Cultura
El japonés Etsuro Sotoo lleva 48 años esculpiendo la Sagrada Familia
El escultor japonés Etsuro Sotoo lleva desde 1978 en la Sagrada Familia. Su obra incluye los ángeles del Nacimiento y las decoraciones vegetales.
Imagen: Correntinos, CC BY-SA 4.0.
Resumen
- Etsuro Sotoo llegó de Japón en 1978 y sigue esculpiendo la Sagrada Familia
- Es autor de los 15 ángeles y de decoraciones vegetales de la basílica
- En 2026 fue condecorado por Japón y participó en nuevas esculturas
Llegó a Barcelona en 1978 con 25 años, sin conocer apenas el idioma y con dinero suficiente para pasar unos meses en Europa. Casi cinco décadas después, Etsuro Sotoo es uno de los grandes protagonistas de la construcción de la Sagrada Familia. El escultor japonés, nacido en la prefectura de Fukuoka en 1953, ha dedicado 48 años a completar y restaurar algunas de las obras más reconocibles del templo de Antoni Gaudí, desde los ángeles de la fachada del Nacimiento hasta sus coloridas decoraciones vegetales.
Su historia ha vuelto a cobrar actualidad en 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí, la culminación de la torre de Jesucristo y el reconocimiento que Japón ha concedido a su trayectoria. Sotoo, que recibió en julio la Orden del Sol Naciente, conserva una relación singular con el proyecto: trabajó con discípulos que habían conocido personalmente al arquitecto catalán. Esa experiencia le permitió aprender una forma de entender la escultura que ha mantenido durante décadas, incluso cuando la construcción del templo empezó a incorporar tecnologías que Gaudí nunca pudo imaginar.
La Sagrada Familia, cuya primera piedra se colocó en 1882, ha atravesado varias generaciones de arquitectos, artesanos y escultores. Sotoo pertenece a una de las últimas que pudieron establecer una conexión personal, aunque indirecta, con su creador. Su trayectoria también ayuda a entender por qué algunas de las piezas más características del edificio no fueron realizadas por Gaudí, sino por artistas posteriores que debieron interpretar sus proyectos.
De Japón a Barcelona: un viaje de tres meses que cambió su vida
Etsuro Sotoo estudió Bellas Artes en la Universidad de las Artes de la Ciudad de Kioto, donde se especializó en escultura. Se graduó en 1977 y comenzó a trabajar como profesor, pero pronto sintió la necesidad de recuperar el contacto directo con la piedra, el material que más le interesaba.
En 1978 decidió viajar a Europa. Su primera parada fue París, aunque tenía previsto continuar hacia Alemania. Barcelona apareció en su recorrido y terminó alterando todos sus planes.
Cuando visitó las obras de la Sagrada Familia, encontró un edificio todavía muy alejado de la imagen monumental que presenta en la actualidad. Había bloques de piedra, estructuras inacabadas y un trabajo artesanal que le ofrecía precisamente lo que buscaba: la posibilidad de esculpir.
Pidió incorporarse a las obras, pero conseguir una oportunidad no fue sencillo. Tuvo que superar una prueba práctica y esperar varios meses mientras sus recursos económicos disminuían. Finalmente, logró ser contratado como cantero.
En una entrevista publicada en octubre de 2026, Sotoo recordó aquella decisión como el momento que determinó su futuro. Había llegado con la intención de permanecer unos tres meses en Europa. Lleva 48 años vinculado al templo.
El privilegio de trabajar con quienes conocieron a Gaudí
Cuando Sotoo comenzó a trabajar en Barcelona, Antoni Gaudí llevaba más de medio siglo muerto. El arquitecto había fallecido el 10 de junio de 1926, después de ser atropellado por un tranvía.
Sin embargo, todavía vivían algunos profesionales que habían trabajado directamente con él. El joven japonés pudo aprender de aquellos discípulos de Gaudí, aunque las dificultades lingüísticas complicaban la comunicación.
Este contacto resultó determinante. Parte de la documentación original de la Sagrada Familia había sido destruida durante la Guerra Civil, cuando el taller de Gaudí sufrió un incendio y se perdieron planos, fotografías y maquetas.
Los encargados de continuar la construcción debían reconstruir las intenciones del arquitecto a partir de los materiales conservados, las fotografías disponibles y los testimonios transmitidos entre generaciones.
