Historia
Papá Noel vestía de rojo antes de Coca-Cola: la historia de su traje
La historia del traje rojo de Papá Noel empezó antes de Coca-Cola. Las ilustraciones del siglo XIX y las campañas de 1931 revelan el origen del mito.
Resumen
- Papá Noel aparecía vestido de rojo en ilustraciones del siglo XIX
- Las campañas de Coca-Cola con Haddon Sundblom comenzaron en 1931
- Su publicidad ayudó a fijar la imagen navideña más conocida
Coca-Cola no inventó el traje rojo de Papá Noel. El personaje ya aparecía vestido de ese color mucho antes de que la multinacional estadounidense comenzara sus famosas campañas navideñas de 1931. Lo que sí consiguió la marca fue popularizar una imagen que acabaría convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la Navidad: un anciano de barba blanca, mejillas sonrosadas, barriga prominente y un inconfundible abrigo rojo con ribetes blancos.
La historia tiene un detalle revelador. Existen representaciones de Santa Claus vestido de rojo desde el siglo XIX, casi un siglo antes de los anuncios creados por el ilustrador Haddon Sundblom para Coca-Cola. La propia compañía reconoce que no inventó al personaje ni eligió por primera vez el color de su vestimenta, aunque sus campañas desempeñaron un papel decisivo en la consolidación de su apariencia actual.
Con la Navidad cada vez más cerca, vuelve a circular una creencia que lleva décadas instalada en la cultura popular: que Papá Noel viste de rojo porque así lo decidió Coca-Cola para promocionar sus refrescos. La explicación parece convincente. El rojo y el blanco coinciden con los colores de la marca, y sus anuncios navideños han acompañado a varias generaciones. Pero la historia real es bastante más antigua y, de paso, bastante más interesante.
El origen de Papá Noel es muy anterior a Coca-Cola
Para encontrar las raíces del personaje hay que retroceder muchos siglos, hasta san Nicolás de Mira, un obispo cristiano del siglo IV que vivió en una región situada en la actual Turquía. Su figura quedó vinculada a relatos sobre generosidad, ayuda a los necesitados y regalos entregados de manera anónima.
Con el paso del tiempo, aquellas tradiciones religiosas se mezclaron con costumbres populares europeas. En los Países Bajos surgió la figura de Sinterklaas, cuyo nombre acabaría transformándose en Santa Claus al llegar al ámbito cultural estadounidense.
La versión moderna del personaje comenzó a tomar forma durante el siglo XIX. Un momento especialmente importante llegó el 23 de diciembre de 1823, cuando un periódico de Troy, en Nueva York, publicó de forma anónima el poema A Visit from St. Nicholas, conocido popularmente como The Night Before Christmas.
La obra, atribuida tradicionalmente a Clement Clarke Moore aunque su autoría continúa discutida, describía a un personaje alegre, regordete y capaz de entrar en las casas por la chimenea. También contribuyó a popularizar su trineo tirado por ocho renos.
Buena parte de los elementos que hoy asociamos con Santa Claus ya estaban presentes en aquel poema. Faltaba, eso sí, fijar definitivamente su aspecto.
El traje rojo ya aparecía en ilustraciones del siglo XIX
Una de las pruebas más antiguas se encuentra en una pintura realizada alrededor de 1837 por el artista estadounidense Robert Walter Weir, conservada en una colección museística de Estados Unidos.
La obra, titulada St. Nicholas, representa al personaje con una chaqueta roja y pantalones negros, aunque todavía sin la barba blanca que acabaría caracterizándolo. Es una muestra de que el rojo ya formaba parte de su vestuario mucho antes de que Coca-Cola utilizara su imagen comercialmente.
Otro nombre fundamental es el del caricaturista Thomas Nast, que comenzó a dibujar a Santa Claus para la revista estadounidense Harper’s Weekly en 1863, durante la guerra de Secesión.
Nast desarrolló durante décadas una representación cada vez más cercana a la actual. Sus ilustraciones incorporaban la barba abundante, el cuerpo rechoncho, el cinturón ancho y la ropa de invierno con ribetes de piel.
Su célebre composición Merry Old Santa Claus, de 1881, es uno de los antecedentes más reconocibles del Papá Noel contemporáneo.
El dibujante también contribuyó a desarrollar otros elementos de la leyenda, como la asociación de Santa Claus con el Polo Norte.
Así pues, cuando Coca-Cola comenzó sus grandes campañas navideñas, el personaje ya contaba con una larga historia gráfica y literaria.
Qué hizo realmente Coca-Cola con Papá Noel en 1931
La intervención de Coca-Cola fue importante, pero ocurrió mucho después de lo que sugiere el mito.
La compañía ya utilizaba a Santa Claus en su publicidad durante la década de 1920. Aquellas primeras representaciones mostraban a un personaje más serio, influido por los dibujos decimonónicos.
