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Jesús de Miguel: otros futbolistas muertos por choques en el campo
La muerte de Jesús de Miguel revive casos como el de Gallardo, fallecido 25 días después de un choque, y otros accidentes mortales en el fútbol.
Imagen: El Fútbol del Siglo XX / Facebook.
Resumen
- Jesús de Miguel murió tras chocar con el portero del Andorra
- Gallardo falleció 25 días después de golpearse en un Celta-Málaga
- Otros jugadores murieron por golpes craneales, entradas y muros
La muerte de Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife, tras el violento choque con el portero del FC Andorra Jesús Owono, recupera algunos de los episodios más trágicos de la historia del fútbol. El jugador madrileño, de 30 años, falleció este martes 3 de noviembre de 2026 después de sufrir una parada cardiorrespiratoria durante el encuentro de Segunda División. Su caso recuerda al de José Antonio Gallardo, guardameta del Málaga que murió en 1987, más de tres semanas después de golpearse contra un delantero del Celta. No son los únicos.
Desde el escocés John Thomson, fallecido en 1931 tras recibir un golpe en la cabeza durante un Celtic-Rangers, hasta el joven Raúl Ramírez, portero del Colindres que perdió la vida en septiembre de 2025, la historia del fútbol acumula muertes relacionadas con choques, entradas violentas y traumatismos. Son episodios excepcionales, pero documentados, que conviene diferenciar de los fallecimientos por enfermedades cardíacas que provocan un desplome sin contacto previo.
Los antecedentes incluyen fracturas craneales, hemorragias cerebrales, graves lesiones abdominales e impactos contra elementos situados junto al terreno de juego. Algunos futbolistas murieron a las pocas horas; otros, después de varios días ingresados e incluso tras una aparente mejoría. La historia de Gallardo resulta especialmente reveladora por esa evolución tardía.
No existe un registro internacional completo y homogéneo que permita establecer cuántos jugadores han fallecido exclusivamente por traumatismos durante un partido. Sí hay numerosos casos acreditados a lo largo de casi un siglo, tanto en competiciones profesionales como en categorías modestas. Y varios ocurrieron en fechas muy recientes.
Jesús de Miguel: una entrada, una parada cardíaca y una investigación
El accidente se produjo el lunes 2 de noviembre de 2026, durante los últimos minutos del partido entre el CD Tenerife y el FC Andorra, disputado en el estadio Heliodoro Rodríguez López. Con el marcador empatado a dos, Jesús de Miguel perseguía un balón en profundidad cuando el guardameta visitante, Jesús Owono, salió de su portería para disputarlo.
El portero impactó violentamente contra el delantero con la pierna elevada. El árbitro, Manuel Ángel Pérez Hernández, consideró que la acción implicaba un uso excesivo de la fuerza y expulsó a Owono con tarjeta roja directa.
De Miguel quedó tendido sobre el césped y necesitó asistencia urgente. Sufrió una parada cardiorrespiratoria y recuperó el pulso gracias a las maniobras de reanimación practicadas por los servicios sanitarios. Posteriormente fue trasladado al Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, donde ingresó en cuidados intensivos.
El Tenerife comunicó inicialmente que el jugador permanecía estable dentro de la gravedad. Sin embargo, durante la madrugada del martes informó de un empeoramiento neurológico. Finalmente, el club confirmó su fallecimiento a las 8.00 horas del 3 de noviembre.
La Policía Nacional ha abierto una investigación bajo supervisión judicial para esclarecer las circunstancias de la muerte y su eventual relevancia penal. Las diligencias también deberán determinar con precisión la causa médica del fallecimiento. La existencia de una investigación por posible homicidio imprudente no significa, por sí misma, que se haya establecido responsabilidad penal del guardameta.
La tragedia ha provocado la suspensión de los encuentros de Copa del Rey y Copa de la Reina previstos para este martes, por decisión de la Real Federación Española de Fútbol.
Hay un matiz médico fundamental: sufrir una parada cardíaca después de un golpe no equivale necesariamente a morir por una enfermedad cardíaca previa. Una parada puede constituir la consecuencia final de distintas lesiones graves. En el caso de De Miguel, corresponde a la investigación médico-forense aclarar el mecanismo exacto.
José Antonio Gallardo: el portero del Málaga que murió 25 días después
El precedente español más estremecedor ocurrió el 21 de diciembre de 1986, durante un partido de Segunda División entre el Celta de Vigo y el CD Málaga, disputado en Balaídos.
