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Economía

El paro en Chile alcanza el 9,8 % y desafía el plan económico de Kast

Chile alcanza su mayor tasa de desempleo desde 2021, con un 9,8 %, mientras la actividad se estanca y la reforma fiscal de Kast espera resultados.

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Jose Antonio Kast

Imagen: Mediabanco Agencia, CC BY 2.0

Resumen

  • El desempleo en Chile llega al 9,8 %, su máximo desde 2021
  • El PIB apenas crecería entre un 0,25 % y un 0,75 % en 2026
  • La reforma fiscal de Kast busca reactivar la inversión desde 2027

La economía de Chile atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. El desempleo ha alcanzado el 9,8 %, su nivel más alto desde 2021, mientras la actividad económica apenas creció un 0,2 % interanual en septiembre. Dos indicadores que ponen contra las cuerdas las promesas de recuperación del presidente José Antonio Kast, cuya estrategia de rebajas fiscales y estímulos a la inversión todavía no se traduce en una mejora del mercado laboral.

El deterioro no es menor. Más de un millón de chilenos están desempleados, una cifra que no se registraba desde la pandemia, y el Banco Central ha reducido sus previsiones de crecimiento para 2026 hasta una horquilla de entre el 0,25 % y el 0,75 %. El contraste con el 2,5 % registrado en 2025 evidencia la magnitud del frenazo económico.

Kast llegó a la presidencia en marzo con un programa centrado en reducir impuestos, contener el gasto público y recuperar la confianza empresarial. Su objetivo es que Chile supere el 4 % de crecimiento en 2030 y reduzca el desempleo por debajo del 6,5 % al terminar su mandato. Las últimas cifras, sin embargo, dibujan un panorama bastante menos optimista.

La economía chilena arrastra problemas estructurales anteriores al actual Gobierno, desde la baja productividad hasta la debilidad de la inversión. A ellos se han sumado el encarecimiento de los combustibles, las dificultades de la minería y la pérdida de dinamismo del consumo. Una combinación incómoda para un Ejecutivo que había convertido la reactivación económica en uno de sus principales compromisos políticos.

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Chile supera el millón de desempleados por primera vez desde la pandemia

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) situó la tasa nacional de paro en el 9,8 % durante el trimestre julio-septiembre de 2026, lo que supone un incremento de 1,3 puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año anterior.

El dato resulta especialmente preocupante porque el deterioro no responde únicamente a un aumento de las personas que buscan empleo. También se están destruyendo puestos de trabajo.

En términos interanuales, la población ocupada disminuyó un 1,1 %, lo que equivale a cerca de 103.000 empleos perdidos. Las personas desempleadas, por su parte, aumentaron un 15,3 %.

Las mujeres presentan una tasa de desocupación del 10,5 %, frente al 9,3 % de los hombres. Tampoco mejora la situación del empleo estable: el número de asalariados formales retrocedió un 2,5 % en doce meses.

La industria manufacturera perdió un 8,1 % de sus ocupados, mientras que las actividades de información y comunicaciones registraron una caída del 20,8 %. Los servicios financieros y de seguros también sufrieron un descenso significativo, del 14,1 %.

La Región Metropolitana de Santiago, principal motor económico del país, presenta una situación todavía más complicada, con un paro del 10,4 %.

Estas cifras reflejan un problema que va más allá de la evolución de un indicador. Cuando disminuye el número de trabajadores, también se debilitan los ingresos de las familias, el consumo y las posibilidades de recuperación de las empresas.

La economía apenas crece un 0,2 % tras dos meses de contracción

El segundo gran foco de preocupación es la actividad económica.

El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec), considerado un indicador adelantado del producto interior bruto (PIB), registró un crecimiento interanual del 0,2 % en septiembre, según los datos publicados el 2 de noviembre por el Banco Central de Chile.

El resultado permitió romper dos meses consecutivos de contracción. En julio, la actividad había retrocedido un 1,5 % interanual y en agosto volvió a caer un 1 %.

Conviene introducir un matiz: septiembre mostró una recuperación del 1,9 % respecto a agosto en la serie corregida de efectos estacionales. No toda la economía chilena está retrocediendo al mismo tiempo. El problema es que esa mejora mensual todavía resulta insuficiente para compensar la debilidad acumulada durante el año.

El Banco Central prevé que el PIB crezca entre un 0,25 % y un 0,75 % en el conjunto de 2026, después de haber rebajado sus estimaciones anteriores. Una expansión tan limitada deja poco margen para generar empleo y mejorar los ingresos de la población.

La caída de la minería del cobre agrava el estancamiento

La minería del cobre sigue siendo uno de los principales obstáculos para la recuperación.

En septiembre, la producción minera registró una caída interanual del 12,1 %, lastrada por dificultades en la extracción de cobre, la menor riqueza mineral de algunos yacimientos y las interrupciones temporales de determinadas explotaciones.

Se trata de un sector fundamental para Chile, primer productor mundial de cobre y uno de los grandes proveedores de una materia prima esencial para la electrificación y las nuevas infraestructuras energéticas.

