estado llegó bastante más lejos. Al final de su reinado, Cómodo promovió una especie de refundación simbólica de Roma y vinculó la capital a su propio nombre. La ciudad llegó a ser denominada Colonia Commodiana en la propaganda oficial.
También instituciones, unidades militares y otros elementos de la maquinaria imperial recibieron denominaciones relacionadas con él. El Senado llegó a ser presentado como “Senado Commodiano”, mientras proliferaban representaciones del emperador caracterizado como Hércules. Roma, dicho sin demasiada ceremonia, empezaba a parecer la finca particular de un hombre convencido de estar inaugurando una nueva época.
Puede parecer una extravagancia pintoresca, pero el mecanismo tenía un fondo político reconocible: controlar los nombres permite ocupar el espacio público. El soberano deja de vivir solo en las monedas y los decretos; aparece también en la manera de llamar a las instituciones, a la ciudad e incluso a los meses. Hasta decir la fecha podía convertirse en propaganda.
Hércules, gladiadores y el Cómodo que inspiró a Gladiator
La imagen popular del emperador debe mucho a Gladiator, la película de Ridley Scott estrenada en 2000, aunque el personaje cinematográfico interpretado por Joaquin Phoenix es una recreación muy libre. El Cómodo histórico sí sintió fascinación por la arena y por Hércules, pero numerosos episodios centrales de la película pertenecen a la ficción.
Los relatos romanos describen al emperador participando personalmente en combates y en espectáculos con animales. Él encontraba prestigio en unas actividades que buena parte de la aristocracia senatorial consideraba indignas de un gobernante. Ahí aparece uno de los problemas al reconstruir su biografía: algunos de quienes escribieron sobre él pertenecían precisamente a ese mundo político que lo detestaba.
Eso obliga a separar el hecho del adjetivo. Que los cronistas fueran hostiles hacia Cómodo no convierte automáticamente todo lo que cuentan en ficción. El cambio de nombre de los meses aparece suficientemente asentado en la tradición histórica y encaja, además, con otras medidas de personalización del poder adoptadas al final de su reinado.
Por qué julio y agosto sobrevivieron y los meses de Cómodo no
Cómodo tampoco había inventado la costumbre de asociar meses con grandes figuras romanas. Dos ejemplos siguen impresos en nuestros calendarios. El antiguo Quintilis pasó a llamarse Julius, nuestro julio, en honor de Julio César, mientras que Sextilis terminó convertido en Augustus, agosto, por el emperador Augusto.
Esos nombres sobrevivieron al Imperio y continúan pronunciándose en numerosas lenguas más de dos mil años después. Otros gobernantes también intentaron dejar su firma en el calendario, pero muchas de aquellas denominaciones desaparecieron con ellos. En asuntos de posteridad, el calendario romano fue bastante más selectivo que los aduladores de palacio.
La diferencia de Cómodo estuvo en la escala. No trató de quedarse únicamente con un mes: quiso abarcar los doce. Allí donde César y Augusto habían dejado una pieza permanente en el calendario, él intentó apropiarse del tablero entero.
El calendario de Cómodo murió prácticamente con él
La aventura terminó abruptamente el 31 de diciembre de 192. Cómodo fue asesinado después de una conspiración palaciega en la que participaron personas de su círculo más cercano. Tras fracasar un intento de envenenamiento, el luchador Narciso terminó estrangulándolo. El emperador tenía 31 años.
La reacción política fue rápida. Después de su muerte, el Senado impulsó la eliminación de buena parte de aquella escenografía personalista: se retiraron honores, se atacó su memoria pública y los meses recuperaron sus denominaciones anteriores. El calendario diseñado para convertir a Cómodo en presencia permanente apenas sobrevivió al hombre que lo había impuesto.
Ahí está quizá la ironía más poderosa de toda la historia. Cómodo quiso que el tiempo hablara de él: enero, febrero, marzo… un año entero transformado en monumento. Pero los monumentos políticos dependen de que alguien siga obedeciendo cuando desaparece quien ordenó levantarlos. Julio César consiguió un mes y Augusto otro; Cómodo quiso los doce y no conservó ninguno.
Dos milenios después seguimos diciendo julio y agosto con absoluta normalidad. Amazonius, Invictus o Exsuperatorius, en cambio, sobreviven como reliquias de un experimento político tan desmesurado como breve: el momento en que un emperador romano intentó poner su propia firma sobre el paso del tiempo.
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