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Cultura

Aparecen diez dibujos inéditos del joven Gaudí con dos autorretratos

El hallazgo reúne diez dibujos atribuidos al joven Gaudí, dos de ellos autorretratos de 1876, junto a estudios anatómicos, técnicos y ornamentales.

Publicado

el

Gaudi en 1878

Imagen: Pau Audouard Deglaire / Dominio público.

Resumen

  • Han aparecido diez dibujos inéditos del joven Antoni Gaudí
  • Dos son autorretratos realizados en 1876, cuando aún era estudiante
  • El conjunto incluye estudios anatómicos, técnicos y ornamentales

Diez dibujos hasta ahora desconocidos de Antoni Gaudí, entre ellos dos autorretratos realizados en 1876 durante sus años de estudiante, han salido a la luz después de permanecer durante generaciones en manos de la familia de uno de sus antiguos compañeros de clase. El hallazgo abre una ventana poco habitual hacia la formación del arquitecto catalán, mucho antes de la Sagrada Família, la Casa Batlló o la Pedrera.

Los trabajos han sido estudiados por Josep Maria Tarragona, biógrafo y especialista en Gaudí, con la colaboración de Francesc Xavier Jové, y presentados en Barcelona durante el Gaudí International Congress 2026. No son únicamente retratos juveniles: aparecen estudios anatómicos, animales, ornamentos, soluciones constructivas y ejercicios técnicos que permiten seguir, casi a lápiz desnudo, la manera en que el futuro arquitecto aprendía a mirar y representar el mundo.

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Dos autorretratos muestran a un Gaudí todavía estudiante

Los dibujos que más llaman la atención son los dos autorretratos de 1876, realizados cuando Gaudí tenía 23 o 24 años. Se representó de frente y de perfil, con abundante cabello y una larga barba resuelta mediante pequeños trazos. La imagen resulta especialmente singular porque conduce al terreno íntimo a un personaje que la memoria colectiva suele contemplar ya mayor, austero y completamente absorbido por su arquitectura.

Hay también un estudio de su mano izquierda, de dedos largos y estrechos, acompañado por cabezas de animales transformadas en motivos ornamentales, pequeños remates y formas geométricas. Anatomía, naturaleza y decoración aparecen juntas sobre el mismo papel, una mezcla que años después adquiriría dimensiones monumentales en buena parte de su obra.

El interés no reside en encontrar una Sagrada Família diminuta escondida entre apuntes de estudiante. Sería demasiado fácil. Lo revelador es observar cómo aquel joven Gaudí convertía una mano, un animal, una referencia histórica o una estructura en material gráfico para pensar. Primero se aprende copiando y tanteando; después, con suerte y bastante trabajo, aparece una voz propia.

Los dibujos pasaron de generación en generación

La historia de su conservación tiene algo de cápsula del tiempo. Los papeles pertenecieron a Emili Cabanyes i Rabassa, compañero de estudios de Gaudí que posteriormente llegó a ser alcalde de Mataró. Desde entonces permanecieron vinculados a su familia y fueron pasando por herencia hasta llegar a sus actuales propietarios.

Los diez dibujos forman parte de una carpeta considerablemente mayor, compuesta por 37 papeles originales. Esa procedencia continuada resulta especialmente relevante a la hora de analizar su autenticidad: no han aparecido de repente en una subasta ni proceden de una colección cuya pista documental se pierde varias décadas atrás.

Los investigadores han contrastado también números, letras y palabras presentes en estos trabajos con la escritura conservada de Gaudí, especialmente con la del llamado Manuscrito de Reus. También se han comparado con rotulaciones presentes en planos firmados por el arquitecto.

El Manuscrito de Reus ayuda a seguir la pista

Ese manuscrito es una referencia particularmente valiosa porque conserva anotaciones que Gaudí realizó durante su juventud, entre 1873 y 1879. En aquellas páginas aparecen reflexiones sobre ornamentación, geometría, naturaleza y arquitectura, escritas precisamente durante el periodo en el que el estudiante estaba construyendo sus ideas y su forma de enfrentarse al oficio.

La comparación de la grafía no convierte por sí sola cada línea de lápiz en una firma notarial, pero unida a la trazabilidad familiar de los documentos y al contenido de los trabajos proporciona a los especialistas una base considerablemente más sólida que una simple semejanza estilística.

De Nínive a una grúa: qué aparece en los papeles

Uno de los trabajos lleva por título Nínive y presenta dos figuras masculinas dispuestas verticalmente junto a un gran toro alado, con referencias visuales al mundo asirio. Está realizado con tinta sobre un papel de textura satinada, mientras que buena parte de los demás dibujos conocidos emplean grafito sobre papeles vegetales con distintos grados de transparencia.