Sotoo aprendió que completar la obra exigía algo más que reproducir formas. Había que comprender su estructura, simbolismo y el papel que la naturaleza desempeñaba en el pensamiento de Gaudí.
Las esculturas de Etsuro Sotoo que pueden verse en la Sagrada Familia
Su primera intervención consistió en trabajar sobre unos brotes de hiedra destinados a rematar elementos arquitectónicos próximos a la fachada de la Pasión.
El encargo implicaba resolver problemas técnicos y artísticos. Las formas vegetales debían integrarse en la construcción y responder a una intención arquitectónica que no siempre estaba documentada con precisión.
Después llegaron trabajos de mayor importancia, especialmente en la fachada del Nacimiento, una de las partes más conocidas del templo.
Los 15 ángeles de la fachada del Nacimiento
Entre las contribuciones más reconocidas del escultor japonés destacan los 15 ángeles cantores y músicos que decoran la fachada del Nacimiento.
Cuando recibió el encargo de realizar el primero, Sotoo tuvo que elegir entre diferentes figuras previstas en el proyecto de Gaudí. Escogió el ángel que sostiene un arpa, uno de los más complejos por sus dimensiones y detalles.
En 1983 trabajó durante aproximadamente seis meses sobre un bloque de piedra de unas diez toneladas. Aquella figura abrió el camino a una serie escultórica que continuó desarrollando durante los años siguientes.
En 2000 había terminado los 15 ángeles.
La fachada del Nacimiento, junto con la cripta, quedó incluida en 2005 en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, dentro del conjunto de obras de Antoni Gaudí. La declaración no se extiende automáticamente a toda la basílica, una distinción importante para comprender qué partes del edificio cuentan con ese reconocimiento.
Las frutas, las hojas y las puertas que completan el templo
Sotoo también es responsable de numerosas decoraciones vegetales que adornan los ventanales y las partes superiores del edificio.
En estas esculturas aparecen frutas, hojas, ramas y cestas que representan diferentes aspectos de la naturaleza. Su función no es exclusivamente ornamental: forman parte del lenguaje simbólico que Gaudí incorporó a la arquitectura religiosa.
El artista japonés encontró conexiones entre esa concepción y las tradiciones culturales de Japón, donde los ciclos naturales y los cambios de estación tienen una presencia destacada en distintas manifestaciones artísticas.
Su participación incluye igualmente las puertas de la fachada del Nacimiento, decoradas con plantas, flores, insectos y pequeños animales. Estas piezas permiten observar de cerca una parte de su trabajo, más allá de las grandes esculturas situadas a considerable altura.
También intervino en la restauración del portal del Rosario, un espacio diseñado por Gaudí que había resultado gravemente dañado durante la Guerra Civil.
En este último proyecto tuvo que reconstruir figuras y detalles sin disponer de toda la información original. El trabajo se prolongó durante más de un año y medio y le obligó a interpretar los elementos conservados para recuperar la composición.
La influencia de Gaudí también transformó sus creencias
La relación de Sotoo con la Sagrada Familia acabó trascendiendo su actividad profesional.
Su aproximación a la obra de Gaudí despertó un interés creciente por el pensamiento religioso del arquitecto. Con el tiempo, ese proceso le llevó a convertirse al catolicismo cuando tenía alrededor de 37 años.
El escultor ha explicado en diferentes intervenciones que su manera de entender el templo cambió al profundizar en la dimensión espiritual de sus formas.
Para él, la Sagrada Familia no puede interpretarse únicamente como una construcción arquitectónica extraordinaria. Es, ante todo, un edificio religioso concebido para transmitir determinadas ideas sobre la vida, la naturaleza y la relación del ser humano con lo trascendente.
Esa visión también explica su insistencia en conservar el sentido original de la obra frente a la tentación de convertirla simplemente en un espectáculo arquitectónico.
Su trayectoria profesional fue avanzando paralelamente. Durante décadas trabajó con contratos renovados anualmente y, en 2012, fue nombrado oficialmente director del taller de arte del templo.
El reconocimiento público llegó después de una carrera que ya estaba ampliamente consolidada.
Los reconocimientos internacionales que ha recibido Sotoo
En noviembre de 2024, el Vaticano concedió a Etsuro Sotoo el Premio Ratzinger, una distinción vinculada a la investigación, el pensamiento y las artes de inspiración cristiana.