En 1930, el ilustrador Fred Mizen realizó un anuncio en el que aparecía un Papá Noel de unos grandes almacenes rodeado de personas que bebían Coca-Cola. La ilustración se publicó aquel diciembre en The Saturday Evening Post.
El verdadero cambio llegaría un año después.
En 1931, Coca-Cola encargó al ilustrador Haddon Sundblom una nueva representación de Santa Claus para sus campañas publicitarias. Archie Lee, ejecutivo de la agencia D’Arcy Advertising, buscaba un personaje cercano, alegre y con apariencia humana.
Sundblom encontró parte de su inspiración en el poema navideño publicado en 1823. Para desarrollar sus ilustraciones utilizó inicialmente como modelo a Lou Prentiss, un vendedor jubilado amigo suyo. Más adelante llegó a utilizar su propio rostro como referencia.
El resultado fue un Papá Noel robusto, sonriente, con expresión bondadosa y vestido de rojo.
No era una creación surgida de la nada. Era una reinterpretación comercial de un personaje que llevaba décadas evolucionando.
Cómo consiguió la publicidad convertirlo en una imagen universal
Entre 1931 y 1964, Sundblom realizó numerosas pinturas de Santa Claus para Coca-Cola. Sus trabajos aparecieron en revistas de gran difusión, carteles, calendarios, escaparates y otros soportes publicitarios.
Las escenas presentaban a Papá Noel entregando regalos, leyendo cartas de niños, descansando durante su recorrido navideño o disfrutando de un refresco.
La insistencia publicitaria hizo el resto. Millones de personas comenzaron a identificar aquella representación concreta con el personaje tradicional.
Coca-Cola no creó a Papá Noel, pero ayudó a estandarizar su apariencia y a difundirla internacionalmente. La diferencia es importante: una cosa es inventar una tradición y otra disponer de los recursos comerciales necesarios para popularizar una de sus versiones.
La compañía continuó utilizando las ilustraciones de Sundblom incluso después de que el artista realizara su última versión en 1964.
La asociación había funcionado tan bien que el personaje terminó convirtiéndose en una parte esencial de su identidad navideña.
Papá Noel no siempre fue rojo: también vistió de verde y otros colores
La ropa de Santa Claus no tuvo siempre un aspecto uniforme.
Durante el siglo XIX circularon representaciones con abrigos verdes, marrones, azules y de otros colores, además del rojo. También variaban la estatura, la complexión y el carácter del personaje.
Parte de esa diversidad se explica por la convivencia de distintas tradiciones europeas.
En Gran Bretaña, por ejemplo, existía la figura de Father Christmas, vinculada originalmente a las celebraciones, los banquetes y la alegría navideña. Sus representaciones históricas incluían mantos de diferentes colores, con especial presencia del verde en algunas ilustraciones victorianas.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, aquella figura británica comenzó a mezclarse con el Santa Claus estadounidense, asociado al reparto de regalos y a los renos voladores.
Durante las últimas décadas del siglo XIX, ambos personajes fueron adquiriendo rasgos comunes, hasta convertirse en figuras prácticamente equivalentes en buena parte del mundo anglosajón.
De ahí procede otra confusión bastante extendida: afirmar que el verdadero Papá Noel vestía exclusivamente de verde hasta que Coca-Cola lo cambió por el rojo.
Tampoco es correcto.
No existió un único color original que una empresa sustituyera de golpe. La iconografía navideña fue evolucionando mediante ilustraciones, literatura, tarjetas de felicitación, tradiciones populares y, posteriormente, publicidad.
El rojo terminó imponiéndose como referencia visual, pero ya estaba presente mucho antes de las campañas del refresco.
El mito de Coca-Cola demuestra el poder de una imagen repetida
La propia multinacional desmiente en su información histórica haber inventado a Santa Claus. Reconoce, eso sí, que sus anuncios desempeñaron un papel fundamental en la configuración de la imagen alegre y familiar que hoy conocemos.
El recorrido histórico permite distinguir tres momentos: la tradición religiosa de san Nicolás, la transformación literaria e ilustrada del personaje durante el siglo XIX y la enorme difusión publicitaria que recibió durante el XX.
Cada etapa aportó algo distinto.
La primera proporcionó las raíces del personaje; la segunda construyó buena parte de sus características actuales; la tercera contribuyó a convertir una representación concreta en un icono internacional.
Y ahí reside la verdadera aportación de Coca-Cola. No necesitó inventar al hombre del traje rojo para vincularlo a su marca. Le bastó con repetir durante décadas una imagen atractiva, fácilmente reconocible y asociada a la Navidad.
Hoy resulta difícil imaginar a Papá Noel con otro aspecto. Sin embargo, su vestimenta roja ya formaba parte de la historia mucho antes de que apareciera junto a una botella de refresco.
La tradición precedió a la publicidad. Lo que consiguió Coca-Cola fue que millones de personas terminaran confundiendo ambas cosas.
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