El conjunto salta de lo artístico a lo técnico con bastante naturalidad. Hay estudios ornamentales y constructivos, ejercicios geométricos, remates arquitectónicos y un emblema relacionado con Mataró. También aparecen el anteproyecto de un sifón para una instalación de blanqueo y el estudio de una grúa.

Ese pequeño inventario desmonta, de paso, una imagen demasiado cómoda de Gaudí: la del creador guiado únicamente por una especie de inspiración orgánica, como si sus edificios hubieran brotado espontáneamente de la piedra. Los papeles muestran también al estudiante que observa, copia, calcula y prueba, atento tanto a una forma natural como al funcionamiento de una máquina.

Viollet-le-Duc también aparece entre sus referencias

Algunos bocetos parten de ilustraciones del arquitecto francés Eugène Viollet-le-Duc, una de las grandes figuras del pensamiento arquitectónico europeo del siglo XIX. Su presencia sitúa al joven Gaudí dentro de una formación bastante más amplia que el tópico del genio aislado que aparentemente inventó su universo de la nada.

Gaudí aprendía mirando hacia atrás y alrededor. Después haría algo distinto con todo aquello. Ahí está una de las virtudes de estos documentos: permiten contemplar el periodo anterior al arquitecto reconocible al primer vistazo, cuando todavía estaba absorbiendo referencias históricas, técnicas y ornamentales.

La relación con Mataró adquiere una nueva dimensión

La presencia de Emili Cabanyes tampoco es un detalle puramente biográfico. Antes incluso de terminar la carrera, Gaudí estuvo relacionado con la Cooperativa Obrera Mataronense, para la que proyectó distintos trabajos. De aquella etapa se conserva la llamada Nau Gaudí, considerada una de sus primeras obras construidas.

Los investigadores han subrayado la cercanía profesional entre Gaudí y Cabanyes y contemplan posibles colaboraciones puntuales. Los documentos refuerzan así la importancia de Mataró en los primeros años de una trayectoria que después quedaría inevitablemente eclipsada por los grandes edificios de Barcelona.

Los autorretratos pertenecen, además, a un momento decisivo. Gaudí obtuvo el título de arquitecto en 1878, de modo que los dibujos fechados en 1876 corresponden al periodo inmediatamente anterior a su entrada plena en la profesión. No son apuntes infantiles ni recuerdos reconstruidos muchos años después: nacieron cuando sus intereses arquitectónicos empezaban a tomar forma.

Por qué estos diez dibujos tienen un valor especial

Gaudí no dejó tras de sí una producción gráfica comparable a la de otros grandes arquitectos. Con los años, su manera de trabajar concedería un enorme protagonismo a las maquetas y modelos tridimensionales, herramientas especialmente adecuadas para estudiar las geometrías complejas que terminarían caracterizando su arquitectura.

Por eso un conjunto documental bien atribuido de sus años de formación posee un interés extraordinario. Estos dibujos permiten observar algo difícil de reconstruir contemplando únicamente los edificios acabados: el proceso previo, las dudas, los tanteos, la educación de la mirada y la capacidad de sintetizar una idea mediante unos pocos trazos.

Los especialistas destacan precisamente esa facilidad temprana para transformar observaciones y conceptos arquitectónicos o decorativos en croquis sencillos. Todavía no está ahí todo el Gaudí posterior, claro. Pero entre un autorretrato, un toro alado, una mano y una grúa empiezan a aparecer algunas piezas del rompecabezas.

El hallazgo se conoce además en 2026, centenario de la muerte de Gaudí, en un año especialmente intenso para la revisión académica de su obra, sus métodos de construcción, su documentación y los aspectos menos estudiados de su trayectoria.

El Gaudí que existía antes del mito

Estos dibujos no necesitan cambiar de golpe la interpretación de Antoni Gaudí para ser importantes. Su fuerza está precisamente en otro lugar: reducen durante unos instantes la enorme distancia que suele imponer el monumento y permiten contemplar al hombre antes que al personaje histórico.

Antes de las torres, las fachadas ondulantes y las multitudes de visitantes hubo un joven de poco más de veinte años sentado delante de un papel, dibujando su propia cara, una mano, animales, máquinas, ornamentos y fragmentos de arquitectura. Todavía estaba aprendiendo. Y en esos trazos imperfectos aparece quizás uno de los Gaudí más interesantes: no el genio terminado, sino el estudiante que empezaba a convertirse en él.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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