Cultura
Duane Davis, condenado a 40 años por el asesinato de Tupac Shakur
La Justicia de Nevada condena a Duane Davis por organizar el asesinato de Tupac Shakur, ocurrido en 1996 tras una pelea en Las Vegas y años de dudas.
Por Bookkeeperoftheoccult - Trabajo propio, CC BY 4.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Duane Davis recibe un mínimo de 40 años por organizar el asesinato de Tupac
- La sentencia llega tres décadas después del tiroteo de 1996 en Las Vegas
- Davis no fue acusado de disparar, sino de preparar la represalia mortal
Duane “Keffe D” Davis ha sido condenado en Las Vegas a una pena de 40 años de prisión como mínimo y hasta cadena perpetua por organizar el asesinato de Tupac Shakur, uno de los crímenes más célebres y durante más tiempo sin resolver de la historia reciente de la música estadounidense. La sentencia llega tres décadas después del tiroteo que acabó con la vida del rapero, que tenía 25 años.
La jueza Carli Kierny impuso al antiguo dirigente de los South Side Compton Crips dos penas consecutivas de 20 años a cadena perpetua: una por asesinato y otra por el uso de un arma de fuego. Davis tiene 63 años y la duración de la condena convierte una eventual libertad condicional en una posibilidad extraordinariamente remota. Sobre el papel existe una puerta. En la práctica, apenas una rendija.
Davis fue declarado culpable en agosto de asesinato en primer grado con arma mortal. No fue acusado de disparar personalmente contra Shakur. La tesis que convenció al jurado fue otra: que organizó la represalia, buscó al rapero junto a otros hombres y proporcionó el arma que terminó utilizándose en el ataque. La legislación de Nevada permite responsabilizar de asesinato a quien participa de manera decisiva en el delito aunque no apriete el gatillo.
Una condena tres décadas después del asesinato de Tupac
La sentencia pone un desenlace judicial a una investigación que durante años pareció instalada en ese limbo en el que acaban algunos grandes casos estadounidenses: demasiados nombres, demasiadas versiones y ninguna condena. Duane Davis es la única persona procesada por la muerte de Tupac Shakur desde aquella noche de septiembre de 1996.
Su reacción ante la condena fue contenida. Durante la vista discutió brevemente sobre el tiempo que debía descontársele por su estancia previa en prisión y, cuando la jueza le concedió la palabra, reclamó objetos que la Policía había retirado de su vivienda durante la investigación. Después anunció que recurrirá la sentencia. Su abogado, Michael Sanft, confirmó igualmente la intención de presentar una apelación.
La acusación pidió que la responsabilidad de Davis se midiera no por quién efectuó materialmente los disparos, sino por quién puso en marcha la operación. Ese matiz es esencial. El juicio no sostuvo que “Keffe D” fuera necesariamente el tirador, sino que dirigió la represalia que desembocó en el asesinato.
La noche en que Tupac Shakur fue tiroteado en Las Vegas
El 7 de septiembre de 1996, Tupac viajaba en un BMW conducido por Marion “Suge” Knight, entonces máximo responsable de Death Row Records. Ambos circulaban por Las Vegas después de asistir al combate de boxeo entre Mike Tyson y Bruce Seldon cuando un Cadillac blanco se situó junto a su vehículo en un semáforo.
Desde ese coche se abrió fuego. Shakur recibió varios impactos y fue trasladado gravemente herido al hospital. Murió seis días después, el 13 de septiembre de 1996, con apenas 25 años. Knight sobrevivió al ataque con heridas mucho menores.
Una pelea en el MGM Grand encendió la represalia
Horas antes del tiroteo había ocurrido el episodio que los fiscales situaron en el origen inmediato del crimen. Tras el combate de Tyson, Tupac Shakur y miembros de su entorno participaron en una pelea dentro del hotel MGM Grand con Orlando “Baby Lane” Anderson, sobrino de Davis.
Anderson estaba vinculado a los South Side Compton Crips, mientras que el entorno de Shakur y Death Row Records tenía relación con miembros de Mob Piru. La agresión quedó registrada por las cámaras del casino. A partir de ahí, según la reconstrucción presentada ante el jurado, Davis decidió responder y salió con otros tres hombres en busca de Tupac y Suge Knight.
