Síguenos

España

Los activistas de Sol desmontan las encerronas de varios programas

Varios activistas de la acampada de Sol convierten entrevistas hostiles en vídeos virales y desplazan el foco hacia vivienda, desahucios y medios

Publicado

el

Chico con pancarta en SOL

Por Zarateman - Trabajo propio, CC0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Activistas de Sol han convertido entrevistas hostiles en cortes virales
  • Las réplicas desplazan el foco hacia vivienda, desahucios y medios
  • La acampada reúne perfiles organizados y habituados al debate político

Las entrevistas televisivas a algunos de los participantes en la acampada por la vivienda de la Puerta del Sol están produciendo un efecto difícil de ignorar. Varios programas han planteado conexiones de tono abiertamente confrontativo, con preguntas destinadas a cuestionar la ideología, la coherencia o la preparación de los manifestantes. Sin embargo, algunos de esos cruces han terminado circulando por las redes precisamente por lo contrario: los activistas responden, sostienen su discurso y obligan al plató a abandonar la caricatura fácil.

No hay elementos que permitan hablar con rigor de una operación coordinada entre cadenas o programas distintos. Sí existe, en cambio, un patrón reconocible en algunas entrevistas: el invitado entra como personaje y acaba hablando como actor político. Ha ocurrido en espacios como En boca de todos, Espejo público o El tiempo justo. La acampada, nacida el 26 de septiembre tras una multitudinaria protesta por el desahucio de Maricarmen Abascal, ha demostrado que buena parte de quienes aparecen delante de las cámaras llevan detrás semanas —o años— de organización política y activismo social.

De la pregunta incómoda a una respuesta que cambia el plano

Uno de los episodios más comentados tuvo como protagonista a Alejandra Velasco, participante en la movilización de Sol. Durante una intervención televisiva, un tertuliano cuestionó dónde habían estado los activistas durante los últimos años mientras crecía el problema de la vivienda. Velasco respondió que ella había estado paralizando desahucios y devolvió inmediatamente la interpelación hacia quienes estaban en el plató. El intercambio fue breve. Precisamente por eso funcionó.

La escena resume bastante bien lo que está sucediendo. El formato televisivo busca velocidad, choque, un personaje que pueda comprenderse en veinte segundos. Pero el invitado no siempre acepta ese papel. Cuando responde con experiencias concretas, cifras, conceptos políticos o conocimiento del terreno, la entrevista cambia de terreno y se convierte en una discusión de fondo sobre alquileres, desahucios, fondos inmobiliarios o intervención pública.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Algo parecido ocurrió con Bea de la Cuerda, militante de Anticapitalistas y participante en las movilizaciones, durante una conexión de En boca de todos. El tono ligero del presentador Nacho Abad —incluidas bromas sobre una eventual candidatura de la activista y sobre el físico de Gabriel Rufián— chocó con una respuesta que llevó de nuevo la conversación hacia la vivienda, los servicios públicos, la inmigración y la representación política. La broma quedó flotando unos segundos; el argumento, bastante más tiempo.

Jordi Maquiavello y la conexión que terminó cortada

Más áspero fue el intercambio protagonizado por Jordi Maquiavello, divulgador conocido por sus análisis audiovisuales y participante en la acampada. Durante una conexión con el programa de Cuatro, Nacho Abad le preguntó por la ausencia de libertad de prensa en China. Maquiavello aprovechó la cuestión para dirigir una crítica contra contenidos emitidos por Mediaset y, en particular, contra determinadas informaciones difundidas en espacios de la cadena.

El presentador interrumpió la intervención y terminó cortando la conexión después de reprocharle que utilizara el espacio para atacar al propio grupo audiovisual. El fragmento corrió después por redes sociales y convirtió una entrevista concebida inicialmente alrededor del manifestante en una discusión sobre los límites de la televisión cuando el entrevistado cuestiona al entrevistador.

Ahí aparece una de las paradojas del asunto. Durante años, buena parte de la televisión política ha construido sus momentos más virales alrededor de invitados sorprendidos, contradicciones cazadas al vuelo y frases que puedan transformarse en un vídeo de treinta segundos. Es una máquina bastante eficiente. El problema aparece cuando quien está al otro lado conoce también esas reglas.

Sol no es una suma de personas improvisando ante una cámara

La imagen del joven acampado, ingenuo y poco preparado tiene poco que ver con la composición real del movimiento. En Sol conviven ciudadanos sin afiliación con militantes y simpatizantes del Sindicato de Inquilinas, Anticapitalistas, Coordinadora Juvenil Socialista, Sindicato de Estudiantes y Contracorriente, entre otros colectivos. También hay profesores, estudiantes, trabajadores y personas directamente afectadas por alquileres elevados o procesos de desahucio.

