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Naturaleza

Los derrames de crudo golpean la pesca en la reactivación de Venezuela

Los derrames de crudo en el Lago de Maracaibo dañan redes y elevan costes para los pescadores mientras Venezuela acelera su producción petrolera

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derrame de petroleo en venezuela

Foto: Joel Luna Prado, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Los derrames de crudo dañan redes y encarecen la pesca en Zulia
  • Pescadores deben alejarse de la costa para evitar las manchas de petróleo
  • Venezuela aumenta la producción con tuberías e infraestructuras deterioradas

Los pescadores del estado venezolano de Zulia están pagando una de las facturas menos visibles de la reactivación petrolera de Venezuela. Nuevos derrames de crudo han contaminado zonas del Lago de Maracaibo y de su costa, dañando redes, obligando a las embarcaciones a alejarse de la orilla y elevando unos costes que para muchas familias dedicadas a la pesca artesanal empiezan a ser difíciles de asumir.

El problema no es una mancha aislada. Organizaciones ambientales denuncian 36 tuberías rotas, más de seis municipios afectados y al menos diez kilómetros de costa alcanzados por el petróleo. Los propios pescadores describen jornadas en las que el hidrocarburo termina pegado a las piernas, las embarcaciones y los aparejos. Mientras Venezuela vuelve a bombear y exportar más petróleo, una parte de su vieja infraestructura muestra, literalmente, las costuras.

Redes manchadas de petróleo y faenas cada vez más lejos

En Bachaquero, municipio Valmore Rodríguez, la pesca ya no comienza simplemente saliendo al lago. Primero hay que localizar por dónde se puede navegar sin atravesar una película de crudo.

Medardo Hernández, pescador de 76 años, resume una situación que tiene poco de abstracta: limpiar el petróleo adherido al cuerpo y al material llega a consumir una cantidad considerable de gasolina. Para proteger las redes, los pescadores han empezado a trabajar más lejos de la costa, aumentando tiempo de navegación, combustible y desgaste de las embarcaciones.

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No es un daño menor. Miguel Ruiz, otro pescador veterano de la zona, calcula que sustituir redes y otros instrumentos puede costar entre 3.000 y 4.000 dólares, una cantidad enorme para una economía artesanal que vive del trabajo diario. El crudo no solo ensucia: convierte cada salida al agua en una pequeña apuesta económica.

Cuando la concentración de petróleo es elevada, directamente no compensa lanzar las redes. Pescadores del Lago de Maracaibo han explicado que los aparejos pueden salir impregnados de una sustancia negra y viscosa difícil de retirar. El resultado es sencillo y bastante cruel: menos zonas disponibles para faenar, más gastos y jornadas que pueden terminar sin captura.

Los pescadores también terminan limpiando el derrame

La paradoja tiene algo de fotografía del problema venezolano. Algunos habitantes que dependen del lago para pescar han sido contratados también para retirar el petróleo de las orillas.

No basta, según las organizaciones ambientales de la zona. Las actuaciones requieren más maquinaria, tecnología y capacidad de contención. Con mano de obra local se puede recoger parte del residuo visible; reparar kilómetros de conducciones deterioradas y controlar nuevas fugas es otra historia.

Las tuberías envejecidas están detrás de las fugas denunciadas

El origen señalado para los episodios recientes está en la rotura de tuberías deterioradas o colapsadas. Zulia concentra desde hace décadas una enorme maraña de instalaciones petroleras, especialmente alrededor del Lago de Maracaibo, cuna histórica de la industria venezolana de hidrocarburos.

Años de baja inversión, mantenimiento insuficiente y caída de la actividad dejaron parte de esa infraestructura en malas condiciones. Volver a aumentar el bombeo a través de un sistema envejecido tiene una consecuencia bastante previsible: sube la presión operativa sobre instalaciones que necesitan rehabilitación.

Las advertencias no proceden únicamente de grupos ecologistas. Autoridades regionales de Zulia han reconocido que una mayor producción y un mayor movimiento petrolero en el lago pueden incrementar el riesgo de derrames y fugas de gas. La recuperación de la industria, por tanto, plantea una ecuación incómoda: extraer más crudo sin reparar antes los puntos débiles puede multiplicar los incidentes.

Venezuela ya ha sufrido otros episodios durante 2026. En marzo, PDVSA afrontó dos vertidos cerca de la refinería de Cardón después de fugas relacionadas con un mismo oleoducto. La compañía detuvo entonces el bombeo en una de las líneas para contener el impacto. No todos los derrames tienen el mismo origen ni dimensión, pero forman parte de un problema recurrente en una red petrolera que arrastra décadas de deterioro.

