Historia
Así funcionaba Portacoeli, el campo franquista que encerró a miles
Portacoeli, en Serra, recluyó a miles de republicanos desde 1939 y se convirtió en una pieza clave del sistema represivo franquista en Valencia
Resumen
- Portacoeli recluyó a miles de republicanos tras la Guerra Civil
- El campo clasificaba a los presos antes de decidir su destino
- Llegó a concentrar entre 12.000 y 15.000 internos en 1939
El campo de concentración de Portacoeli, en el término valenciano de Serra, fue uno de los grandes centros de internamiento utilizados por el franquismo al terminar la Guerra Civil. Miles de republicanos pasaron por unas instalaciones concebidas inicialmente como sanatorio y convertidas en un engranaje para recluir, identificar y clasificar a los vencidos antes de decidir su destino.
Su historia vuelve al primer plano ante la V Marcha al campo de concentración de Portacoeli, prevista para el 6 de noviembre de 2026. La movilización recuerda a los presos que recorrieron hace 87 años el camino desde Bétera hasta el recinto, muchos de ellos después de haber intentado abandonar España desde el puerto de Alicante.
Portacoeli empezó a funcionar como campo de reclusión en 1939. Las investigaciones históricas sitúan habitualmente su población en varios miles de internos, pero el número se disparó a finales de aquel año, cuando recibió a una parte considerable de los presos procedentes de Albatera, cuyo campo fue clausurado en medio de graves problemas sanitarios. En los momentos de mayor saturación, las estimaciones sitúan entre 12.000 y 15.000 a los recluidos.
De Albatera a Portacoeli tras el final de la guerra
El puerto de Alicante se convirtió en marzo de 1939 en el último escenario de una huida frustrada. Miles de republicanos llegaron hasta allí esperando barcos con los que abandonar España ante la victoria franquista. Muchos fueron capturados y enviados primero al Campo de los Almendros y después al de Albatera.
Cuando Albatera fue cerrado, numerosos prisioneros acabaron en Portacoeli. Los testimonios y estudios sobre aquellos traslados describen viajes en vagones de mercancías o de ganado, con los detenidos hacinados y prácticamente sin información sobre su destino.
Parte de los convoyes llegaba a Valencia. Desde allí los presos continuaban hacia Bétera y afrontaban después el último tramo hasta Portacoeli. Algunas reconstrucciones históricas sitúan esa marcha a pie en torno a nueve kilómetros, por un camino ascendente hasta el antiguo sanatorio.
No era un simple traslado entre prisiones. Para muchos significaba entrar en un sistema en el que la identidad, los antecedentes políticos y las denuncias recibidas podían determinar lo que ocurriría después. Los llamados avales también desempeñaban un papel decisivo en el futuro inmediato del detenido.
Un campo creado para clasificar a los vencidos
Los campos franquistas formaban parte de una red destinada a controlar a la enorme cantidad de prisioneros acumulados durante y después de la guerra. Portacoeli cumplió una función central dentro de ese mecanismo en la zona valenciana: la clasificación política de los detenidos.
Los internos eran investigados y clasificados políticamente. El régimen trataba de distinguir entre quienes podían ser considerados afectos o recuperables y aquellos a los que atribuía responsabilidades políticas, militares o sindicales.
Ese proceso podía terminar de maneras muy diferentes. Algunos presos obtenían la libertad después de conseguir avales. Otros eran enviados a nuevas cárceles, sometidos a consejos de guerra sumarísimos, incorporados a estructuras de trabajo forzado o mantenidos durante años dentro del sistema penitenciario.
Los estudios sobre Portacoeli sitúan el recinto dentro de un sistema represivo que iba bastante más allá de una función administrativa. La violencia física, las desapariciones, los interrogatorios y el deterioro moral de los derrotados formaban parte de una realidad marcada por la arbitrariedad y el control político.
Hambre, hacinamiento y enfermedades
La llegada masiva de presos convirtió rápidamente las instalaciones en un lugar saturado. Los estudios dedicados específicamente a Portacoeli hablan de una población ordinaria de entre 4.000 y 5.000 internos, pero también de momentos en los que la cifra aumentó abruptamente hasta situarse entre los 12.000 y los 15.000.
