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Economía

Los empleos más expuestos a la IA en España y los que mejor resisten

La inteligencia artificial empieza a afectar al mercado laboral español: qué empleos están más expuestos, cuáles resisten y qué pasa con los jóvenes.

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Los empleos más expuestos a la IA

Resumen

  • Los trabajos administrativos y digitales están más expuestos a la IA
  • Oficios técnicos y cuidados resisten mejor la automatización
  • El acceso al primer empleo puede complicarse para los jóvenes

La inteligencia artificial comienza a dejar señales en el mercado laboral español. Los programadores, administrativos, diseñadores, profesionales de las finanzas y trabajadores dedicados al procesamiento de información figuran entre los perfiles más expuestos a la automatización. En cambio, electricistas, fontaneros, profesionales sanitarios, cuidadores y trabajadores de la construcción presentan una mayor resistencia, especialmente cuando sus funciones requieren intervención física, trato personal o decisiones difíciles de estandarizar.

La novedad es que el impacto empieza a observarse en las estadísticas. Una investigación del Institut d’Economia de Barcelona (IEB), vinculado a la Universidad de Barcelona, encuentra una relación entre una mayor exposición a la IA y el aumento del desempleo en determinadas ocupaciones españolas. El estudio no demuestra que la tecnología sea la causa directa de ese incremento, pero aporta indicios de un cambio que hasta hace poco se analizaba principalmente mediante previsiones.

La transformación tampoco significa que todos los empleos expuestos vayan a desaparecer. Los datos más recientes muestran una situación bastante más compleja: algunas empresas necesitan menos personal para realizar determinadas tareas, mientras otras contratan profesionales capaces de incorporar herramientas de IA a sus procesos. Y los trabajadores jóvenes, que tradicionalmente encontraban sus primeras oportunidades en puestos relativamente rutinarios, podrían encontrarse con mayores dificultades para acceder al mercado laboral.

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El desempleo empieza a mostrar señales del impacto de la IA en España

El estudio del IEB analiza 502 ocupaciones y cruza datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) con información sobre las características de las actividades profesionales. Su propósito es identificar si el desempleo evoluciona de manera diferente en los trabajos más expuestos a la inteligencia artificial respecto a aquellos donde sus posibilidades de aplicación son menores.

Los resultados apuntan a una tendencia creciente. Entre 2022 y 2024, diez puntos porcentuales adicionales de exposición a la IA se asociaban con un aumento del desempleo del 1,2 %. En el periodo comprendido entre 2024 y 2026, esa asociación alcanza el 1,7 %.

Es una señal relevante, aunque conviene interpretar correctamente las cifras. El análisis identifica una correlación estadística, no una prueba de que la inteligencia artificial esté provocando por sí sola la pérdida de esos puestos. La situación económica, los cambios sectoriales y las decisiones de contratación de las empresas también influyen en la evolución del paro.

Los investigadores tampoco encuentran una contracción generalizada de la contratación en las actividades estudiadas. Eso deja abiertas dos explicaciones: que más trabajadores estén entrando en el desempleo o que quienes pierden su puesto tengan mayores dificultades para encontrar otro.

Un informe publicado en septiembre por Fedea y BBVA Research añade un matiz importante. En España, las ocupaciones con mayor exposición potencial a la IA han registrado desde 2022 un crecimiento del empleo superior al promedio. Por ahora, no existe evidencia de una destrucción generalizada de puestos de trabajo atribuible a esta tecnología.

Ambos resultados pueden convivir. El empleo total puede crecer al mismo tiempo que determinados profesionales encuentran más obstáculos para acceder a nuevas oportunidades.

Los empleos con más riesgo de automatización por la inteligencia artificial

Las profesiones más expuestas comparten una característica: una parte importante de sus funciones consiste en trabajar con información digital, elaborar documentos, aplicar procedimientos conocidos o resolver problemas que pueden expresarse mediante instrucciones.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) identifica las ocupaciones administrativas como uno de los grupos con mayor exposición a la inteligencia artificial generativa. También observa un aumento de esa exposición en actividades técnicas y profesionales que hasta hace pocos años se consideraban relativamente protegidas.

Entre los trabajos que presentan mayores posibilidades de transformación destacan los siguientes perfiles:

Administrativos y auxiliares de oficina. La gestión de documentos, la clasificación de información, la elaboración de informes y muchas tareas de organización pueden automatizarse parcialmente. Las funciones repetitivas son las más vulnerables.

Profesionales de contabilidad y gestión de datos. Registrar operaciones, revisar documentos, introducir información y preparar determinados informes financieros son actividades en las que las herramientas de IA pueden ahorrar numerosas horas de trabajo.

Programadores y desarrolladores informáticos. Los sistemas actuales permiten generar código, detectar errores y realizar pruebas. Esto afecta especialmente a las tareas más estandarizadas, aunque sigue siendo necesaria la supervisión de profesionales capaces de diseñar y mantener sistemas complejos.

