España
Aliança Catalana sube a 30 escaños, empata con el PSC y hunde a Junts
Aliança Catalana escala hasta 30 escaños y empata con el PSC, mientras Junts cae a 16 y el Parlament entra en un escenario de difícil gobernabilidad.
By Aniol - Treball propi, CC0, Wikimedia Commons
Resumen
- Aliança Catalana subiría de 2 a 30 escaños y empataría con el PSC
- Junts caería de 35 a 16 diputados y quedaría relegado a quinta fuerza
- El Parlament quedaría fragmentado, con varias mayorías difíciles de aplicar
Aliança Catalana ha dejado de ser una anomalía pequeña en el Parlament para convertirse, al menos según las últimas encuestas, en una fuerza capaz de disputar la primera posición en Cataluña. El sondeo de Ipsos sitúa al partido de Sílvia Orriols en 30 escaños, los mismos que obtendría el PSC de Salvador Illa. En las elecciones catalanas de 2024 consiguió únicamente dos.
El salto es enorme y tiene una víctima especialmente visible: Junts. La formación vinculada a Carles Puigdemont pasaría de sus actuales 35 diputados a solo 16, mientras ERC alcanzaría 23. No es un simple trasvase dentro del independentismo. El mapa político catalán que salió de las urnas hace apenas dos años aparece, sobre el papel, casi dado la vuelta.
Aliança Catalana pasa de dos diputados a disputar la primera plaza
La encuesta de Ipsos, realizada entre el 23 de septiembre y el 1 de octubre entre 2.000 personas, proyecta un Parlament extraordinariamente fragmentado. El PSC seguiría siendo la formación más votada en porcentaje, pero retrocedería de 42 a 30 diputados. Aliança Catalana llegaría también a 30 y se convertiría en segunda fuerza por voto estimado.
ERC resistiría mejor el terremoto y subiría de 20 a 23 escaños. Más abajo, Junts sufriría el golpe más severo, con 16; Vox crecería hasta 18 diputados; el PP bajaría a 11 y los Comuns se quedarían en cuatro. La CUP también perdería terreno. El resultado sería una Cámara con muchos bloques posibles en la calculadora y muy pocos sencillos de trasladar a un acuerdo político.
La magnitud del ascenso de Aliança resulta más clara vista con perspectiva. En mayo de 2024, cuando entró por primera vez en el Parlament, obtuvo dos diputados y algo más del 3% de los votos. La estimación de Ipsos la coloca dos años después en el 17,9% y multiplica por quince su representación parlamentaria.
Otros estudios publicados durante los últimos meses ya habían advertido del crecimiento del partido de Orriols. La fotografía exacta cambia de una encuesta a otra, como es lógico, pero la tendencia lleva tiempo señalando una expansión notable de Aliança Catalana y un deterioro paralelo de Junts.
Junts, el partido que más paga el ascenso de Orriols
Buena parte de la sacudida ocurre dentro del espacio independentista. Según el estudio, solo el 44% de quienes votaron a Junts en 2024 repetiría ahora su apoyo, mientras aproximadamente un tercio se inclinaría por Aliança Catalana. Es una fuga suficientemente grande como para explicar buena parte del vuelco.
Ahí está uno de los elementos decisivos del fenómeno. Orriols no compite únicamente contra PSC, PP o Vox. Su avance se produce, sobre todo, sobre terrenos que durante años fueron patrimonio de Junts y del independentismo conservador, algo que altera la jerarquía interna del soberanismo catalán.
Aliança combina un independentismo inequívoco con un discurso muy restrictivo sobre inmigración, seguridad e islam, acompañado por posiciones económicas liberales y planteamientos sociales conservadores. Esa mezcla ha abierto un espacio electoral difícil de imaginar durante la fase más intensa del procés, cuando el eje nacional absorbía prácticamente cualquier otro debate.
La vivienda y la inmigración cambian las prioridades
Cataluña ha cambiado. Mucho. La discusión política ya no gira exclusivamente alrededor de independencia, referéndum, presos o relaciones con Madrid. Aquella pantalla sigue encendida, pero su brillo es menor. En la encuesta, la vivienda aparece como el principal problema señalado por los ciudadanos y la inmigración ocupa la segunda posición.
La inmigración tiene, además, un peso especialmente elevado entre los votantes de Aliança Catalana y Vox. Entre otros electorados existe preocupación, aunque con intensidades diferentes. Esa nueva jerarquía de problemas ayuda a entender por qué antiguas fronteras políticas empiezan a mostrar grietas.
También aparece un malestar más general con la situación catalana. Solo alrededor de un 20% considera que Cataluña marcha en la buena dirección, mientras la mitad cree que va por mal camino. No todo ese descontento desemboca en Aliança, ni mucho menos, pero constituye un terreno fértil para partidos que se presentan como ruptura con el reparto tradicional del poder.
Un Parlament con mayorías matemáticas pero casi imposibles
El problema no termina en quién queda primero. Empieza justo ahí. El Parlament tiene 135 diputados y la mayoría absoluta se sitúa en 68. Con las cifras proyectadas, las fuerzas independentistas sumarían 72 escaños si se agregan Aliança Catalana, ERC, Junts y CUP. Sobre el papel, mayoría. En la práctica, reunirlas en un mismo Gobierno sería otra historia.