José Antonio Gallardo, guardameta malaguista, salió a disputar un balón con el delantero brasileño Baltazar. Ambos chocaron y el portero recibió un fuerte golpe en la cabeza. Quedó conmocionado, tuvo que abandonar el terreno de juego y fue trasladado a un hospital de Vigo.
Las exploraciones detectaron una triple fisura craneal. Gallardo permaneció varios días en observación y regresó a Málaga el 24 de diciembre. Allí continuó bajo seguimiento médico y, tras las exploraciones correspondientes, se autorizó su recuperación domiciliaria.
Durante los primeros días parecía evolucionar favorablemente, aunque todavía presentaba algunas secuelas del traumatismo. Nadie esperaba el desenlace que llegaría después.
El 7 de enero de 1987, diecisiete días después del encontronazo, sufrió una grave hemorragia cerebral en su domicilio. Fue ingresado de urgencia en el hospital Carlos Haya de Málaga y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. Entró en coma profundo.
Murió el 15 de enero de 1987, exactamente 25 días después del choque, cuando tenía 25 años.
La hemorragia cerebral y el deterioro neurológico posterior al traumatismo marcaron su evolución clínica, aunque el fallecimiento se produjo finalmente tras una parada cardíaca.
Su historia mantiene una particular importancia por el intervalo transcurrido entre el accidente y el desenlace. Una lesión craneal puede presentar complicaciones tardías incluso cuando inicialmente existe cierta mejoría, aunque eso no significa que cualquier golpe leve tenga semejante riesgo.
El Málaga conserva el recuerdo de Gallardo en La Rosaleda, donde la puerta 13 fue dedicada a su memoria. Su muerte sigue siendo uno de los episodios más dolorosos de la historia del fútbol español.
John Thomson, Perkhun y Huda: otros porteros muertos tras un choque
La posición de guardameta aparece repetidamente en los antecedentes de accidentes mortales. Las salidas a los pies de un delantero, los balones divididos y los encontronazos dentro del área pueden producir impactos de gran intensidad.
Uno de los casos más antiguos y conocidos es el de John Thomson, portero del Celtic de Glasgow. El 5 de septiembre de 1931, durante un encuentro contra el Rangers en Ibrox, chocó accidentalmente con el delantero Sam English.
Thomson recibió un impacto de rodilla en la cabeza y sufrió una fractura craneal. Falleció aquella misma noche en el hospital, con solo 22 años. Su muerte quedó profundamente arraigada en la memoria del fútbol escocés. Décadas después, el Celtic continúa recordándolo como una de sus grandes figuras.
En Inglaterra, el fútbol vivió otra tragedia en 1936. Jimmy Thorpe, portero del Sunderland, recibió varios golpes durante un encuentro contra el Chelsea disputado el 1 de febrero. Falleció cuatro días después, a los 22 años. La investigación de la época relacionó el deterioro de su salud con el trato recibido durante el partido, aunque también señaló la influencia de patologías previas, incluida la diabetes. Por ello, no puede presentarse como una muerte exclusivamente traumática sin esa precisión.
Mucho más tarde, el fútbol ruso perdió al ucraniano Serhiy Perkhun, guardameta del CSKA de Moscú. En agosto de 2001 sufrió un violento choque de cabezas con Budun Budunov, delantero del Anzhi Majachkalá.
El encontronazo le provocó graves lesiones cerebrales. Su estado se deterioró y entró en coma. Falleció el 28 de agosto de 2001, con 23 años, después de varios días de hospitalización. Su muerte volvió a demostrar la gravedad que puede alcanzar una colisión aparentemente propia de una disputa habitual por el balón.
Otro caso significativo fue el de Choirul Huda, histórico portero del Persela Lamongan de Indonesia. El 15 de octubre de 2017 chocó con su propio compañero Ramón Rodrigues mientras trataba de impedir una ocasión del Semen Padang.
Huda recibió un fuerte impacto, perdió el conocimiento y fue evacuado al hospital. Los médicos describieron una lesión traumática seguida de una parada cardíaca. Murió aquel mismo día, a los 38 años.
El detalle resulta importante: no todos los accidentes mortales se producen por una falta del rival. Algunos nacen de colisiones fortuitas entre compañeros, sin que exista necesariamente una acción antirreglamentaria.
De una patada a una pared: las otras tragedias del fútbol
No todos los futbolistas fallecidos tras una acción de juego sufrieron un choque directo entre cabezas. La historia también incluye patadas abdominales y golpes contra elementos situados fuera del terreno de juego.
En Croacia, Hrvoje Ćustić, futbolista del NK Zadar, murió el 3 de abril de 2008 después de sufrir una gravísima lesión craneal durante un encuentro contra el Cibalia.
El jugador disputaba un balón junto a la línea de banda cuando, después de una acción con un rival, perdió el equilibrio y terminó golpeándose contra un muro de hormigón situado cerca del campo. El accidente ocurrió el 29 de marzo. Falleció cinco días después.
La peligrosidad del entorno fue determinante. No hizo falta una patada en la cabeza ni un choque contra otro futbolista: el impacto contra una estructura rígida convirtió una acción deportiva en una tragedia.
En Indonesia, Jumadi Abdi, futbolista del PKT Bontang, falleció el 15 de marzo de 2009 después de sufrir una lesión abdominal durante un encuentro frente al Persela Lamongan. Había recibido un golpe en una disputa con un rival y fue hospitalizado. Su estado requirió una intervención quirúrgica, pero no consiguió recuperarse.
Cinco años después, el fútbol indonesio sufrió otro episodio especialmente grave, esta vez como consecuencia de una entrada de un guardameta.
El 10 de mayo de 2014, Akli Fairuz, delantero del Persiraja Banda Aceh, recibió una fuerte patada en el abdomen del guardameta Agus Rahman, del PSAP Sigli, durante una acción dentro del área.
Fairuz sufrió lesiones internas de extrema gravedad. Su estado empeoró tras abandonar el terreno de juego y tuvo que ser hospitalizado. Murió el 16 de mayo, seis días después del encuentro.
La federación indonesia sancionó posteriormente al portero con un año de suspensión. El caso constituye uno de los ejemplos más claros de una muerte relacionada con una entrada que produjo lesiones abdominales, sin necesidad de un traumatismo craneal.
Los peligros del perímetro del campo también reaparecieron en Inglaterra en 2015. Ben Hiscox, futbolista del Stoke Gifford United, se golpeó la cabeza contra la pared de las instalaciones del club después de deslizarse fuera del terreno de juego durante una disputa. Falleció días después.
Y el 25 de septiembre de 2025 murió Billy Vigar, delantero de 21 años del Chichester City y antiguo jugador de las categorías inferiores del Arsenal. Había sufrido una grave lesión cerebral cinco días antes, durante un partido contra el Wingate & Finchley, al impactar contra una barrera de hormigón situada junto al campo.
Su fallecimiento provocó que la Federación Inglesa anunciara una revisión de la seguridad de los muros perimetrales en los estadios de las categorías afectadas.
Tres muertes por choques en 2025 que precedieron a la de De Miguel
El año 2025 dejó varios accidentes mortales relacionados directamente con traumatismos sufridos durante partidos y encuentros de preparación.
Uno de ellos tuvo lugar en España, aunque la víctima era un futbolista chino.
Guo Jiaxuan, defensa de 18 años vinculado al Beijing Guoan y que había participado en un programa internacional de formación del Bayern de Múnich, sufrió una gravísima lesión cerebral el 6 de febrero de 2025 durante un encuentro de preparación disputado en Alcobendas, Madrid.
El joven recibió un golpe involuntario en la cabeza durante una acción con otro futbolista. Sufrió una hemorragia intracraneal y quedó en estado crítico. Posteriormente fue trasladado a China, donde falleció el 19 de marzo, más de un mes después del accidente.
En Perú, Helar Gonzales Altamirano, jugador de 21 años del Real Titán Nueva Cajamarca, murió en abril de 2025 después de chocar con el portero del Defensor Nueva Cajamarca durante un partido de la Copa Perú.
El delantero sufrió un grave traumatismo craneal. Su familia informó de que los médicos habían identificado la rotura de una arteria cerebral relacionada con el impacto. Falleció tras permanecer hospitalizado.
Raúl Ramírez, el antecedente español más reciente
El 27 de septiembre de 2025, Raúl Ramírez, portero de 19 años del CD Colindres, sufrió un fuerte golpe en la cabeza al disputar un balón con un jugador del Revilla de Camargo durante un encuentro de Tercera Federación en Cantabria.
El guardameta perdió el conocimiento y sufrió una parada cardiorrespiratoria sobre el césped. Su entrenador, Rafa de Peña, que tenía formación en reanimación cardiopulmonar, intervino en las primeras maniobras de asistencia, junto con una enfermera que se encontraba entre el público.
Ramírez sufrió una segunda parada durante el traslado sanitario y fue ingresado en estado crítico en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander.
Murió el 29 de septiembre de 2025, dos días después del accidente.
El caso conmocionó al fútbol cántabro y volvió a poner de manifiesto la importancia de contar con personal preparado, material de reanimación y protocolos de actuación en las categorías inferiores.