Diseñadores gráficos y creadores de contenido. La generación automática de imágenes, textos y materiales publicitarios reduce el tiempo necesario para determinados encargos. La dirección creativa, la interpretación de las necesidades del cliente y la evaluación de resultados siguen requiriendo criterio profesional.

Trabajadores de atención al cliente. Los asistentes conversacionales pueden atender consultas frecuentes, gestionar solicitudes sencillas y clasificar incidencias. Los casos delicados o aquellos que requieren negociación y comprensión del contexto son más difíciles de automatizar completamente.

Traductores y profesionales de documentación. La traducción de textos generales, los resúmenes y la búsqueda de información están cada vez más asistidos por sistemas automáticos. La especialización, la revisión de calidad y el conocimiento cultural adquieren mayor importancia.

También están expuestos determinados analistas financieros, asesores y profesionales jurídicos, especialmente cuando sus funciones consisten en examinar grandes cantidades de documentación o preparar borradores.

Eso no significa que todas estas profesiones tengan el mismo riesgo de desaparición. Automatizar tareas no equivale a eliminar un empleo completo. Un abogado puede utilizar inteligencia artificial para revisar documentos y continuar siendo imprescindible para desarrollar una estrategia jurídica. Algo similar ocurre con un programador que supervisa sistemas o un diseñador que dirige un proyecto creativo.

Los jóvenes que buscan su primer empleo afrontan mayores dificultades

La edad y la experiencia profesional introducen otra diferencia importante.

Una investigación de la Universidad de Stanford, revisada en agosto de 2026 y basada en registros laborales estadounidenses hasta junio, detecta que el empleo de los trabajadores de 22 a 25 años en ocupaciones muy expuestas a la IA se sitúa un 19 % por debajo del nivel que habría alcanzado si hubiera seguido la evolución de sus compañeros de edad en actividades menos expuestas.

No significa que el 19 % de esos jóvenes haya perdido su empleo por culpa de la inteligencia artificial. Se trata de una diferencia relativa entre trayectorias laborales, y los investigadores advierten de que sus datos no permiten atribuir todo el fenómeno exclusivamente a esta tecnología.

El resultado más significativo está en la contratación. Los ajustes parecen producirse principalmente porque se incorporan menos trabajadores jóvenes, no porque las empresas estén despidiendo masivamente a sus empleados.

La explicación es plausible: muchas tareas que antes se encargaban a perfiles principiantes pueden resolverse mediante herramientas automatizadas bajo la supervisión de un profesional con experiencia.

Es una paradoja incómoda. Las empresas siguen necesitando trabajadores cualificados, pero algunos de los puestos que servían para adquirir esa cualificación pueden estar reduciéndose.

Los trabajos que mejor resisten a la inteligencia artificial

En el lado contrario aparecen las profesiones que dependen de habilidades físicas, relaciones personales y capacidad para actuar en entornos cambiantes.

La OCDE y los estudios españoles sobre exposición laboral señalan que las ocupaciones manuales presentan, en términos generales, menor exposición a la IA generativa que las administrativas y profesionales.

Entre los trabajos relativamente más resistentes destacan la fontanería, la electricidad, la carpintería, las reparaciones, el mantenimiento de instalaciones y numerosos oficios de la construcción.

Una inteligencia artificial puede explicar cómo reparar una avería, interpretar un plano o ayudar a calcular materiales. Pero no puede desplazarse por sí sola hasta una vivienda, inspeccionar una instalación deteriorada y sustituir físicamente una tubería. Para eso hacen falta personas o sistemas robóticos especializados, cuyo despliegue supone dificultades y costes distintos.

La sanidad y los cuidados personales presentan otra forma de resistencia. Enfermeros, fisioterapeutas, auxiliares sociosanitarios y cuidadores realizan tareas que combinan conocimientos técnicos, contacto humano y actuaciones físicas.

La inteligencia artificial puede ayudar a organizar tratamientos, documentar consultas o analizar información clínica. Sin embargo, atender a una persona dependiente, realizar determinadas intervenciones y responder a situaciones inesperadas exige capacidades que van mucho más allá de producir una respuesta digital.

También destacan los profesionales del trabajo social, la asistencia personal y determinados puestos educativos. En estos sectores, las herramientas automáticas pueden transformar las actividades cotidianas sin reemplazar necesariamente las relaciones humanas que sostienen el servicio.

El informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial prevé un crecimiento relevante del empleo vinculado a los cuidados, la enfermería, la construcción y la educación hasta 2030. En muchos casos, ese crecimiento estará impulsado por factores como el envejecimiento de la población y las necesidades de servicios, no exclusivamente por la aparición de la IA.

