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Ferrero abre la puerta a entrenar a Sinner tras su etapa con Alcaraz
Ferrero recuerda su etapa con Alcaraz, admite que perdió algunas batallas fuera de la pista y deja abierta la posibilidad de entrenar a Sinner.
Foto: Like tears in rain, CC BY-SA 4.0.
Resumen
- Ferrero admite que perdió algunas batallas fuera de la pista con Alcaraz
- El entrenador prepara su regreso al circuito profesional en 2027
- Ferrero no descarta entrenar a Sinner pese a su pasado con Alcaraz
Juan Carlos Ferrero vuelve a mirar al circuito. Y lo hace sin esconder dos asuntos que todavía pesan alrededor de su figura: la ruptura con Carlos Alcaraz y la posibilidad, tan llamativa como delicada, de terminar en el equipo de Jannik Sinner, el gran rival del murciano durante estos últimos años. El entrenador valenciano asegura que no tiene ningún acuerdo cerrado, pero tampoco piensa renunciar de antemano a una oportunidad semejante.
Ferrero ha hablado también de lo que ocurrió durante sus años junto a Alcaraz, una relación profesional iniciada cuando el tenista era apenas un adolescente y terminada en diciembre de 2025. Durante aquella etapa, explica, buena parte del trabajo no estuvo únicamente en el revés, el saque o la táctica. Había algo bastante más difícil de entrenar: las emociones, el entorno y la vida fuera de la pista. Algunas de esas batallas, reconoce, las perdió.
Ferrero habla de la parte de Alcaraz que no se veía en la pista
La imagen exterior de Alcaraz siempre ha sido la de un jugador exuberante: potencia, imaginación, una sonrisa casi permanente y esa capacidad para convertir un intercambio imposible en una pequeña función de circo. Ferrero conocía la trastienda. Allí había un joven que debía aprender a gestionar una fama que llegó muy deprisa.
El antiguo número uno mundial recuerda que uno de sus principales trabajos fue ayudar a Alcaraz a controlar sus emociones. El murciano era muy exigente consigo mismo y tendía a castigarse cuando las cosas no salían como esperaba. La madurez deportiva, al fin y al cabo, no consiste solo en pegar mejor a la pelota; también implica aceptar que algunos días la derecha se queda corta, que el rival juega mejor y que el mundo no termina después de una doble falta.
Ferrero vigilaba además lo que rodeaba al jugador. Le advertía sobre las personas que podían acercarse por interés, sobre determinadas amistades y sobre los peligros asociados a una exposición pública creciente. El entrenador ha reconocido que controlar ciertos aspectos de la vida social de Alcaraz resultaba mucho más complicado. Hablando de las salidas nocturnas fue particularmente claro: esa batalla la perdió.
No hay aquí una revelación escandalosa. Hay algo bastante más reconocible: un entrenador intentando poner límites a un veinteañero extraordinariamente famoso que, además de competir por Grand Slams, seguía teniendo veinte años. El tenis profesional puede exigir una disciplina casi milimétrica, pero continúa practicándolo gente de carne y hueso.
La relación terminó, aunque Ferrero evita ajustar cuentas
La separación entre ambos llegó en diciembre de 2025, después de siete temporadas juntos. Ferrero había empezado a trabajar con Alcaraz cuando este tenía 15 años y participó en la transformación de aquel talento adolescente en número uno mundial y campeón de seis Grand Slams durante su etapa conjunta. La asociación produjo 24 títulos antes de romperse.
Ferrero continúa evitando contar con detalle qué provocó el final. Ha admitido que hubo aspectos en los que él y la familia de Alcaraz no coincidieron, aunque mantiene el terreno estrictamente personal fuera de la conversación pública. No parece interesado en convertir una relación deportiva histórica en un ajuste de cuentas.
Eso no significa que falten capítulos. El propio entrenador ha deslizado que la historia de la ruptura podría dar material para otro libro. Pero tampoco ha utilizado sus declaraciones para repartir reproches. Al contrario: sigue hablando con admiración del tenis de Alcaraz y asegura que disfruta viéndolo jugar.
Y el tiempo ha seguido corriendo para ambos. Alcaraz continuó su carrera con Samuel López al frente de su equipo y conquistó de nuevo el torneo de Tokio después de unos meses marcados por problemas físicos. El título japonés fue el 27º de su carrera y confirmó que la separación de Ferrero no detuvo la trayectoria deportiva del murciano.