El comportamiento del resto de la economía fue más favorable. La actividad no minera creció un 2 % interanual, mientras que el comercio avanzó un 4,5 % y los servicios aumentaron un 0,9 %.

Esta diferencia permite entender mejor el escenario actual: Chile no sufre una contracción generalizada de todos sus sectores, pero sí una combinación de dificultades productivas y demanda interna debilitada que limita seriamente su crecimiento.

La inflación y el encarecimiento de los combustibles presionan a las familias

La evolución del empleo coincide con un coste de la vida que continúa castigando el poder adquisitivo de los hogares.

La inflación interanual se situó en el 4,1 % en septiembre, según el INE. Durante ese mes, los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron un 0,6 %, mientras que el transporte se encareció un 0,9 %.

Parte de estas presiones está relacionada con el aumento internacional de los precios energéticos, agravado por el conflicto en Oriente Medio.

Chile importa prácticamente todo el petróleo que consume, de manera que las oscilaciones del mercado internacional tienen consecuencias directas sobre el precio de los carburantes.

La decisión del Gobierno de Kast de no amortiguar completamente las subidas de los combustibles en marzo, conocida popularmente como el bencinazo, trasladó una parte importante de ese encarecimiento a los consumidores.

La medida provocó críticas y contribuyó al deterioro de la confianza económica, aunque sería incorrecto atribuir exclusivamente a esa decisión las dificultades que atraviesa el país.

El Banco Central también ha identificado una desaceleración de la demanda interna, un debilitamiento del consumo privado y una pérdida de confianza entre empresas y hogares.

Con el empleo en retroceso y los precios todavía elevados, la capacidad de las familias para impulsar la recuperación resulta limitada.

Kast apuesta por bajar los impuestos del 27 % al 23 %

Frente a este escenario, el Gobierno mantiene su estrategia de reactivación mediante incentivos fiscales y un entorno más favorable para la inversión privada.

La principal herramienta es la Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, conocida como la megarreforma económica de Kast.

Entre sus medidas centrales figura la reducción gradual del impuesto de sociedades del 27 % al 23 %, con un calendario que culmina en 2029.

La legislación también introduce mecanismos de estabilidad tributaria para grandes proyectos de inversión, con periodos que pueden alcanzar los 20 años según el capital comprometido.

El planteamiento del Ejecutivo es que una menor presión fiscal y una mayor seguridad para los inversores favorezcan la llegada de capital, impulsen nuevos proyectos empresariales y terminen generando empleo.

La cuestión es cuánto tardará en producirse ese efecto.

Las rebajas tributarias pueden mejorar la rentabilidad de determinadas inversiones, pero no garantizan por sí solas una recuperación inmediata de la contratación. Las empresas también necesitan demanda, financiación, expectativas favorables y condiciones productivas adecuadas.

El propio Banco Central contempla que la nueva legislación proporcione un impulso económico a partir de 2027, especialmente a través de la inversión.

Sus previsiones apuntan a que la reforma podría aportar alrededor de 0,5 puntos porcentuales adicionales de crecimiento anual en 2027 y 2028. Se trata de una estimación sujeta a la evolución de la economía y al ritmo de aplicación de las medidas.

Por ahora, la distancia entre las expectativas del Gobierno y los resultados económicos es evidente. Pero tampoco puede darse por fracasada una reforma cuyos efectos principales todavía están pendientes de materializarse.

El empleo y la inversión marcarán el verdadero examen de Kast en 2027

El próximo año será decisivo para comprobar si la política económica del presidente chileno comienza a ofrecer resultados.

El Banco Central espera que el crecimiento del PIB se sitúe entre el 2 % y el 3 % en 2027, acompañado de una recuperación de la inversión en capital fijo del 8,1 %.

Son previsiones considerablemente más favorables que las de 2026, aunque todavía alejadas de la ambición de crecimiento superior al 4 % defendida por Kast para el final de la década.

El desafío consiste en trasladar esa posible recuperación de la inversión a la economía cotidiana. Una mejora de los grandes indicadores macroeconómicos tendrá un alcance limitado si no se traduce en más contratos, salarios con mayor poder adquisitivo y oportunidades laborales.

También será necesario observar qué ocurre con la minería, cuyo rendimiento sigue condicionando el crecimiento nacional, y con la evolución de los precios energéticos.

En el terreno político, el deterioro económico supone un desgaste para un presidente que hizo de la recuperación una de sus principales promesas electorales. Kast ha reconocido públicamente las dificultades para recuperar el optimismo, mientras su Gobierno insiste en que los resultados de las reformas llegarán progresivamente.

Los datos disponibles tampoco permiten adjudicar toda la responsabilidad al actual Ejecutivo. Chile llevaba años conviviendo con un crecimiento insuficiente, dificultades de productividad y un mercado laboral vulnerable.

Pero gobernar implica responder a los problemas heredados, especialmente cuando se ha prometido resolverlos.

Con un desempleo cercano al 10 %, más de un millón de personas buscando trabajo y un crecimiento prácticamente estancado, el margen para pedir paciencia empieza a estrecharse. La gran prueba para Kast no será únicamente atraer inversiones, sino conseguir que esa recuperación llegue al mercado laboral antes de que termine su mandato.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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