Conviene evitar, de todas formas, la etiqueta de profesiones inmunes. Los robots, los sistemas de diagnóstico, la maquinaria autónoma y otras tecnologías también pueden transformar el trabajo físico. Una menor exposición actual no garantiza protección permanente.

Tener estudios universitarios no garantiza estar menos expuesto

Uno de los resultados más llamativos del análisis español afecta precisamente a los trabajadores con mayor nivel educativo.

Según el observatorio de Fedea y BBVA Research, más del 40 % de los ocupados con estudios superiores trabaja en profesiones situadas dentro del grupo de mayor exposición a la inteligencia artificial. Entre quienes tienen estudios equivalentes a la ESO o inferiores, la proporción ronda el 15 %.

La diferencia rompe una asociación tradicional del mercado laboral: la idea de que una mayor formación académica protege automáticamente frente a los avances de la automatización.

Durante décadas, muchas innovaciones tecnológicas afectaron especialmente a las tareas industriales y manuales. La inteligencia artificial generativa altera parcialmente ese patrón porque trabaja precisamente con los conocimientos, documentos y datos que utilizan numerosos profesionales cualificados.

Las diferencias también aparecen entre sectores. BBVA Research señala que, en actividades como las tecnologías de la información, las finanzas y los seguros, más del 80 % del empleo se concentra en ocupaciones de alta exposición.

Madrid destaca igualmente por su estructura laboral, con más del 40 % de su empleo en puestos de elevada exposición, mientras que otras regiones con mayor presencia de actividades manuales presentan porcentajes inferiores.

Sin embargo, mayor exposición tampoco implica necesariamente mayor precariedad. Las profesiones cualificadas pueden beneficiarse enormemente de estas herramientas, aumentar su productividad y asumir tareas más complejas.

Un desarrollador experimentado que utiliza IA para acelerar determinadas operaciones puede convertirse en un profesional más productivo. Lo mismo sucede con médicos, ingenieros, investigadores o especialistas financieros capaces de aprovechar la automatización sin renunciar al control de su trabajo.

La diferencia estará cada vez menos en disponer de conocimientos que una máquina pueda reproducir y más en saber aplicarlos, comprobar resultados y asumir decisiones.

Las habilidades que pueden proteger el empleo en los próximos años

La transformación laboral no depende únicamente del avance tecnológico. También importa cómo decidan utilizarlo las empresas y qué oportunidades de formación tengan los trabajadores.

El Foro Económico Mundial calcula que aproximadamente el 39 % de las habilidades profesionales actuales podrían transformarse o quedar desactualizadas entre 2025 y 2030. Es una previsión sobre competencias laborales, no sobre el porcentaje de puestos que desaparecerán.

Las capacidades relacionadas con la inteligencia artificial, el análisis de datos y la seguridad informática ganarán importancia. Pero las habilidades humanas difíciles de reproducir también tendrán valor: pensamiento crítico, negociación, creatividad aplicada, liderazgo, comunicación y resolución de problemas complejos.

Para quienes trabajan en oficinas, administración o servicios profesionales, aprender a utilizar herramientas de IA puede ser una forma de adaptarse. Eso incluye automatizar procesos sencillos, revisar la información generada, identificar errores y proteger los datos confidenciales.

En los oficios técnicos, conocer los nuevos sistemas digitales de diagnóstico, mantenimiento y planificación puede mejorar la productividad sin sustituir las competencias prácticas.

La formación especializada y la experiencia seguirán contando. La diferencia es que muchos trabajadores tendrán que actualizar sus conocimientos con mayor frecuencia que las generaciones anteriores.

El verdadero cambio puede estar en quién consigue ser contratado

Los datos disponibles en octubre de 2026 no permiten afirmar que la inteligencia artificial esté provocando una crisis general de empleo en España. Sí muestran que sus efectos comienzan a distribuirse de manera desigual entre sectores, profesiones y grupos de edad.

Los trabajadores dedicados a actividades digitales repetitivas afrontan una mayor exposición. Quienes desarrollan oficios manuales, tareas asistenciales o funciones que requieren intervención personal conservan, por ahora, una resistencia relativamente superior frente a la automatización generativa.

Al mismo tiempo, las empresas continúan creando empleos relacionados con la implantación de inteligencia artificial, el desarrollo de sistemas digitales y la supervisión de procesos automatizados.

La cuestión más delicada puede no ser cuántos trabajadores serán despedidos, sino cuántas oportunidades de entrada y progresión profesional se transformarán antes de que las nuevas generaciones consigan consolidarse en el mercado laboral.

La IA no está dividiendo todavía el mundo entre profesiones condenadas y trabajos intocables. Está cambiando el valor de determinadas tareas. Y en ese proceso, la experiencia, la capacidad de adaptación y las decisiones empresariales pueden resultar tan importantes como la tecnología.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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