En algunas habitaciones llegaron a concentrarse, según la documentación recopilada sobre el campo, hasta 32 prisioneros. El hacinamiento iba acompañado de alimentación insuficiente, malas condiciones higiénicas, frío y una asistencia sanitaria muy limitada.
El hambre no era una incomodidad secundaria. En el sistema penitenciario de la primera posguerra podía convertirse en un factor decisivo de deterioro físico, unido a enfermedades como la tuberculosis y a la debilidad extrema de muchos internos que llegaban después de meses de guerra, huidas y encarcelamientos sucesivos.
Los testimonios también recogen palizas y violencia relacionadas con los interrogatorios y con la búsqueda de información sobre los detenidos. La clasificación dependía en buena medida de informes, acusaciones y denuncias procedentes de las localidades de origen. Una identificación podía cambiar radicalmente la situación de un preso.
Juan Peset, uno de los presos más conocidos
Entre quienes pasaron por Portacoeli estuvo Juan Peset Aleixandre, médico, científico y antiguo rector de la Universitat de València. Su trayectoria terminó convirtiéndose en uno de los casos más conocidos de la represión franquista valenciana.
Peset había intentado salir de España desde Alicante. Fue detenido, internado primero en Los Almendros y Albatera y trasladado después a Portacoeli. En enero de 1940 pasó a la Prisión Celular de Valencia.
Fue sometido a consejo de guerra y condenado a muerte. Finalmente fue fusilado en Paterna en 1941. Su itinerario permite entender hasta qué punto Portacoeli era una parada dentro de una cadena represiva más extensa, no necesariamente el destino final del detenido.
De campo de concentración a prisión-sanatorio
La naturaleza administrativa de Portacoeli fue cambiando. El 1 de diciembre de 1939, las instalaciones pasaron a funcionar formalmente como prisión, dentro del proceso por el que numerosos centros de internamiento dejaron de depender directamente de la estructura militar de campos de concentración.
Eso no significó que desapareciera de repente su función represiva. Los presos continuaron siendo clasificados, trasladados o juzgados, mientras una parte de las instalaciones terminó utilizándose como prisión-sanatorio para tuberculosos.
El recinto fue desmantelándose progresivamente entre finales de 1941 y comienzos de 1942. Después retomaría su uso sanitario. El complejo quedó ligado con el tiempo al actual Hospital Doctor Moliner, cuya rehabilitación integral fue adjudicada en 2026 tras décadas de actividad asistencial.
Una cifra de muertos que sigue sin estar cerrada
Determinar cuántas personas murieron en Portacoeli continúa siendo complicado. La documentación conservada es incompleta y los cambios de función del recinto dificultan separar en algunos registros a los presos del campo, los internos de la prisión y los posteriores pacientes del sanatorio.
Los trabajos sobre las fosas y los registros civiles recogen decenas de víctimas vinculadas al recinto y al posterior sanatorio penitenciario. Otros estudios documentan al menos 186 fallecimientos inscritos en Serra entre abril de 1939 y diciembre de 1942, aunque no todos pueden atribuirse con seguridad a presos políticos.
Ese margen de incertidumbre importa. Permite evitar una tentación frecuente cuando se habla de lugares de represión: sustituir la falta de documentación por una cifra redonda. En Portacoeli hubo muertes por enfermedad, desnutrición y las durísimas condiciones del encierro, pero el balance definitivo sigue abierto a la investigación histórica.
El camino de Bétera vuelve a convertirse en memoria
La marcha hasta Portacoeli recupera precisamente uno de los elementos más concretos de aquella historia: el recorrido físico que hicieron numerosos detenidos desde Bétera hasta las instalaciones del campo.
Ese trayecto une el final de la Guerra Civil en Alicante, los campos de concentración de la posguerra, las cárceles franquistas y los consejos de guerra con un lugar que durante décadas fue conocido fundamentalmente por su posterior función sanitaria.
Portacoeli no fue un episodio marginal. Fue parte de una estructura organizada para controlar y depurar a los vencidos, y por sus instalaciones pasaron miles de personas antes de recuperar la libertad, ser trasladadas, condenadas o morir bajo custodia.
Ochenta y siete años después, el edificio y el camino siguen ahí. También quedan documentos, registros, testimonios y nombres. Lo que durante mucho tiempo faltó fue algo bastante más sencillo: que Portacoeli ocupara en la memoria pública el lugar que ya tiene en la historia de la represión franquista.
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