Venezuela vuelve a producir más petróleo

El contraste resulta especialmente visible porque el negocio petrolero venezolano atraviesa una nueva etapa de expansión. La producción se situó alrededor de 1,2 millones de barriles diarios en agosto de 2026, por encima de los niveles del año anterior. En septiembre, el país exportó unos 1,08 millones de barriles diarios pese a una caída mensual cercana al 9 %, provocada, entre otros factores, por los elevados costes del transporte marítimo.

La reactivación tampoco es solo estadística. Caracas ha cerrado nuevos acuerdos energéticos y varias petroleras internacionales han retomado o ampliado proyectos. El Gobierno interino de Delcy Rodríguez ha fijado, dentro de su acuerdo energético con Estados Unidos, un objetivo inicial de más de 1,5 millones de barriles diarios para 17 campos estratégicos. Repsol, Eni, Chevron y Shell figuran entre las compañías que han reforzado o planteado nuevas actividades en el país.

Bajo el subsuelo venezolano permanece el gran atractivo: unas 303.000 millones de barriles de reservas probadas, las mayores declaradas del mundo. El problema nunca ha sido la falta de petróleo. Ha sido convertir semejante riqueza geológica en producción sostenida con instalaciones fiables, inversión suficiente y servicios capaces de soportarla.

La electricidad añade otro problema a la pesca y al petróleo

Zulia tampoco escapa a las deficiencias del sistema eléctrico. Los pescadores de la zona hablan de cortes que pueden prolongarse seis o siete horas al día, algo que complica conservar el pescado después de desembarcarlo. Sin suministro estable, las capturas necesitan hielo y neveras portátiles; de lo contrario, pueden perderse antes de llegar al comprador.

La electricidad es también uno de los grandes obstáculos para la propia expansión petrolera. Ejecutivos del sector han advertido de que Venezuela mantiene un déficit eléctrico superior a 1.500 megavatios y que solo una parte de su capacidad instalada está realmente disponible. La paradoja vuelve a aparecer: un país con gigantescas reservas energéticas necesita reparar su red eléctrica para poder explotarlas con normalidad.

El Lago de Maracaibo concentra el coste ambiental

Pocas imágenes explican mejor la contradicción petrolera venezolana que el Lago de Maracaibo. Durante generaciones fue sinónimo de riqueza, pozos y grandes instalaciones. Para muchas comunidades ribereñas sigue siendo, antes que nada, el lugar donde se pesca, se trabaja y se vive.

Las manchas de hidrocarburos afectan a ese ecosistema cotidiano. El petróleo puede adherirse a vegetación, aves, embarcaciones y artes de pesca y alcanzar zonas de costa donde su retirada resulta lenta. Los vertidos también alimentan la preocupación por sus efectos sobre peces, manglares y otras especies del lago, aunque determinar el impacto ecológico completo de cada episodio exige mediciones y análisis específicos.

Los vecinos no necesitan un informe para detectar la primera consecuencia: cuando una red sale cubierta de crudo, deja de servir para pescar. Y cuando la contaminación obliga a desplazarse varios kilómetros, el combustible adicional sale directamente del bolsillo del trabajador.

Ahí se entiende mejor la dimensión social del problema. No se trata únicamente de cuántos litros se han vertido, una cifra que muchas veces ni siquiera está disponible. Se trata de quién absorbe el coste mientras las tuberías se reparan, el petróleo se limpia y la producción continúa.

Más barriles exigen también más mantenimiento

La recuperación petrolera ofrece a Venezuela una oportunidad económica evidente. Más producción significa más exportaciones, inversión y capacidad potencial para ingresar divisas después de años de deterioro de una industria que llegó a producir varios millones de barriles diarios.

Pero reactivar no equivale simplemente a abrir válvulas. Buena parte de la infraestructura necesita rehabilitación, desde oleoductos y campos petroleros hasta electricidad, almacenamiento y transporte. Incluso grandes compañías interesadas en regresar al país han advertido de que reconstruir el sector exigirá decenas de miles de millones de dólares y años de trabajo.

El petróleo vuelve, pero el coste se queda junto al lago

En el Lago de Maracaibo esa discusión económica ya tiene una traducción material. Está en las redes cubiertas de petróleo, en las embarcaciones que deben navegar más lejos y en los pescadores que limpian con sus propias manos una contaminación que no provocaron.

Venezuela quiere volver a ser una gran potencia petrolera. Tiene reservas para intentarlo y el bombeo está creciendo. El desafío es otro, bastante menos espectacular que anunciar nuevos campos o contratos: conseguir que cada barril adicional no venga acompañado de una nueva mancha negra sobre la costa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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