Aliança Catalana sería la mayor fuerza del bloque independentista con 30 diputados, pero sus posibilidades de acuerdo son muy reducidas. Con Junts alcanzaría 46 escaños, lejos de la mayoría absoluta, mientras las profundas diferencias con ERC y la CUP convierten una alianza de todo el soberanismo en una hipótesis especialmente complicada.
Algo parecido sucede en el espacio conservador. Aliança Catalana, Vox, Junts y PP sumarían alrededor de 75 diputados, una mayoría holgada en términos aritméticos. Sus posiciones sobre la independencia, el modelo territorial y la propia idea de España hacen que esa suma resulte políticamente casi imposible.
Por la izquierda tampoco salen fácilmente las cuentas. PSC, ERC, Comuns y CUP alcanzarían únicamente 60 escaños. La combinación con mayoría más clara sería la de PSC, ERC y Junts, que llegaría a 69 diputados, aunque las diferencias entre las tres formaciones convertirían cualquier negociación en un ejercicio delicado.
El ascenso de Aliança golpea el corazón electoral de Junts
La dimensión del cambio supera la pelea por unas décimas. Durante años, Junts pudo presentarse como la referencia central de una parte amplia del independentismo catalán. La aparición de una formación capaz de disputarle ese espacio desde posiciones más duras en inmigración e identidad obliga al partido de Puigdemont a competir en un terreno incómodo.
El dato de fidelidad electoral es particularmente revelador. Mientras el PSC conserva alrededor del 62% de sus votantes de 2024, Junts apenas retendría al 44%. Y aproximadamente uno de cada tres antiguos electores de Junts optaría por Orriols. Es algo más que desgaste: apunta a una redistribución interna del soberanismo.
También el PSC sufre fugas. Alrededor de uno de cada diez votantes socialistas de 2024 se inclinaría actualmente por Aliança Catalana, una proporción similar a la que aparece entre antiguos electores de ERC. El crecimiento de Orriols, por tanto, tiene en Junts su principal cantera, pero no la única.
Vox también crece y la ultraderecha suma 48 diputados
El terremoto no termina en Aliança. Vox pasaría de 11 a 18 escaños, mientras el PP retrocedería hasta 11. Las dos formaciones situadas en la derecha radical sumarían así 48 parlamentarios, más de un tercio de la Cámara, aunque representan proyectos nacionales frontalmente enfrentados.
Ahí aparece una de las paradojas más singulares del nuevo escenario. Vox defiende un nacionalismo español centralista; Aliança, la independencia de Cataluña. Coinciden, sin embargo, en una política especialmente restrictiva sobre inmigración y en otros elementos de la agenda cultural y conservadora.
Ese cruce demuestra que el voto contrario a la inmigración no pertenece automáticamente a un único nacionalismo. El eje territorial, durante años dueño y señor de la política catalana, convive ahora con fracturas sociales, económicas e identitarias que pueden atravesarlo. La política, qué remedio, rara vez respeta las casillas perfectas de un gráfico.
Las encuestas dibujan una tendencia, no un resultado electoral
Los 30 escaños de Aliança Catalana siguen siendo una estimación. No son diputados obtenidos en las urnas. La participación, la campaña, los candidatos, el contexto económico y los acontecimientos políticos pueden modificar sustancialmente una proyección cuando llegan unas elecciones reales.
Conviene mantener esa cautela porque el tamaño del ascenso varía entre estudios demoscópicos. Lo verdaderamente significativo es que diferentes encuestas llevan tiempo colocando a Aliança muy por encima de sus dos diputados actuales y amenazando directamente la posición de Junts.
La encuesta de Ipsos ofrece, eso sí, la fotografía más contundente: PSC y Aliança con 30 escaños, ERC con 23, Vox con 18, Junts con 16, PP con 11 y Comuns con cuatro. Un reparto que convertiría la fragmentación política en el rasgo dominante del próximo Parlament si terminara reproduciéndose en las urnas.
Cataluña entra en un escenario político desconocido
El fenómeno Aliança Catalana no consiste únicamente en que aparezca otro partido a la derecha del tablero. Su particularidad está en haber unido independentismo catalán y discurso antiinmigración en una fórmula capaz de penetrar con fuerza en un espacio donde Junts había mantenido durante años una posición dominante.
Si la tendencia termina llegando a las urnas, el cambio de fondo no sería únicamente el crecimiento de Sílvia Orriols. Sería también el final del viejo equilibrio catalán: un PSC fuerte frente a un independentismo articulado fundamentalmente alrededor de Junts y ERC. Esa geometría empieza a quedarse vieja.
El paisaje se está agrietando. Aliança Catalana aparece ya como competidor por la hegemonía electoral, Junts pierde terreno y las mayorías tradicionales dejan de sumar con facilidad. Las cifras concretas podrán moverse; la advertencia política que contienen resulta bastante más difícil de ignorar.
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