Eso no significa que todos compartan una misma ideología —ni mucho menos—, pero explica por qué algunos entrevistados manejan con soltura marcos políticos, argumentos jurídicos o debates económicos. En la acampada se celebran asambleas, talleres y debates. Desde sus primeros días se organizaron encuentros para explicar cómo actuar ante problemas de vivienda y cómo acceder a redes de apoyo. La plaza no es únicamente una sucesión de tiendas de campaña; se ha convertido en una pequeña estructura política autogestionada.

Esto importa porque cambia la relación con la televisión. El reportero ya no entra necesariamente en un espacio donde posee todo el control técnico y discursivo. Al otro lado puede encontrarse con alguien que sabe qué pregunta llegará, qué marco intenta fijarse y cómo desviarlo. La televisión domina el formato; el activismo empieza a dominar la réplica.

Del 15-M a una generación que conoce el lenguaje de las redes

Hay otra diferencia respecto a las protestas de hace quince años. Quienes participan en Sol han crecido viendo cómo una intervención de dos minutos puede superar en audiencia digital al programa completo que la emitió. No necesitan ganar la discusión durante una hora: basta con un fragmento claro y una réplica contundente que después pueda circular fuera del plató.

La escena televisiva tiene, por tanto, una segunda vida. Primero ocurre en directo o en un magacín; después se separa de ese contexto, se publica en X, Instagram, TikTok o Telegram y circula entre públicos que probablemente jamás habrían visto el programa original. El poder de edición deja de pertenecer exclusivamente a la cadena.

Esa dinámica ayuda a comprender por qué determinadas intervenciones están funcionando tan bien entre los simpatizantes de la protesta. No se celebra únicamente lo que dicen los activistas. Se celebra que rompan un personaje previamente asignado: el joven desinformado, el radical incapaz de argumentar, el campista que vive al margen de la realidad. Puede compartirse o rechazarse su ideología, pero el molde se resquebraja.

Una protesta que ha rebasado el debate sobre una acampada

La dimensión mediática tampoco puede separarse de lo ocurrido fuera de los estudios. La movilización de Sol comenzó después del desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, de la vivienda madrileña en la que llevaba alrededor de siete décadas. La marcha del 26 de septiembre terminó desembocando en la acampada y convirtió el caso en un símbolo de un malestar mucho más amplio alrededor del acceso a la vivienda.

Desde entonces, la protesta ha ido creciendo y atravesando momentos de considerable tensión. El 12 de octubre grupos ultras se acercaron a la plaza, donde se produjeron provocaciones, saludos fascistas y enfrentamientos que obligaron a intervenir a la Policía. Los acampados levantaron un cordón alrededor del campamento mientras los agentes trataban de mantener separados a ambos grupos. La jornada terminó con detenidos y agentes heridos.

El episodio volvió a colocar a Sol delante de las cámaras. Y también hizo más difícil presentar lo ocurrido como una simple extravagancia juvenil. Casi tres semanas después del inicio del campamento, la protesta mantiene organización, capacidad de convocatoria y presencia pública, y su eco ya ha trascendido ampliamente Madrid.

La caricatura funciona hasta que el caricaturizado responde

Lo ocurrido en televisión contiene una lección bastante antigua, aunque las redes hayan cambiado el decorado. Entrevistar no equivale a controlar la respuesta. Un formato puede elegir las preguntas, el plano, los tiempos y hasta cuándo termina una conexión. Lo que no puede garantizar es que el invitado se comporte conforme al personaje previsto.

Eso explica el efecto bumerán de algunos de estos encuentros. Las preguntas más agresivas o paternalistas no siempre debilitan al entrevistado; a veces le entregan exactamente el escenario que necesita para desarrollar su argumento. Y cuando la réplica cabe después en un vídeo breve y fácilmente compartible, el resultado viaja mucho más lejos que la entrevista.

Queda la discusión política de fondo, que es bastante más seria que cualquier momento viral: qué hacer con el precio de la vivienda, los alquileres, los desahucios y la dificultad de emancipación. Los activistas de Sol mantienen posiciones de izquierda muy marcadas y algunas de sus propuestas son abiertamente intervencionistas. Pueden discutirse, como cualquier programa político. Lo que cada vez resulta más complicado es despacharlas con una mueca y pasar a publicidad.

Cuando la caricatura pierde el control

Las conexiones televisivas de estas semanas han terminado mostrando algo que probablemente no todos los programas buscaban enseñar. La acampada de Sol no está formada únicamente por jóvenes instalados durante unos días en el centro de Madrid. Hay organización, ideología, entrenamiento político y una generación extraordinariamente familiarizada con las reglas del espectáculo mediático.

La televisión puede seguir buscando el enfrentamiento porque el enfrentamiento da audiencia. Es parte del negocio desde mucho antes de que existieran las redes sociales. Pero hay una pequeña novedad: el invitado conoce también el negocio. Y cuando entra en pantalla preparado para discutir el marco en lugar de limitarse a responder dentro de él, la encerrona puede cambiar de dueño en cuestión de segundos.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído