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Cultura

La RAE suma «influencer», «gordofobia» y «basuraleza» a su diccionario

La 24.ª edición del DLE incorpora influencer, gordofobia, basuraleza y miles de novedades, con más peso del español de América y lo digital.

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La RAE estrena un nuevo Diccionario

Resumen

  • La 24.ª edición del DLE incorpora miles de palabras y nuevas acepciones
  • Influencer, gordofobia, basuraleza y ecoansiedad entran en el diccionario
  • El nuevo DLE refuerza el español de América y su estructura digital

La Real Academia Española (RAE) ha estrenado la 24.ª edición del Diccionario de la lengua española (DLE) con miles de novedades que llevan al repertorio académico palabras plenamente instaladas en la conversación contemporánea. Entre las incorporaciones figuran influencer, pódcast, gordofobia, antiedad, basuraleza, docuserie, cardiosaludable, ecoansiedad y hantavirus.

La nueva edición, presentada este viernes 30 de octubre, supone bastante más que añadir palabras de redes sociales, medioambiente o medicina. El DLE cambia también su estructura interna, amplía la presencia del español de América y nace con una lógica digital distinta a la de sus predecesores. La lengua, como suele ocurrir, había llegado antes; el diccionario se pone al día.

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La RAE renueva el diccionario doce años después

La 24.ª edición sucede a la publicada en 2014. Durante estos doce años, la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española habían ido incorporando modificaciones mediante sucesivas actualizaciones de la versión electrónica. El nuevo DLE reúne ese trabajo y profundiza en él con una revisión de gran alcance.

La obra alcanza 99.990 artículos y cerca de 209.000 acepciones. La edición impresa, publicada en dos volúmenes, ocupa 3.606 páginas. Pero el cambio de fondo está precisamente en invertir la relación tradicional entre papel y pantalla: el nuevo diccionario ha sido concebido desde su estructura digital y posteriormente trasladado al papel.

Es, en ese sentido, un DLE pensado para una época en la que casi nadie espera a llegar a casa para abrir un tomo y comprobar cómo se escribe una palabra. El diccionario debe poder actualizarse, relacionar contenidos y facilitar búsquedas sin perder el rigor lexicográfico que justifica su existencia.

De «influencer» a «ecoansiedad»: las nuevas palabras de la RAE

Entre las incorporaciones que más fácilmente reconocería cualquier hablante están influencer, gordofobia, antiedad, basuraleza, docuserie y ecoansiedad. Son palabras nacidas o popularizadas en ámbitos muy diferentes, pero tienen algo en común: su uso se ha extendido lo suficiente como para que el diccionario las registre.

También entra pódcast, una voz ya cotidiana en medios de comunicación y plataformas digitales, junto con términos vinculados con la salud, como hantavirus o cardiosaludable. Antiedad, por ejemplo, queda recogido como adjetivo aplicado a aquello que retrasa o aminora los signos del envejecimiento.

La entrada de una palabra en el DLE no significa que la Academia la haya inventado, recomendado o convertido de repente en correcta por decreto. El diccionario registra el léxico utilizado por los hablantes y fija significados, grafías, usos y matices cuando las voces alcanzan una implantación suficiente. La diferencia importa: la RAE no entrega ciudadanía a las palabras, más bien constata que llevan tiempo viviendo entre nosotros.

AOVE, ceo, metaverso y la inteligencia artificial también entran

La actualización supera las 6.000 nuevas entradas e incluye términos que retratan con bastante precisión los cambios sociales y tecnológicos de los últimos años.

Aparecen acrónimos como AOVE, utilizado para el aceite de oliva virgen extra, y ceo; adjetivos como edadista, trans o performativo; verbos como atrezar, esferificar y racializar, y sustantivos como antropización, bómber, fotogalería, macrogranja, metaverso o narcolancha.

La tecnología ocupa inevitablemente un espacio destacado. El DLE incorpora también expresiones como inteligencia artificial e inteligencia artificial generativa, dos conceptos que han pasado en muy pocos años de círculos especializados a conversaciones laborales, educativas, políticas y domésticas.

Hay incorporaciones procedentes de la medicina, la biología, la economía, el derecho, la gastronomía, el deporte y el medioambiente. El resultado funciona casi como una fotografía lingüística de estos años: cambia la tecnología, cambian algunos debates y terminamos necesitando palabras para nombrarlos.

Más palabras de América en un diccionario panhispánico

La nueva edición refuerza de manera notable el carácter panhispánico del DLE. Las academias de los distintos países han participado en la revisión del repertorio y se han añadido 1.490 gentilicios y 1.570 voces de uso específico en diferentes territorios de habla española.

Entre las incorporaciones aparecen acitronar, usada en México; bicisenda, presente en Argentina, Paraguay y Uruguay; cocotaxi, en Cuba; corillo, en Puerto Rico; motoconcho, en República Dominicana, y puntabola, en Bolivia.

No es una cuestión menor. El español no pertenece únicamente a España ni responde a una única norma nacional. La nueva edición registra más de 20.000 acepciones con marcas de países americanos, una dimensión especialmente relevante en una lengua compartida por cientos de millones de personas y sometida, como cualquier idioma vivo, a enormes variaciones geográficas.

El diccionario intenta reflejar mejor esa diversidad del español sin convertir cada variedad en una isla. Palabras comunes, voces regionales, tecnicismos, coloquialismos y términos recién asentados conviven dentro del mismo repertorio.

El DLE cambia también la forma de ordenar las palabras

La renovación no se limita al vocabulario. Por primera vez se ha revisado de manera generalizada la organización interna de los artículos para que encontrar una acepción resulte más intuitivo.

Hasta ahora, el orden podía depender de criterios gramaticales, históricos o de determinadas marcas de uso. En la 24.ª edición, las acepciones se agrupan en bloques relacionados por su significado y se ordenan teniendo en cuenta, entre otros elementos, su frecuencia de uso. El objetivo es evitar situaciones en las que una acepción antigua o poco habitual aparezca antes que el significado que emplea prácticamente todo el mundo.

También cambia la presentación de las palabras con variación de género. En lugar de fórmulas abreviadas como «físico, ca» o «maestro, tra», el DLE desarrolla las dos formas: «físico, física» y «maestro, maestra». Es un cambio pequeño en apariencia, pero facilita la lectura y deja más claro qué formas recoge cada entrada.

La revisión alcanza igualmente las etimologías y los ejemplos. El nuevo diccionario incluye más información destinada a mostrar no solo qué significa una voz, sino cómo funciona realmente dentro de una frase. En la edición digital se amplían asimismo las relaciones de sinónimos, términos afines, antónimos y opuestos.

El diccionario se mueve con la lengua

La llegada de influencer, basuraleza, gordofobia o ecoansiedad puede llamar más la atención que una reorganización lexicográfica. Es normal. Son palabras reconocibles, discutidas y muy presentes en internet, los medios o la conversación cotidiana.

Pero la transformación más profunda de esta 24.ª edición está en otra parte: el DLE intenta adaptarse a una lengua que cambia a mayor velocidad, circula entre países de forma inmediata y produce nuevo vocabulario al ritmo de las transformaciones tecnológicas y sociales.

El diccionario académico sigue teniendo detrás más de dos siglos de historia, pero esta edición mira claramente hacia otro modelo. Papel, sí, todavía. Dos buenos tomos, incluso. Aunque el futuro del DLE será inevitablemente digital, panhispánico y más flexible. Y mientras los hablantes sigan inventando maneras de nombrar lo que les ocurre, trabajo no parece que vaya a faltarle.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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