Ciencia
Crean cucarachas cíborg para inyectar fármacos a víctimas atrapadas
Investigadores de Queensland desarrollan cucarachas controladas a distancia con cámaras y microinyectores para llevar asistencia a personas atrapadas.
Resumen
- Australia prueba cucarachas cíborg con cámaras e inyectores para rescates
- El sistema completó el recorrido y la inyección en el 72 % de los ensayos
- Aún no se ha probado con personas ni en emergencias reales
Un equipo de investigadores australianos ha desarrollado cucarachas cíborg capaces de transportar cámaras y pequeños dispositivos de inyección con un objetivo tan sorprendente como práctico: localizar a personas atrapadas entre escombros y proporcionarles asistencia médica antes de que lleguen los equipos de rescate. La tecnología, denominada Paraborg, utiliza insectos vivos equipados con componentes electrónicos que permiten dirigir sus movimientos a distancia.
El proyecto está liderado por la Universidad de Queensland, en colaboración con especialistas en ingeniería biomédica de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Los resultados, publicados en agosto de 2026 en la revista científica Advanced Science, muestran que estos insectos modificados consiguieron completar una operación experimental de desplazamiento e inyección en el 72 % de los ensayos. Cuando el dispositivo se encontraba a menos de 15 centímetros del objetivo, la eficacia de la inyección podía alcanzar aproximadamente el 95 %.
La investigación plantea una posible alternativa para intervenir en terremotos, derrumbes de edificios o accidentes en minas y cuevas. En esas situaciones, encontrar supervivientes puede resultar complicado, pero prestarles asistencia mientras permanecen atrapados es todavía más difícil. Una abertura demasiado estrecha para una persona también puede impedir el paso de un robot convencional.
Conviene señalar una diferencia importante: estas cucarachas todavía no han atendido a pacientes reales. Las pruebas se han desarrollado en condiciones controladas, utilizando materiales que simulan superficies sobre las que practicar las inyecciones. Su aplicación en emergencias continúa siendo una posibilidad futura, aunque los primeros resultados permiten estudiar una función que va más allá de localizar víctimas.
Cómo funciona la cucaracha cíborg desarrollada en Australia
Los investigadores han utilizado ejemplares de Macropanesthia rhinoceros, una especie de cucaracha excavadora gigante originaria del norte de Queensland. A diferencia de las pequeñas cucarachas que aparecen ocasionalmente en las viviendas, estos insectos pueden superar los ocho centímetros de longitud y poseen una constitución especialmente robusta.
Su tamaño facilita el transporte de pequeños equipos electrónicos sin necesidad de fabricar un robot completo. Los científicos colocan sobre el cuerpo del animal un sistema desmontable con microchips y componentes electrónicos necesarios para controlar su desplazamiento.
El funcionamiento se basa en la estimulación eléctrica de determinados órganos sensoriales. Mediante electrodos situados en las antenas, los investigadores pueden inducir cambios de dirección. La estimulación de unas estructuras sensoriales situadas en la parte posterior del cuerpo, denominadas cercos, permite favorecer el movimiento hacia delante.
El insecto conserva su propia capacidad para caminar, mantener el equilibrio y sortear obstáculos. No es una máquina con seis patas artificiales, sino un organismo vivo cuyo movimiento puede orientarse mediante instrucciones electrónicas.
Los científicos utilizan incluso mandos similares a los de los videojuegos para dirigir a las cucarachas durante los experimentos. La escena podría parecer una ocurrencia de ciencia ficción, pero responde a una línea de investigación en robótica biohíbrida que lleva años explorando las posibilidades de combinar organismos vivos con sistemas electrónicos.
Dos cucarachas para localizar a una víctima y suministrarle ayuda
Una de las particularidades del proyecto es que no pretende concentrar todas las funciones en un único insecto. El sistema experimental contempla la intervención coordinada de al menos dos cucarachas con tareas diferentes.
La primera transporta una cámara inalámbrica que transmite imágenes en tiempo real. Su función consiste en explorar el entorno y facilitar que el operador identifique el objetivo.
La segunda lleva un microinyector accionado a distancia. Cuando alcanza una posición adecuada, el operador puede activar el dispositivo, que utiliza un mecanismo de resorte para lanzar una pequeña aguja y un sistema de presión química para impulsar el líquido.
La separación de funciones permite reducir el peso que transporta cada insecto y evita sobrecargarlo con demasiados componentes. También facilita la supervisión visual de la intervención.
La decisión de administrar una sustancia no corresponde a la cucaracha ni a un sistema autónomo de inteligencia artificial. Los investigadores plantean que cualquier actuación médica permanezca bajo supervisión humana, especialmente cuando implique una intervención directa sobre una persona.
Los resultados: un 72 % de éxito en las pruebas de rescate
Las pruebas realizadas por el equipo de Queensland permiten evaluar hasta qué punto estos insectos pueden desplazarse hacia un objetivo y efectuar una inyección controlada.
En uno de los experimentos principales, las cucarachas tenían que atravesar tres puntos de control, acercarse a una superficie de silicona y activar correctamente el dispositivo.
De las 25 pruebas realizadas, 18 terminaron con éxito, lo que representa una eficacia del 72 % para la operación completa. Los investigadores también comprobaron que la distancia entre el insecto y el objetivo influía considerablemente en el resultado.
Cuando el mecanismo se activaba a una distancia inferior a 15 centímetros, la eficacia estimada podía llegar al 95 %. A mayores distancias aumentaba la posibilidad de que la aguja no penetrase correctamente o de que un movimiento inesperado del insecto desviase su trayectoria.
El equipo también examinó por separado el sistema de inyección utilizando piel de cerdo fuera de un organismo vivo. En esas pruebas, el mecanismo alcanzó un 90 % de éxito, un resultado prometedor que, sin embargo, no demuestra todavía su seguridad para administrar medicamentos a personas.
La diferencia importa. Inyectar líquido en una superficie experimental no equivale a tratar a un herido. La piel humana presenta características variables y una intervención médica exige controlar la sustancia administrada, la dosis, el lugar de aplicación y las condiciones de higiene.
Por qué utilizar cucarachas en lugar de pequeños robots
La principal ventaja de estos insectos reside en algo que la ingeniería todavía encuentra difícil reproducir a escala reducida: su capacidad natural para moverse por superficies irregulares y adaptarse a obstáculos.
Una cucaracha dispone de un sistema locomotor desarrollado mediante millones de años de evolución. Sus patas, sensores y mecanismos de equilibrio trabajan de manera coordinada sin necesitar los motores y procesadores que requeriría un robot artificial de prestaciones semejantes.
Esa característica puede resultar interesante para las operaciones de búsqueda y rescate entre escombros, donde los huecos suelen ser estrechos, las superficies inestables y los recorridos imprevisibles.
Los insectos también necesitan relativamente poca energía para desplazarse. La electrónica adicional sigue dependiendo de una fuente de alimentación, pero el movimiento del animal no exige alimentar motores artificiales.
Ahora bien, aprovechar esa ventaja natural introduce sus propios problemas. El comportamiento de una cucaracha no es completamente predecible y la respuesta a los estímulos eléctricos puede disminuir durante una operación prolongada.
Los científicos han desarrollado estrategias para recuperar el control cuando los insectos dejan de responder adecuadamente a determinadas señales. Conseguir un movimiento fiable sigue siendo uno de los grandes desafíos del proyecto.
Los obstáculos que todavía impiden utilizar estos insectos en emergencias
Aunque los primeros resultados son alentadores, trasladar esta tecnología desde un laboratorio hasta un edificio derrumbado supone un salto considerable.
Uno de los principales problemas es la comunicación inalámbrica. Los materiales presentes en una zona de desastre, especialmente el hormigón y la tierra, pueden dificultar la transmisión de señales. Si la conexión falla, el equipo perdería capacidad para dirigir al insecto o recibir las imágenes de la cámara.
También existen dificultades relacionadas con la precisión del inyector. Un movimiento inesperado podría desviar la aguja, mientras que una superficie irregular complicaría la administración de una sustancia.
La cantidad de medicamento transportable representa otra limitación. El prototipo utiliza un depósito muy pequeño, por lo que todavía es necesario estudiar qué tratamientos podrían administrarse realmente y en qué condiciones.
A estas cuestiones se suman las exigencias de esterilidad, seguridad médica y fiabilidad. Antes de utilizar un dispositivo semejante sobre una persona habría que demostrar que funciona correctamente en situaciones mucho más complejas y que no provoca daños adicionales.
El bienestar de los insectos también forma parte del debate. Según la Universidad de Queensland, los ejemplares son anestesiados durante la colocación de electrodos y microchips. Los dispositivos pueden retirarse posteriormente y los investigadores sostienen que, una vez desmontados, los animales mantienen una esperanza de vida comparable a la de otras cucarachas de su especie.
Se trata, en cualquier caso, de una tecnología que utiliza seres vivos como plataformas robóticas y cuyo desarrollo plantea cuestiones éticas además de las puramente técnicas.
El futuro de las cucarachas cíborg en los equipos de rescate
El ingeniero Thang Vo-Doan, uno de los responsables del proyecto, considera que estos sistemas podrían evolucionar hacia grupos de insectos especializados que colaborasen durante una emergencia.
Algunos transportarían cámaras o sensores ambientales para localizar supervivientes. Otros podrían llevar pequeños equipos médicos o materiales destinados a asistir a personas atrapadas.
La investigación abre así la posibilidad de desarrollar enjambres de insectos cíborg con funciones complementarias, aunque por el momento el trabajo ha demostrado principalmente la coordinación experimental de dos ejemplares.
Los investigadores calculan que, si cuentan con suficientes recursos para acelerar el desarrollo y realizar pruebas sobre el terreno, podrían comenzar a utilizarse equipos de este tipo en emergencias reales en un horizonte de cinco a diez años. Es una previsión de los responsables del proyecto, no una fecha confirmada para su implantación.
El objetivo tampoco consiste en sustituir a bomberos, sanitarios o especialistas en rescate. La propuesta es proporcionarles una herramienta adicional para explorar lugares inaccesibles y, eventualmente, intervenir antes de que sea posible evacuar a una víctima.
Por ahora, las cucarachas de Queensland han demostrado que pueden transportar dispositivos, seguir instrucciones y realizar inyecciones experimentales bajo supervisión humana. Todavía queda mucho para comprobar si podrán hacerlo entre toneladas de hormigón y estructuras inestables.
Pero el planteamiento resulta relevante: aprovechar las capacidades de un insecto para llevar asistencia médica donde una persona no puede llegar. Si la tecnología supera las pruebas de seguridad y fiabilidad pendientes, uno de los animales con peor reputación doméstica podría encontrar un papel inesperado en las operaciones de salvamento.
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