Economía
Las cajas rurales suman 1.081 oficinas y alcanzan el 25% de la red
Las cajas rurales llegan al 24,6% de la red de oficinas después de sumar 1.081 sucursales desde 2015, mientras el resto del sector pierde 12.083.
Resumen
- Las cajas rurales suman 1.081 oficinas entre 2015 y 2025
- El resto de los bancos pierde 12.083 sucursales en la misma década
- Las cooperativas concentran el 24,6% de las oficinas de España
Las cajas rurales avanzan en España mientras los grandes bancos continúan reduciendo su presencia física. Entre 2015 y 2025, las cooperativas de crédito han incorporado 1.081 oficinas a su red, un crecimiento del 34% que contrasta con el cierre de 12.083 sucursales por parte del resto del sector bancario. El resultado es un cambio considerable en el mapa financiero español: estas entidades concentran prácticamente una de cada cuatro oficinas.
Los datos presentados el 20 de octubre por el gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, reflejan que las cooperativas de crédito controlaban al cierre de 2025 el 24,6% de la red bancaria, frente al 11% de una década antes. Su expansión no se limita a abrir establecimientos. También han ganado clientes, depósitos y financiación, especialmente en municipios pequeños y territorios donde los bancos tradicionales han reducido sus servicios presenciales.
En cifras absolutas, España contaba a finales de 2025 con 4.218 oficinas de cooperativas de crédito, integradas en un sector formado por 60 entidades que empleaban a 19.399 trabajadores. Su volumen de activos consolidados alcanzaba los 230.935 millones de euros. Son cifras todavía modestas frente a las de los grandes grupos financieros, pero revelan una posición cada vez más relevante en la banca minorista.
La evolución resulta especialmente significativa porque ocurre en plena transformación digital del negocio bancario. Mientras las grandes entidades llevan años concentrando sus operaciones en internet, las aplicaciones móviles y las sucursales de mayor tamaño, las cajas rurales han mantenido una estrategia distinta: conservar y ampliar la atención presencial. Una fórmula que parecía ir a contracorriente y que, al menos por ahora, está dando resultados.
Más de mil oficinas nuevas frente a 12.000 cierres bancarios
La diferencia entre ambas estrategias es notable. Durante la última década, las cooperativas de crédito incrementaron su red un 34%, mientras que el resto de las entidades financieras recortaron la suya un 48%.
No se trata simplemente de que las cajas rurales hayan resistido mejor el proceso de concentración bancaria. Han aumentado su presencia física mientras sus competidores desaparecían de numerosas localidades, aprovechando parte del espacio comercial que dejaban libre.
La transformación del sector comenzó mucho antes de la pandemia, impulsada por la crisis financiera, las fusiones bancarias y la búsqueda de menores costes operativos. La digitalización bancaria aceleró después el proceso. Mantener una oficina abierta dejó de considerarse imprescindible para captar depósitos, conceder préstamos o realizar operaciones cotidianas.
Las cooperativas siguieron otro camino. Su modelo de negocio, históricamente vinculado a economías locales, explotaciones agrarias, autónomos y pequeñas empresas, ha conservado una relación más estrecha con las sucursales.
La consecuencia es que su peso en la red de oficinas ha pasado aproximadamente del 11% al 25% entre 2015 y 2025, aunque su participación en el conjunto del negocio bancario sigue siendo bastante menor.
Las cajas rurales también ganan terreno en créditos y depósitos
El crecimiento no se explica únicamente por el número de establecimientos. Las cooperativas han conseguido ampliar su participación en actividades financieras fundamentales, como la financiación de familias y empresas o la captación de ahorros.
Según las estadísticas del Banco de España, su cuota en el mercado nacional del crédito aumentó del 6,6% en 2015 al 9,1% en 2025. En depósitos, el avance fue del 7,4% al 10,2%.
Este comportamiento contrasta con el de otras entidades que, durante determinados periodos de la última década, han reducido su exposición crediticia a pequeñas empresas y trabajadores autónomos.
Entre diciembre de 2017 y diciembre de 2025, el saldo de crédito de las cooperativas creció un 36%, mientras que en el resto del sistema disminuyó un 20,8%. La diferencia fue especialmente destacada en la financiación de pymes y autónomos.
En este último segmento, las cajas rurales alcanzaron una cuota del 13,9% del crédito, superior a su participación en el mercado bancario general.
Su importancia, por tanto, no depende exclusivamente de la proximidad territorial. También cuentan con una posición destacada en actividades económicas que necesitan financiación recurrente y conocimiento directo del negocio.
Navarra, Castilla-La Mancha y el campo lideran su expansión
La implantación de las cajas rurales presenta importantes diferencias entre comunidades autónomas. Su relevancia es mayor en territorios con una larga tradición cooperativa y en zonas donde el tejido empresarial está formado principalmente por explotaciones agrarias, pequeños negocios y empresas familiares.
Navarra concentra la mayor cuota de financiación cooperativa, con un 36% del crédito concedido por el sistema financiero en la comunidad. Le sigue Castilla-La Mancha, donde estas entidades alcanzan el 25%.
Castilla y León, Asturias, La Rioja, Murcia y el País Vasco también superan el 20% del crédito. Extremadura y la Comunidad Valenciana destacan igualmente por la implantación de este modelo.