La muerte de Raúl Ramírez es uno de los antecedentes españoles más próximos a la tragedia de Jesús de Miguel, aunque las circunstancias concretas de ambos accidentes fueron diferentes.
El riesgo de los traumatismos y las medidas que pueden salvar vidas
Las muertes relacionadas con impactos físicos representan una parte reducida de los fallecimientos registrados durante la práctica del fútbol. Históricamente, buena parte de los casos más conocidos corresponden a problemas cardíacos, como arritmias graves o enfermedades estructurales del corazón.
Antonio Puerta, futbolista del Sevilla fallecido en agosto de 2007, sufrió una serie de paradas cardíacas asociadas a una cardiopatía. Dani Jarque, capitán del Espanyol, murió en 2009 por una causa cardíaca durante una concentración. El camerunés Marc-Vivien Foé falleció en 2003 tras desplomarse en un encuentro internacional.
Sus historias fueron igualmente trágicas, pero no pertenecen a la misma categoría médica que una muerte causada por una fractura craneal, una hemorragia traumática o una lesión abdominal provocada durante una disputa.
También existen episodios cuya clasificación exige prudencia. El argelino Sofiane Loukar murió el 25 de diciembre de 2021 después de sufrir un encontronazo durante un partido de Segunda División. Recibió asistencia, regresó al juego y se desplomó minutos más tarde. Las informaciones de la época describieron un episodio cardíaco, por lo que no resulta riguroso atribuir su fallecimiento exclusivamente a un traumatismo sin pruebas médicas concluyentes.
Esta distinción es esencial para entender los riesgos reales. Una parada cardiorrespiratoria describe la interrupción de la respiración y de la circulación sanguínea efectiva, pero no establece por sí sola qué la provocó.
Por otra parte, las lesiones traumáticas tampoco son todas iguales. Una conmoción cerebral, una hemorragia intracraneal, una lesión cervical o un traumatismo torácico grave requieren evaluaciones diferentes. Algunas complicaciones pueden aparecer después de una primera valoración aparentemente tranquilizadora.
La FIFA y la Organización Mundial de la Salud impulsan medidas específicas para reconocer los síntomas de conmoción cerebral. Entre los signos de alarma figuran la confusión, los problemas de equilibrio, las alteraciones visuales, los vómitos, la pérdida de memoria y el dolor de cabeza posterior a un impacto.
Ante una sospecha de conmoción cerebral, el jugador debe abandonar el terreno de juego y ser evaluado por personal sanitario. Los síntomas pueden evolucionar durante las horas posteriores, de modo que la vigilancia no termina cuando el futbolista consigue levantarse.
El reglamento internacional también contempla sustituciones adicionales permanentes por conmoción cerebral en las competiciones que aplican ese protocolo. Su finalidad es permitir que un jugador con una lesión cerebral sospechada sea retirado sin que la decisión quede condicionada únicamente por las necesidades deportivas del equipo.
Pero la prevención no se limita a las conmociones. También exige revisar la distancia y protección de los obstáculos alrededor del césped, disponer de desfibriladores, facilitar el acceso de ambulancias y asegurar que los primeros intervinientes sepan practicar una reanimación cardiopulmonar.
En competiciones profesionales existen estructuras sanitarias más amplias. En el fútbol modesto, donde los recursos pueden ser inferiores, la preparación adquiere una importancia especial.
Los casos de Gallardo, Perkhun, Raúl Ramírez o Billy Vigar muestran algo que conviene recordar: la gravedad de un accidente no siempre queda definida en el instante del choque. Puede existir un deterioro posterior y, cuando se sospecha una lesión cerebral importante, la valoración médica y el seguimiento son imprescindibles.
La muerte de Jesús de Miguel vuelve a situar esta realidad en primer plano. Su causa médica exacta deberá quedar establecida mediante la investigación correspondiente, sin anticipar conclusiones ni confundir una sanción deportiva con una responsabilidad penal.
El fútbol ha cambiado sus reglas, ha mejorado sus protocolos y dispone de recursos médicos que hace décadas parecían impensables. Sin embargo, los antecedentes históricos y los accidentes de 2025 demuestran que el riesgo de un traumatismo mortal no ha desaparecido.
No se trata de presentar cada encontronazo como una amenaza para la vida. La inmensa mayoría no tiene consecuencias semejantes. Se trata de reconocer que una acción habitual del juego puede ocasionar, excepcionalmente, lesiones de extrema gravedad. Y que esas excepciones merecen algo más que un minuto de silencio.
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