Ferrero quiere volver a entrenar en 2027
Mientras Alcaraz reconstruía su temporada, Ferrero se tomó distancia del día a día del circuito. Ese paréntesis empieza a agotarse. El valenciano reconoce que vuelve a sentir el instinto de la competición y, aunque no garantiza que vaya a entrenar a alguien en 2027, su discurso ha cambiado: antes recibió propuestas y consideró que todavía no estaba preparado; ahora entiende que ha llegado el momento de escuchar ofertas.
La presentación de su libro, Mentalidad ganadora, ha servido precisamente para verbalizar ese cambio. Ferrero sostiene que no tiene ningún compromiso firmado y anticipa movimientos en el mercado de entrenadores antes de final de año. Su regreso, por tanto, no está cerrado, pero ya no es una hipótesis remota.
Uno de los nombres que aparecen alrededor de ese futuro es Rafa Jódar. Ferrero conoce al joven español, valora especialmente su hambre competitiva y considera que posee potencial para dar un salto importante. Si recibe una propuesta, ha dejado claro que la estudiará.
Pero hay otro apellido que transforma una simple conversación sobre entrenadores en noticia internacional: Sinner.
Ferrero no descarta entrenar a Jannik Sinner
Ferrero no descarta trabajar con Jannik Sinner. No ha anunciado negociaciones ni un acuerdo y conviene separar ambas cosas: estar dispuesto a escuchar una propuesta no significa que vaya a convertirse en su entrenador. Por el momento, la posibilidad existe; el fichaje, no.
Lo relevante es que tampoco considera que su pasado junto a Alcaraz deba impedirle aceptar ese trabajo. La cuestión tiene una evidente carga simbólica. Alcaraz y Sinner han construido una de las grandes rivalidades del tenis contemporáneo. Ferrero estuvo durante años en el banquillo del español, diseñando partidos, estudiando rivales y acumulando una enorme cantidad de conocimiento sobre su juego.
Pasar después al equipo del italiano provocaría inevitablemente debate. Ferrero lo contempla desde otra perspectiva: su carrera como entrenador también continúa. Cerrarse voluntariamente la puerta de un jugador del nivel de Sinner solo porque anteriormente trabajó con Alcaraz supondría limitar su propio futuro profesional.
El valenciano ha sido especialmente directo ante quienes consideran que entrenar al italiano podría plantear un problema ético. Para Ferrero, renunciar automáticamente a una oportunidad semejante por su pasado profesional sería absurdo. Una cosa es la relación personal construida con Alcaraz y otra, insiste en esencia, el desarrollo de su propia carrera.
El escenario más incómodo: Sinner contra Alcaraz
Ese sería el partido inevitable. Un entrenador profesional trabaja para el jugador que le contrata. Si algún día Ferrero estuviera en el banquillo de Sinner frente a Alcaraz, tendría que preparar tácticamente el encuentro para derrotar al tenista con el que compartió siete años. La escena tendría algo de novela deportiva: el hombre que ayudó a construir el arma explicando después cómo desactivarla.
Ferrero admite que emocionalmente tendría que controlarse, pero no ve una incompatibilidad profesional. Los entrenadores cambian de jugadores, los equipos evolucionan y las carreras son mucho más largas que una sola asociación, incluso cuando esa asociación termina formando parte de la historia del deporte.
Por el momento todo permanece abierto. Ferrero insiste en que no sabe quién será su próximo jugador y que no existe un acuerdo con Sinner. Las especulaciones han crecido porque el italiano aparece inevitablemente en cualquier conversación sobre los grandes banquillos del circuito y porque Ferrero ha confirmado su intención de volver a entrenar.
De construir a Alcaraz a buscar un nuevo desafío
La nueva etapa de Juan Carlos Ferrero empieza, curiosamente, hablando de la anterior. Su relación con Alcaraz fue demasiado larga y demasiado exitosa para desaparecer simplemente con un comunicado de despedida. Quedan recuerdos, discrepancias y aquellas pequeñas guerras cotidianas que no aparecen en el palmarés: controlar emociones, escoger bien el entorno, vigilar los excesos. Un trabajo invisible que también fabrica campeones.
Ferrero, sin embargo, ya mira hacia otra pista. Rafa Jódar representa la posibilidad de volver a desarrollar a un joven con un amplio margen de crecimiento. Jannik Sinner supondría algo completamente distinto: entrar directamente en el núcleo duro de la lucha por los grandes títulos y, probablemente, encontrarse al otro lado de la red con Carlos Alcaraz.
No hay fichaje. Tampoco una puerta cerrada. Y esa diferencia explica por qué las palabras de Ferrero han causado tanto ruido: después de meses apartado del circuito, uno de los entrenadores más codiciados del tenis vuelve a estar disponible. Esta vez sin aceptar que su pasado decida automáticamente quién puede formar parte de su futuro.
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