En cambio, su presencia relativa es más reducida en mercados como Madrid, Cataluña, Galicia, Baleares y Cantabria, donde predominan otras estructuras financieras y existe una mayor concentración del negocio bancario tradicional.
La agricultura concentra uno de cada tres euros prestados
El sector agrario constituye uno de los principales pilares de las cooperativas de crédito. Estas entidades representan el 33,7% de la financiación bancaria destinada a actividades agrarias, una participación muy superior a la que mantienen en el conjunto del mercado.
Entre los trabajadores autónomos del sector, su cuota asciende hasta el 48,1%, prácticamente la mitad de los préstamos.
La vinculación histórica con agricultores, ganaderos y cooperativas agroalimentarias explica parte de esta especialización. Muchas entidades nacieron precisamente para facilitar financiación a actividades que encontraban dificultades para acceder a los canales bancarios convencionales.
Su presencia también se extiende al comercio, la industria y la construcción, aunque con cuotas inferiores. En estos ámbitos, la cercanía territorial y el conocimiento de las economías locales siguen siendo elementos importantes de su actividad.
Para una pequeña explotación agrícola o un negocio familiar, disponer de una sucursal próxima puede facilitar la gestión financiera, especialmente cuando se necesitan operaciones de crédito más complejas que una simple transferencia.
Tener más oficinas no ha hundido su rentabilidad
Una de las particularidades del crecimiento cooperativo es que el aumento de sucursales no ha provocado un deterioro significativo de sus indicadores de eficiencia.
La ratio de eficiencia, que relaciona los gastos de explotación con los ingresos de una entidad, se situó en el 45,4% para las cooperativas españolas en 2025, frente al 44,5% del conjunto del sector bancario nacional.
Dicho de otra manera, las cooperativas necesitan gastar alrededor de 45 euros para generar 100 euros de ingresos. La diferencia con los grandes bancos resulta relativamente pequeña, a pesar de mantener una estructura más intensiva en oficinas físicas.
Su situación financiera también ha mejorado. Los beneficios del sector pasaron de 712 millones de euros en 2021 a 2.136 millones en 2025, mientras que la rentabilidad sobre recursos propios alcanzó el 10,4%.
La solvencia constituye otro de sus puntos fuertes. Su ratio de capital de máxima calidad, conocida como CET1, alcanzaba el 22,2% al cierre de 2025, por encima del 13,9% registrado para el conjunto del sistema bancario español.
Esto no significa que todas las cajas rurales presenten idéntica situación financiera ni que estén libres de riesgos. Son indicadores agregados de un sector que incluye entidades de tamaños y características diferentes.
El desafío de mantener la cercanía sin quedarse atrás
La expansión de las cooperativas plantea una cuestión relevante para el futuro de la banca española: hasta qué punto pueden continuar creciendo mediante sucursales físicas sin perder competitividad tecnológica.
El propio Escrivá señaló durante su intervención en la Universidad de Castilla-La Mancha que la digitalización, la inteligencia artificial y la ciberseguridad se encuentran entre los grandes retos de estas entidades.
Mantener oficinas exige inversión en personal e instalaciones. Desarrollar plataformas digitales seguras requiere, al mismo tiempo, recursos tecnológicos cada vez mayores. No todas las cooperativas disponen individualmente de la escala necesaria para afrontar esas inversiones.
De ahí la importancia de los mecanismos de integración y cooperación existentes dentro del sector, como el Grupo Cooperativo Cajamar, Solventia o las entidades vinculadas a la Asociación Española de Cajas Rurales.
El modelo cooperativo tampoco garantiza automáticamente mejores condiciones para el consumidor. Los intereses, las comisiones, los requisitos de vinculación y las características de las hipotecas o cuentas bancarias dependen de cada entidad y producto. La mayor presencia física representa una ventaja de accesibilidad, pero no sustituye la comparación de ofertas.
Para los municipios pequeños, sin embargo, la cuestión va más allá del precio de los servicios. La desaparición de una sucursal puede complicar el acceso al efectivo y a operaciones financieras básicas, especialmente entre personas mayores o clientes con dificultades para utilizar herramientas digitales.
Las cajas rurales están ocupando parte del espacio abandonado por la banca tradicional, aunque su expansión no significa que todas las localidades afectadas por los cierres hayan recuperado una oficina.
La banca presencial conserva un mercado que parecía perdido
El crecimiento de las cooperativas demuestra que la reducción de sucursales no es una tendencia inevitable para todos los modelos bancarios. La tecnología ha transformado los hábitos financieros, pero no ha eliminado completamente la demanda de atención personal.
Las grandes entidades siguen dominando el sistema por volumen de activos y capacidad comercial. Las cajas rurales, entretanto, han encontrado oportunidades en segmentos menos atractivos para las estrategias de concentración y reducción de costes.
Su avance tiene una dimensión económica y territorial. La presencia bancaria en la España rural condiciona el acceso a servicios financieros, la actividad empresarial y las posibilidades de financiación de numerosos negocios.
Una década después de que comenzara el periodo analizado, el contraste es evidente: mientras el resto del sector ha eliminado más de 12.000 oficinas, las cooperativas han incorporado alrededor de 1.100 y han duplicado su peso en la red nacional.
La banca digital seguirá creciendo. Pero las cifras indican que todavía existe un mercado considerable para las entidades que mantienen abierta la puerta de una sucursal.
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