El Cadillac blanco y el arma que llegó al asiento trasero
El propio Davis había contado años después que viajaba en el asiento delantero del Cadillac y que entregó un arma hacia la parte trasera del vehículo. Cuando localizaron el BMW, uno de los ocupantes disparó desde el coche.
Ese relato terminó convirtiéndose en una pieza fundamental contra él. La ironía judicial del caso es bastante seca: durante años faltaron pruebas suficientes para sentarlo en el banquillo y, finalmente, muchas de las pruebas decisivas procedieron de sus propias declaraciones.
Sus entrevistas y memorias reactivaron un caso casi congelado
Las autoridades sospechaban desde hacía años de la implicación de Davis, pero el expediente no reunía material suficiente para formular una acusación sólida. El panorama cambió cuando comenzó a hablar públicamente sobre lo sucedido.
Apareció en entrevistas, realizó declaraciones sobre su participación y publicó en 2019 el libro Compton Street Legend, donde describía aspectos de aquella noche. Durante el juicio, la Fiscalía recurrió ampliamente a sus propias declaraciones, a grabaciones realizadas durante investigaciones anteriores y al contenido de esas intervenciones públicas.
La defensa intentó precisamente convertir esa aparente fortaleza en una debilidad. Sostuvo que no existía evidencia física suficiente que conectara directamente a Davis con el asesinato y presentó a su cliente como un hombre que había exagerado o mentido sobre su papel para obtener notoriedad y dinero.
No funcionó. Tras nueve días de testimonios, el jurado necesitó aproximadamente tres horas de deliberación para declararlo culpable. Después de décadas de conjeturas, la causa había llegado por fin a una condena penal.
El tirador de Tupac sigue siendo una incógnita judicial
La sentencia contra Davis no resuelve todas las incógnitas que acompañan al caso desde 1996. La más evidente continúa siendo la identidad del hombre que disparó contra Tupac Shakur.
Davis señaló durante años a su sobrino Orlando Anderson como autor material. Anderson, que negó cualquier implicación cuando estaba vivo, murió en 1998. Las otras dos personas que, según la investigación, viajaban aquella noche en el Cadillac también han fallecido.
La Fiscalía de Nevada no considera probada de forma concluyente la identidad del tirador y, por el momento, no dispone de pruebas suficientes para presentar cargos contra otra persona. La posibilidad jurídica permanecería abierta si aparecieran nuevas evidencias, aunque treinta años de distancia y la muerte de varios protagonistas estrechan mucho ese camino.
Ese detalle impide hablar de un caso completamente aclarado. Hay una condena por organizar el asesinato; el mecanismo criminal ha sido reconstruido ante un jurado y existe un responsable condenado. Pero la mano que efectuó los disparos continúa fuera de una sentencia.
Una sentencia que no despeja todas las sombras
La familia de Tupac asistió a la vista de sentencia después de haber esperado tres décadas. Su hermana, Sekyiwa Shakur, recordó ante el tribunal que el músico fue mucho más que la imagen violenta asociada a una parte del hip hop de los años noventa y destacó su interés por el activismo y los problemas sociales de la comunidad negra estadounidense.
Su muerte terminó convirtiéndose casi inmediatamente en materia de cultura popular. Teorías conspirativas, documentales, libros, canciones y versiones contradictorias fueron llenando el espacio que durante años dejó vacío la Justicia. Mientras tanto, la figura de Tupac crecía. En 2017 fue incorporado de manera póstuma al Salón de la Fama del Rock and Roll y su obra continúa siendo una referencia central del rap estadounidense.
Treinta años después, el caso tiene una condena
Treinta años después del Cadillac blanco, del semáforo de Las Vegas y de aquellos disparos, el expediente tiene por fin una condena de enorme peso: Duane “Keffe D” Davis afronta un mínimo de 40 años entre rejas y una eventual cadena perpetua. Él anuncia recurso. La Justicia ha determinado quién organizó el ataque; no ha logrado, todavía, borrar todas las zonas oscuras que hicieron del asesinato de Tupac Shakur uno de los grandes casos criminales de la cultura estadounidense contemporánea.
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