El escultor japonés se convirtió en uno de los primeros artistas de Asia en recibir este reconocimiento, que reflejaba una trayectoria dedicada a preservar y desarrollar el legado artístico y religioso de Gaudí.
Dos años después llegó otro homenaje especialmente significativo, esta vez desde su país de origen.
El 17 de julio de 2026, la cónsul general de Japón en Barcelona, Akiko Shikata, le entregó la Orden del Sol Naciente, Rayos de Oro y Plata, concedida por el emperador japonés.
La distinción reconoció tanto su trabajo escultórico como su contribución a las relaciones culturales entre Japón y España.
Sotoo también ha desarrollado actividades docentes, impartido conferencias internacionales y participado en proyectos artísticos fuera de Barcelona, entre ellos trabajos vinculados a la catedral de Florencia.
Su carrera demuestra que la influencia de Gaudí no quedó limitada a la arquitectura catalana. Ha encontrado continuidad en artistas de procedencias muy distintas, capaces de incorporar nuevas perspectivas sin abandonar los principios fundamentales del proyecto.
La Sagrada Familia de 2026 todavía cuenta con Sotoo
El año 2026 ha marcado un acontecimiento histórico en la construcción del templo.
El 20 de febrero se completó el exterior de la torre de Jesucristo, que alcanza los 172,5 metros de altura y constituye el elemento más elevado de la basílica.
El 10 de junio, coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el papa León XIV presidió una misa solemne en la Sagrada Familia y bendijo la torre.
La finalización de su estructura exterior no significa, sin embargo, que todas las obras hayan concluido. Todavía quedan actuaciones en el interior de la torre, en la fachada de la Gloria y en otros espacios del conjunto.
Sotoo continúa vinculado a esta fase de la construcción.
En mayo de 2026, la propia basílica detalló su participación, junto con el equipo artístico del templo, en el diseño de tres remates escultóricos dedicados al fuego, el agua y el viento, asociados a la simbología del Espíritu Santo.
Cada conjunto alcanza aproximadamente 9,5 metros de altura y pesa unas 30 toneladas. Se trata de elementos elaborados con hormigón y revestimientos cerámicos, concebidos mediante bocetos y maquetas que permiten estudiar su forma, color e integración arquitectónica.
Su aportación también se extiende al interior de la torre de Jesucristo. El proyecto decorativo contempla un gran revestimiento cerámico de aproximadamente 50 metros de altura, formado por unas 50.000 piezas y organizado mediante una composición cromática relacionada con la creación.
Es otra demostración de la continuidad entre el trabajo artesanal de sus primeros años y las técnicas constructivas empleadas en la Sagrada Familia actual.
El legado japonés que permanecerá en la obra de Gaudí
La historia de Etsuro Sotoo introduce una perspectiva poco habitual sobre uno de los edificios más visitados de Barcelona.
La Sagrada Familia suele asociarse casi exclusivamente con Antoni Gaudí, aunque su construcción se ha prolongado durante más de 140 años y ha requerido el trabajo de varias generaciones de profesionales.
Sotoo representa una continuidad especialmente singular. Llegó sin una vinculación previa con el proyecto, aprendió de quienes habían trabajado con su creador y terminó dedicando buena parte de su vida a interpretar sus ideas.
Su trayectoria también refleja una transformación profunda en la propia construcción. Cuando empezó, predominaban los trabajos manuales y los recursos económicos eran limitados. En la actualidad, el templo incorpora modelado digital, prefabricación y sistemas avanzados de construcción, sin abandonar completamente las técnicas tradicionales de la escultura.
En una entrevista publicada en octubre de 2026, Sotoo insistió en que la culminación material del edificio no equivale necesariamente a completar su significado. Desde su perspectiva religiosa, el templo conservará su función mientras continúe sirviendo a las personas que lo utilizan.
Nacido en 1953, el escultor japonés sigue siendo una figura fundamental para entender cómo ha evolucionado la Sagrada Familia después de Gaudí.
Sus ángeles, frutos, hojas y decoraciones permanecerán integrados en el edificio mucho después de que finalicen las obras. Son parte del legado de un artista que llegó a Barcelona para esculpir unas cuantas piedras y terminó dedicando casi medio siglo a uno de los monumentos más importantes de la arquitectura mundial.
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